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Arte

‘Autopista al Espacio’: Juan Ruocco Habla de Ciencia Ficción, Marihuana y Escribir bajo la Influencia del LSD

Por Natalia Kesselman

'Autopista al Espacio': Juan Ruocco Habla de Ciencia Ficción, Marihuana y Escribir bajo la Influencia del LSD

✍ 18 enero, 2021 - 13:10

Conciencias colectivas, aventuras bíblicas, deidades escamosas, inminentes meteoritos, enanos de jardín y conejos blancos virtuales. En poco más de 100 carillas, Autopista al espacio, el libro de relatos de ciencia ficción de Juan Ruocco, te da de probar todos los sabores de la distopía.

Publicado unos pocos meses antes de la grand opening del apocalipsis, el libro de la editorial Neptuno -y ópera prima del autor- cayó como anillo al dedo. De haberse editado en tiempos menos desesperantes podría haber resultado cínico o pesimista. Hoy, en el ojo del huracán, se acentúa su carácter perspicaz, cómico y dulzón. Un caramelo ácido, de industria nacional.

Vale la pena destacar que, como periodista, Ruocco explora temas que bien podrían ser -y, a menudo, han sido- ciencia ficción. En pocas palabras, su perfil de autor para la revista Nueva Sociedad reza: “Le interesan la tecnología, los videojuegos y el futuro”. También escribe para Página/12 y es columnista en Sexy Pipol.

Y, aunque muchas veces su ojo está apuntado hacia asuntos de perfil internacional (como criptomonedas, tecnologías de avanzada, la deep web y el ascenso de la alt-right), no nos confundamos: Autopista al Espacio es 100% nac&pop.

juan ruocco

Foto: Agustina Sojit

Discriminación de género

“No es lo mismo imaginar el futuro de Estados Unidos que el de Argentina”, agita el bitcoinero experto en metal. “A mí me ceba eso, pensar en el género (ya sea ciencia ficción, fantástico, o weird) pero arraigado en nuestra cultura, nuestra geografía, nuestros mambos”.

Dicha premisa, “la idea de ciencia ficción arraigada a un determinado país”, Juan la absorbió del cineasta sudafricano Neill Blomkamp, que dirigió la aclamada película District 9.

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Pero la literatura argentina no es particularmente celebrada por sus incursiones en el sci-fi. Y aunque Borges (cuyo género literario es tan debatido que no nos vamos a meter en esa) no habría sido Borges sin la ciencia ficción, en el imaginario literario local el género se posiciona mucho más cerca del desdén que de la insignia.

“En Argentina, todavía la industria editorial y la policía cultural reputan a la ciencia ficción como literatura de segunda”, agita el autor, cuya pícara incursión en este espacio incomprendido hacen de su obra, digamos, un coleccionable.

Ruocco, en cambio, percibe al género sci-fi como un vehículo hacia profundidades ignotas y, cada tanto, explosivas.

“Para mí no es literatura de segunda porque se anima a explorar facetas del drama humano y cuestiones trascendentales acerca de la vida humana como, por ejemplo, la mente, la libertad, la naturaleza humana, el control, la política, la tecnología y nuestro futuro como especie. En ese sentido es un género que, de por sí, se permite cierta reflexión filosófica pero como escondida en los pliegues de una peripecia”, sentencia.

Y remata: “Ese nivel de insight siempre me atrapó”.

Las gemas perdidas del Minotauro

Juan lee ciencia ficción desde chico, arrancando con Farenheit 451 en el colegio, luego pasando a Isaac Asimov y, a partir de ahí, siguió hurgando los recovecos del género. “No salí más”.

Mi viejo también aportó mucho”, agrega. “Me regalaba libros todo el tiempo y en mi casa se leía mucho”.

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A los 16 años, su padre le acercó Invernáculo de Bryan Aldiss (“un librazo que me marcó groso”) y, a los 17, El laberinto mágico de la saga Riverworld de Philip J. Farmer.

“También solía ir seguido a visitarlo al laburo en el Centro y, como parte del paseo, me llevaba a comprar libros. Ahí, en las mesas de saldos, solía encontrar algunas gemas perdidas de editorial Minotauro”, rememora, haciéndole un mimo a un animal ya casi extinto.

Así conoció autores “top notch”. Entre ellos nombra a Norman Spinrad, autor de El sueño de hierro.

Es un libro dentro de un libro; el autor simula que encuentra un libro de ciencia ficción escrito por Adolf Hilter, pero en una línea temporal donde el dictador se dedicó a la pintura y fracasó en política”, explica Juan.

Puede concluirse entonces que Autopista al espacio es la consecuencia inevitable de una vida acumulada de sci-fi.

https://twitter.com/realjuanruocco/status/1349774291282272257

Obviamente

Al hablar de sus influencias y referentes, hay dos autores que Ruocco dice que le “volaron la cabeza”: Corwainer Smith y Olaf Stapledon. “El nivel de imaginación que manejan ambos autores, es sencillamente una locura”.

