Cumbre Internacional Feminista Zapatista

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‘Gracias Compañera’: Dentro de la Cumbre Internacional Feminista Zapatista de México

'Gracias Compañera': Dentro de la Cumbre Internacional Feminista Zapatista de México

✍ 28 junio, 2020 - 10:00

La reunión zapatista sólo para mujeres en las tierras altas de Chiapas trae a mujeres de todo el mundo para luchar contra el patriarcado y el feminicidio.

Por Michelle Janikian.

Es un viaje espectacular por el sur de México hasta Carcol Morelia, el sitio del segundo Encuentro Internacional de Mujeres Que Luchan. Esta cumbre feminista de tres días es organizada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Estiro el cuello detrás del volante para ver los grandiosos paisajes montañosos de las tierras altas de Chiapas. Cuando estamos cerca, a dos horas y media de nuestra base de operaciones de San Cristóbal de las Casas, comenzamos a ver carteles del EZLN al costado de la carretera. Mientras tanto, la Radio Zapatista se convierte en la única estación distinguible, con una mezcla de discursos revolucionarios y melodías mexicanas clásicas.

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Lxs zapatistas son un movimiento de derechos indígenas en el sur de México. Aunque comenzaron en 1983, llegaron al escenario mundial en las primeras horas del día de Año Nuevo de 1994. Éste fue día en que entró en vigencia el Acuerdo Comercial de América del Norte (NAFTA). Tres mil revolucionarixs armadxs con pasamontañas negros (aproximadamente un tercio de los cuales eran mujeres) se apoderaron de pueblos y ciudades de Chiapas, incluidos San Cristóbal y Ocosingo, cuando declararon la guerra al gobierno mexicano.

Lxs zapatistas creían que el NAFTA aumentaría la desigualdad para los pueblos indígenas en Chiapas, que representan alrededor del 30% de la población del estado. En su declaración, lxs guerrillerxs pidieron “trabajo, tierra, vivienda, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”. Es decir, todos los derechos humanos básicos de los que las comunidades indígenas en México a menudo han sido excluidas, especialmente antes de 1994.

El ejército mexicano tomó represalias en los primeros días de enero de 1994. Tanto lxs zapatistas como lxs chiapanecxs locales sufrieron bajas por el conflicto. Aunque lxs guerrillerxs perdieron el control de las ciudades y huyeron a las montañas en cuestión de días, los combates no se detuvieron en el campo de Chiapas hasta febrero de 1995. El ejército mexicano finalmente dejó a lxs zapatistas en paz, permitiendo que el gobierno virara a un enfoque “más diplomático”.

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Hoy en día, lxs zapatistas todavía existen y viven en comunas autosuficientes que llaman “caracol”, alrededor de Chiapas. Aunque nunca se desarmaron oficialmente, ahora se centran en echar luz sobre las violaciones de los derechos humanos e indígenas en México y en el extranjero. Además, aún se oponen firmemente a la globalización económica y a lo que consideran el sistema político defectuoso de México.

El Encuentro de Mujeres mantiene ese mismo espíritu revolucionario. Pero esta vez se centró exclusivamente en los problemas de las mujeres en México, América Latina y en todo el mundo. Cuando llegamos mis amigas y yo, lxs zapatistas nos señalan para ser inscriptas antes de ingresar al caracol. Mujeres zapatistas con pañuelos rojos cubriendo parte de sus rostros toman nuestros pasaportes y solicitan nuestros detalles antes de darnos etiquetas con nuestros nombres para usar en el cuello. Nos han dicho que más de 3.000 mujeres de 49 países ya han llegado. Ese número crecerá a más de 4.000 al final del fin de semana. Cuando nos alejamos, es la última vez que vemos hombres durante 48 horas. No están permitidos en la reunión de este fin de semana, zapatistas o no.

