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El Capitalismo Consciente es una Coartada y una Disculpa por Nuestro Paradigma Existente

El Capitalismo Consciente es una Coartada y una Disculpa por Nuestro Paradigma Existente

✍ 2 julio, 2020 - 08:00

La filosofía es una paradoja, y no funciona.

“No todo lo que es enfrentado se puede cambiar, pero nada se puede cambiar hasta que se enfrente” –James Baldwin

Lxs científicxs llaman a nuestro período actual de historia planetaria el Antropoceno, la era geológica donde la humanidad se ha convertido en la fuerza más poderosa que afecta al ecosistema global. También estamos, no por casualidad, entrando en la sexta gran extinción en la historia de 4.400 millones de años de nuestro planeta. Los antiguos textos de la India lo llamaban Kali Yuga: la era oscura de la inconsciencia, la sombra y la desesperación. Lxs budistas llaman a esta época “la era degenerada” debido a la preponderancia de un gran sufrimiento y la denigración de la compasión dentro de la sociedad. Los pueblos indígenas de Turtle Island (comúnmente conocido como América del Norte) invocan al wetiko. Éste es el espíritu del canibalismo que impulsa a algunxs humanos a consumir el mundo vivo.

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Dentro de este contexto, hay un contingente creciente de personas, especialmente dentro de las comunidades psicodélicas, que argumentan que lo que se necesita es un “capitalismo más consciente”. Desde Whole Foods hasta Tom’s Shoes, hay un coro en expansión que argumenta que nuestro modelo actual de capitalismo de libre mercado ha traído una gran riqueza y abundancia para la humanidad. Pero necesita alterar su enfoque de extracción de ganancias a enfoques más “sostenibles” y “humanos” con respecto a la creciente economía global.

Para aquellxs que se han beneficiado desproporcionadamente en los últimos 500 años de una fuerza capitalista globalizadora, animada por valores extrínsecos, parece evidente que más de lo mismo solo podría ser mejor. Después de todo, se llamaba la “Ilustación”. ¿Cómo podría más de esto ser peor?

El capitalismo consciente es simultáneamente más y mejor, como el equivalente económico de la Coca-Cola Light. El papel del capitalismo consciente es apuntalar el orden existente modificando sus atributos más pequeños, manteniendo intacta su naturaleza esencial. Es la estrategia desesperada de un sistema moribundo que intenta mantener nuestro pensamiento dentro de la estrecha banda de lógica que hace que parezca inevitable y necesario. Esta creencia completamente falsa es lo que nos da licencia para actuar como si pudiéramos continuar la actividad humana como lo venimos haciendo. De hecho, nos dice que el mundo será mejor por eso. Es una estrategia de negocios como de costumbre, con la adición de un incentivo moral.

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Entonces, si los enfoques reformistas como el “capitalismo consciente” no van a ayudar a abordar nuestra crisis actual, ¿qué lo hará? No pretendo saber la respuesta a esto. Sin embargo, creo que nuestra capacidad para identificar, curar, cocrear y amplificar antídotos y alternativas se mejorará mediante la adopción de algunas guías compartidas. En ese afán, ofrezco tres principios que pueden ayudar en nuestra investigación colectiva para hacer nacer el mejor mundo que sabemos que es posible.

Desidentificación con el sistema dominante

Lo que caracteriza a una contracultura es su postura explícita contra una cultura dominante. Si bien las líneas de batalla fueron claras en el movimiento de Derechos Civiles o en las protestas contra la guerra de los ’60, se han desdibujado en la era de la modernidad capitalista.

El movimiento psicodélico (o movimientos, para ser más precisxs) tiene una amplia gama de motivaciones e impulsos que rara vez están vinculados a la justicia social. Fuera de un proyecto o entendimiento político compartido, hay muy poca crítica de la cultura dominante. La súplica profética de Timothy Leary de “Enciende, sintoniza, abandona” tiene muy poco peso en las comunidades psicodélicas de hoy. En parte porque nadie sabe a qué se está conectando o qué está abandonando.

