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Genéticas Criollas: El INASE y la Certificación del Cannabis Argentino

Genéticas Criollas: El INASE y la Certificación del Cannabis Argentino

✍ 15 February, 2022 - 12:05


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En abril de 2021, el Instituto Nacional de la Semilla de Argentina (INASE) autorizó la inscripción de semillas de cannabis para uso medicinal en el Registro Nacional de Cultivares y/o el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares del organismo, abriendo una nueva etapa en la industria nacional.

La medida apunta a garantizar el aprovisionamiento de semillas para la investigación científica del cannabis y sus derivados, estandarizar genéticas nacionales y certificar su procedencia. De este modo, buscan concretar una vieja máxima del desarrollo económico: agregar valor a nivel local.

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Joaquín Serrano es ingeniero agrónomo y hasta mitad de enero de 2022 fue el presidente del Instituto Nacional de la Semilla (INASE), el organismo nacional que busca poner en valor el desarrollo genético argentino mediante el mejoramiento de las variedades cultivadas. 

Serrano formó parte del proceso de apertura de los registros oficiales al cannabis argentino y considera que esta medida se alinea con la Ley de Cannabis Medicinal e Industrial enviada al Congreso por el Ministerio de Desarrollo Productivo.

“Uno de los objetivos de la Ley es promover una eficiente producción y comercialización de semillas de calidad para el productor agropecuario. Y cuando decimos calidad, decimos identidad, diversidad, sanidad y volúmenes de semillas disponibles. El cannabis no es diferente al resto de los cultivos”, explicó en una entrevista exclusiva con El Planteo, a principios de enero.

Made in Argentina

La apertura de los registros del INASE permite pensar en un mercado nacional de semillas de cannabis que, si bien está lejos de ser un mercado que incluya a todxs, es un segmento nuevo que en el mundo crece a una tasa del 41%, casi diez veces más rápido que el vino (4.2%).

En su última semana en el cargo, Serrano afirmó que la regulación estatal apunta a importar menos genéticas, bajar los costos y hacer las semillas más accesibles. 

Los beneficios de la certificación del porro criollo son múltiples: las empresas productoras de semillas pueden recurrir al Laboratorio Central de Análisis de Semillas de INASE y obtener certificado emitido bajo estándares de la International Seed Testing Association (ISTA), una organización que regula métodos uniformes de evaluación de semillas para facilitar su comercialización, garantizar resultados y tener mayor aceptación por parte de lxs compradores.

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“Hay más de 50 solicitudes de inscripción de variedades nacionales para proyectos de producción de cannabis medicinal. Si queremos contar con genética nacional, nunca la vamos a incentivar trayendo genéticas importadas”, agregó Serrano. Asimismo, destacó el interés de productores nacionales en el “cáñamo textil”.

Serrano aclaró que, si bien el cáñamo es un cultivo con mayor valor internacional que otros cultivos tradicionales, también requiere de alta trazabilidad en origen, un proceso que toma tiempo.

—¿Por qué? 

—Porque para hacer el registro de una variedad necesitas dos años a menos que trabajes con clonación. Se debe registrar de acuerdo a los descriptores morfológicos del UPOV (Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales), el organismo internacional que regula el sistema de protección de variedades vegetales.

Asimismo, destacó que las solicitudes de registro de semillas criollas “son bien federales” y que todavía se están evaluando. “Son criadores, productores e investigadores que, en su mayoría, están vinculados a proyectos de cannabis medicinal. A falta de norma en la Argentina, el mejoramiento está depositado mayormente en estos criadores nacionales”.

La agronomía en general requiere asesoramiento técnico para cumplir con buenas prácticas y por eso el INASE tomó el tema del cannabis como prioridad.

—¿Y esas buenas prácticas no son estándares muy altos para el pequeño productor? ¿No debería haber un régimen de certificación regional más accesible?

—Sí, el INASE usa la UPOV como norte, por supuesto. Luego el Instituto tiene sus competencias. En materia de certificación entra en juego la adaptabilidad de las semillas de acuerdo a la región y al tipo de producción. Esos estándares internacionales los tomamos como norte mientras hacemos camino al andar. Al mismo tiempo, el INASE, debe mantener su prestigio y no podemos estar cometiendo errores a la hora de registrar variedades y proteger la propiedad intelectual.

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—¿Es una cuestión de Estado entonces?

—Sí, sí, claro. Tiene que haber un estándar o una normativa para que se pueda asegurar la identificación de las variedades. Lo importante es garantizar la adaptación a un lugar, a una región, a un tipo de producción y principalmente que garantice la calidad de la materia prima.

Identidad, diversidad, sanidad y volúmenes

Para dar abastecimiento a la demanda de semillas, Serrano considera que el Estado tiene que promover el cooperativismo. Por eso, bajo su administración, el INASE firmó un convenio con el INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social). ¿La intención? Dar asistencia técnica, en materia de fiscalización, certificación y trazabilidad de los proyectos productivos de semillas a organizaciones que tengan proyectos aprobados.

“Contamos con el ejemplo de nuestros semilleros nacionales. No olvides que hay polos de producción en semillas llamados ‘clusters’ en algunas zonas del país. Las economías regionales…”

—¿A dónde están esos clusters?

—Hay un cluster, un corredor, que inician en Rojas, Pergamino, Salto hasta Venado Tuerto y un poquito más allá. Después tenés las semilleras de San Juan, Mendoza y Río Negro que son excepcionales. Y está el ejemplo de ACA semillas, la cooperativa agrícola más grande de Sudamérica. El cooperativismo en la  producción de semilla es grandioso. ¡Semillas y plantines para una producción intensiva como es el cannabis!