Después de estacionar y armar nuestra carpa, entramos en los terrenos de la cumbre, un gran espacio exterior cubierto de hierba ubicado en un pequeño valle entre las montañas. Al entrar, caminamos bajo un gran cartel amarillo que dice “Bienvenidas”. Me doy cuenta de lo poco que realmente veo, escucho o puedo hablar español en plural femenino a diario. En todo el caracol hay edificios de madera, muchos cubiertos con murales y lemas zapatistas como “Para todxs todo, para nosotrxs nada“. Las mujeres zapatistas con equipos de combate y sus caras cubiertas por pasamontañas negros rodean el perímetro con arcos y flechas hechos a mano. Así protegen a la comunidad, que ahora nos incluye a todas.

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El tema de la cumbre de este año es el feminicidio, o femicidio: el asesinato de mujeres en función de su género. Aunque es un gran problema en todo el mundo, las mujeres latinoamericanas han estado en particular peligro. Por ejemplo, la ONU ha declarado a México como uno de los países más violentos del mundo para las mujeres. No sólo son asesinadas alrededor de 10 mujeres por día, sino que las mujeres también son asesinadas de manera más violenta que los hombres. Además, sus muertes se resuelven menos del 10% de las veces, según informes de Associated Press.

“En todo el mundo siguen asesinando mujeres, las siguen desapareciendo, las siguen violentando, las siguen despreciando”, afirma el comunicado zapatista que anuncia la cumbre de mujeres. “En este año no se ha parado el número de violentadas, desaparecidas y asesinadas. Lo que sabemos es que ha aumentado. Y nosotras como zapatistas lo miramos que es muy grave. Por eso convocamos este segundo encuentro con un solo tema: la violencia contra las mujeres”.

El comunicado está escrito por una de lxs muchxs líderes zapatistas, Comandanta Amada, de una manera poética que es característica del movimiento revolucionario: “Dicen que ya hay más conciencia sobre el respeto a la mujer. Pero nos siguen asesinando… Cada vez con más impunidad. Cada vez con más machos que no se castigan, que siguen sin pena, como si nada, como si asesinar a una mujer, desaparecerla, explotarla, usarla, agredirla, despreciarla, es cualquier cosa. Nos siguen asesinando y todavía nos piden, nos exigen, nos ordenan que estemos bien portadas”.

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Este sentimiento se repite en todas las conversaciones que escucho en la reunión. En la carpa principal, escucho a una mujer de Oaxaca enfatizar la necesidad de que las comunidades aprendan a usar sus recursos naturales. El objetivo de esto es quitarle el poder a nuestra sociedad capitalista y patriarcal. En una tienda vecina, me tomo un momento para reflexionar sobre una pared cubierta de cartulina donde las víctimas de abuso sexual pueden nombrar a su atacante. Además, dan detalles de identificación para evitar que otras mujeres se lastimen. Casi no queda espacio libre para nuevos nombres.

Más tarde, escucho una serie de presentaciones rápidas en las que las mujeres tienen tres minutos para hablar sobre proyectos feministas que han comenzado en México y el resto del mundo. Personas que albergan espacios seguros para que las mujeres creen poesía, arte, teatro e incluso graffiti y hip-hop presentan sus proyectos e invitan a otras a unirse. Las mujeres en el grupo sugieren un llamado a la acción para crear una red de actorxs para advertir contra las llamadas de casting sexistas en la Ciudad de México. También enfatizan la necesidad de acceso legal al aborto para las latinoamericanas y el fin de la agresión sexual.

Lo hermoso de la cumbre es que alienta a las mujeres a conectarse y organizarse, un sello distintivo de la misión de lxs zapatistas. Después de cada charla y taller, las oradoras agradecen a sus compañeras por escuchar y comparten sus redes sociales. También reparten cuadernos para que las oyentes completen su información de contacto. La idea es que las mujeres sólo podemos fortalecernos cuando creamos redes para apoyarnos mutuamente.

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Deambulo por el campamento, examinando artesanías, copas menstruales, tinturas a base de plantas y juguetes sexuales centrados en mujeres que las participantes han traído para vender. El sol es fuerte a pesar de que hace menos de 27°C en las montañas. Así que me refugio en el salón principal y escucho algunas canciones folclóricas, discursos y poesía feministas. Se ve un paisaje épico desde aquí arriba. Detrás de todas las mujeres que se conectan entre sí, hablan, toman notas y sacan fotos, está el telón de fondo de montañas cubiertas de pinos que se desvanecen silenciosamente en la distancia.

