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Hizo Enojar a Mike Tyson: el Argentino que Convirtió el Cannabis en una Carrera Global

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Hizo Enojar a Mike Tyson: el Argentino que Convirtió el Cannabis en una Carrera Global

Por El Planteo

Hizo Enojar a Mike Tyson: el Argentino que Convirtió el Cannabis en una Carrera Global

✍ 15 February, 2026 - 18:14


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  • Un artículo “que nadie quería firmar” abrió una carrera entera: el cannabis como tema serio, contado en idioma mainstream.
  • El best seller funcionó como pasaporte: lo sacó del rol de periodista y lo metió en la liga de conferencias, giras y agenda global.
  • El Planteo y High Times aparecen como consecuencia de lo mismo: construir estructura propia cuando no te abren la puerta.

Mike Tyson lo mira fijo desde el escenario en Miami. Hay cámaras, luces, gente, ese ruido de conferencia que te mete presión aunque estés sonriendo. Y al lado de Tyson está el argentino Javier Hasse, micrófono en mano, haciendo de moderador, entrevistándolo en vivo.

El problema es que Tyson contesta corto, cortísimo. No es entrevista: es un paredón de monosílabos. Las preguntas se terminan antes que el reloj y el formato no perdona. Encima, Hasse tenía que llenar 15 minutos él solo, antes de darle paso al siguiente invitado del panel. Entonces intenta estirar como puede, buscando una veta humana: cannabis, casa, familia, calma. Busca anécdotas que el peso pesado le había contado en otras ocasiones, lo que fuera necesario para salvar las papas sin que se note el incendio.

Pero Tyson está cruzado. Según cuenta Hasse, venía en modo campamento de pelea, preparándose para Jake Paul, sin fumar, con el carácter a flor de piel. En ese contexto, cualquier pregunta sobre “calma” puede sonar a chicana. Cuando Hasse toca el tema, Tyson lo toma como provocación: “¿Me estás cargando?”, le larga, y amenaza con irse a las manos. La cosa se desarma porque alguien interviene desde la organización y lo baja a tierra, pero el momento queda ahí, clavado como una señal de tránsito: acá no hay margen.

La escena es medio absurda, medio peligrosa, y por eso funciona como resumen. Porque la carrera de Hasse se parece a eso: entrar donde no te invitan, firmar lo que otros no se animan, sostener el pulso cuando el clima cambia y el que tenés enfrente pesa dos toneladas.

Esta semana contó la historia completa en una charla publicada en el canal de YouTube Doña Huana Grow Shop, con un título que ya te tira la tesis en la cara: Cómo llegó a ser CEO, best seller en USA y comprarse una casa escribiendo sobre faso.

“Me compré mi casa con porro”

Hasse lo dice sin vueltas, casi como si estuviera confesando una travesura y no un modelo de carrera: “Me compré mi casa con porro”. No vendiendo, no traficando, no jugando a la épica. Escribiendo. Punto. “Sin jamás vender”, aclara.

En el arranque de la charla mete una teoría que es chiste y brújula: cree en el “determinismo nominativo”, eso de que tu nombre te empuja al destino. Con un apellido como Hasse, dice, “me tenía que dedicar al porro”. Suena a guiño, pero también a declaración: no llegó “a pesar de” la planta. Llegó con la planta como idioma profesional.

Antes de que eso suene a golpe de suerte, aparece lo menos glamoroso: el laburo que nadie ve.

Estudia Ciencia Política, sale de la universidad y se encuentra con el primer obstáculo: el de los contactos. Ve que sus compañeros caen en asesorías, estructuras, oficinas, nombres, “algo en política”. Él no. No había puerta, no había tío, no había llamada. Cuenta incluso la bronca de esa época: mirar alrededor, sentir que el tablero ya estaba armado para otros.

Entonces aparece el desvío. El trabajo improbable.

Aplica a un aviso que pedía “economista con máster en finanzas”. No lo era. No tenía el máster. Ni era economista. Lo que sí tenía era olfato: “4 horas desde casa y pagan en dólares”. Entra igual. Lo entrenan. Aprende a escribir de acciones, inversiones, mercado. Se arma una gimnasia. Una forma. Una voz entrenada para traducir temas áridos sin dormir al lector.

El día que le pagaron por hablar de cannabis

Y un día, una editora le tira una bomba chiquita que cambia todo: escribir sobre acciones de marihuana, y además para un medio “muy reconocido”, según el propio relato. Nadie quería firmarlo. “Escritores serios y con reputación” evitaban el tema.

