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Señorita Bimbo

Cannabis

Una Charla con Señorita Bimbo: ‘Mientras Sea Ilegal, Vamos a ser Todos Narcos: Entonces, Seamos Narcomodelos’

Por Lola Sasturain

Una Charla con Señorita Bimbo: ‘Mientras Sea Ilegal, Vamos a ser Todos Narcos: Entonces, Seamos Narcomodelos’

✍ 13 julio, 2021 - 10:00

“Gorda mala, cannábica y antiespecista”. Así se define Virginia Godoy, mejor conocida como Señorita Bimbo, desde su bio de instagram. Y si bien algo de eso hay, la definición es un poco caricaturesca, otro poco injusta y, además, se queda corta.

La definición deja afuera que es una trabajadora de los medios con dos décadas de trayectoria, que se formó como actriz y que en diversos roles pasó por el teatro, la TV y se afianzó en la radio como conductora. Que es comediante y standupera. Que fue una hija apropiada y que visibiliza su propia búsqueda, no solo con el objetivo de encontrar respuestas, sino queriendo inspirar y ayudar a otrxs con dudas sobre sus orígenes. Y muy importante, que es feminista y una de las comunicadoras del feminismo más populares de los últimos años: tal vez la feminista más cannábica, o la cannábica más feminista.

Y sí, tal vez su estilo súper directo, su ferocidad a la hora de defender sus causas o su sentido del humor incendiario la hagan parecer “mala”, pero su generosidad a la hora de hablar de su propia vida sin ningún tipo de tapujos, su voluntad de siempre activar por las causas que cree justas y la proximidad que muestra con las personas que están del otro lado, la convierte en una figura muy querida por todxs sus oyentes y seguidores, que ven en ella alguien más parecido a una amiga que a una celebridad.

Todas las Bimbos, la Bimbo

Señorita Bimbo es una de las figuras emblemáticas del staff Futurock y conduce a diario el ya clásico Furia Bebé junto a Malena Pichot y Danila Saiegh.

Hoy también tiene su programa propio en donde juega a la locutora old school. Un Loco en la Camino recupera el formato del programa nocturno clásico, donde una conductora oficia de compañía, hay música y línea directa con los oyentes que son lxs verdaderxs protagonistas.

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Este programa fue la forma de capitalizar y bajar a tierra los vivos que venía haciendo por Instagram, hablando de la vida con sus seguidores, de fumada y porque se sentía sola, encerrada en pandemia.

Porque, se sabe y ella lo dice, lo que más le gusta es hablar: compartir.

“Los vivos después dan verguenza y son energía perdida. Y a mí me gusta la radio”, explica. “La gente siempre quiere ser escuchada y participar, pero para mí tiene que ver con lo desigual que es la atención que se les presta a ciertas personas, a algunas toda y a otras nada”.

Bimbo cuenta que con Un Loco en el Camino buscan recuperar una tradición clásica muy de la radio AM, que es la de la compañía, donde el oyente puede llamar y charlar de igual a igual sobre lo que se le antoje en el momento. En un registro más calmo, más íntimo, que en el caos exaltado que significa Furia Bebé. Y a Bimbo le interesa esto de que el entrevistado no siempre sea una celebridad: “Las entrevistas siempre se las hacen a personas que por algún motivo son conocidas y todo el mundo tiene cosas interesantes para decir, o al menos todo el mundo se inventó una explicación para el todo en la vida. Todo el mundo tiene su teoría sobre qué pasa después de morirse. Y es interesante”.

Entre sus proyectos que la pandemia obligó a poner en pausa está Redes, una obra de teatro de José María Muscari que apenas se llegó a estrenar antes de las nuevas restricciones. Se trata de una propuesta novedosa que prometía ser “un reality show que juega con la vanguardia” y que reunía a varias figuras de las redes sociales. Entre ellas, Señorita Bimbo.

También, su faceta DJ: Godoy estaba incursionando en el mundo de las bandejas ocasionalmente en Ah Pero Anoche, la fiesta que compartía con sus amigues La Coneja China, Pato Smink y Dyzhy.

