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Opinión

Etnosoldados: un Análisis del Ataque Terrorista en Nueva Zelanda en el 2019

Por Juan Ruocco

Etnosoldados: un Análisis del Ataque Terrorista en Nueva Zelanda en el 2019

✍ 5 octubre, 2020 - 12:57

1. El ataque en Nueva Zelanda

El 15 de marzo del 2019 Brenton Tarrant, australiano de 28 años, ejecutó el atentado terrorista más cruel y sanguinario de la historia de Nueva Zelanda. Atacó dos mezquitas, mató a 50 personas e hirió a 50 más mientras lo transmitía en vivo por Facebook. Además del video, Tarrant explicó las razones del ataque mediante un manifiesto cargado de argumentos anti islámicos y racistas, y memes. El periodismo internacional no tardó mucho en darse cuenta que era un ataque de un supremacista blanco. En cambio, el periodismo mainstream local, en su eterna degradación y sin la más básica capacidad para leer un texto, instaló la tan vieja y querida idea de que el atacante era un “loquito” cebado por los “videojuegos”.

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La síntesis de una época

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El atentado de Nueva Zelanda no es un caso aislado. Es un fenómeno de al menos dos países y tiene la capacidad de volverse “global”. Puede golpear a cualquier país en cualquier momento. Lo primero que hay que entender es que este caso está vinculado a otro similar: la masacre de Utøya.

2. Brievik: el primer etnosoldado

Anders Behring Breivik perpetró el peor atentado terrorista de la historia de Noruega el 22 de julio de 2011. A modo de distracción, puso una bomba en la sede del Gobierno noruego que detonó y dañó al edificio en forma considerable. Mientras la policía estaba ocupada con este “detalle”, Brievik se dirigió hasta la isla de Utøya dónde asesinó a 69 jóvenes que participaban de un campamento del partido social demócrata. Toda la plana juvenil del partido de gobierno, los futuros administradores del Estado escandinavo.

Breivik acompañó su atentado del manifiesto “2083: an European Declaration of Independece”. Durante la primera parte del libro, se dedica a analizar lo que considera el estado actual de decadencia de la sociedad europea y occidental producto de años de nihilismo, consumo y pérdida de las tradiciones culturales propias de cada nación. Según Brievik, este proceso coincide con la apropiación del poder político por parte de una élite formada al calor del marxismo cultural que instaló como ideología hegemónica el multiculturalismo. El clavo en el ataúd de la Europa tradicional sería la inmigración masiva de árabes islámicos a los países centrales de occidente. Bajo la política de integración entre la cultura nativa de Europa y el Islam, para Brievik se esconde un proceso de exterminio de los “pueblos originarios” europeos. Esta infame idea se conoce como white genocide o genocidio blanco.

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La narrativa de Brievik es clara: Europa tiene que lanzar una nueva cruzada contra el Islam. Pero esta vez, en su propio territorio. Si las cruzadas medievales fueron en condición de “visitante” y para recuperar Jerusalem, la nueva cruzada será en condición del local para proteger a la madre patria. El ataque de Utøya se inscribe en esta narrativa. No fue un tiroteo al azar como en el caso de los ataques en escuelas y universidades de Estados Unidos. Si bien es muy posible que muchos factores de esos ataques y el de Brievik se solapen, este último tenía un fin específico. El atentado de Utøya fue un acto político. Brievik defiende la idea de que Europa es un concepto biológico y se considera a sí mismo un cruzado, un paladín, un defensor de ese orden. En palabras de Tarrant, el mejor discípulo de Brievik hasta ahora, un etnosoldado.

3. Una estrategia para el etnonacionalismo: la orden templaria descentralizada

Leer el manifiesto de Brievik es una tarea compleja. Requiere paciencia y estómago. Es un viaje directo a la mente de un asesino. El libro tiene dos momentos muy claros. La primera parte es el planteo del “problema” que enfrenta Europa y una posible solución. La segunda parte es un diario íntimo de cómo preparó el atentado. Una suerte de registro que puede servir como manual de instrucciones a futuros terroristas. Esta parte incluye varios consejos, desde dónde conseguir armas (legales o ilegales), cómo hacerse amigos en el submundo del crimen ruso y cómo construir una empresa ficticia para conseguir, sin llamar la atención, los elementos necesarios para fabricar explosivos.

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Además, Brievik propone como solución al white genocide la creación de una orden de caballeros que se tome en serio la tarea de destruir al enemigo islámico. La orden carece de un comando central, debe trabajar en forma descentralizada y la cohesión es ideológica. Cada soldado que se sume a las filas y abrace el objetivo de destruir al invasor islámico en territorio occidental y a la ideología que lo apaña, pasa a formar parte de la orden. En otras palabras: terrorismo y autogestión. El objetivo de la orden es, por un lado, golpear con fuerza al enemigo y usar los actos de violencia como un arma para expandir este método por el mundo, por eso cada ataque es un vector para llegar a los próximos reclutas.