Muchas personas en el ámbito psicodélico son aspirantes a emprendedores tecnológicxs o expertxs en Silicon Valley. Creen que el capitalismo, en lugar del ingenio humano, crea innovación, empleos y “progreso”. Como resultado, la amplitud de ideas dentro del discurso psicodélico es asombrosamente estrecha, porque ya se han situado dentro de una construcción falsa. No sorprende entonces que ideas como el capitalismo consciente se hayan vuelto populares entre las comunidades psicodélicas.

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El capitalismo consciente a menudo se viste de eufemismos atractivos como la innovación social, el emprendimiento cultural, el crecimiento verde, la inclusión financiera y la inversión de impacto. Aunque algunxs realmente creen en el poder de estos enfoques, diría que su sesgo proviene de su privilegio, y el privilegio es una restricción cegadora.

Es difícil mantener una cosmovisión verdaderamente estructural y constelacional que tenga en cuenta una multitud de factores y perspectivas necesarias para un cambio social profundo, beneficiándose al mismo tiempo del sistema actual. El capitalismo consciente es una coartada y una disculpa por el paradigma existente.

Imagina un mundo donde nadie tenga que trabajar duro como esclavo asalariado, y donde las necesidades básicas para prosperar (comida, vivienda, transporte, atención médica, etc.) sean provistas por la sociedad. Imagina un mundo en el que todas las personas tengan acceso a los privilegios de las comunidades espirituales occidentales. Ya sea yoga, ayahuasca, dietas ayurvédicas, jugos, qi gong, etc. Tendríamos un renacimiento social, cultural y espiritual en este planeta.

Al identificarnos con el capitalismo o como capitalistas, o al establecer el vínculo falso entre capitalismo y la innovación, estamos menospreciando activamente al 90 por ciento de la humanidad que está siendo torturado por el sistema existente. Estamos deshonrando las 200 especies al día que se extinguen debido a nuestra economía basada en el carbono y dependiente del crecimiento. Contra lo que predica la propaganda del establishment, el ingenio humano realmente florecería bajo un sistema que distribuyera su riqueza de manera más justa, recompensara la generosidad y creara las condiciones para la curación colectiva e individual.

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Nuestra cultura globalizada actual de modernidad capitalista se mantiene gracias a la complicidad de todxs nosotrxs. El activista sudafricano contra el apartheid Steve Biko dijo una vez: “El arma más potente de lx opresorx es la mente de lxs oprimidxs”. En otras palabras, la base del capitalismo es la mente humana.

Desprogramarse y descolonizar nuestras mentes es una práctica tanto espiritual como política. Requiere que seamos buenxs estudiantes de nuestra cultura. Exige que comprendamos las consecuencias de tener la economía global que se requiere para crecer al tres por ciento cada año. Las implicaciones de esto son que tenemos que duplicar la producción global de la actividad humana cada veinte años. El crecimiento exponencial en un planeta con recursos finitos nos está llevando al colapso, sin embargo, nuestra vida diaria se estructura en torno a “más”.

Para detener el daño del sistema actual, debemos examinar nuestros valores existentes y cómo llevamos nuestra vida cotidiana. ¿Qué estamos consumiendo? ¿De dónde viene? ¿Cómo nos tratamos entre nosotrxs? ¿Cuál es nuestra relación con nuestra comida? ¿Cómo interactuamos con el mundo natural y la vida más que humana?

Ésta es una práctica constante de vigilancia y un ámbito donde los psicodélicos pueden desempeñar un papel fundamental. Después de todo, pocas cosas avivan el imperativo de actuar como si unx fuera interdependiente con todos los demás seres, como la concientización de unidad que los psicodélicos pueden engendrar. Una experiencia que también nos puede ayudar a decidir qué aspectos de nuestras vidas y privilegios ya no nos sirven. Habrá sacrificios que deberán hacerse y consecuencias que deberán ser atendidas. Esto es parte de nuestro proceso de madurez como especie. Esta es una investigación mucho más profunda y personal que para lo que el discurso cultural actual ha creado espacio. También es precisamente el tipo de trabajo interno profundo y la desprogramación que las prácticas psicodélicas facilitan al permitirnos salir temporalmente de nuestro condicionamiento cultural.

