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El uso de Psicodélicos ¿Una Reinvención de las Terapias contra las Adicciones?

El uso de Psicodélicos ¿Una Reinvención de las Terapias contra las Adicciones?

✍ 24 October, 2022 - 12:12


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Las adicciones se definen como el consumo abusivo y prolongado de sustancias del cual algunos individuos no pueden prescindir gracias a la dependencia física y psíquica que éstas producen. Los diferentes enfoques para hacer frente a esta problemática comprenden al menos tres perspectivas: la farmacológica, la psicológica y la comunitaria. Existe, en la actualidad, cierto consenso entre la comunidad científica de que este abordaje debe contemplar, en cada caso particular, una amplia variedad de factores, que neurobiológicos, psicológicos, sociales, institucionales y culturales.

En los últimos años, tras décadas de prohibicionismo, asistimos a un renacimiento de la investigación clínica con psicodélicos como facilitadores de la salud mental. Este contexto da lugar a la apertura hacia un nuevo enfoque para el tratamiento de las adicciones basado en la administración de sustancias psicodélicas. Estas drogas no deben ser concebidas como una mera alternativa farmacológica de los medicamentos tradicionales. Los tratamientos en base a psicodélicos, gran parte de los cuales se emplean tradicionalmente en prácticas rituales ancestrales, dan un lugar central a la dimensión espiritual y ofrecen al paciente oportunidades para su propio desarrollo personal.

En este artículo indagaremos en torno al desarrollo de estas novedosas perspectivas y su impacto en la práctica sanitaria. ¿Constituye el uso de psicodélicos una reinvención de las terapias tradicionales contra las adicciones?

¿Qué son las adicciones?

Para Gerard May, psiquiatra norteamericano interesado en asuntos espirituales, las adicciones deben ser entendidas como conductas habituales y compulsivas que tienden a limitar el deseo humano. Este tipo de conductas genera habituación y adaptación a la vez que cambios en la estructura cognitiva y en la química cerebral.

Según May, estas modificaciones cerebrales de base bioquímica pueden ser provocadas tanto por procesos conductuales –como el trabajo, el juego o los vínculos conflictivos– como por determinado tipo de sustancias, generalmente de carácter psicoactivo. Así, distingue entre adicciones de proceso y adicciones de sustancia en función del origen de cada una. En este artículo, nos interesa en particular este segundo tipo de adicciones y las evidencias que sustentan, a través de trabajos científicos, el empleo de psicodélicos para su tratamiento clínico.

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Es necesario aclarar que el consumo de sustancias psicoactivas para alcanzar sensaciones de placer o de bienestar no constituye en sí una problemática. A lo largo de la historia de la humanidad, todas las culturas, sociedades y civilizaciones han hecho uso de sustancias como el alcohol, el tabaco, la marihuana u otros psicoactivos. El problema surge cuando este uso de vuelve abusivo, generando así consecuencias indeseadas sobre los consumidores. El consumo excesivo y prologando de una sustancia sin considerar sus potenciales efectos dañinos es lo que define a la conducta adictiva. Estas formas de conductas suelen considerarse problemáticas debido a que los individuos que padecen las adicciones generan algún grado de dependencia, fisiológica o psicológica, que les impide prescindir del consumo.

Las adicciones son, hoy en día, uno de los padecimientos más difíciles de tratar. Revertir los cambios cerebrales que provoca el consumo compulsivo y prolongado de una sustancia conlleva un enorme esfuerzo y constituye un desafío tanto para los profesionales de la salud como para los pacientes y su entorno familiar y social. Las estrategias terapéuticas tradicionales suelen consistir en la aplicación de programas altamente estructurados que integran diferentes aspectos psicológicos, fisiológicos, conductuales, farmacológicos y sociales. Pero, ¿cuáles son las limitaciones de estos tratamientos? ¿En qué consiste su éxito o su fracaso?

¿Cómo se tratan las adicciones?

El Instituto Nacional de Abuso de Drogas de los Estados Unidos (NIDA) considera que las adicciones son enfermedades crónicas. Esto significa que no son curables. Sin embargo, de acuerdo con NIDA, es posible tratar las adicciones con éxito logrando una recuperación sostenida en los pacientes. Esto implica orientar a los tratamientos para la recuperación de adicciones hacia la prevención de recaídas.

