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Cannabis

¿Es Éste el Fin de la Guerra Contra las Drogas?

Por The Green Fund

¿Es Éste el Fin de la Guerra Contra las Drogas?

✍ 3 febrero, 2021 - 11:45

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Un estudio reciente de Pew Research descubrió que el 67% de lxs estadounidenses estaba a favor de la legalización de la marihuana en el 2020. Esto supone un aumento de casi el doble respecto al 37% que apoyaba la legalización en el 2000.

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Esta mayor aceptación del cannabis se produce en un contexto de crecientes esfuerzos legislativos en apoyo de la planta. Ejemplo de esto son la designación de “esencial” de las industrias del cannabis de EEUU y Canadá en el marco de la COVID-19; la legalización del cultivo de cannabis medicinal en el Líbano; y la legalización del cannabis en varios estados de EEUU en las últimas elecciones.

Además, es probable que la reducción del estigma que rodea al cannabis se haya visto favorecida por el creciente número de celebridades que han entrado en la industria del cannabis en los últimos años. Nombres como Mike Tyson, Seth Rogen, Xzibit, Whoopi Goldberg, Kristen Bell y Snoop Dogg han contribuido a arrojar luz sobre una industria que antes estaba relegada a las sombras.

Evidentemente, el impulso de la legalización del cannabis es cada vez mayor, y la cultura cannábica se adentra en el mainstream cada día más. Pero esto no siempre fue así.

Entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué está creciendo la aceptación del cannabis? Averigüémoslo.

Antes de la guerra contra las drogas

Aunque el cannabis está saliendo por fin de las profundidades de la ilegalidad, la planta fue muy común en el pasado. De hecho, existen pruebas de su uso que se remontan hasta hace 6.000 años en toda Asia. El cáñamo se utilizaba tanto como fuente de alimento como por su capacidad para producir fibras con las que se fabricaban zapatos, ropa, cuerdas y una de las primeras formas de papel.

Luego tenemos pruebas del uso de cannabis en forma de hachís en India, Oriente Medio y en algunas partes de África a partir del año 1.000 a.C.

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En el siglo XVII, el cannabis llegó a los Estados Unidos de América, una vez más en forma de cáñamo para su uso industrial. De hecho, el cannabis no sólo llegó a América, sino que los propios Padres de la Patria ayudaron a cultivarlo.

Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, George Washington y James Madison cultivaban plantas de cáñamo. Esto no era del todo extraño, ya que se incentivaba a algunxs estadounidenses a cultivar cáñamo durante los primeros años de la República. Esta tendencia se debía al gran valor industrial de las plantas para la manufactura de ropa y tejidos.

Los Padres de la Patria apreciaban ciertamente los beneficios que el cáñamo podía ofrecer. Thomas Jefferson recibió la primera patente de Estados Unidos para una trilladora de cáñamo. Y en 1794, George Washington escribió en su diario “Me alegra mucho saber que el jardinero ha guardado tanta semilla de San foin, y del cáñamo de la India”.

Hacia el siglo XIX, los usos medicinales de la planta se hicieron más conocidos en Occidente. Por consiguiente, el cannabis empezó a recetarse para afecciones como las náuseas, el cólera y el dolor de estómago. Así fue hasta el siglo XX, que resultaría ser el siglo más anti-cannabis de la historia de la humanidad.

Las primeras etapas de la guerra contra las drogas

Los primeros matices de la Guerra contra las Drogas pueden verse en la década del ’30. Fue entonces cuando se creó la Oficina Federal de Narcóticos, dirigida en aquel momento por un hombre llamado Harry J. Anslinger.

Con el fin de la prohibición del alcohol y siendo Anslinger el jefe del Departamento de Prohibición, se rumorea que Anslinger estaba buscando la siguiente sustancia a la que dirigirse para mantener su relevancia en la caza de drogas. En ese momento, los informes sobre el consumo de cannabis estaban en aumento, con una gran cantidad de marihuana que fluía desde la frontera mexicana.