Y pasa a explicar: “Smith, por ejemplo, fue responsable de la división de guerra psicológica de la CIA durante años y, por eso, escribía con seudónimo. Para que su ‘reputación’ de escritor de ciencia ficción no le arruine la carrera en el Pentágono”.

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En cambio, Stapledon imagina una especie de súperconciencia interplanetaria que va uniendo a todo el universo, viajando y habitando diferentes seres, tratando de lograr una mente colectiva universal y, de esa forma, evitar el colapso del universo producto de la entropía”, dice en referencia al libro Hacedor de estrellas.

“Lo escribió cerca del año 1929, lo editó Minotauro y el prólogo, obviamente, es de Jorge Luis Borges”.

No reniega de la influencia de series y películas japonesas de los ‘90 y ‘00: Evangelion, Akira, Ghost in the Shell, Patlabor, Saber Marionete (J to X, R), Bubblegum Crisis, Tokyo 2040. Todas forman parte del pensadero de Ruocco.

Películas como Alien, El vengador del futuro, Robocop y Terminator también están incluidas.

Y, en cuanto a la literatura, enumera: Poe, Lovecraft y Stephen King. “También son grandes fuentes de inspiración, aunque ya sea cliché”.

Cuete al espacio

Ciertamente, la marihuana estuvo durante la génesis de Autopista al Espacio.

“Da la casualidad que Autopista al espacio nació en el año 2011 en medio de una noche de intoxicación con un amigo”, relata Ruocco.

“Me acuerdo que en medio de una charla nos pusimos a delirar con historias sobre el fin del mundo. Ahí mismo armé un Word con unas cinco ideas que titulé ‘Cinco formas de terminar con el mundo’. De ese archivo salieron tres ideas que después de mucho laburo se convirtieron en cuentos y llegaron al libro, entre ellos el que le da el título al libro”.

En lo que al proceso de escritura respecta, Juan no puede escribir cuando está muy fumado: “En ese sentido, el porro es un detractor absoluto de mi capacidad de escritura”, sostiene. “Cuando escribo, escribo careta, no hay vuelta que darle”.

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Pero esto no quiere decir que el porro deje de ser una herramienta creativa, ni mucho menos. Muchas veces, la marihuana actúa como disparador de ideas, o le provee la vuelta de tuerca necesaria para encontrar el “ángulo raro” que faltaba.

Quizá vengo trabado mal con un cuento, un final, o un personaje y resulta que en medio del humo se me ocurre algo que puede funcionar. Algunas veces esas ideas funcionan y mejoran un texto que estaba incompleto y muchas veces son ideas pésimas”.

En cuanto a los psicodélicos

Si bien Ruocco declara que le resulta “medio imposible” escribir bajo los influjos del LSD (lógico), sostiene que se trata más que nada de una cuestión de dosificación.

“Hace un tiempo probé unos días escribir con algunas microdosis de LSD y va bastante bien, de hecho es como que uno queda más enfocado. Ahora bien, si me tomo media pepa o una entera lo último que quiero hacer es quedarme sentado escribiendo”.

Y no, de pepa entera difícilmente puedas escribir un libro, del género que sea.

“Digamos que me pone en otro estado de ánimo, tengo más ganas de escuchar música y joder con amigos que de laburar, además de que me deja cognitivamente incapacitado para seguir el hilo de un texto”, reafirma.

Datas para disfrutar quemando uno

Antes de terminar, le pedimos a Juan que recomiende algunos contenidos para consumir bajo los influjos del cannabis.

En lo que a la música respecta, el escritor se inclina por el metal: Black Sabbath, Type O Negative, Kyuss, Mastodon y Judas Priest.

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En lo visual, recomienda mucho ciertos animés: Ghost In the Shell, Akira y Evangelion. También “clásicos de Troma como The Toxic Avenger, Class of Nuke Em High y Surf Nazis Must Die. The Toxic Avenger es una joya para ver bien fumado”.

Asimismo, aconseja ver algunos documentales sobre “las relaciones humano animales”: Blackfish, The Cove y Zoo, que te hacen flashear fuerte. Incluso, el capítulo de Planet Earth sobre las plantas te puede llevar a lugares muy recónditos de tu cerebro. Recomiendo”.

Para encargar Autopista al espacio: www.juanruocco.com 

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Natalia Kesselman

ACERCA DEL AUTOR

Natalia es Editora Ejecutiva, redactora, y parte del Alma Mater de El Planteo.

Tiene un título de Diseño de Indumentaria de la UBA, una carrera en joyería contemporánea, y es fabricante de cuchillos de lujo.

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