Brett Williams

Cultura

Los Psicodélicos son Inherentemente Queer, Dice Bett Williams

✍ 26 abril, 2020 - 13:25

vía Madison Margolin

Los Psicodélicos son Inherentemente Queer, Dice Bett Williams

✍ 26 abril, 2020 - 13:25

Tener una experiencia con psicodélicos es tener una experiencia queer. No lo estoy diciendo para ser provocadora o controversial. Y esto no quiere decir que los psicodélicos sean sólo para la comunidad LGBT, o que si eres heterosexual no tendrás la experiencia completa. Pero en las palabras de la aclamada escritora psicodélica Bett Williams: “los psicodélicos son queer. Digo, nomás”.

Tanto los psicodélicos como la cualidad queer se extienden más allá de las limitaciones de las expectativas mundanas de la sociedad. Esto es lo que explica Williams, ahora vocera en el ámbito psicodélico. Al romper con los moldes del género binario o los de la mente cotidiana, lo queer y los psicodélicos brindan la experiencia de la transformación. De visualizarte a ti mismo de otra manera.

Y la comunidad LGBTQ+ es particularmente buena en esto. “Tuvieron que convertirse en otra cosa, cambiar de vida”, dice Williams. “Tuvieron que implementar esta transformación dentro de su psiquis”. Y al mismo tiempo tuvieron que incursionar en un tabú cultural. De la misma manera que los mismos psicodélicos siguen siendo tabú bajo la ley.

Como dice Williams: “ser queer significa que te puedes convertir en todo”. Y sí, añade que los psicodélicos también “brindan una especie de totalidad”.

Siendo una escritora, ex cultivadora de hongos y pionera en el nicho de la psicodelia queer, mi expectativa era que Williams relatara una historia lineal sobre psicodélicos y la evolución de su propia sexualidad. Pero resulta que su camino psicodélico tuvo sus propios vericuetos, altibajos y ramificaciones. La experiencia psicodélica es cualquier cosa menos lineal. Digo, nomás.

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Un camino largo y sinuoso

“La primera vez que tomé hongos fue justo cuando estaba revelándome como lesbiana”, cuenta Williams. Hace poco escribió memorias, tituladas “The Wild Kindness” sobre el cultivo de hongos de psilocibina en New Mexico. A los 15 años se encontró con “una chica gótica que apareció de la nada” y que estaba buscando a alguien que le cayera lo suficientemente bien como para hacer un viaje de hongos.

“Fuimos a esta hermosa mansión derruida en Montecito, California y nos besamos como señoras victorianas”, relata Williams. “Definitivamente fue una experiencia reafirmante para mi identidad”. Y escribe en su libro que fue “todo lo que unx podría querer de una primera vez”.

Brett Williams

Foto por Danny Liao.

La sexualidad de Williams fue sólo uno de los elementos con los que construyó su lazo sagrado con la psilocibina. Se pasó los 15 años siguientes a esa primera experiencia alejada de los hongos. Sin embargo, siguió creciendo y formando su identidad queer.

“Ser queer es un tipo de chamanismo” declara Williams. “La sexualidad siempre ha sido una medicina ceremonial, de una manera antigua”. Así que mientras que su primera experiencia con hongos estuvo asociada a una experiencia sexual positiva, en términos más amplios también fue un ejercicio de autoaceptación, de fomentar un lazo espiritual con ella misma. Y eso entró en juego al día siguiente, en un impactante choque con la realidad.

Williams formaba parte de un programa de acercamiento a adolescentes. En un viaje a un centro de detención juvenil, le compartió emocionada su experiencia a su consejero de 28 años, con quien había estado teniendo un romance. Sin embargo, como en este programa estaba prohibido el consumo de drogas, el consejero despidió a Williams inmediatamente. “Me puse a llorar, pensaba que todo en mi vida se había terminado” recuerda. “Me rompió el corazón, y generé un bloqueo con respecto a los psicodélicos”.