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La verdad de la unidad final, sin embargo, también puede ser una trampa si se entiende de manera reductiva o poco hábil. Requiere un examen cuidadoso y una práctica sutil y continua para discernir su verdadero significado y valor para los problemas de cambio social.

Trascendiendo el miedo al dualismo

Existe una comprensión no declarada dentro de las comunidades psicodélicas y, en general, del movimiento New Age, de que la raíz de los problemas sociales es la idea de “nosotrxs contra ellxs”. Gran parte de la violencia en este planeta proviene de la otredad y la creación de separación. Sin embargo, al aceptar esta creencia, el resultado es a menudo una abdicación de la responsabilidad personal y una negativa a participar en procesos políticos. Muchxs se niegan a adoptar una postura política por miedo al juicio: creen que el juicio crea dualidad.

Veamos esto de otra manera. ¿Podría ser que el miedo a la dualidad crea la dualidad misma? Como hemos establecido, existe un sistema existente de modernidad capitalista que está destruyendo la vida a una velocidad y escala sin precedentes. Cuestiones como la desigualdad, la pobreza y el colapso climático no son externalidades o aberraciones del sistema. Son el resultado lógico de las reglas del sistema, un sistema que convierte a todos los seres vivos en mercancías y recursos para impulsar un mayor crecimiento. Al ignorar esta realidad, la fortalecemos.

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Quizás parte de lo que está sucediendo a nivel social es que estamos siendo iniciadxs para comprender el pensamiento no dualista. Estamos trascendiendo la lógica binaria y de oposición que es inherente a muchos de nuestros idiomas para ver que no hay “nosotrxs contra ellxs”. Y al mismo tiempo hay quienes son desproporcionadamente responsables de lo que está sucediendo en este planeta.

Sí, el “1% psicópata” es un aspecto oculto del inconsciente colectivo. A su vez, hay individuos que tienen agencia y poder que se benefician activamente de la destrucción del planeta. Sí, puede haber un arquetipo de Donald Trump dentro de todxs nosotrxs: acosador, patriarca, misóginx. Sin embargo, él es responsable de la moralidad de sus acciones como líder electo. Esto no es lo que está creando separación. La separación ya existe. Simplemente estamos reconociendo múltiples capas de una realidad no dualista.

Al centrarnos exclusivamente en una capa de realidad o en la metacapa de la conciencia de unidad (el equivalente al monoteísmo en el New Age) estamos participando en una forma de desviación espiritual. Una variante común de esto es el argumento de que toda realidad es una ilusión o maya. Al estudiar los textos védicos que originalmente discuten el concepto de maya, lo que he llegado a entender es que maya no significa simplemente “el mundo como ilusión”. Significa que la ilusión es lo que tú (como un aspecto de Dios, como Atman) decides que es ilusión.

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Hay una responsabilidad que viene con ser un cocreadorx de la realidad. Como Ram Dass dijo una vez: “El universo es perfecto, incluyendo mi deseo de cambiarlo”. La creación, maya o evolución no son procesos estáticos que ocurren fuera de nosotros. Somos participantes activxs en la cocreación de la realidad, o más exactamente, la relacionalidad. Nosotrxs mismxs evolucionamos participando activamente en la creación de un mundo mejor. La lucha por la justicia, la empatía y la solidaridad con toda la Vida crea gracia dentro de nosotrxs y profundiza nuestra práctica espiritual.

