Contra la Corriente Digital: Una Revista Combate el 'Confort' de los Algoritmos con un Caos 'De Antes'
Con espíritu nostálgico, abrazándose a la fulgurosa estela (de vida, de caos, de muerte) que dejó Cerdos y Peces, Perro Mata Poeta comprime “olor a porro” y “manchas de comida”, se sabe “un ancla, y no un arma, tu ancla” e invita a “prestar atención y dejar de mirar para afuera”. Perro Mata Poeta es una revista y es, también, el artefacto de obsesión de este Peak of the Week, la agenda de recomendaciones de El Planteo.
A contrapelo de su propia época, en plena expansión del cosmos digital y en el ojo del huracán algorítmico en el que estamos irremediablemente sumidos, Perro Mata Poeta se presenta en sociedad con algunas muecas “de antes”: en papel, en 2024.
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“Las cosas impresas, materiales y físicas no reaccionan frente a la lógica del algoritmo, porque no desaparecen de tus manos cuando el prestador de servicios de streaming lo decide”, embiste Pablo Lakatos, uno de los responsables de la publicación junto a Nahuel Gladstein y equipo.
En ese sentido, se yergue como “una herramienta para que no te tires a la corriente arrastrado por la infinita basura del feed”.
La revista se ensancha en mezcolanzas caprichosas -difíciles de abrazar, complejas de sintetizar- y conecta grafitis con cementerios y al dionisíaco Diego Armando Maradona con Gokú de Dragon Ball y la sangre ardiente del ídolo popular importado.
“A la hora de encarar la producción de Perro Mata Poeta tenemos como faro estético y moral nuestros propios intereses y curiosidades. Confiamos en nuestras búsquedas. Apuntamos a un público que le guste tanto el punk como el rock progresivo, que le guste tanto el cine Clase Z como las más estériles y agrestes películas del cine ruso de los ‘50 y ‘60. Nos gusta la gente que se emborracha en la vereda. El borracho que puede citar a Nietzsche. Nos interesa ese tipo de público”, revuelve Lakatos, casi como en un manifiesto espiritual.
Como los mejores y más podridos fanzines de los años 90, con la propuesta estética y contracultural de la fotocopiadora, con guiños pre-iPod, pre-redes sociales y hasta pre-Internet, Perro Mata Poeta se sabe underground y tiene como propuesta principal “una directriz de diversidad”.
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En el primer número hay un ensayo académico sobre Cometierra de Dolores Reyes (sí, la novela de la discordia que eclosionó el debate cibernético entre su noción de “literatura de debate curricular” y la objeción “pornográfica”) y par de páginas después hay una columna sobre lucha libre.
Y en esa tensión entre “alta” y “baja” cultura es donde se hace más fuerte: “Se va generando una colisión muy particular, mucho más rica que aquellas cosas que se quedan en su propia esfera. La temática de la revista es bastante abierta y libre”.
Anticomercial, contracíclica y altamente simbólica, Perro Mata Poeta acaba de publicar su número dos, que ya está en la calle. Se consigue acá y es, como asegura Lakatos, “una especie de máquina del tiempo, una suerte de hechizo de detención”.
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