Los tratamientos en cuestión, tal como hemos indicado, suelen complementar los enfoques psicológicos, farmacológicos y comunitarios para alcanzar una recuperación integral. Esto significa que se consideren diversos factores (psicológicos, neurobiológicos y del entorno social, familiar y comunitario del paciente) a la hora de estructurar los tratamientos. Por lo general, se considera que la vía efectiva para lograr la recuperación sostenida consiste en una combinación de terapias psicológicas y administración de fármacos.

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No obstante, siempre siguiendo los datos proporcionados por NIDA, los índices de recaída de los pacientes tratados por adicciones pueden llegar a superar el 60%. Frente a la evidencia de las limitaciones de las terapias tradicionales, surge la necesidad de elaborar tratamientos alternativos que conduzcan a mejores resultados. En los últimos tiempos, como veremos, gran parte de esas alternativas se basa en la evidencia que ofrecen las investigaciones sobre las sustancias psicodélicas como facilitadoras de los tratamientos para combatir los consumos dependientes.

“A menudo, las terapias convencionales no funcionan debido a la dificultad que tiene el paciente para abrirse, o para acceder a contenidos más profundos de su psiquis”, explica Bruno Rasmussen, director médico de la Clínica Beneva, una empresa basada en Brasil que ofrece opciones de terapia psicodélica para las personas que se enfrentan a la adicción, todo en un entorno hospitalario.

“Aquí es donde entra la posibilidad de la terapia asistida por psicodélicos, que ayuda al paciente no solo a conectarse consigo mismo de una manera más profunda, sino que también conduce a una apertura de mente, facilitando la comunicación con el terapeuta y llevando la sesión de terapia a un mayor nivel de rendimiento y eficiencia”, agrega Rasmussen.

El uso de psicodélicos para el tratamiento de las adicciones

Son cada vez más las investigaciones y ensayos clínicos que ligan a las sustancias psicodélicas con los tratamientos para las adicciones. Estas sustancias, cuyos efectos son ejercidos generalmente mediante el receptor 5HT2A, se definen por su capacidad de alterar los patrones ordinarios del pensamiento, la percepción y los estados de ánimo y de conciencia.

Desde su descubrimiento en el mundo occidental a comienzos del siglo XX, los psicodélicos han sido objeto de investigación científica, principalmente por parte de la psiquiatría. El auge de los estudios en torno a sus efectos terapéuticos tuvo lugar entre la década del cincuenta y la década del setenta del pasado siglo, cuando su uso clínico fue prohibido a nivel internacional.

Tras una prolongada interrupción, a partir de los años dos mil, la investigación psicodélica en el campo clínico está resurgiendo con gran fuerza. Universidades norteamericanas, europeas y latinoamericanas publican cada vez más resultados prometedores en materia de salud mental. Estos trabajos demuestran, mediante ensayos clínicos con personas y animales, los efectos beneficiosos de los psicodélicos para tratar patologías como la depresión, la ansiedad, los trastornos postraumáticos y las adicciones.

Diversos estudios farmacológicos y ensayos clínicos preliminares ofrecen evidencias de que los psicodélicos, en contextos sanitarios adecuadamente estructurados, pueden ser empleados para tratar las adicciones de manera segura. Johnson y colaboradores administraron dosis altas y moderadas de psilocibina a 15 voluntarios adictos a la nicotina. Los resultados de este trabajo indican que las tasas de abstinencia al cigarrillo alcanzaron un 80%. Este resultado se destaca ya que las tasas de abstinencia frecuentemente reportadas en otro tipo de tratamientos no suelen superar el 35%.

Un estudio piloto realizado en la Universidad de Nuevo México administró dosis de psilocibina z 10 participantes con problemas de alcoholismo. Esta investigación, liderada por Bogenschutz, revela no sólo una disminución considerable del consumo de alcohol, sino también una reducción de las ansias de consumo y mejoras en los sentimientos positivos por parte de los pacientes. El trabajo sugiere que la administración de esta sustancia podría constituir un método de fundamental importancia en el tratamiento contra el alcoholismo.