El pensamiento no dualista es un aliado crucial cuando se trata de comprender la complejidad de la modernidad. Afortunadamente, es muy ayudado por las medicinas psicodélicas. Con ellas, alcanzamos estados de conciencia en los que podemos mantener activamente múltiples realidades sin conflicto. Al mismo tiempo, podemos criticar el sistema, vivir dentro de la contradicción de ser cómplices de ese sistema, mientras trabajamos para cambiar el sistema mismo. No tenemos que definirnos por aquello a lo que estamos en contra, aunque sí tenemos que saber a qué nos enfrentamos y por qué.

Así es como han sucedido todos los cambios progresivos en la cultura, desde la abolición de la esclavitud hasta que las mujeres obtengan el derecho al voto. La mayoría de nosotrxs nos beneficiamos de estos cambios todos los días. ¿Cómo podemos cosechar los frutos del trabajo de aquellxs que arriesgaron sus vidas para entrar en el desorden de la dualidad, y a la vez afirmar que la santidad de la singularidad o la unidad es lo único que importa?

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Afortunadamente, hay un movimiento creciente de personas que aplican sus prácticas espirituales y psicodélicas para participar en el pensamiento y la acción no dualista, dando lugar a una multiplicidad de posibilidades. Muchas de estas posibilidades emergentes son parte del concepto general del postcapitalismo, ideas que trascienden las estructuras tradicionales de propiedad, crecimiento y acumulación. El postcapitalismo no es simplemente otro “ismo” para reemplazar las ideologías anteriores. Más bien, es un contenedor conceptual de pluralidades basadas en valores compartidos que surgen de la crítica del sistema existente.

Si bien no existe un modelo de cómo podrían ser los sistemas postcapitalistas, lo que une las diversas expresiones son valores compartidos como el amor, la generosidad, el altruismo, la interdependencia, la empatía, la no violencia, la compasión y la solidaridad con toda la vida.

Estos valores implican ideas como el cero desperdicio, métodos de producción circular que imitan el genio de la naturaleza para reutilizar todo el desperdicio en un uso productivo. O modelos de propiedad cooperativa y estructuras de gobierno basadas en los bienes comunes, que privilegian una distribución más democrática del poder económico. O conceptos como el ingreso básico universal, el impuesto a la riqueza global y semanas de trabajo más cortas, que reestructuran la lógica del trabajo en la era de la automatización y la IA. También se proponen ideas como la agricultura regenerativa, que reconstruye suelos agotados, secuestra carbono y devuelve nuestra producción de alimentos a la sostenibilidad a largo plazo. O el concepto de localización, para devolver las economías a escala humana. Y hay muchas otras alternativas de crecimiento.

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Para aquellxs que aspiran a crear verdaderamente un cambio sistémico, el postcapitalismo es un poderoso marco unificador. Como idea, es un testimonio de lo que es posible cuando trascendemos el miedo al dualismo y participamos activamente en criticar y rehacer el mundo que nos rodea.

Estar en diálogo con un planeta animado

No hace falta decir que lxs seres humanxs han abordado la mayoría de los problemas de la historia humana con una lente particular y antropocéntrica. También hemos creado y exacerbado la mayoría de los problemas y riesgos que enfrentamos como civilización con la misma mentalidad de solución de problemas. El modelo cartesiano, mecánico, binario y lineal de causalidad ha sido el motor central del pensamiento occidental y la lente por la cual vemos el mundo.

Si estamos produciendo demasiado carbono como civilización, ¿cómo capturamos y almacenamos este carbono? Y si el clima está cambiando, ¿cómo lo geo-diseñamos? Si el capitalismo está creando desigualdad, ¿cómo redistribuimos la riqueza? Así es como la resolución de problemas humana y básica tiende a funcionar, pero también es un indicador de cuán peligroso puede ser el pensamiento antropocéntrico.

¿Qué pasa si la actual policrisis, esta encrucijada civilizacional que enfrentamos, nos exige algo más, algo distinto?