El texto es un llamado a la acción directa: asesinatos, bombas y sabotaje, lo que sea necesario. Cualquier enemigo, sea un invasor o un aliado del invasor (el marxismo cultural), es un objetivo válido. La orden se considera a sí misma la última barrera entre el “invasor islámico” y el remanente caucásico originario de Europa. Esta es la respuesta a los años de políticas progresistas de integración. Es el punto cero para el levantamiento de una nueva reacción por derecha, al globalismo y sus acólitos.

4. Brenton Tarrant: el primer discípulo

El 15 de marzo del 2019 Brenton Tarrant entró a dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, y asesinó a 50 personas e hirió 50 más con su arma automática. Antes de pasar a la acción, el atacante armó un post en 8chan dónde pegó un link de la transmisión en vivo del ataque y dejó un manifiesto. A diferencia del atentado de Brievik, no hay tanto análisis sobre las causas filosóficas y políticas de la decadencia europeo-occidental, sino más bien un compendio de ideas simples. Redactado en un inglés sencillo, expone cada una de sus razones para el ataque.

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La narrativa coincide con la de Brievik, a quién llamó “su mayor inspiración”: es un ataque enmarcado en la cruzada entre el colectivo étnico europeo y el islámico. No es un atentado común y corriente, es un acto partisano contra el enemigo islámico y sus aliados. Un ataque contra una “fuerza de ocupación” en palabras de Tarrant.

“Solo me inspiré, de verdad, en el Knight Justiciar Breivik”

La conexión entre ambos terroristas es la clave para entender el objetivo de los ataques. A partir del atentado de Tarrant, la “doctrina Brievik” deja de ser una simple teoría, un delirio de un nerd trasnochado, para convertirse en la hoja de ruta de un nuevo movimiento: el etnofacismo. La importancia de un segundo ataque es que funciona para legitimar, de cara a la sociedad, las razones de Brievik. Veamos con mucha atención el siguiente video:

Cómo nace un movimiento.

Hasta la semana pasada, Brievik era una anécdota, un número, un loco sin explicación. A partir de hoy es un líder, y si seguimos la lógica del video estamos a sólo un atentado de que esto se convierta en un movimiento.

5. Todo el poder a los memes

“Los memes hicieron más por el movimiento etnonacionalista que cualquier manifiesto”

Si algo tenía claro Tarrant al momento del ataque era el poder de los memes. El manifiesto que escribió es un meme, que está lleno de memes, e incluso el video del ataque es un meme, con más memes adentro. ¿Dije muchas veces meme?

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Tarrant en la corte haciendo el gesto del smug pepe.

Lo que dice Tarrant es que los memes creados en 4chan tienen más alcance que cualquier otro fenómeno cultural a la hora de replicar, como un virus, las ideas de la extrema derecha. Esta idea es un meme en sí mismo, conocido como “meme magic”. Ya hablé un poco de este tema en mis dos artículos anteriores.

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Pero además Tarrant plagó el ataque de contenido “viral”. Primero, el ataque salió por Facebook Live, lo cual significó que todo el ataque en sí sería replicado por el simple morbo que mueve a las personas. No estaba equivocado. En sólo un par de días, Facebook bajó más de 1,5 millones de copias del video del ataque subidas a su sitio. Nice. En segundo lugar, en el video dijo “suscribanse a PewDie Pie”, el Youtuber más famoso del momento. Y en tercer lugar, en el manifiesto dejó varios easter eggs como referencias a animé, Spyro 3, Fortnite y el ponzi Bitconnect.

Tarrant no se equivocó, y cada una de estas piezas contribuyó a que su ataque se convierta en una de las noticias más populares de esos días. Pero no sólo eso: la polémica en torno a los videojuegos y PiewDiePie ayudó a lograr uno de sus objetivos: polarizar a la opinión pública.

Para los interesado en PewDie Pie y los memes, Ignacio Esains escribió esto en Twitter.

6. El ataque a la “opinión pública”

“Elegí las armas de fuego por el efecto que tendría en el discurso público, la cobertura extra de los medios que proporcionarían y el efecto que podría tener en la política de los Estados Unidos y, por lo tanto, en la situación política del mundo. Por su segunda enmienda, Estados Unidos está dividido en muchas facciones estatales, sociales, culturales y, lo que es más importante, raciales. Con suficiente presión, el ala izquierda dentro de los Estados Unidos buscará abolir la segunda enmienda, y el ala derecha dentro de los Estados Unidos verá esto como un ataque a la libertad y a su propia libertad. Este intento de abolir derechos por parte de la izquierda resultará en una polarización dramática de la gente en los Estados Unidos y, finalmente, una fractura de los Estados Unidos en facciones culturales y raciales”

Además de estar preparado para el ataque, Tarrant calculó los efectos de sus acciones en la opinión pública. Inspirar miedo, polarizar a la sociedad y fragmentar. Cada uno de esos escollos tienen que ser sorteados. Si algo descubrieron Tarrant y Brievik es cómo aprovecharse de la asimetría ideológica entre el progresismo de las élites y el terrorismo. Brievik fue condenado a 21 años de prisión bajo un régimen que permite extender la sanción por tiempo indeterminado. Mientras tanto, vive en la comodidad de la cárcel noruega y se comunica de forma cotidiana con otras personas por carta.

