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Cinco Películas Argentinas Increíblemente Fumonas que Seguro No Viste

Por Hernán Panessi

Cinco Películas Argentinas Increíblemente Fumonas que Seguro No Viste

✍ 22 January, 2023 - 13:05


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Entre la diversa producción de cine nacional, cada tanto aparecen algunas piezas dignas de darle mecha. En ese sentido, Argentina tiene una filmografía tan ecléctica y tan vasta que se permite la inclusión de algunas gemas increíblemente fumonas.

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En esta selección de El Planteo, algunos films argentinos que encuentran en el cannabis a un aliado fenomenal. Hay comedias bizarrísimas, hay historias de amor atípicas, hay cinismo canchero, hay nostalgia de videoclub y hay un sentimiento profundamente argentino. Por eso, acá les traemos una lista de películas argentinas que seguramente no viste, perfectas para acompañar con marihuana.

2 Locos en Mar del Plata (2009, Pablo Marini & Matías Lojo)

Al igual que un porro playero, 2 Locos en Mar del Plata huele fuerte a joda. El aspecto más lúdico de esta exploitaition nac & pop de los Bañeros más locos del mundo es su carácter libertino: todo lo chupa un huevo.

Y ante el reclamo de la platea amiga del THC –“en Argentina no hay comedias fumonas”-, esta película certifica la actualización y vigencia de un cine que funciona mucho mejor con un porrito entre los labios.

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En la historia, Pablo y Matías viajan a Mar del Plata. Uno, para “recuperar” a su novia. El otro, tras la pista de un tesoro. Y ahí, una aventura que tiene desde una invasión extraterrestre de Panteras Rosas hasta una chilena maravillosa del Lagarto Fleita en el espacio.

Por eso, en su propio delirio, y en épocas de remembranza del Cuarteto de Oro –Emilio Disi, Berugo Carámbula, Alberto Fernández de Rosa y Gino Renni-, esta producción independiente se convierte en el cuadro definitivo de una nueva comedia criolla. Y es, también, porque lo lleva en su ADN, 100% veraniega. Se consigue fácil buscando por Internet.

76 89 03 (2000, Cristian Bernard & Flavio Nardini)

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El afiebrado anhelo por conocer a su objeto de deseo los va a volver locos. Desde chicos y por distintas circunstancias, un trío de amigos yace perdidamente enamorado de Wanda Manera, una bellísima modelo. Así, pasan los años y ese amor se convierte en una obsesión: perdura en sus fibras más íntimas, quema cada parte de su existencia.

De sopetón, una noche, en medio de la hiperinflación del año ’89, entre sorbo y sorbo, encuentran una enorme bolsa con cocaína en el baúl de su auto. Mientras tanto, uno de ellos está a punto de casarse y sus amigos no van a permitírselo. Con este “nuevo botín” entre sus manos se enlistan en la búsqueda de nuevas aventuras. Y, por caso, ese “golpe de suerte” los acerca a la mismísima Wanda Manera.

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76 89 03 es el espejo de una Buenos Aires corruptible y, en su configuración popular, se despliega graciosa, tensa e incómoda. La película de Cristian Bernard y Flavio Nardini, quienes volverían años más tarde con Regresados y Germán, Últimas Viñetas, privilegia la construcción de unos personajes singulares (y reconocibles), ensalza los resortes de un guión picantito y no se parece a casi nada de lo filmado durante aquella época.

Por acá, 76 89 03 se erige juguetona como una de las gemas menos difundidas del cine nacional y, lo más importante, siendo así de espectacular y sincera, no se gasta en “dejar un mensaje” como la mayoría de películas argentinas de esos años. Incluso, en su desfachatez, hasta termina encausándose como un reflejo realista de la amistad porteña.

Grasa (2015, Pablo Parés & Pablo Marini)

Los bordes porosos del cine independiente siguen dando el material más interesante de toda la oferta cinematográfica local. Grasa resulta una combinación acorde con el proceso de despolitización actual: acá, las banderas se guardan, se doblan, se escupen, se cagan.

En Grasa no se salva nadie. Al punto: es la historia de un grupo de amigos que va de camping y se encuentra con un misterioso gusano. Este gusano empezará a crecer y descubrirán que es uno de los gusanos con los que se hacen las hamburguesas de las cadenas de fast-food. A partir de ahí, tendrán que resolver algunos conflictos extraordinarios que le exceden diez mil vueltas. Entretanto, inhalan un gas que vuelve la realidad un paraíso de dimensiones cósmicas.