Pasar música es una actividad que no se toma demasiado en serio y que le da mucho placer: “Paso música con humildad, no me considero DJ, sino alguien que hace su curaduría de cosas que le gustan y que hace que entren los BPM a tiempo”, explica. “Generar cosas en el otro, que se rían o que bailen… es lo más divertido del mundo, me da mucha felicidad”.

¿Cuáles son sus hits insignia? “Los Charros, La Nueva Luna, Leo Mattioli, pero también Nene Malo”. Para bailar, no tiene dudas: lo suyo es la cumbia. Aunque después escucha de todo: “Música vieja, de gente muerta”, dice riendo. Ahí, un tendal que contiene girl groups de los ‘60, el northern soul, también el glam rock de Bowie y T-Rex, los musicales y el jazz. “Pero también me encanta L-Gante. Que se haya definido como cumbiero, no como trapero, y que haga ese sonido que ya estaba sonando en fiestas, que no necesita remix”.

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Pero su costado musical no se queda ahí: también le gusta cantar, por ahora como hobby. Y adelanta que grabó unos temas con Los Pepis, una banda de cumbia: “Algo va a pasar”, asegura, dejándonos con la intriga.

Bimbo se formó en actuación, pero rápidamente dejó de perseguirlo como un trabajo:  “Es muy difícil ejercer”, dice. Tenía una carrera como maquilladora que decidió abandonar a los 30 y, así, yendo a cuanto casting y convocatoria se cruzara, entró a la TV como notera de Petinatto, experiencia no muy grata sobre la cual ya habló en varias oportunidades.

En ese momento no tenía muchas ganas de hacer de sí misma, cuenta, eso ya lo hacía con el stand-up, disciplina en la que estaba metida desde mucho antes que hacerse conocida (y no, sus shows con Noelia Custodio no fueron sus primeras incursiones). Pero entró por donde pudo, buscando trabajar y aprender. Todo este recorrido hace que le cuesta definirse. “Soy una trabajadora de la radio, conduzco y actúo cuando puedo”, sintetiza. “Y soy  comediante, porque busco la comedia por muchos formatos diferentes. Busco la comedia porque soy medio suicida. ¡En Furia Bebé decimos unas cosas! Nos tiramos por un barranco con tal de que la gente se ría. En la radio he contado cosas que no le había contado nunca a nadie. Cualquier cosa con tal de que se arme un mundo gracioso entre nosotras”.

Reír y fumar

Existen hoy en día pocas celebridades argentinas que sean tan explícitas sobre su consumo de cannabis. Bimbo no solo lo comparte: lo grita a los cuatro vientos, lo celebra y lo honra.

El porro, así como el humor, son fundamentales en su vida. ¿De qué se ríe Bimbo cuando está re loca? “Dentro del horror de este mundo, los memes me sostienen y me dan risa y alegría. Hay series tipo Broad City que vuelvo a poner todo el tiempo: me hace bien. Mis gatos me hacen reír. Yo misma, si paso por un espejo y tengo el pelo ridículo, o recordar mensajes patéticos que mandé. Lo ridículo de mí misma, de la vida, de los vínculos. Mis amigues me hacen reír, los que hacen comedia y los otros. Pero sobre todo el contacto, lo que ahora está difícil. Estar con gente, ahí si que me río de verdad; me cuesta reírme con ruido si estoy sola. Pero me río sola a veces pensando cosas, sí”, enumera.

Bimbo probó el porro a los 17 y fue el inicio de un apasionado romance que dura hasta hoy.

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“Lo que siento por la marihuana es amor real. Pero porque me salvó la vida. Desde que la probé, lo único que hizo fue darle alegría a mi corazón. Hay gente que tiene la idea de que es evasión, pero para mí es todo lo contrario: es conectar más, ir con el pecho abierto a las cosas: algo me causa gracia, me cago de risa. Algo me duele y lloro”, se explaya.

La marihuana nunca, absolutamente nunca, le pegó mal: “Cada día me pega como si fuera la primera vez. Es un amor perfecto”.