Lo implícito era clarísimo y él lo dice sin maquillaje: si lo firmaba él, no pasaba nada. Total, el “serio” era otro. Pero también había una verdad irresistible, casi cómica: le iban a pagar por escribir de porro. En la charla lo cuenta como un intercambio simple y perfecto: “¿Me vas a pagar por escribir de porro?”. “Sí”. “Entonces, por supuesto”.

Saca la nota, en una época donde había muy pocas. Y a partir de ahí empieza el efecto dominó: lo contactan empresas con datos, analistas con informes, proyectos que quieren ser contados. El circuito se arma solo, como bola de nieve en bajada.

Lo que al principio era “el pibe que escribe del tema que no se firma”, con el tiempo se vuelve algo más: el que puede traducir cannabis a lenguaje mainstream, sin disfrazar la planta ni hacer marketing bobo. Cannabis como negocio, como política pública, como cultura, como injusticia, como oportunidad. Todo en el mismo paquete, pero escrito para que lo entienda cualquiera.

Y cuando eso pasa, pasan dos cosas a la vez:

  1. medios grandes que antes no lo miraban empiezan a llamarlo
  2. él se empieza a dar cuenta de que no alcanza con escribir, hay que construir estructura

En su relato, llega un punto donde arma una vertical de cannabis dentro de un medio financiero, como si fuera “la sección deportes”, pero de porro. La apuesta era simple: nadie serio lo estaba haciendo. Y si nadie lo hace, el primero que lo hiciera bien se quedaba con el lugar.

Con el tiempo, esa vertical se convierte en una máquina: audiencia, agenda, conferencias, equipo, operaciones. Hasse lo cuenta con una frase que suena a exageración y a parteaguas al mismo tiempo: en ese momento, dice, era “la fuente de información de cannabis más leída en el mundo”. Más allá del número exacto, lo importante es el giro: el tema que nadie quería firmar ya estaba sentado en la mesa principal.

Best seller en 60 días y el salto de categoría

Después viene la propuesta que suena a trampa: una editorial grande, Entrepreneur Media, le ofrece escribir un libro sobre cómo arrancar un negocio de cannabis. Él duda, por edad, por idioma, por currículum: “tengo 26 años, soy latino, argentino, nunca armé un negocio propio”, dice, y remata con una línea que ya es postal: aprendió inglés mirando películas y escuchando rap. No era nativo, no se sentía “la persona adecuada”.

La editorial, según cuenta, no buscaba un gurú. Buscaba un periodista con contactos. “Lo que queremos es que hables con tus contactos”.

La condición era brutal: 60 días para escribirlo. Con un detalle que convence a cualquiera que haya sido freelance: “te pagamos la mitad antes”.

Se mete. Habla con una cantidad ridícula de fuentes, arma el rompecabezas, escribe a contrarreloj. El libro sale. En Amazon aparece el rótulo de “number one bestseller” en una categoría, y aunque él mismo admite que no sabe cuánto se vendió (“no me pagaron regalías”), sí sabe lo que cambió: la etiqueta pública. Pasa de periodista a autor best seller.

Ahí arrancan las invitaciones: conferencias, viajes, giras, reuniones que antes parecían ciencia ficción. De golpe el cannabis deja de ser “tema incómodo” y pasa a ser agenda. Negocio. Cultura. Política pública. Todo junto.

También aparece la otra puerta grande: Forbes. En su versión, el primer intento fue un golpe. Escribe una nota que él sentía como la mejor de su vida, con una historia coral de pueblos al borde de la quiebra fiscal que encontraban salvación en proyectos de cannabis. Incluía, entre otros, al hijo de Damian Marley.

Entrega la nota y el editor que lo había convocado le dice que “no va a funcionar”, que hay que editarla mucho, y lo despide antes de publicarle la primera. Dos años más tarde, ese editor ya no estaba. El nuevo lo llama con una frase que suena a reparación tardía: “pensamos que se equivocó, queremos que vuelvas”. Hasse vuelve, actualiza esa historia y la publica. En su cronología, ese regreso termina consolidándose en 2019.

El Planteo: cuando el plan que no salió se volvió el plan

En el medio aparece un llamado extraño, de esos que parecen mito urbano: alguien que manejaba un fondo de inversiones de cannabis ligado a Snoop Dogg lo llama para armar un proyecto en América Latina. La idea era replicar un modelo, levantar capital, construir algo grande.

Había una condición típica de inversión: levantar un mínimo para ejecutar. No llegan. Devuelven el dinero. El proyecto queda congelado. En el relato, ese “casi” queda como semilla: la idea no se muere, se guarda.

