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Auxiliares del Cannabis: Laboratorios Argentinos y Certificaciones Nacionales

Auxiliares del Cannabis: Laboratorios Argentinos y Certificaciones Nacionales

✍ 19 mayo, 2022 - 12:05



Uno de los segmentos de mayor crecimiento en la industria del cannabis es el de las empresas auxiliares. Es decir, aquellas que ayudan a otras a producir cannabis. Se trata de laboratorios, empresas de software y de marketing, empacadoras y empresas de agricultura en ambiente controlado, por nombrar solo algunas.

Los laboratorios de análisis son centrales para el desarrollo de la cadena productiva del cannabis. Garantizan la calidad y trazabilidad de los productos, permiten la segmentación del mercado, la diferenciación de marcas, la certificación y el patentamiento de productos para su exportación y consumo interno.

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Según un estudio de mercado, en el año 2021, el mercado global de testeos de cannabis sumó aproximadamente USD 1490 millones y se prevé que alcance alrededor de USD 2920 millones para 2028. Otros estudios arrojan proyecciones similares.

La industria del cannabis farmacéutico en la Argentina requiere de una serie de análisis estandarizados que incluyen cromatografías por distintos métodos, análisis de moléculas, patógenos, restos químicos y minerales, metales pesados, agroquímicos, fertilizantes y humedad, entre otros.

Estos estudios, cuando son certificados por una autoridad competente, agregan valor al cannabis y permiten a sus productores mercadear mejor sus cultivos. En la Argentina, si bien los laboratorios de cannabis son clave, enfrentan algunos desafíos.

Desafíos del segmento análisis: tecnología, insumos, costos y regulaciones

Nicolas Boaretto es biotecnólogo especializado en cannabis y director de Ka’a Tech, popular firma del sector. El patagónico conversa a propósito de los desafíos del sector ‘análisis de calidad’, incluyendo el difícil acceso a patrones, o estándares de análisis, insumos básicos de la industria que todavía están regulados como estupefacientes.

“El análisis cromatográfico de cannabinoides fue lo primero que habilitó CONICET para determinar distintos quimiotipos de plantas. Hay unos 5 laboratorios habilitados por CONICET para importar estándares. Y muchos más que no pueden importar estos reactivos”, explica Nicolás.

Los estándares son patrones de moléculas del cannabis como el THC y el CBD en su estado puro y sirven como base para el análisis de un lote cosechado.

Se usan en las máquinas de cromatografía y te permiten obtener una curva de concentración de distintos compuestos. La máquina utiliza el patrón para establecer distintos picos que luego se comparan con las muestras”, explica el licenciado.

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“Los estándares se importan en 1 ml. Necesitás uno por molécula [THC, CBD, CBD-A, THC-A CBG, CBN, etc.] y por terpenos. Cuestan aproximadamente USD 300. Su entrada está bloqueada ya que se trata de una droga estupefaciente que tiene que ser autorizada por ANMAT, lo cual lleva meses”, aclara Boaretto.

Asimismo hace falta tramitar la importación de 1ml de etanol, el alcohol en el que viene diluida la sustancia.

Tienes que tramitar un permiso para importar un mililitro de etanol. Para ANMAT, si hablas de etanol, sos sospechoso de armar una cocina de cocaína. No sé cuánta cocaína se podrá cocinar con 1 ml”, duda el biotecnólogo y advierte que el organismo necesita tener un régimen específico para la importación de estándares.

Otro insumo que limita el crecimiento es la importación de equipos de cromatografía (y sus componentes) desde EEUU, Alemania y Japón. Existen dos métodos para hacer cromatografías, líquidas (HPLC – High Performance Liquid Chromatography) o gaseosas que sirven para determinar los componentes de la planta.

Las columnas de análisis, por ejemplo, son un insumo indispensable de estos equipos que sirven para filtrar e identificar moléculas según su tamaño, mediante un detector, que las compara con el patrón y determina su concentración.

“Nos sirve para decir ‘esta planta tiene CBD y THC al tanto por ciento’”, aclara Boaretto y explica que “la columna se gasta según la demanda”. Y que si bien se pueden reutilizar, son costosas.

¿Cuánto cuesta equipar un laboratorio de cannabis?

El precio de los equipos de HPLC y de cromatografía gaseosa varían entre USD 80.000 y USD 650.000. Asimismo, es necesario contar con un laboratorio de microbiología donde hacer los cultivos de hongos y bacterias que puede costar alrededor de USD 50 mil. Para el análisis de metales pesados se utiliza un equipo de absorción atómica cuyo costo oscila los USD 50 mil.