¿Su porro favorito? Son dos: el primero de la mañana y el del final del día al llegar a casa luego de un día laboral agitado.

Aunque, si puede elegir de todas las circunstancias posibles para fumar marihuana, se queda con fumar andando en auto. “No sé manejar pero fumar porro andando en auto es de las cosas que más me gustan en la vida. Ni hablar de si voy en un taxi con un vaporizador y el conductor ni se da cuenta que estoy re loca y yo fumando todo el viaje. El mejor plan. Si fuese millonaria, le pagaría muy bien a alguien para que me saque a pasear en auto mientras fumo. O le diría al del taxi ‘poné el reloj y llevame a pasear por avenidas’, y yo fumando atrás”, se divierte imaginando.

Señorita Bimbo

Sus genéticas favoritas son la Tangie, pegadora y de fuerte sabor cítrico que recuerda a la mandarina, y la PhantomIce, la genética de una amiga. “La pensó para poder estar re loca en el sentido profundo del estar re loca, pero súper activa, 90% sativa”, describe Bimbo.

A ella, estar fumada le es útil, le sirve para trabajar y para hacer todas las actividades de su día a día. Pero hace una salvedad reveladora: “Puedo hacer stand-up fumada, puedo hacer radio fumada. Actuar en ficción, no”.

Sobre la cuestión de hacer stand-up fumada, cuenta una anécdota divertida. Tuvieron que aprenderlo sobre la marcha cuando fueron a hacer funciones a Uruguay con Noelia (Custodio). Ahí, el porro legal era algo más o menos reciente y a Bimbo, con su fama, le ofrecían constantemente. Incluso cuando se presentaban en vivo, la gente del público les alcanzaba porros: “Bueno boluda, estamos re locas y hay que hacerlo igual”, nos dijimos. Así que en Uruguay fue que aprendimos a hacer stand-up fumadas”, cuenta. Pero el teatro es otra cosa: “Me produce un nervio diferente que mejor no”.

Señorita Bimbo y las plantas sagradas

La comediante le huye a los sintéticos porque “después le pasan factura”, se define como “muy anti merca” y casi que no toma alcohol. Pero con las sustancias naturales es otro cantar.

Bimbo tiene un respeto total por las plantas sagradas. Eso incluye las que consume y ama, como pueden ser la marihuana y los hongos, y también se extiende a las que son vehículo de experiencias mucho más fuertes, como la ayahuasca. “Hay cosas que no se pueden arrancar de su contexto. Yo me sentiría muy rara yendo a tomar ayahuasca a una quinta pagándole a un chabón. Siento que es tomar de una cultura sólo la sustancia y el pegue”.

Pero vuelve sobre el cannabis: “Realmente es una planta sagrada y milagrosa. Está bueno saber qué estás fumando, qué genética, qué porcentajes de THC y CBD… y, lo más importante, encontrar tu dosis. Realmente hay gente que son dos secas”.

Bimbo llama a reivindicar el conocimiento de usuario, que es muy poderoso. Nadie sabe más que unx mismo qué tiene que fumar, cuánto, cuándo y cómo: así que hay que escucharse más y repetir menos. “No somos cultivadoras, algunas somos usuarias y ese conocimiento es muy válido y hay que difundirlo y compartirlo entre nosotres”, asegura.

Bimbo consume hongos en microdosis. Más allá de lo recreativo, le sirven a nivel terapéutico: “Yo soy muy mental y no en el buen sentido, soy muy del enrosque y el hongo es como si pasara por atrás y me limpiara el software de archivos que no sirven”.

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Pero ella no suele hablar mucho de esto públicamente,y la razón es porque cree que la gente tiene que hacer su propio camino con los hongos. No sirve transferir una experiencia personal porque cada caso es único y saber qué tipo de hongo, qué dosis y en qué situación es algo que tiene que ver con la investigación y el autoconocimiento. De otra manera, sería irresponsable: “Es un viaje para el que la gente tiene que leer y la gente no quiere leer, quiere que le digas todo en un vivo de Instagram”, lamenta.