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Los últimos treinta años de ciencia han ayudado al mundo occidental a alcanzar muchas cosmovisiones indígenas. Por ejemplo, la Teoría de Gaia propuesta por el químico James Lovelock, la microbióloga Lynn Margulis y otrxs ayudó a popularizar la idea de que el planeta es un ser vivo: un sistema complejo y autorregulador que crea activamente las condiciones para la vida en la Tierra. La biología evolutiva está revelando la complejidad y la naturaleza interconectada de los ecosistemas vivos, desde las redes miceliales hasta las bacterias que forman el cuerpo humano.

La Teoría del Caos está revelando los patrones fractales y la no linealidad que conforman la realidad. Los desarrollos en la mecánica cuántica nos han ayudado a ver el universo como animado, receptivo y más extraño de lo que podemos imaginar. El mismo acto de observar átomos cambia su comportamiento y posición. Como nos recuerda la física y filósofa cuántica Karen Barad, no existe una realidad objetiva: nos encontramos con el universo a medio camino.

En lugar de abordar los problemas sociales desde una lente de linealidad y causalidad, de solución de problemas, ¿qué pasa si comenzamos a dialogar con nuestro planeta vivo y, de hecho, con el universo vivo? Si es nuestra mejor manera de pensar lo que nos trajo aquí, tal vez es hora de que adoptemos un enfoque transracional. Así podríamos comenzar a preguntarle a nuestrxs mayores (incluyendo los paisajes vivos y la vida más que humana que nos rodea) perspectivas sobre qué deberíamos hacer.

No digo esto de una manera sentimental o como adición a pensar en la mejor estrategia de qué hacer como civilización. Lo digo en serio, como activista y estratega político. Me gustaría que imaginaras cómo sería el mundo si nuestra actividad principal fuera ser humildes ante la Naturaleza y preguntarnos qué necesita el mundo vivo de nosotros como especie compañera.

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¿Qué significaría participar en proyectos de vida o proyectos de cambio social basados ​​en buscar petición, permiso y consentimiento del mundo natural? ¿Y si dejáramos de pensar en nuestro propósito como un esfuerzo individual de elección, sino más bien como un rezo a ser escuchado para alinearnos con necesidades planetarias más amplias? ¿Qué pasaría si nuestro punto de partida para nuestro trabajo social, político y económico fuera preguntar a lxs seres más marginadxs (humanxs y de otro tipo) cómo podríamos prestar un servicio más profundo a sus necesidades?

Quizás este tipo de diálogo y acción basada en el permiso será parte del papel evolutivo de los psicodélicos y las comunidades psicodélicas, para servir como un puente entre nuestra especie madura y la entelequia de un planeta vivo. A su vez, para ayudar a volver a sacralizar la Naturaleza con y a través de los sacramentos que se nos ofrecen generosamente.

No estoy seguro de que la mente racional pueda comprender tal realidad. Pero te aseguro que, cualquiera sea el resultado, no se vería como los enfoques lineales y reformistas que se hacen pasar por el cambio social en la actualidad. Ningún árbol consentiría al capitalismo consciente. Ningún ecosistema lo haría.

Como los árboles, también somos ecosistemas. Literalmente, a nivel celular, estamos formadxs por comunidades de bacterias y microorganismos. En un nivel temporal, nuestrxs antepasadxs ​​viven a través de nosotros, al igual que nuestro yo futuro y las generaciones futuras de nuestro linaje, si tienen la misma oportunidad de vida que nosotros. En un nivel espacial, somos una ecología de nosotrxs mismxs, de todos los seres, que pueden o no verse. Estamos constantemente enredadxs con ell0s, que nos definen a través de nuestra relacionalidad.

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La falsa elección entre crecimiento o más crecimiento debe dar paso a nuevas y antiguas formas de ser. El animismo puede ser nuestro antídoto más potente para el racionalismo, así como la humildad lo es para la arrogancia, el diálogo para la dominación y la maravilla para el saber.

Vía DoubleBlind, traducido por El Planteo.

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