Años más tarde, vuelve por otra vía: su jefe en Estados Unidos quiere abrir una filial en español del medio. Hasse le propone una condición: él ayuda, pero a cambio le bancan su proyecto propio. Ese proyecto era El Planteo. En su cronología, ese salto toma forma en 2020.

En su explicación aparece una intuición cultural que suena a resumen de época: a muchos latinos no les gusta que “los gringos vengan a decirnos qué pensar, qué hacer”. Y aparece una frase que se repite como brújula: se rehusó “toda la vida” a mudarse. Se rehusó a “militar el exilio”. Quería hacer base acá, con mirada local, con idioma propio, con tonos y códigos que no se importan.

En el relato, también aparece la espina del reconocimiento: “¿por qué me invitan a hablar a Estados Unidos y acá no me llama nadie?”. Su madre le tira la frase vieja: “nadie es profeta en su propia tierra”. Hasse la discute, la empuja, la patea. Dice que es difícil, que hay códigos, que en Argentina el porro mainstream durante años era “policiales” y poco más. Pero también cuenta que se puede pelear, que se puede insistir hasta que te vean.

Y ahí El Planteo despega rápido. En su versión: en pocos meses se convierte en uno de los medios de cannabis en español más leídos. “En tres meses”, dice en la charla, ya estaban arriba en habla hispana. Mitad laburo, mitad timing, mitad links, mitad suerte. Todo mezclado. Construir puerta cuando no hay puerta, otra vez.

Wu-Tang, LinkedIn y el rap que salió “de culo”

Hay un capítulo lateral que parece agregado para que nadie diga “qué vida aburrida”: en una gira, recita un poema/rap, un productor lo ve (según cuenta, vía LinkedIn), y termina sumándolo a un disco donde aparece gente del universo Wu-Tang, entre otros.

La escena, en su propia versión, tiene lógica de siglo XXI y de chiste interno: rap en LinkedIn, invitación a un “dinner cruise” en Pittsburgh, traje en una ciudad random, un audio a capela que termina en un disco, y seis semanas después un mensaje con premios y rankings. Billboard. “Esto me salió de culo”, insiste, como si quisiera bajarlo de la épica. Pero igual lo cuenta porque el efecto es real: cuando te exponés, a veces el mundo te devuelve una locura.

Y ahí mete el segundo capítulo: le piden otro tema, él dice que no puede, igual lo hace, lo graba, y el productor lo transforma. No lo narra como hazaña. Lo narra como accidente feliz, repetido.

High Times: el llamado de Josh y la insistencia final

El último giro grande llega con High Times Magazine, una marca legendaria de la contracultura cannábica con más de medio siglo de historia. Hasse cuenta que ya venía orbitando esa marca desde antes, con columna propia desde alrededor de 2016, y con un perfil que mezclaba periodismo, negocios y gestión de equipos.

En su relato, High Times venía de una historia de compra, deuda, caída y quiebra. Y aparece Josh, el dueño de RAW, que lo invita en marzo de 2025 a España, a ver su fábrica en Benimarfull, a entender el papel desde adentro. Ahí le confiesa el plan: comprar High Times.

Luego viene la escena clásica: “si sale, quiero que seas editor”. Hasse se resiste. Dice que no, que no da, que va a parecer nepotismo. Dice que él tiene otros frentes, que hay gente mejor.

Josh insiste. Revisa nombres, opciones, perfiles. Ninguno cierra. Y vuelve con una frase simple, repetida: “Dale, hacelo vos”.

Termina aceptando, con una idea que suena menos a ego y más a método: armar equipo con gente probada, de confianza, capaz. En la charla lo explica sin vueltas: mezcla gente cercana y gente ya curtida en sus equipos, pero con una regla que lo resume todo: si alguien no rinde, se va, sea quien sea. No es amistad como blindaje. Es confianza como acelerador.

El hilo común

La historia cambia de escenarios, pero el motor se repite. Cuando no hay puerta, se construye una puerta. Cuando el tema no se firma, se firma igual. Cuando el mercado te tolera de costado, se lo obliga a mirarte de frente.

Y si en el medio Mike Tyson te quiere trompear por una pregunta con mal timing, bueno. A veces el síntoma de que estás en el lugar correcto es que el aire se pone pesado. Hasse lo cuenta como anécdota. Pero también como aviso.

En la charla, además, deja dos reglas simples que explican bastante de todo esto. Una: romperse el culo. Otra: ser buen tipo. No como moralina, sino como estrategia de supervivencia. Porque en este ecosistema chico, tarde o temprano, todos se vuelven a cruzar. Y la energía vuelve.

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