Salgan al sol (los fumones)

Como laburante de la comunicación, considera que el principal problema es que no haya un protocolo sobre cómo hablar de sustancias psicoactivas en los medios. Es por eso, en parte, que habla sobre marihuana siempre que puede.

Bimbo siempre hizo lo que estuvo a su alcance para derribar el prejuicio sobre la marihuana y lxs marihuaneros: sea no perderse una marcha, escribir en la Revista THC o darle a Martín Armada, su editor periodístico, una columna en su programa de radio. Y siempre militó el porro fumando en sus shows de stand-up y en cuanta situación pública pudiese.

Y cuenta un episodio inolvidable cuando comenzaba su carrera en los medios. En épocas de “SOFIA GALA PORRO” (cuando la actriz tuvo que blanquear a la fuerza que fumaba marihuana porque se filtraron unas imágenes) y siendo notera en el programa de Pettinatto, Bimbo armó dos porros para compartir con todos los que estaban en el piso: fumó con Moria Casán al aire. 

Por todo esto, le parece necesario que lxs cannábicos de los medios se visibilicen. Que ayuden a que la sociedad vea quiénes son los consumidores de cannabis en realidad: desde niños con epilepsia refractaria hasta cirujanos, pilotos de avión y las maestras que educan a sus hijos.

Un montón de la gente que mantiene el mundo funcionando bien consume cannabis y no por eso consume otras drogas”, dice. “Así que yo les pido a los que tienen una voz y puedan hacerlo, porque sé que no todo el mundo puede, que se visibilicen. Tenemos que sacar a la planta de las sombras, cortar con el tabú y con todos los imaginarios y estereotipos alrededor de el fumón. Que digan ‘yo fumo, esto es lo que hago y lo hago bien’ Que salga el humo del clóset”, agita.

“El prejuicio y el tabú no se van a caer si no los tiramos nosotres. Y tiene que ser legal ya. Necesitamos la planta porque le cambia la vida a mucha gente. Desde a mí, que me hace ser más feliz, hasta un chico que puede sonreírle a la madre, hablarle y salir al sol”.

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Y dos de sus principales luchas, la feminista y la cannábica, se tocan en varios puntos. “Al mundo cannábico igual todavía le falta mucha más presencia y visibilidad femenina. Está lleno de cultivadoras, de breeders y también de usuarias. Hay que empezar a bancar a las pibas, hacer deals con las pibas porque somos nosotras. Comprale a pibas, no a chabones que te quieren explicar todo”, incita.

Y cuenta que tiene un grupo de amigas con las que se llaman las narcomodelos. “Hasta que no sea legal, vamos a ser narcos todos: entonces, seamos narcomodelos, no las mulitas de ningún chabón”. Y corona con un chiste: Support your local narcomodelo gang”.

Gorda, vegana y bajonera

“Yo no soy activista y me considero más bien público de los activismos”, afirma la comediante.  Desde su rol como comunicadora se destacó por siempre defender ferozmente las causas que cree justas: pero no se considera activista sino más bien alguien que busca usar su influencia positivamente.

Dicen que el peor enemigo del veganismo somos los veganos, pero porque todo lo que tenemos para decir es verdad, y es muy difícil comunicar la verdad. Es más fácil comunicar una mentira, es lo que hace el capitalismo todo el tiempo”, sentencia.

Antes se enojaba, o buscaba llegar a la gente compartiendo videos de mataderos. Pero, con el tiempo, se dio cuenta de que eso la alejaba de su objetivo, que es llegar a más personas. “Te metés con las costumbres más arraigadas a la felicidad, a los recuerdos familiares. El asado del papá, las milanesas de la mamá. Te metés directamente con cosas de su emocionalidad muy privadas. La mayoría de la gente que come carne no lo elegió, y no se quiere sentir ni una hija de puta ni una pelotuda, y no lo es porque no lo eligió”, reflexiona.

