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Adicciones y Prevención en Adultos y Adolescentes: Cambiando la Perspectiva

Adicciones y Prevención en Adultos y Adolescentes: Cambiando la Perspectiva

✍ 29 julio, 2021 - 10:52

Por Carlos Alberto Barzani, Psicólogo.

La cuestión de la prevención es siempre un tema difícil. Ésta apunta a mejorar las condiciones de salud y anticipar el daño, tendiendo a evitarlo. Sin embargo, la psiquis humana es muy compleja; y a veces sucede que lo que intenta ser un consejo con buenas intenciones que apunta a evitar algo no deseado provoca el efecto contrario. Sobre todo en un tema tan controvertido como son las adicciones a ciertas drogas.

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Así, en muchas ocasiones no se habla de las personas que tienen una adicción, sino de las drogas y los/as drogadictos/as.

El lente social

Es frecuente escuchar en las crónicas policiales de hechos violentos la infaltable pregunta acerca de los delincuentes: ¿estaban drogados? Como si la conducta criminal fuera efecto de la droga y no de una persona responsable de sus actos. Evidentemente, para ciertos sectores es más sencillo hablar del flagelo de “la droga” que del creciente nivel de violencia y de desamparo en nuestra sociedad. Esto se debe a que abordarlo desde esta otra perspectiva llevaría a hablar de políticas sociales y de salud llevadas a cabo por los Estados.

Los mensajes masivos, en su mayoría, se caracterizan por ser moralizantes, autoritarios y/o apelar al miedo, desembocando en repetidos discursos proselitistas que sólo poseen sentido y eficacia para quien los produce. Estas estrategias no sólo no disminuyen el consumo de drogas, sino que en algunos estudios se ha visto que lo aumentan.

Por otro lado, la temática de “las drogas” genera “interesantes” y “apasionados” debates televisivos o de mesas de café. Ubicar el problema en ellas centra la discusión en un lugar equivocado, ya que omitimos ver la relación que la persona puede tener con la sustancia. Si desplazamos el haz de luz hacia la relación de los seres humanos con las drogas veremos, por ejemplo, que algunas de ellas fueron consumidas en ciertas comunidades indígenas durante mucho tiempo. Allí cumplían una función importante en ciertos ritos religiosos o de iniciación, y no crearon adicciones. Aquí advertimos que la relación que estos pueblos tenían con estas drogas era diferente a la que se tiene en nuestra cultura occidental judeo-cristiana.

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En la sociedad actual las drogas legales -alcohol, tabaco, fármacos- son un objeto más de consumo. Así, se ofrecen a través de campañas publicitarias que prometen éxito, placer, diversión, eficacia, según el caso. Las drogas ilegales -marihuana, cocaína, pasta base, éxtasis, etc.- son concebidas como sustancias demonizantes.

Por otra parte, la ley confiere a los consumidores de drogas ilegales el doble estatuto de delincuentes y enfermos. El consumo de drogas requiere atención médica, pero la tenencia constituye un delito… Identificar a una sustancia como un objeto externo con poderes “demoníacos” capaz de infectar a un sujeto, poseído por el tóxico, le quita la responsabilidad de sus actos y decisiones a quien consume adictivamente. Una persona con problemas de adicción podrá quizás aceptar la prohibición de la droga por un tiempo, pero no modificará los determinantes de su consumo adictivo.

El problema detrás de las adicciones

Cabe aclarar que no todo el que consume o consumió alguna sustancia -sea esta legal o ilegal- ha desarrollado o va a desarrollar una adicción. No obstante, es frecuente que un individuo crea que maneja a su antojo el consumo que realiza y, sin embargo, sin darse cuenta, el imperioso deseo de consumir ocupe importantes momentos de su vida. Por ejemplo: algunas personas necesitan “entonarse” para ir a un boliche o para conocer a alguien, o fumarse un “porrito” para ir a un recital. Si no lo hacen, tienen la sensación de que algo les falta, que “no es lo mismo”.

En síntesis, el problema no es lo que se consume. El problema es ¿para qué se consume?
La palabra adicto proviene del latín addictus, que quiere decir “adjudicado”. En el derecho romano, se llamaba addictus al deudor insolvente que había sido adjudicado al acreedor para que éste cobrase su deuda, pero sin perder su condición de ciudadano romano si dentro de un plazo de sesenta días pagaba se deuda. De no hacerlo, se convertía en esclavo de su deudor. En este sentido, alude alguien que está “entregado” o “esclavizado” a causa de sus deudas.

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Algunos autores han señalado que la palabra adicción -al menos en idioma español- nos remite a la falta de palabra, esto es, no decir, no hablar. Si bien, como hemos visto, no es ése el origen de la palabra, nos lleva a un punto central: en general, muchas personas llegan a padecer una adicción por la imposibilidad de hablar de ciertas cuestiones y no poder resolverlas a través de la palabra. Lo cierto es que el consumo adictivo de sustancias puede estar referido a las más diversas motivaciones atravesadas. Su complejidad implica poder articular diferentes niveles de análisis, disciplinas y abordajes. Cualquier encierro en una sola perspectiva lleva a un reduccionismo de la cuestión.