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Luego, con la ayuda de un magnate de la prensa llamado William Randolph Hearst, Anslinger pudo popularizar varias anécdotas e informes policiales relacionados con crímenes y el consumo de cannabis. Esta alianza entre políticos prensa, combinada con propaganda como la película Reefer Madness, ayudó a conformar la percepción pública negativa de la planta que se mantendría durante décadas.

En ese momento, la publicación de Hearst escribió sobre la marihuana:

“Por toneladas, está entrando en este país -el mortal y espantoso veneno que destroza y desgarra no sólo el cuerpo sino el propio corazón y el alma de cada ser humano que una vez se convierte en esclavo de ella en cualquiera de sus crueles y devastadoras formas. La marihuana es un atajo hacia el manicomio. Fuma cigarrillos de marihuana durante un mes y lo que antes era tu cerebro no será más que un almacén de horribles espectros. El hachís convierte en un asesino que mata por amor a matar al hombre más apacible que jamás se halla reído de la idea de que algún hábito pudiera afectarle”.

Al igual que Anslinger, se cree que Hearst tenía sus propias razones personales para impulsar la narrativa anti-cannabis. El potencial del papel de cáñamo podría haber afectado negativamente al valor de los acres y la fábrica de papel de Hearst.

Una vez plantada la semilla de la desconfianza en el cannabis, Anslinger y la Oficina Federal de Estupefacientes pudieron redactar e introducir la Ley de Impuestos sobre la Marihuana de 1937. Ésta impuso algunas de las primeras restricciones al cannabis, permitiendo encarcelar a quienes poseyeran la planta sin pagar impuestos por ella.

La guerra contra las drogas

Tras los años de ocupación estadounidense durante la guerra de Vietnam en los ’50, junto con el creciente movimiento por los Derechos Civiles que se estaba desarrollando en esa época, comenzó a gestarse un creciente sentimiento de desconfianza en el gobierno. Así surgió un movimiento contracultural a lo largo de los años ’60. Dicho movimiento incluía el hedonismo, la liberación sexual y el consumo abundante de drogas. En esta época, parece que todos los esfuerzos de Harry Anslinger y William Randolph Hearst por disuadir al público del consumo de drogas habían fracasado.

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La psicodelia empezó a calar en la cultura a través de eventos como Woodstock, músicxs como Jimi Hendrix y los Beatles, e íconos como Timothy Leary.

Esto es, hasta los años ’70, bajo la presidencia de Richard Nixon. Nixon, que se oponía vehementemente al consumo de drogas y que veía el movimiento hippie de los ’60 como algo que no debía continuar a lo largo de los ’70, declaró a las drogas ‘enemigo público número uno y proclamó el inicio de la infame ‘Guerra contra las drogas’.

Nixon y su Fiscal General, John N. Mitchell, trabajaron juntos para formar la Ley de Sustancias Controladas. Dicha ley categorizaría y criminalizaría federalmente las drogas en función de su peligro o riesgo percibido para la sociedad.

Las “peores” drogas se incluyeron en la Lista I, creando un conjunto variopinto de diferentes sustancias como DMT, LSD, psilocibina, heroína, MDMA, peyote y cannabis.

Con el fin de hacer cumplir la nueva criminalidad de estas sustancias, Nixon también amplió la Oficina Federal de Narcóticos de Anslinger para formar la Agencia de Control de Drogas (DEA) en 1973, que todavía existe en la actualidad.

A partir de ese momento, la posesión, el cultivo y la distribución de cannabis se convertirían en ilegales no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Esta tendencia continuaría con los esfuerzos del presidente Ronald Reagan, que ayudó a liderar la campaña Just Say No para desalentar el consumo de drogas.

El fin de la guerra contra las drogas

A pesar de la ferviente oposición del Gobierno estadounidense a la mayoría de las drogas en los años ’70 y ’80, todavía había un puñado de médicxs y defensores que presionaban para que la marihuana medicinal fuera legal con receta médica.

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Uno de ellxs fue el Dr. Tod Hiro Mikuriya, director de investigación sobre la marihuana del Centro de Estudios sobre Narcóticos y Abuso de Drogas del Instituto Nacional de Salud Mental.

