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Argentina

Joe Stefanolo: ¿En qué Anda Hoy el Abogado del Rock?

Joe Stefanolo: ¿En qué Anda Hoy el Abogado del Rock?

✍ 6 January, 2023 - 12:05


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Buenos Aires. Calle Tucumán, a metros de Tribunales. Recorrer las escaleras que llevan al estudio de “Joe” Stefanolo es transitar una parte importante de la historia del rock argentino.

Porque cuando el rock de esta parte del mundo creció -como le pasa a todo el que crece- necesitó de un abogado. 

Hizo falta un leguleyo que defendiera sus contratos con las compañías discográficas, que los sacara de la comisaría después de una razzia (redada policial) y que diera la cara y pusiera el pecho cuando alguna sustancia prohibida aparecía en un allanamiento.

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Por suerte para los músicos de Argentina ese señor existe y se llama Albino Stefanolo: “Joe, para los amigos”, dice ante la presentación para El Planteo. 

O -mejor dicho- el abogado del rock.

Una marca registrada

Su barba -que bien puede remitir a uno de los hermanos Macana- y su pelo largo y suelto son una marca registrada de este hombre que ya llegó -aunque no se note- a los 69 años.

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Un muchacho que entró a la Facultad de Derecho sin tener una vocación cierta de querer recibirse pero que se fue con el título bajo el brazo en 1975.

Joe Stefanolo, el abogado que en el año 1986 marcó un precedente con el fallo “Bazterrica” (Gustavo, guitarrista de Los Abuelos de la Nada en aquel entonces).

Con su astucia y sabiduría, Stefanolo logró que la Corte Suprema de Justicia declarara la inconstitucionalidad de la persecución del delito de tenencia de estupefacientes para consumo personal. 

Tras la sentencia que marcó un antes y un después en los fallos sobre tenencia y consumo, este caso comenzó a estudiarse en las facultades de derecho, comunicación y otras carreras universitarias de la Argentina.

Desde allí y para siempre, el nombre Stefanolo quedó asociado a rockeros como Andrés Calamaro, Fito Páez, Luca Prodan, Pappo, Pipo Cipollati y la mediatización definitiva la alcanzó en 1996 con caso de “El jarrón de Cóppola”: el mánager y amigo personal de Diego Armando Maradona.

Derecho a ser libres

La vocación por la abogacía en Albino fue apareciendo con el devenir de las materias, en la medida que fue avanzando con la carrera.

Antes de eso, este joven del barrio porteño de Belgrano no tenía demasiado en claro lo que quería ser -“pude haber sido cualquier cosa”-, dice aunque sí sabía que le gustaba escribir y -sobre todo- la música.

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Para lo segundo era “muy malo”. Para lo primero es difícil saberlo por su elevada autocrítica, pero escribía para él y para alguna novia circunstancial pero consciente de que “no podía compararse con los grandes poetas que leía”.

Su adolescencia estuvo marcada a fuego, estuvo tocada “por la varita mágica” como le gusta decir a él, ya que transcurrió en el Instituto San Román.

El colegio del Flaco Spinetta, Emilio del Guercio, Edelmiro Molinari, de casi toda Almendra, que era “la banda del colegio”. 

Recuerda Stefanolo que “tenerlos ahí era un sueño. Siempre digo que para mí era el Liverpool de los chicos que amaban a los Beatles”.

Para los pibes del barrio, el Bajo Belgrano era Liverpool y Almendra eran los Beatles.

“Ese era mi sueño. Yo tenía mi bandita y mi cable de la guitarra era el mismo que le hacían al Flaco o sea solamente el cable. Teníamos el mismo cable, suficiente para mí”.

Los años de la adolescencia y post adolescencia los atravesó durante el Onganiato (dictadura militar) con la policía montada acechando a la salida de los recitales y un primer pensamiento de lo necesario que sería un abogado para esos abusos.

La carrera la cursó en el “veranito democrático”, egresó con Isabel Martínez de Perón como presidenta y recibió el título en febrero de 1976, un mes antes del golpe militar que significó la dictadura más sangrienta de la historia Argentina.

“Tenía un título en la mano y tuve que salir a pelearla porque era poco lo que se podía en Dictadura. Siempre digo que fue una noche larguísima”.

Sabú, el puntapié inicial

El primer caso que termina definiendo el camino que luego transitó Stefanolo fue en 1978 con la defensa del cantante Sabú, “El Príncipe”.

En plena Dictadura, Sabú -cantante que había alcanzado el éxito a comienzos de los ‘70- fue detenido con marihuana y ácidos y Joe Stefanolo fue convocado para su defensa. 

De ese caso recuerda un detalle, un pequeño logro en aquellos años de plomo.

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“Cuando lo están por mandar a Devoto, le remarco al juez que lo envíe a un lugar tranquilo, con seguridad, a un lugar en el que no corriera riesgos”.