CBD: El pez gordo del pool genético

Una de las tensiones de especializarse en genéticas con bajo contenido de THC (y bajo poder psicoactivo) es el refinamiento de la selección genética a los requerimientos de ciertos segmentos de mercado. En el caso de las genéticas con CBD, el segmento farmacéutico y nutracéutico.

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“Los esfuerzos del estado deben estar dirigidos a garantizar la presencia de CBD”, consideró Serrano. “Sin dudas, porque sabemos que está faltando. Sabemos que en realidad tenemos más genéticas con altos porcentajes de THC, no así de CBD para el uso medicinal. Esto no quita que algunos proyectos tengan en cuenta la interacción del THC con otras moléculas. De cualquier manera, hoy, todos los esfuerzos, tienen que ir a obtener genéticas que nos provean CBD de calidad”.

Serrano explicó que esta orientación se debe al marco legal actual, hasta que el país trate “el tema recreativo”.

“Sabemos que la industria tiene interés en hacer productos que exploten la sinergia entre diferentes componentes. Yo vivo repitiendo: ‘Si todos los países tienen sus leyes Argentina, tienen que tener las suyas’. Por suerte pudimos avanzar y ya podemos soñar con tener genéticas nacionales en cantidad”, agregó.

Sueño con incorporar el cáñamo en la rotación de los cultivos en Argentina. Hay demanda de poder diversificar ‘el campo’, hacer saneamiento, promover cultivos con valor agregado, con generación de empleos genuinos y tener mayor productividad, con más biotecnología y completar la cadena productiva acá. Si no, sufriremos a futuro lo mismo que con otros cultivos”. 

Soja y cannabis: evitar los errores del pasado y completar la cadena del cannabis

Para explicar la importancia de registrar genéticas nacionales, Serrano traza un paralelo con la producción sojera. Afirma que al contar con un acervo genético, es decir “bancos de germoplasma locales”, se puede alcanzar mayor adaptabilidad y productividad de las semillas a las regiones del país y no depender de tecnología importada.

“Lo que buscamos es industrializar y comercializar el producto, para prever una marca. Las PyMEs tienen que poder trazar el producto dentro la empresa. A diferencia de [lo que sucede con] las commodities, este tipo de producción genera el famoso valor agregado. Podemos completar la producción acá, agregar tecnología y evitar lo que sucede con la soja. Nos seguimos jactando de ser el granero del mundo, cuando en realidad tenemos que agregar valor,” reflexiona Serrano.

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La idea de introducir tecnología en la producción de bienes primarios no es nueva. De hecho, desde la década del 60, escuchamos hablar de los beneficios de la tecnología para innovar productos y realzar su precio de mercado. Sin embargo, la introducción de tecnología no es gratis. Entonces, ¿es muy costoso hacer semillas en Argentina? 

La biotecnología del porro criollo: un desarrollo estratégico

Serrano considera que, si miramos al costo de hacer semillas, se deben tener en cuenta al menos dos instancias: aquellos productores que buscan generar un evento biotecnológico o un desarrollo en base a la incorporación de biotecnología, y aquellos que no.

“Salvo algunos casos excepcionales, como con la soja transgénica nacional HB4 tolerante al estrés hídrico, la biotecnología es importada. En general, se requiere de inversiones y de una estructura productiva. No son montos extravagantes tampoco. Y el Estado tiene que ayudar financieramente”, dijo el oriundo de Firmat, en Santa Fe.

Además, destacó la rentabilidad que obtienen los semilleros, al ser una producción intensiva y trajo a colación el caso del grupo Don Mario (GDM), el cual comenzó siendo un pool de siembra de soja hace 25 años y hoy se dedica a la producción de semillas.

“Hoy son un monstruo. ¡Y eso que no manejan biotecnología! No tienen registrada la propiedad de las semillas. La biotecnología la compran, la usan bajo licencia de Monsanto, de Syngenta…. y se las ponen a sus variedades de germoplasma, que es como el chasis de un auto, la biotecnología son los accesorios, lo más valioso, el germoplasma y el trabajo de mejoramiento que hay detrás, que depende de tu red regional de ensayos, de los entrecruzamientos que hagas. En fin, de las mejoras que incorpores”, agregó.

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“Yo considero a la semilla, el cultivo mismo. Este sistema actual de licencias desincentiva la producción. Si querés producir algo tenes que pagar regalías a empresas extranjeras. Un ejemplo es el de la frutilla. El cien por ciento de la frutilla que se usan en el país son de genética importada”, concluyó.

—¿Estas grandes semilleras están interesadas en el cannabis argentino?

—Sí, sí. Sí, la verdad que sí. Inclusive, empresas que no tienen genéticas que se ocupan de multiplicación de semillas, tienen mucho interés en volcarse al cannabis desde el sector semillero.

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ACERCA DEL AUTOR

Nicolás es Licenciado en Relaciones Internacionales e investigador del Doctorado en Política Pública y Urbana de The New School en la ciudad de Nueva York. En 2014, trabajo para Naciones Unidas en Kosovo y co-fundó la Open Data Kosovo Foundation for Digital Capacity-Building. En 2015 recibió un Master en Asuntos Internacionales y en 2020 un Master en Filosofía. Actualmente se dedica a estudiar la relación entre la industria del cannabis y las políticas de desarrollo económico equitativo, en Argentina, donde conduce su trabajo de campo.

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