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24 Años Trabajando con Cannabis de California: Mi Experiencia

24 Años Trabajando con Cannabis de California: Mi Experiencia

✍ 5 agosto, 2020 - 13:22

Por Mara Gordon, fundadora de Aunt Zelda’s.

Ingresé al mercado de la marihuana medicinal en virtud de la Ley de Uso Compasivo de 1996 en California, a menudo denominada la Ley 215. Esto me permitió proporcionar medicamentos a miembrxs del colectivo y recibir donaciones tributarias para pagar los costos de los medicamentos. Este modelo también me permitió realizar investigación y desarrollo acerca de los beneficios medicinales de los medicamentos hechos a base de cannabinoides, y registrar las dosis necesarias para lograr los mejores resultados terapéuticos.

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Lxs pacientes que cuidábamos -bajo la supervisión de unx médicx- tenían enfermedades graves que a menudo no se abordaban adecuadamente mediante los protocolos alopáticos. Esta información se utilizó para establecer tanto el perfil como la dosis de los ensayos preclínicos y clínicos que se han llevado a cabo en España y Australia.

El cambio de modelo

Una vez que la Proposición 64 fue ley en California, ya no pudimos seguir operando bajo el modelo colectivo. En su lugar, existía ahora un tipo de licencia para cada paso de la cadena de suministro. Desde las tiendas que vendían el producto hasta los métodos de entrega, pasando por los laboratorios de prueba, cultivadores, fabricantes, distribuidores, transportistas y vendedores. Cuando arrancamos, las microempresas y las licencias compartidas parecían prometedoras para lxs artesanxs del cannabis. Sin embargo, no habían muchxs que pudieran permitirse el lujo de operar con estos nuevos tipos de licencias limitadas.

Además, las licencias se dividieron entre ‘recreativas’ y ‘medicinales’, sin ningún requisito de que lxs pacientes tuvieran sus necesidades médicas cubiertas. De un lado estaban las tinturas, extractos y ungüentos. Del otro, estaban los productos de marca producidos en serie, con grandes presupuestos de comercialización para pagar sus espacios en las estanterías.

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Estos recién llegados al mercado eran a menudo inversores de otros estados, que buscaban sacar provecho de la economía del cannabis. Su único objetivo era el retorno de la inversión y los precios de las acciones. La creación y protección de la propiedad intelectual, más la producción de presentaciones sofisticadas, eran ahora el corazón de la industria de la marihuana en California.

El cambio de prioridades

El nuevo modelo requería que yo pasara de un modelo de investigación y desarrollo a la fabricación a gran escala, si lo que realmente deseaba era continuar suministrando a nuestrxs pacientes la medicina de la que su salud dependía.

Esto demandaba encontrar un edificio en un buena zona a un costo razonable. El alquiler de tales edificios en California, sin embargo, aumentaba tan pronto lxs arrendadorxs se enteraban que era para un negocio de marihuana. Se me exigía la aprobación del propietarix para tener un negocio de cannabis, por lo que esta fijación de precios sobreinflada era una forma de extorsión. Sin mencionar que lx propietarix era libre de cambiar de opinión en cualquier momento durante el alquiler, sin motivo alguno. Entonces no solo estaba asumiendo el alto costo de un alquiler, sino que tenía que hacer mejoras muy costosas e inversiones de capital sin ninguna garantía de que no tuviera que dejar de hacer negocios por un simple capricho del propietarix. Cero derechos del inquilinx.

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Los medicamentos de cannabis que fabricábamos tenían que venderse a un distribuidor, que luego se los vendía a un minorista. Lx minorista se los vendía, en última instancia, a lxs pacientes. En lugar de investigadores altamente capacitadxs que trabajaran directamente con lxs pacientes, el nuevo sistema exigía que lxs pacientes dependieran de budtenders. Estos, con demasiada frecuencia, eran personas jóvenes sin información suficiente como para guiar al paciente correctamente. El ciclo de ventas se empezó a tratar más acerca de cuánto THC se podía comprar por menos dinero y menos sobre qué perfiles o dosis eran las más adecuadas para tratar, por ejemplo, la epilepsia y el dolor crónico.

Grandes cargas para pequeños productores

Antes de la Proposición 64, habíamos decidido no colocar nuestros productos en dispensarios porque creíamos que era más importante controlar los procesos junto a lxs pacientes. Actualmente, no hay forma de saber quién está consumiendo ni en qué perfiles o dosis, o si los nuevos obstáculos para su obtención han hecho que ciertxs pacientes dejen de tratarse con cannabis. Los precios se han duplicado y, en algunos casos, se han triplicado. Esto ha forzado a lxs pacientes a reducir sus dosis en detrimento de su salud. Muchxs de ellxs también han tenido que recurrir al mercado ilegal, que se estima que ocupa el 80% del mercado de marihuana de California.

En el pasado, no contábamos con un equipo de ventas o marketing porque no nos interesaban tanto las ventas como saber cuál era la mejor forma de tratar a lxs pacientes. Cuando tuve que cargar con los gastos generales que conlleva una licencia, noté que mis reservas financieras disminuían mientras luchaba por encajar en este nuevo paradigma. No tardé mucho en saber que este no era un modelo sustentable para mí.

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Es importante agregar que mis medicamentos se fabricaban en lotes pequeños y se probaban de forma independiente en el laboratorio. No soy cultivadora, así que llegué a un acuerdo con varixs pequeñxs agricultores que se dedicaban a cultivar para nosotrxs. Sabían que sus flores se utilizarían para hacer medicamentos para lxs enfermxs. Cultivaban según nuestras especificaciones y acordábamos comprar sus cultivos según los resultados del laboratorio. Tenían que cumplir con nuestros estándares, pero eran autónomxs. Estxs agricultores pudieron mantener a sus familias, hacer un trabajo significativo y contribuir a sus comunidades.

El mercado actual de marihuana en California

Actualmente, la mayoría de estxs agricultores ya no pueden cultivar el medicamento que han estado produciendo durante generaciones debido a que sus tierras no son elegibles para la licencia. Esto se debe a que sus tierras son demasiado pequeñas, la zonificación es incorrecta o no pueden pagar los costos para ingresar al mercado legal. El resultado es que ahora se espera que compitan, por un lado, con fabricantes a gran escala que venden al por mayor. Por otro, deben competir con los dispensarios, cuyo público son personas que simplemente quieren fumar flores bonitas. La presión sobre lxs agricultores a gran escala para que cultiven cepas resistentes en lugar de variedades que pueden ser más adecuadas para tratar una enfermedad en particular es obvia.

Afortunadamente, pude vender mi planta de fabricación a una corporación que está dispuesta a mantener a mi gente, para continuar produciendo mis medicamentos a medida que los pedidos van llegando. El modelo no es el ideal. Pero es la única opción viable en un sistema roto que ha visto desaparecer a la mayoría de las marcas medicinales en el primer año de legalización.

Vía Benzinga, traducido por El Planteo

Imagen por davide ragusa vía Unsplash.

El Planteo

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