“Una cromatografía puede rondar los 15 mil pesos, solo de cannabinoides y terpenos. Metales pesados y agroquímicos, pueden ser otros 15 mil o 20 mil. El análisis microbiológico, otros 15 mil pesos. Y unos 50 mil pesos para analizar el lote de una flor legal”, explica el biotecnólogo.

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A su vez, Boaretto explica que estos costos son propios del cannabis farmacéutico y que, cuando hablamos de cannabis de uso adulto, los costos son más bajos, ya que no hay pruebas en animales, en humanos, patentes y sólo una tercera parte auditora. “Es más barato sacar un cogollo que un aceite”, sentencia.

Boaretto aconseja que el gobierno lance una línea de inversión para el fortalecimiento de nodos de análisis en las distintas regiones del país, lo cual podría ayudar a los pequeños productores a certificar e innovar. “La regionalización de los análisis permitiría abaratar los costos en el interior del país”.

HempLab.io el Primer Laboratorio Orientado al Cannabis de Argentina

En marzo de 2022, en la Ciudad de Mar del Plata, los hermanos Agustín y Pilar, junto a sus socios, inauguraron el primer laboratorio de control de calidad de cannabis de Argentina.

Los emprendedores están a tono con la flamante Ley de Cannabis Medicinal y Cáñamo Industrial que fue aprobada el 5 de mayo. Agustin, médico, y Pilar, ingeniera química, tuvieron su primera aproximación a la planta de marihuana haciendo aceites para su madre.

Fue entonces que identificaron un vacío de mercado en los controles de calidad de la industria. Había productos buenos que necesitaban análisis y pacientes que necesitaban consumir.

Para atender esa demanda diseñaron un laboratorio de control de calidad bajo normas internacionales ISO 17025, lo cual les permite certificar sus productos. Con el apoyo de un grupo inversor nacional privado pudieron montar un laboratorio que atiende las necesidades específicas del sector.

“Muchos querían cultivar pero nosotros demostramos que había un sector que tenía viabilidad. Apuntamos a ser un laboratorio que acompañe a productores pequeños, medianos y grandes, que quieran construir una marca”, explica Agustin.

“Para poder exportar se necesita el aval de un laboratorio, un tercero. De este modo podemos trabajar con un laboratorio más grande”, agrega el médico que ya vislumbra una oportunidad de crecimiento en el segmento farmacéutico.

El equipo de Hemplab se está capacitando con ingenieros y técnicos especializados en el exterior. Buscan aprender de especialistas y desarrollar la técnica analítica del cannabis.

“Estudiamos los protocolos en otros países. Tenemos HPLC con UV visible, para ver terpenos y algunos pesticidas que pueden estar presentes en el suelo. Cromatografía gaseosa para solventes residuales. Y, para metales pesados, un equipo de ICP-MS, un digestor con microondas, y una balanza MOC para analizar contenido de humedad”, detalla Pilar.

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En el futuro, la empresa planea hacer análisis microbiológicos en busca de toxinas.

“Sumamos contenido de humedad para determinar si el secado y curado es correcto. Es un parámetro inicial para prevenir la evolución de microorganismos si queda humedad,” agrega la ingeniera.

Más allá de la industria farmacéutica

“Tenemos pensados los alimentos y bebidas y, obviamente, trabajar en la parte recreativa, cuando se legalice”, afirma Agustin.

En el caso del cannabis de uso adulto, Agustin analizaría potencia, terpenos y se aseguraría que no hubiera solventes. Pilar considera importante conocer la concentración de cannabinoides, terpenos y asegurarse que no haya pesticidas. “Que sea 100% agroecológico, algo que la gente busca”.

“Podemos determinar hasta 9 cannabinoides y 19 terpenos. Creo que es importante hacer I+D. Dado que tenemos la tecnología, nos gustaría trabajar con algún organismo público para hacer investigaciones en la industria. Si viene el INTI a trabajar, bienvenido sea”, agrega Pilar.

En sintonía con Boaretto, los emprendedores marplatenses creen que la burocracia estatal actual representa el mayor escollo para la importación de estándares regulados que quitan tiempo y competitividad a las empresas nacionales.

El INTI y el Desarrollo de Reactivos Nacionales

Ignacio Hernandez, cultivador, técnico e ingeniero químico y militante por la legalización del cannabis, vivió la industria cannábica en Canadá y conoce los desafíos que presenta.