Con la perspectiva de clase siempre presente -no todo el mundo puede elegir qué comer, pero todo el mundo necesita comer- a Bimbo le interesa difundir que el veganismo no es necesariamente caro, ni difícil ni elitista. Como un intento de ayudar activamente, la artista arma combos para la dietética de enfrente de su casa, con los que apunta a que sus seguidores y gente que la conoce pueda acceder a productos saludables, balanceados y veganos con un descuento especial. Uno de esos combos se llama “Supervivencia” y se caracteriza por ser llenador, sano y muy barato, lleno de legumbres y granos integrales.

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Pero Godoy también tiene en claro que el veganismo por sí solo no va a salvar el mundo, y ese es un discurso con el que hay que tener cuidado porque señala a responsables erróneos.

“Los veganos no son santos y es cierto que en este país las verduras y las frutas son caras y los productos veganos elaborados que no se hacen en casa, también”, enumera. De la catástrofe ambiental nos van a salvar las políticas públicas, las decisiones de los gobiernos y de las grandes empresas multinacionales; no alcanza con el cambio individual, lamentablemente.

Bimbo aprovecha para hacer un shoutout a las marcas veganas que siempre banca incondicionalmente. “Si el dulce de leche vegano sigue siendo más caro que el común, no vamos a cambiar nada”. También llama a abrirse a otros tipos de economía: buscar emprendimientos y ferias de productores: ahí si que se encuentra lo bueno y barato.

A Bimbo, como cuerpo gordo, siempre la persiguieron con “la salud”. Hay un mecanismo extendido donde se piensa que los cuerpos gordos pueden ser un sujeto válido del escrutinio y el comentario porque “no son sanos”, pero eso solo esconde una gordofobia recalcitrante interiorizada. Y a ella los estudios le dan bárbaro: hierro, triglicéridos y colesterol impecables, para todos aquellxs que se  “preocupan” por eso valores en lxs gordxs.

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Una gorda vegana genera mucha bronca. Y sí, como un montón de cosas y además bajoneo. Hay un montón de comida chatarra vegana, y cosas súper calóricas, depende de cómo comas vos ¿Qué tiene que ver? Ser vegano es no joder a los animales, nada más. Y sí, se re puede ser vegana siendo una gorda bajonera fumaporro”.

Y sigue: “No solo por los animales, por una. Te hace sentir mejor. Desde que me hice vegana encontré otro vínculo con la comida. No es todo esfuerzo o restricción ¿Vos te pensás que yo hago mucho sacrificio? No. No es una dieta, no me controlo ni hago fuerza. Es alegría pura, elegir lo que vas a comer, tomar mejores decisiones”.

“La reafirmación de quién soy siempre tuvo que ver con lo colectivo”

La búsqueda de la identidad es otro de los temas, mucho menos jocoso, que se asocian con la conductora. Ella lo dice sin vueltas: “Soy apropiada. Es una palabra fuerte, pero hay que asumirla. Toda adopción ilegal te convierte en apropiada”. Precisamente fue hace unos meses, luego de una microdosis de hongos, que Virginia Godoy lo vio con claridad: necesitaba activar la búsqueda aunque fuera doloroso.

Lo que encontró hasta ahora no le dio todavía una respuesta sobre sus orígenes biológicos, pero al menos despejó un par de incógnitas: sabe que no es hija de desaparecidos y que nació en Santiago del Estero. Sabe que su partida de nacimiento fue falsificada y que esos mecanismos eran habituales -y conocidos por la comunidad- en la clínica donde nació.

Ella siempre tuvo ganas de hacer un documental sobre su búsqueda. “Primero, porque nunca vi un documental sobre adopciones turbias o apropiaciones que no fuera solemne. Lo triste o lo emocional no tiene por qué ser solemne”, dice. “Yo tuve buena suerte porque caí en una casa donde tuve techo y comida. Lo otro no estuvo, fue una casa muy difícil, pero tuve muchos privilegios que me llevaron a poder hacer lo que hago ahora. Tuve una vida rica, los guionistas de la vida me han escrito algo”.

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Virginia Godoy sabe desde los 4 años que es adoptada. Hoy tiene 40.

“Mi madre no tuvo ningún tipo de cuidado con eso, me dijo las peores cosas que se le pueden decir a un niñe y por eso yo construí un imaginario muy feo de todo ese tema”, explica, con total honestidad y sin golpes bajos.