Pero agrega que en retrospectiva, los hongos la habían llevado después de todo por el camino correcto. “(Porque) había ofendido tanto a mi predador, lo suficiente como para que me gritara que estaba despedida, creo que los hongos me estaban guiando a mi yo verdadero, al mostrarme en ese momento que debía alejarme de ese adulto”.


Le tomó otros 15 años volver a la psilocibina. Tras una ruptura difícil, Williams se sintió llamada por los hongos. “Me encontré a mí misma preguntándole a unx amigx si tenía algo, y tomé una pequeña cantidad”, relata, y luego se comprometió a tomarlos cada tres semanas y en soledad. Desarrolló una práctica simple y arraigada: sentarse junto a un estanque y escuchar a los hongos. “Es lo que hago” dice. “El hongo es el maestro”.

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Una práctica devota

Hoy, ella misma abre un espacio para aquellxs en su comunidad (muchxs de ellxs queer) que quieran acudir a los hongos para sanarse, de la misma forma que ella lo hizo al reavivar su vínculo con ellos.

“Si tuviera que elegir una palabra, diría que mi práctica es devota” dice. Y aunque afirma que no hay una “manera correcta” de tomar psicodélicos, Williams ha construido un ritual para su práctica. Empieza probando un poco de ruda siria (una enredadera psicodélica oriunda de Medio Oriente) para ayudarla a sintonizarse con la gente a su alrededor, antes de comenzar el viaje con psilocibina.

Luego, con los hongos como guía definitiva, describe que “nos tenemos que sentar ahí y preguntarle a la planta: ‘Ey, ¿qué piensas?’”. Pero advierte que nunca hay que entrar a una experiencia psicodélica con una expectativa fija, como “esclarecer tu sexualidad” o “sanar tu depresión”. Seguro, los psicodélicos pueden ayudar, pero también pasan muchísimas cosas que pueden ser inesperadas. “Nunca es sólo el hongo” explica Williams. “Es una mezcla de muchos elementos distintos. Siempre hay otra cosa. Tiene que ver con la configuración de tu mundo espiritual propio”.

Así que eso es lo que la gente explora cuando acude a Williams y a los hongos. “La gente viene tropezando hacia los hongos con una enorme necesidad de sanar”, dice. “Vienen a los hongos y lloran por sus exes, cielos. Y otra vez, ese es un tipo de cualidad queer: cuando mis amigxs heterosexuales vienen a llorar por un ex que resulta ser masculino, están entrando en un espacio queer para hacerlo”.

Usando su propio rasgo queer como lente para entender la experiencia psicodélica, dice que los hongos brindan “una totalidad en la cual apoyarse, una totalidad del mundo”. Si estás fijadx en una libélula en medio de un viaje, dice, esta libélula es aquello en lo que te estás convirtiendo en ese momento. “Eso es lo que está sanando de tu ruptura con un ex”, dice. Todas las cosas del mundo: eso es lo que será la medicina”. Son los hongos, pero nunca son sólo los hongos.

De esta manera, lo queer se convierte en una manera de explicar la experiencia psicodélica. “Ni siquiera creo que una persona cis heterosexual tendría necesariamente una experiencia distinta” dice Williams. “Creo que eso es lo que somos: ya sea que nos identifiquemos como queer o no, yo lo siento verdadero: que cuando somos nuestro yo psicodélico, somos todo y cualquier cosa”.

Como dicen en Alcohólicos Anónimos: “tienes que elegir un poder superior”. Williams dice que “no es la psilocibina, es el orden más alto que tienes que reconocer que existe y que te ayuda”.

Al rendirse frente a ese poder superior, es importante no perseguir nada, ni intentar hacer que algo pase durante el viaje. “Aférrate a ti mismx, céntrate, y sintonízate con aquello que Terence McKenna llamaba ‘la voz de la otredad’. Esa es la entidad del hongo”. Y al hacer eso, quizás vuelvas a ti mismx: en tu ser queer, en tu sexualidad, en tu corazón roto, y en tu alegría.

Madison Margolin is la co-fundadora y editora ejecutiva de DoubleBlind.

Vía DoubleBlind, traducido por El Planteo.

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