Algunos estudios, como el desarrollado por Gianfratti y colaboradores, revelan las propiedades de la ayahuasca, un compuesto vegetal utilizado para ritos religiosos en el Amazonas, para inhibir el comportamiento asociado con la adicción al alcohol. Se estima que la ayahuasca opera sobre los mismos sistemas neuronales en los que actúan ciertos medicamentos psiquiátricos usualmente utilizados como auxiliares terapéuticos en tratamientos contra las adicciones. La acción de esta sustancia, que posee DMT, podría bloquear las adaptaciones neuronales que favorecen el desarrollo de las adicciones y reducir los niveles de dopamina en el sistema de recompensa del cerebro.

Los estudios realizados por Alper y Lotsof  entre los años noventa y los dos mil, dan cuenta del potencial terapéutico de la ibogaína para el tratamiento contra el consumo dependiente de opiáceos. Se trata de un alcaloide extraído de la corteza de la raíz de un arbusto africano, tradicionalmente utilizado para rituales religiosos por el culto Bwiti, que ha demostrado disminuir la apetencia al consumo y mitigar el síndrome de abstinencia. Si bien las investigaciones con esta sustancia son escazas, en la actualidad, la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS) se encuentra realizando diferentes estudios observacionales para determinar el grado de eficacia a largo plazo de los tratamientos contra las adicciones basados en la administración de ibogaína.

“En general, las terapias psicodélicas están indicadas en casos de fracaso de los enfoques tradicionales y en pacientes que tienen la apertura mental para vivir este tipo de experiencias”, dice Rasmussen. “Por el contrario, están contraindicados en pacientes que presenten trastornos mentales como la psicosis. En el caso concreto de la ibogaína, tampoco se recomienda en pacientes con enfermedades graves del corazón, cerebro, riñón e hígado”.

La actual revalorización científica de las sustancias psicodélicas está puesta, en gran parte, al servicio de la salud. Los estudios orientados a estudiar estas sustancias ponen en relieve el valor terapéutico de las mismas para contribuir en los tratamientos contra las adicciones y otros padecimientos mentales. De acuerdo con gran parte de estas investigaciones, los psicodélicos constituyen una alternativa segura para paliar los síntomas del síndrome de abstinencia y mejorar así los resultados de las terapias contra los consumos dependientes.

La ibogaína en Brasil

En Brasil, la ibogaína no está ni registrada, ni prohibida. Además, desde el año 2013, la autoridad sanitaria del país permite la importación de fármacos no registrados, siempre y cuando sea para uso terapéutico y el paciente cuente con una prescripción médica.

En el estado de São Paulo, hay un decreto del 2016 que establece que el tratamiento con ibogaína debe ser administrado, obligatoriamente, bajo supervisión médica y en contextos hospitalarios. Fue en este contexto que se produjo el estudio sobre la ibogaína para la adicción con la mayor muestra de pacientes realizada hasta la fecha.

La investigación fue realizada en 2014 por un grupo de científicos brasileños, que analizaron los resultados de 75 pacientes tratados con una o más dosis de ibogaína. Entre las mujeres de la muestra, el 100% se declaró abstinente al momento de la entrevista. Entre los hombres, el 72% permaneció abstinente, con un 57% sin ningún tratamiento paralelo. Para 66 pacientes, fue posible comparar el período medio de abstinencia antes y después del tratamiento. Entre los dos géneros hubo un incremento significativo en el tiempo sin recaídas.

En el estudio no se observaron efectos adversos o muertes. Los resultados sugieren que la ibogaína puede ser un tratamiento seguro y eficaz para la dependencia de estimulantes y otras drogas no opiáceas

En otro trabajo más reciente, de 2021, Bruno Ramos Gomes describe su observación como participante en diversas clínicas brasileñas que realizan terapias asistidas con ibogaína, así como su propio seguimiento a una serie de pacientes que se sometió a este tipo de tratamientos para combatir las adicciones. De acuerdo con este autor, el espacio de que está ganando la ibogaína en los tratamientos para la adicción a las drogas en Brasil responde, más que nada, a la efectividad de la misma para combatir el síndrome de abstinencia.

Foto: Giuseppe Patriarchi, Unsplash

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Santiago Federico Richetti

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