Mi momento introspectivo se interrumpe cuando una mujer se acerca al altavoz para anunciar, después de un gran interés ayer, que habrá un círculo para las 4:20 al lado de la carpa verde. Mi corazón se acelera, mi interés se despierta personalmente. Reviso mi teléfono: son poco más de las 4 p.m.

Encuentro a una mujer con un pequeño cartel hecho de un pedazo de papel de cuaderno que sólo dice “420” en letras redondas. Sólo hay unas pocas personas de pie alrededor, pero todas hacemos contacto visual y sonreímos con entusiasmo, en ese código secreto que sólo entienden lxs fumones que cruzan miradas en público.

A las 4:20, tal vez haya 30 personas sentadas en un círculo desparejo al lado de una carpa preparada para el cuidado de niñxs. El sol de la tarde está brillando directamente en nuestros ojos, pero todas estamos emocionadas de conectarnos. Todas lamentan no haber traído porro, pero nos hemos abstenido porque lxs zapatistas votaron para prohibir las drogas hace más de 20 años (incluyendo el cannabis y el alcohol) como una forma de prevenir la violencia y la enfermedad en sus comunidades. Entonces, en lugar de pasarnos un porro, nos pasamos historias.

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El círculo comienza pequeño y personal mientras nos presentamos: nuestros nombres, edades y por qué estamos aquí en el círculo 420. Las mujeres comparten las mismas razones que escuchas en todo el mundo: que usan hierba para calmar su ansiedad, aliviar otra afección médica o simplemente para divertirse. El círculo crece rápidamente y las cosas que compartimos evolucionan hacia problemas más serios que enfrentan las mujeres cuando se trata de cannabis. Como el estigma contra las consumidoras o el abuso sexual generalizado en situaciones de “trinmigrantes” en California y otros estados de la costa oeste.

La conversación enfatiza la necesidad de más educación sobre el cannabis e información pública. A esto se le añade la cuestión más apremiante de un plan integral de legalización y regulación en México que incluye el autocultivo y los negocios locales. La gente teme que las grandes corporaciones de Canadá y EEUU entren y dominen el mercado cuando tantxs latinoamericanxs arriesgan sus vidas, o las pierden por completo, por la marihuana. A las 5:50 se pone el sol y necesito ir a mi tienda para abrigarme. El círculo crece a unas 100 personas en su apogeo y todavía está terminando cuando me escapo, friolenta.

Esa noche me lanzo a un poderoso círculo de baile y luego me encuentro con una reunión LGBTQIA. Discuten temas de lesbianas, y luego marchan alrededor del caracol cantando para llamar la atención sobre su causa. La luna es una rodaja baja que distrae y nos conecta a muchas de nosotras con su brillo místico y femenino.

A la mañana siguiente hay yoga en el pasto, seguido de una gran clase de defensa personal. Luego, más talleres y charlas. Aprendo algo del lenguaje de señas inclusivo LGBTQIA (además de algunas malas palabras mexicanas) de una intérprete de lenguaje de señas. Luego presencio una manifestación masiva para víctimas de feminicidio que nos hace llorar a casi todas. En un gran círculo en espiral que abarca la mayor parte del césped principal, las mujeres golpean sus puños contra la tierra al sonido de los tambores y gritan su dolor. Cuando los tambores se detienen, se quedan quietas o sollozando en el pasto, representando a sus hermanas, amigas y compañeras caídas.

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La manifestación continúa y hace que todas nos paremos y reflexionemos, para recordar que todas hemos experimentado esos horribles momentos que se han normalizado para las mujeres. El miedo, el dolor, no ser suficiente, la desigualdad, la frustración. Pero este fin de semana es inspirador, ya que tenemos la oportunidad de conocer a tantas mujeres que han tenido la misma reacción a esos sentimientos: luchar. Y al conectarnos y organizarnos entre nosotras, nuestra lucha sólo se fortalece, y nuestro futuro como mujeres es más esperanzador.

Foto: Ola Synowiec.

Vía DoubleBlind, traducido por El Planteo.

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