Desde una perspectiva psicológica –atravesada a su vez por otros determinantes- el consumo de sustancias puede estar al servicio de intentar anestesiar un dolor, aliviar la angustia, insensibilizarse ante sentimientos displacenteros, tapar un vacío, calmar la ansiedad, provocar un estado de euforia, escapar de la monotonía y el aburrimiento, producir un estado de ensoñación, entre otras causas. El efecto de la sustancia es transitorio: cuando se disipa se necesita volver a consumir.

Si la adicción intenta resolver un problema, para resolver la adicción se tratará de encarar el problema o motivo que llevó a la persona a consumir adictivamente. Situación que es difícil reconocer, ya que muchas veces se trata de paliar algún conflicto interno que aquella desconoce. Es importante destacar este punto porque no se trata de forzar o intentar sacar palabras con tirabuzón. Una evaluación terapéutica por profesionales que tengan experiencia en el tema puede ser un camino que conduzca a descifrar y desanudar el problema.

Drogas, alcohol y adolescencia

Desde hace años circulan discursos que categorizan las adicciones como un problema de los/as jóvenes. Si bien la problemática se extiende a una franja etaria que abarca desde los púberes hasta los adultos mayores, variando en la frecuencia, cantidad y tipo de sustancia, el inicio del consumo se produce mayormente en la adolescencia.

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El hecho de que la adolescencia sea la etapa de la vida de mayor vulnerabilidad para el inicio del uso y abuso de drogas puede explicarse por las características propias de ella, como parte de un proceso de profundas transformaciones biológicas, psicológicas y sociales.

La adolescencia es una etapa donde se conjugan momentos de búsqueda de identidad, de cambios corporales, de iniciación sexual, duelos, diferenciación respecto de los padres y búsqueda de otros modelos, fluctuaciones emocionales (rabia, pena, miedo, alegría), de nuevas responsabilidades, de replanteo y cuestionamiento de valores, etc. Todos estos procesos pueden producir angustia, malestar, conflictos, que por momentos resulten intolerables.

Recíprocamente, esta etapa también es difícil para quienes ejercen la función parental. Los padres, ante el proceso de crecimiento del hijo/a, deben atravesar diferentes transformaciones y enfrentar múltiples reubicaciones. Algunas de ellas consisten en encarar diversos duelos -desprenderse del hijo/a niño/a, dejar de funcionar como ídolo y aceptar una relación llena de críticas y ambivalencia, admitir su propio envejecimiento, entre otros- y re-vivir aspectos de su propia adolescencia y de la relación con sus propios padres. Al mismo tiempo, deben hacer equilibrio entre no ser ni demasiado sobreprotectores/as o invasivos/as, ni demasiado permisivos/as o ausentes.

De qué se trata “escuchar”

Ahora bien, si la estructura psíquica y el sostén afectivo familiar del/la joven no logran soportar ni contener tales estados, el consumo de alcohol y/o drogas que la sociedad y los grupos de pares ofertan les sirve para paliar el malestar y encontrar algunos momentos de alivio.

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Como decíamos anteriormente, el eje del problema no son las sustancias, sino qué le pasa a ese/a joven que no puede encontrar otras formas de elaborar y resolver los conflictos y procesos que está atravesando. Hay que dilucidar para qué le sirve la droga y por qué no puede encontrar otra manera de encarar los obstáculos que se le presentan.

Si bien no todo/a adolescente que consume o prueba drogas o alcohol se convierte en adicto/a, muchos/as pueden llegar a serlo. Asimismo, no siempre es necesario un tratamiento prolongado; algunas entrevistas con un profesional pueden esclarecer la situación. En muchos casos un acercamiento franco por parte de quienes ejercen la función parental puede alcanzar para ayudarlos/as a encontrar un camino que les dé más elementos para resolver la crisis.

Los padres/madres de púberes y jóvenes a menudo preguntan cómo saber si su hijo/a “se droga”. La respuesta no es sencilla; pero sin duda, una de las maneras de responderla es escuchándolo/a. Los/as adolescentes -y no sólo ellos/as- pueden hablar mejor sobre cualquier tema con quienes “saben” escuchar. Ciertas actitudes obturan la posibilidad de comunicación y son incompatibles con una disposición genuina de escucha. Cuando se juzga, se aconseja o sermonea en exceso, o se critica y se ridiculiza, o no se toman en cuenta o se toman a la ligera sus opiniones, o existen grandes contradicciones entre lo que se dice y hace, se están colocando obstáculos en el vínculo con los/as hijos/as. “Escuchar” no se trata sólo de no interrumpir mientras el otro habla, sino de tratar de comprender lo que nos dice y lo que quiere decirnos.

Foto por Mikail Duran vía Unsplash

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