En 1972, el Dr. Mikuriya publicó un libro titulado ‘Marijuana Medical Papers 1839-1972‘. En él, se exponían muchos de los usos médicos de la planta, así como “relatos introspectivos” realizados por profesionales y científicxs sobre el uso personal del cannabis. En el resumen del libro, el Dr. Mikuriya afirmaba:

A pesar de la llegada de la tecnología, estas inteligentes observaciones descritas articuladamente en el pasado no deben ser olvidadas. No prestar atención a las observaciones anteriores da lugar a una repetición superflua, a la estupidez por ignorancia y al fracaso resultante.

El Dr. Mikuriya lideró la iniciativa de permitir a médicxs y profesionales de la medicina recetar cannabis, en concordancia con lxs activistas que habían utilizado cannabis para sus propias condiciones médicas, para introducir la Proposición 215 de California en 1996.

La Proposición se aprobó mediante el proceso de iniciativa, con 5.382.915 (55,6%) votos a favor y 4.301.960 (44,4%) en contra. Como resultado, lxs pacientes con una recomendación médica válida podían ahora poseer y cultivar marihuana para uso médico personal.

Aunque hubo otros esfuerzos legislativos para impulsar el uso del cannabis medicinal a lo largo de los años ’80, no fue hasta la Proposición 215 y un esfuerzo similar titulado Proposición P en San Francisco en 1991, que se produciría un cambio real.

Tras estas dos proposiciones, empezaron a surgir las primeras versiones de los dispensarios de cannabis en todos los Estados. Además, las iniciativas de votación sobre el cannabis medicinal empezaron a presentarse en casi todos los estados de EEUU durante las siguientes décadas.

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Esta legalización y legitimación de los beneficios médicos del cannabis contrastaba con el creciente número de procesamientos y detenciones que se producían en todo el país. Esto revelaba que los miles de millones gastados en la Guerra contra las Drogas estaban haciendo poco para disuadir a la gente de consumir cannabis. Además, a medida que la gente empezó a darse cuenta de que gran parte de la propaganda que rodeaba al cannabis era falsa, la adicción a las drogas empezó a verse a través de la lente de la salud mental y a tratarse como un problema de salud y no de aplicación de la ley.

Así, durante la Administración Obama en el 2009, el término “Guerra contra las drogas” dejó de utilizarse. En su lugar, la drogadicción se consideró una enfermedad, que no se solucionaría con penas de prisión y antecedentes penales. El cambio de postura de Obama respecto a las drogas fue respaldado por la Comisión Global de Políticas de Drogas en el 2011. En dicho año publicaron un informe que afirmaba que la Guerra contra las Drogas “ha fracasado, con consecuencias devastadoras para las personas y las sociedades de todo el mundo.”

Esto representó un cambio completo de la representación de lxs consumidores de cannabis como “asesinxs” durante el mandato de Anslinger, a uno de compasión y empatía por “las personas atrapadas” en la guerra contra las drogas.

El futuro del cannabis

Después del 2011, el cannabis no sólo se empezó a considerar como una cuestión de salud en lugar de una cuestión legislativa, sino que también como una droga relativamente benigna. Esto permitió la eventual legalización de la planta al año siguiente a través de la Proposición 64 en Colorado, la cual convirtió al estado en el primero de Estados Unidos en legalizar la planta con fines recreativos.

Desde entonces, varios estados le han seguido. Además, la legalización del cannabis con fines medicinales ha tenido aún más éxito, ya que 35 estados de EEUU permiten ahora la prescripción de la planta.

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Y parece que el impulso de la marihuana va a continuar. La industria se considera “esencial” en medio de la pandemia del COVID-19, al tiempo que muestra fuertes ventas durante un período de recesión económica.

No sólo Estados Unidos está haciendo olas en lo que respecta a la reforma de la legislación sobre el cannabis. Uruguay y Canadá han legalizado a nivel federal la planta para el consumo recreativo; y Líbano ha legalizado el cultivo de cannabis medicinal, entre otros avances.

Si le hubieras dicho a Harry Anslinger o a Richard Nixon cómo sería la industria del cannabis dentro de cincuenta años, probablemente te habrían dicho que estabas drogadx.

Vía The Green Fund, traducido por El Planteo.

Foto de Polina Tankilevitch en Pexels


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