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Poco después del atentado, en Twitter, muchos progresistas festejaban la velocidad con la que el estado de Nueva Zelanda derogó la venta de armas semi automáticas a los ciudadanos. Sin embargo, este tipo de respuesta era la que precisamente el atacante buscaba provocar. ¿Para qué? Para aumentar la paranoia persecutoria en la derecha más tradicional y profundizar la polarización entre izquierda y derecha en cada rincón del planeta.

“Es preferible la supervivencia a la muerte para poder difundir mis ideales a través de la cobertura de los medios y para agotar los recursos del estado con mi propio encarcelamiento.”

7. “La radicalización es la respuesta racional a la degeneración”

“Darle momentum al péndulo oscilante de la historia, desestabilizar y polarizar a Occidente con el objetivo de destruir la enfermedad nihilista, hedonista e individualista que tomó por asalto al pensamiento occidental.”

La aparición de lo que podríamos llamar “el brazo armado de la extrema derecha” agrega un nuevo problema a nuestro contexto político. Hoy por hoy, la derecha extrema (es decir, el facismo) representa una oposición acérrima al establishment y una afrenta al capitalismo global. La proliferación de memes y usinas de pensamiento derechista crea un contexto favorable para la radicalización de personas aisladas, enojadas con el sistema y/o depresivas. Es decir, al 99% de la población.

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Claro que entre alguien que postea una foto de Hitler y alguien que planea dos años cómo matar a 50 personas hay una diferencia abismal. Pero cuanto más se expande el primer grupo, más chances hay de que aparezcan más sujetos radicales. Ya no estamos enfrentando a una fuerza política compuesta de otakus depresivos fans de autores flojos de criterios epistemológicos. Ahora nos enfrentamos con la posibilidad de que de ese grupo surja, cada tanto, un tipo que asesine 60 personas solo por considerarlas sus enemigos.

Creo que el peor error que podemos cometer es mirar para otro lado. El segundo es esperar que el Estado resuelva este problema. Es probable que los que gobiernan caigan en la lógica que esperan los etnosoldados y aceleren el proceso de descomposición. No veo otra alternativa que salir del rol pasivo, dejar de esperar que la Justicia resuelva todo, y volver al camino de la acción política descentralizada. Hay que volver a hacer política, ser críticos del orden mundial actual, sin caer en el cortoplacismo electoral.

La única manera de frenar este avance es destruyendo o debilitando las condiciones que permiten que estas personas se formen, actúen y contagien sus ideas. Temo que es un problema que excede la capacidad de respuestas del Estado. Hay que ser cuidadosos y no repetir, por citar un ejemplo, los errores de la social democracia Alemana con los nazis, a quienes dejaron avanzar hasta que se llevaron puesto el sistema político y exterminaron a los disidentes, social demócratas incluidos.

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Estamos cerca, tal vez, a un atentado de que esto sea un movimiento mundial. Algo hay que hacer y sabemos que no contamos con el Estado, porque si esto fuera una carrera de autos los etnosoldados manejan un Mercedes y el Estado un Fiat 600. Brievik estuvo durante años en la lista de posibles terroristas de Noruega. La policía lo tuvo frente a sus narices y no pudo frenarlo, no pudo detectar que iba a cometer el mayor atentado de su país. Y estamos hablando de Noruega, el mayor parangón de la eficiencia estatal. Imaginate etnonacionalistas en Sudáfrica. Imaginátelos acá.

[Update: 04–08–19]

Durante la mañana del día de ayer, un joven norteamericano de veintiún años, Patrick Crusius of Allen asesinó con su AK-47 a veinte personas en un Wall-Mart de “El Paso” en el estado de Texas. En un manifiesto de tres páginas que subió la sitio 8chan dejó claro que la inspiración para este ataque no había sido otro más que Brenton Tarrant. Y utilizó la misma teoría conspirativa sobre “el gran reemplazo” para justificar el ataque. De esta forma, aquello que parecía un exceso de alarmismo cuando publiqué la primer versión de este post, hoy no es ni más ni menos que la confirmación de la tendencia.

Vía Medium.

Foto por Bermix Studio vía Unsplash

Juan Ruocco

ACERCA DEL AUTOR

Juan Ruocco es escritor y guionista. Nació en 1987 en la Ciudad de Buenos Aires. Trabajó para Fwtv, Canal Encuentro y PolKA. Escribe en el “Suplemento No” del diario Página/12 y colaboró en El Cronista y en la revista Apertura. Está interesado en la tecnología, los videojuegos y el futuro. Dirigió su propia revista (Velociraptors), tiene un podcast (Random) y escribe artículos de forma regular en su blog. Además, estudia filosofía, juega Magic y anda en skate.

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