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Si bien esta comedia comprime una batería de chistes bizarros, sexo gratuito, sangre de cotillón y gastadas coyunturales (el comienzo tiene el logo de Cambiemos atado a una esvástica, el malo es una suerte de Alberto Samid), sobrevive sin convertirse en una huevada supina.

El espíritu de horror clase b de FARSA se besa en la boca con el respiro irreverente de la productora Gorevision. Y, en sus intenciones, flota una sola dirección: indignar al espectador promedio.

Grasa maneja con soltura fuertes gramos de incorrección social sazonados con una prolija estética de cine industrial. La mezcla será su ganancia; la indignación, su motor. Grasa es un calórico choripán con chimichurri de la Costanera con un rico porrito de postre.

Los Visionadores (2021, Néstor Frenkel)

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Hay pitadas a porros, sartenazos de coca e inyecciones de heroína. Hay gritos desesperados, puteadas inflamadas y sexo afiebrado. Hay un dúo adicto a las películas argentinas “directo a video”. Hay, en rigor, una historia que comienza en un Blockbuster, pero que ya había empezado hace tiempo.

Los Visionadores narra la fábula de Fede (Rotstein) y Santi (Calori), dos jóvenes aturdidos que caen rendidos ante los sinuosos encantos del cine desconcertante. Acá, Fede y Santi mantienen una relación alimentada a rayos catódicos, policiales de baja estofa, lecciones de moralina y una catarata color rojo, que pretendía ser Technicolor, pero que era apenas un rojo VHS nacional.

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Los Visionadores se ensancha como una reflexión pop, como un mash-up que copia, combina, pide prestado, roba, deforma y transforma a un tendal de films en VHS para crear un producto nuevo y original. 

Y en el pico de su pedo, la Rannix, ese vórtice cinéfilo en el que Rodolfo Ranni (con bigote, sin bigote, desnudo o displicente) se yergue como una especie de Dios. La época de oro del videoclub, esa que mezcla nostalgia llorona con formación omnívora, encuentra en la nueva aventura de Néstor Frenkel a su mejor tributo.

No llores por mí, Inglaterra (2018, Néstor Montalbano)

Desde siempre, la sola presencia del comediante Capusotto invita a prenderse uno. Y más si la situación lo tiene protagonizando una suerte de fábula histórica en la que se cruzan las invasiones inglesas con el origen de Boca y River.

No llores por mí, Inglaterra es una de las gemas poco transitadas del cine nacional contemporáneo. Y vaya el datito: está gratis en la plataforma Cine.Ar.

Con dirección de Néstor Montalbano, el héroe detrás de Pájaros Volando, Por un puñado de pelos y la indestructible Soy tu Aventura, su última película se luce con un elenco ecléctico que va desde Gonzalo Heredia y Mike Amigorena hasta Laura Fidalgo y el futbolista José Chatruc.

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Y, allí, una idea matriz: la historia se puede tomar para la chacota. ¿Entonces? La guerra se reemplaza con fulbito y la comedia se encastra con un trabajo escenográfico alucinante. La recreación de una Argentina de 1806 se funde y confunde con una Mirta Busnelli fumona o con un Gonzalo Heredia fanático del fidget spinner.

El relato se tensa develando un trasfondo sociopolítico actual y se relaja con la banda sonora de Él Mató. Y, en su mambo, se yergue la estoica figura de Argentina, el país de los 45 millones de directores técnicos. Y de un solo Dios: Diego Capusotto.

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ACERCA DEL AUTOR

Hernán Panessi, editor periodístico en El Planteo, es un periodista especializado en cultura joven. Escribe en las revistas InfoTechnology, Rolling Stone, THC y Lento. Además, en Página/12, El Planeta Urbano, El Cronista y en el periódico uruguayo La Diaria. Colaboró para Revista Ñ, Clarín, La Nación, La Cosa, Playboy, Haciendo Cine, Billboard, Los Inrockuptibles, Forbes, VICEBenzinga, High Times y Yahoo, entre otros.

Hernán escribió los libros Porno Argento! Historia del cine nacional Triple X, Periodismo pop, Una puerta que se abre y Rock en Español. Fue docente en el Centro Cultural Rojas (UBA) donde dictó talleres de periodismo. Además, es programador de la sección VHS del Festival Internacional de Cine de Valdivia, en Chile.

Conduce FAN, programa periodístico sobre cultura, sociedad y vida moderna. Por su parte, también condujo en las FM Delta 90.3 y Nacional Rock 93.7. Asimismo, fue columnista en La Once Diez y Metro 95.1.

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