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Cannabis en Escuelas Secundarias: el Viejo Problema que el Wall Street Journal Quiere Cargarle a la Legalización

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Cannabis en Escuelas Secundarias: el Viejo Problema que el Wall Street Journal Quiere Cargarle a la Legalización

Por Javier Hasse

Cannabis en Escuelas Secundarias: el Viejo Problema que el Wall Street Journal Quiere Cargarle a la Legalización

✍ 6 March, 2026 - 15:28


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Los vaporizadores son más nuevos. El consumo adolescente de cannabis, no. El Wall Street Journal convierte un problema escolar de toda la vida en un pánico por la legalización, incluso cuando los datos muestran que el uso juvenil viene bajando.

El Wall Street Journal quiere vendernos una crisis nueva en las escuelas de Estados Unidos: humo en los baños, pitadas a escondidas en clase y directores corriendo detrás de estudiantes que, como adolescentes de cualquier época, encuentran la forma de consumir lo que no deberían. Los dispositivos son más nuevos. La tecnología es más nueva. Los escondites, también. Pero el comportamiento de fondo no tiene nada de nuevo. Los chicos no descubrieron el cannabis porque abrió un dispensario en su ciudad. Lo que encontró el Journal es una escena vieja con herramientas nuevas, inflada hasta convertirla en una historia de pánico y en una supuesta crisis causada por la legalización de la marihuana.

Saquémonos de encima lo obvio. El consumo adolescente de cannabis existe. Los riesgos existen. El THC puede ser perjudicial para cerebros en desarrollo, y las escuelas tienen todo el derecho del mundo a preocuparse por lo que pasa dentro de ellas. Pero una cosa es reconocer eso y otra muy distinta es afirmar que la legalización creó una crisis juvenil nueva. Ahí es donde el artículo empieza a hacer agua.

Porque cuando uno sale de la escena alarmista y mira la tendencia, el susto pierde fuerza. El informe Monitoring the Future de la Universidad de Michigan muestra que el consumo anual de marihuana entre estudiantes de 12º grado fue de 26,0% en 2024, frente a 35,7% en 2019. Entre estudiantes de 8º grado, fue de 7,0% en 2024, contra 11,8% en 2019. Yo no soy ningún genio matemático, pero me parece que la data confirma que el consumo viene cayendo, no subiendo.

Si uno abre un poco más el plano, pasa lo mismo. Un trabajo publicado en 2026 en Addictive Behaviors, “Trends in US adolescent cannabis use, 1991–2023”, concluyó que el consumo juvenil de cannabis subió durante los noventa, tocó techo en 1999 y después cayó de forma general. El consumo “alguna vez en la vida” bajó de 47,3% en 1999 a 30,1% en 2023. El consumo reciente cayó de 27,1% a 17,8%. También descendió el inicio temprano. Traducido: si alguien quiere contar una historia dramática sobre adolescentes y cannabis, el dato más incómodo es que el pico quedó allá lejos, hace un cuarto de siglo.

Y si el argumento específico es que la legalización hizo que más chicos empezaran a consumir, la mejor literatura reciente tampoco acompaña. Un estudio de 2024 en JAMA Psychiatry, “Recreational Marijuana Laws and Teen Marijuana Use, 1993-2021”, no encontró evidencia de que las leyes de marihuana recreativa estuvieran asociadas con un aumento en el consumo actual o frecuente entre adolescentes. Otro estudio de 2024 en JAMA Pediatrics, “Recreational Cannabis Legalization, Retail Sales, and Adolescent Substance Use Through 2021”, tampoco encontró aumentos netos en el uso adolescente de cannabis, alcohol, cigarrillos o cigarrillos electrónicos vinculados a la legalización recreativa o a la apertura de ventas minoristas. Eso no significa que toda preocupación sea falsa. Significa, sí, que el Journal insinúa una historia causal que la evidencia no logra sostener.

Ese es el truco del encuadre. El artículo señala cosas reales y después se las carga al villano equivocado. ¿Adolescentes consiguiendo cartuchos con THC a través de amigos mayores? Real. ¿Ventas entre pares por Snapchat? Real. ¿Packaging que se parece demasiado a una golosina? También real. Pero nada de eso demuestra que la legalidad para adultos sea el problema de fondo. Si un menor consigue cannabis a través de un hermano mayor, un adulto irresponsable o un compañero que arma su pequeño kiosco por redes sociales, el problema es el desvío. El problema es la falta de controles. El problema son los adultos fallando. No es prueba de que el acceso legal para mayores de edad haya sido un error. Si un chico de 13 años agarra las llaves del auto de sus padres y sale a manejar, el problema no es que los autos sean legales para adultos. El problema es el acceso, la supervisión y que alguien dejó al alcance algo que no correspondía.

Lo mismo pasa con el tono escandalizado del “hasta durante la clase”. Vamos. Las escuelas secundarias vienen lidiando desde siempre con estudiantes que esconden sustancias dentro y fuera del aula. Cigarrillos detrás del gimnasio. Porros en el estacionamiento. Alcohol en botellas de gaseosa… Los baños escolares son zona liberada adolescente desde antes de que nacieran varios de los editores que hoy escriben estas notas. Lo que cambió no es que los estudiantes experimenten. Lo que cambió es la forma, el sigilo y la vigilancia. Los vaporizadores son más fáciles de ocultar que un porro. Los sensores detectan más que un docente con olfato en el pasillo. Las cámaras registran mejor quién entró y quién salió del baño que un preceptor con libreta. Eso puede aumentar la visibilidad. No significa automáticamente que aumentó la prevalencia.