Criada entre adultos mayores, sin otros chicxs alrededor, fue una niña-adulta que siempre preguntó y cuestionó todo. “Era una pequeña sindicalista de mis derechos dentro de esa casa”, recuerda. Pero si bien le decían cosas del tipo “La cabra del monte tira” o “Si hubiera sabido cuando te fui a buscar…”, de sus orígenes biológicos jamás le dijeron nada.

Es sabido que viene de una familia de alto perfil: su madre fue Virginia Luque, la reconocida cantante de tangos y actriz, y su padre Lionel Godoy, locutor de radio. Como su mamá viajaba constantemente por trabajo, pero le tenía miedo a los aviones y a los micros, Bimbo desde pequeña recorrió el país en auto. “Desde muy chiquita entendí que Argentina no es Buenos Aires, que Argentina es la pampa y un ranchito, es belleza y es cultura”, dice.

Siempre lo pensó como una road movie en registro documental: casualmente (o no tanto), todas las vacaciones de invierno iban con su familia a Las Termas de Río Hondo, donde ella nació.

Tengo mucho footage de mi vieja también que me gustaría usar porque es gracioso también que sea esa señora quien me apropió: una diva de su época, a cuya vida llego cuando ya era grande. Mi mamá tenía 55 años cuando yo llego y mirá lo trucha que era mi partida de nacimiento que ahí se saca diez. Es todo muy ¿¡keh!?”.

El documental por ahora es solamente una intención, un conjunto de imágenes en su cabeza. Le gustaría, algún día, encontrar con quién escribirlo y producirlo. Y su sueño máximo, que lo dirijan Lorena Muñoz o Lucrecia Martel.

¿Y en qué estadío está su búsqueda? En 2015 fue convocada por el banco de datos genéticos CONADI. Hoy tienen sus muestras pero los datos nunca llegaron. “Cuando no tenés la verdad, querés la verdad aunque sea fea”, dice Godoy.

Pero Bimbo sigue intentando y tiene la claridad -a la que se aferra- de que a ella no la define un genoma sino lo que ella hizo de sí misma. 

“Hay mucha gente en mi situación que lo vive con mucho peso y que siente que sin esa data no va a poder avanzar. Yo por suerte no pienso que mi identidad tenga que ver con mi familia biológica, mi identidad es lo que yo creé de mí para poder sobrevivir en este mundo. Pero tengo ganas de saber a quién me parezco, si tuve hermanos, si tengo alguna condición preexistente, si soy más turca que italiana… y sobre todo si hubo alguna injusticia. Si se vulneraron derechos, cómo pasó lo que pasó. Es eso, pero no me van a dar algo de mí que no sepa. Me van a dar algo de la historia de la que soy parte, que es un montón”.

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Bimbo cree que la identidad es algo móvil, aunque se siente ella misma cuando hace el programa, cuando comunica y cuando hace reír. En un sentido más profundo, Bimbo se siente más parte de algo que un individuo: “La reafirmación de quién soy siempre tuvo que ver con lo colectivo”, explica.

“Nunca las cosas a las que me aferro son personales. Me pregunto más bien ‘¿Qué sujeto político soy?’ Soy una mujer cis, blanca, hetero. Pero también soy apropiada y gorda”.

Bimbo recuerda la primera vez que fue a un ENM y entró a un taller de activismo gordx; ver que otras bocas contaban en primera persona lo mismo que ella experimentó toda su vida hizo mucho más por su autoafirmación que cualquier logro individual.

Y concluye: “Hoy me siento cómoda adentro mío, pareciéndome a la que me hubiera gustado ser a los 14 años. Trato de ser fiel a la adolescente que fui, o por lo menos de caerle bien a esa adolescente”.

Fotos cortesía de Señorita Bimbo. // Foto de portada por Fernando Bruno

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Lola Sasturain

ACERCA DEL AUTOR

Entrevistadora y editora en El Planteo, Lola Sasturain es periodista cultural, DJ y guionista.

Puedes encontrar sus notas en Página/12, VICE y, por supuesto, en El Planteo.

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