Al calor de la sanción de la Ley 27.350 obtuvo autorización del Ministerio de Salud para hacer una tesis sobre extracciones con dióxido de carbono supercrítico para uso farmacéutico. Y, en 2020, se unió al proyecto Conectar Med en la ciudad de Santa Fe, la primera clínica cannábica de la Argentina.

También, fue becado como estudiante doctoral por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que además de hacer transferencia tecnológica a las PyMES, pertenece al “Bureau Internacional de Pesos y Medidas». “Es como el certificador y el calibrador del país. Calibrar balanzas, surtidores, materiales, etc”, explica Hernandez.

“Lo que estoy desarrollando es la base de la industria del cannabis argentino, los famosos estándares. Materiales de referencia certificados a nivel internacional por el INTI. Lo que yo hago es extracción y purificación de cannabinoides, ampollitas de THC, CBD, CBD-A, etc… para calibrar los cromatógrafos nacionales”, adelanta el santafesino que busca generar una alternativa soberana al oligopolio mundial de la venta de reactivos.

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“Tenés dos empresas que hacen estándares en el mundo, están regulados por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, no son fáciles de importar. De hecho, toma seis meses con suerte para traer una ampolla. La idea del INTI para solucionar esto es hacer los estándares acá”, dice Ignacio.

“Hacemos la metrología, la ciencia de la medición, homogeneización, estabilización y los análisis que acompañan, certifican y validan que esa ampolla tiene una concentración y que sirve para calibrar los equipos de análisis», suma el graduado de la FIQ.

Control de calidad para el uso adulto del cannabis

Ignacio entiende que las exigencias de calidad internacional pueden representar una barrera para la inserción de los pequeños productores en la industria del cannabis.

Explica que el cannabis de uso adulto, a diferencia del cannabis de grado farmacéutico, no requiere los mismos estándares de calidad.

“En la industria del cannabis farmacéutico hay ciertos conceptos que ANMAT debe comprobar: seguridad, reproducibilidad, inocuidad y efectividad. Para sacar productos de CBD por ANMAT, las empresas se basan en las pruebas de GW Pharmaceuticals, una empresa inglesa”.

Sin embargo, el ingeniero explica que el cannabis de uso adulto no escapa a testeos de pesticidas, toxinas, metales pesados y residuos de solventes.

La industria farmacéutica exige reproducibilidad, que los lotes sean estables y homogéneos, algo que no requiere la industria del cannabis de uso adulto. Sin embargo, si se legaliza vas a necesitar trazar los lotes. Es un desafío para el uso adulto del cannabis”, concluye Hernandez.

CannaTest: la ciencia del cannabis en casa

A menudo, se afirma desde el desconocimiento y el prejuicio, que quienes cultivan en casa carecen de los medios necesarios para realizar análisis de calidad. Por suerte los autocultivadores, precursores de la industria, ya cuentan con métodos confiables de análisis para usar en ambientes domésticos.

Lorena Albarracin se encuentra al frente de Cannatest, una empresa que ofrece un kit manual de identificación y cuantificación de cannabinoides mediante reactivos, seguimiento y asesoramiento remoto.

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Cannatest permite cuantificar moléculas con potencial terapéutico como son el THC, THC-A, CBD, CBD-A y la presencia o ausencia de CBG, en flores desde la segunda semana de floración, flores secas, resinas y concentrados como hashish y rosin. El test permite hacer correcciones de luz, evaluar la productividad de las plantas y hacer curvas estadísticas para mantener una trazabilidad.

“Estamos trabajando en el testeo de mantecas de cannabis y en la identificación de algunos terpenos”, adelanta Lorena.

“Las personas reciben el resultado corregido por nosotros. Realizamos una correccion de color que nos da los porcentajes exactos. Y analizamos juntos la aplicabilidad de los resultados: cómo se pueden corregir, cómo se puede mejorar la extracción, aspectos interesantes para los productores que quieran ver lo que el paciente toma y definir esto en miligramos sobre mililitros. El test tiene un 95% de fidelidad comparada con un HPLC, el margen del más menos cinco, es un porcentaje pequeño”, afirma Lorena.

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ACERCA DEL AUTOR

Nicolás es Licenciado en Relaciones Internacionales e investigador del Doctorado en Política Pública y Urbana de The New School en la ciudad de Nueva York. En 2014, trabajo para Naciones Unidas en Kosovo y co-fundó la Open Data Kosovo Foundation for Digital Capacity-Building. En 2015 recibió un Master en Asuntos Internacionales y en 2020 un Master en Filosofía. Actualmente se dedica a estudiar la relación entre la industria del cannabis y las políticas de desarrollo económico equitativo, en Argentina, donde conduce su trabajo de campo.

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