Esa diferencia importa porque el Journal se apoya bastante en directivos que dicen estar “viendo más” cannabis en la escuela, incluso cuando los datos nacionales van para el otro lado. Las dos cosas pueden coexistir. Las escuelas pueden monitorear más, detectar más incidentes y al mismo tiempo convivir con una caída en el consumo general. Pueden estar más alertas al vapeo, más pendientes de los baños y más inclinadas a leer una conducta adolescente conocida a través del prisma de la legalización. Pero “los administradores sienten que ven más” no equivale a “la legalización hizo que más chicos consuman cannabis”. Una cosa es una percepción. La otra es una afirmación causal.

Incluso el propio artículo del Journal se tropieza varias veces con explicaciones más interesantes que las que quiere vender. En un momento, un directivo dice que los estudiantes perciben a la nicotina como menos saludable que el cannabis. En otro, sugiere que parte del consumo funciona como “automedicación” frente a la ansiedad, la presión escolar y el estrés social. Eso no es una historia simple sobre legalización. Es una historia sobre salud mental juvenil, percepción de riesgo, formas de soportar el malestar y maneras adolescentes de bancarse un mundo que muchas veces les queda grande. En otras palabras: el artículo roza la realidad, pero después se corre para poder seguir culpando al cannabis legal.

Y sí, hay una crítica válida para hacer sobre ciertos productos y ciertas marcas. Cuando los productos con THC se acercan demasiado a la estética de las golosinas, a códigos visuales infantiles o a un empaque que parece pensado para chicos, los reguladores empiezan a prestar atención. Nosotros mismos lo dijimos. En When Cannabis Brands Blur Into Youth Culture, Regulators Notice: Lessons From Tobacco’s Past, planteamos justamente eso: si la industria no marca una línea clara entre diversión adulta y branding amigable para menores, esa línea la van a marcar otros. Pero eso no es lo mismo que afirmar que el cannabis legal, como conjunto, esté causando un colapso escolar nuevo. De hecho, la existencia de mercados legales es precisamente lo que hace posibles ciertos límites: controles de edad, reglas de empaque, etiquetas de advertencia, testeo de productos y sanciones contra imitaciones peligrosas. Al mercado ilícito nunca le importó nada de eso.

Además, esto forma parte de un patrón más amplio. Ya vimos a grandes medios hacer algo parecido antes: tomar un tema complejo, quedarse con el ángulo más alarmante y venderlo como si acabaran de descubrir la pólvora. Lo señalamos en The New York Times Isn’t Examining the Real-World Evidence on Cannabis. It’s Ignoring It. Lo volvimos a marcar en How The NY Post Found a Boring Cannabis Study and Turned It Into a Scare Story. Y cuando parte de la prensa convirtió el síndrome de hiperhémesis cannábica en una máquina de clics, también lo dijimos en Big Alcohol Says Weed Will Make You Puke? Hmm… El mecanismo ya se conoce: encontrar un problema real, vaciarlo de contexto y usarlo para insinuar algo mucho más grande de lo que la evidencia permite afirmar.

Entonces llamemos a las cosas por su nombre. El Wall Street Journal no descubrió una conducta adolescente nueva. Encontró un dispositivo más nuevo para una conducta vieja, lo envolvió en alarma y trató eso como prueba de que la legalización rompió algo. Pero los datos de tendencia dicen que el consumo juvenil de cannabis bajó. La literatura sobre políticas públicas dice que la legalización no provocó un salto en el uso adolescente. Y la historia dice que los estudiantes de secundaria encontrando maneras de drogarse son casi tan viejos como los candados de los lockers.

Si el objetivo de verdad es proteger a los chicos, entonces hay que contar la verdad sobre el problema. No fingir que los vaporizadores inventaron la travesura adolescente. No confundir vigilancia con causalidad. Y no usar una conducta juvenil vieja como excusa perezosa para relanzar una guerra contra el cannabis legal.

Cambió el dispositivo. No cambió la conducta. Y los datos no acompañan el pánico.

Foto: Randy Laybourne on Unsplash

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ACERCA DEL AUTOR

Javier Hasse es un reportero y autor experimentado con más de una década de trayectoria enfocada en cannabis, cáñamo, CBD y psicodélicos. Actualmente se desempeña como editor en jefe de High Times Magazine y como CEO del sitio de noticias en español El Planteo, que cofundó. También es cofundador de IgniteIt Inc., una compañía de medios y eventos creada por el equipo detrás de Benzinga Cannabis, y colaborador sénior en Forbes. Anteriormente fue director general del área de cannabis en Benzinga.

Su trabajo ha aparecido en grandes medios como CNN, Rolling Stone, MarketWatch, Playboy, Chicago Tribune, CNBC, Yahoo Finance y Entrepreneur Magazine. En diciembre de 2024, Javier fue distinguido con el prestigioso premio a Periodista de Cannabis del Año en los Emjays International Cannabis Awards, en reconocimiento a sus importantes aportes a la industria. Reconocido entre las 100 personas más influyentes del cannabis según High Times, ha aparecido en numerosas listas destacadas y ha recibido múltiples galardones por el impacto de su labor periodística.

Rapero con canciones que llegaron a los rankings de Billboard y autor de dos libros sobre emprendimiento cannábico y cannabinoides, Javier es un apasionado defensor de las industrias del cannabis y los psicodélicos. Vive en Argentina.

Su primer libro, Start Your Own Cannabis Business, se convirtió en un bestseller #1 de Amazon, y su obra más reciente, A Guide to Medical Cannabis: Your Roadmap to Understanding and Using Cannabis and CBD for Health, fue publicada en noviembre de 2024 por Sheldon Press, sello de Hachette Publishing.

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