Allí usó por primera vez una frase que le gusta usar y que le parece importante.

“El responsable de la seguridad es usted, señor juez. Él depende de usted, usted es el responsable. Hoy suena muy fácil decirlo, pero en esa época, a un juez de la dictadura, decirle que me oponía que vaya a cualquier lado y señalarle con el dedo que él era responsable no lo era”.

El caso Bazterrica

Hubo algunos casos intermedios con la carátula de tenencias de sustancias con fallos en contra “con la corte todavía militar” hasta que en 1986 llegó el caso Bazterrica: el caso que marcó su carrera profesional. 

En aquel entonces al guitarrista de Los Abuelos de la Nada, que había tocado anteriormente con Charly García y Luis Alberto Spinetta, le hallaron “muy pocas cantidades de sustancias: marihuana, un poquito de cocaína, pero por suerte no queda detenido y queda a la espera de la condena”.

Stefanolo, que venía de varias derrotas en el tema, vislumbró una posibilidad distinta al existir una Corte democrática.

“Fue tanta la sorpresa que un viernes a las dos de la tarde me golpean la puerta y me notifican que habíamos ganado 3 a 2”, recuerda y se le iluminan los ojos.

El fallo decía que era inconstitucional reprimir la tenencia para consumo porque era afectar la vida privada. 

“Ese argumento que está en la Constitución y que es tan sencillo de entender, nunca había sido entendido. Hasta ese día”, dice Joe.

Calamaro y más rock and roll

Al caso Bazterrica le siguieron su asesoramiento legal a Fito Páez, luego de que asesinaran a su abuela y a su tía en Rosario mientras él estaba por primera vez en Brasil grabando con Caetano Veloso.

Fue el abogado de Luca Prodan, que no podía cobrar en SADAIC los derechos de sus canciones. 

“La coincidencia marca que su primer cobro era al día siguiente de su muerte, entonces nos acercamos a SADAIC para dar aviso fundamental de que no iba a cobrar porque acababa de fallecer y que íbamos a hacer la sucesión para que cobre su familia, cosa que hicimos y la familia cobró”, cuenta lamentándose.

En los ’90, otro caso emblemático. La noche en que Andrés Calamaro dijo ante más de cincuenta mil personas durante un show aniversario de la ciudad de La Plata: “Que linda noche para fumarse un porrito”.

La frase le valió un proceso que se extendió diez años y del que terminó absuelto.

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Aquella -recuerda Joe- fue una noche marcada por la violencia del público hacia los distintos músicos del evento y que no terminó en un descalabro gracias a Andrés.

“Las autoridades querían suspender el show y Andrés les dice: están locos no suspendan que esto termina en una masacre’ y ahí entró con la frase con el porrito, con el sexo, droga y rock and roll, todo lo que se le ocurría lo decía”.

Así la gente se calmó y se fue en paz. Pero lo denunciaron por apología y se comió una causa de 10 años.

“Finalmente el fiscal, antes de absolverlo, le pidió perdón. Fue todo un papelón”, afirma el abogado.

¿Hoy los músicos más jóvenes te siguen llamando?

—Tenemos fundamentalmente contacto con bandas que son under, hay gente que todavía está y eso es bueno. Tengo la suerte también de estar con Toto Ferro (actor que encarnó a Robledo Puch en el film El Ángel), que tiene su parte musical en la cual a fin de año pasado le hicimos su primer contrato.

¿Con quiénes trabajaste más años? 

—Con Litto Nebia trabajamos muchos años. Para mí fue un orgullo porque Litto es mi admirado de toda la vida. También hicimos el primer contrato de Los Violadores, ese contrato lo hicimos acá -dice señalando su escritorio.

El jarrón de Coppola

En el año 1996, cuando la frivolidad de la época alcanzaba su pico máximo, Joe Stefanolo tuvo su momento de mayor exposición mediática con el caso Coppola.

Todas las tardes en el programa de Mauro Viale se hablaba del jarrón del representante de Diego Maradona en el que supuestamente habían encontrado cocaína.

“Sacando la cosa de tanta exposición y tanta historia alrededor, lo bueno es que se demostró que existía un poder judicial que fraguaba causas y un juez terminó preso”, dice.

Joe cree que “todo eso sirvió” pero “la exposición desmedida no, porque a veces te hace daño aunque ayudó a descubrir algo que por ahí no se hubiese descubierto”.

Por una nueva ley

Durante el Congreso de Derecho Cannábico que se realizó en la UBA en noviembre de 2022, Stefanolo instó y pidió luchar para lograr una nueva ley de drogas en Argentina.

“Además de estar vieja por nacimiento, hoy está combatiendo con la marihuana medicinal, con el cannabis industrial, dos modificaciones y dos variables del tema cannabis”.

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Joe lo explica sencillo: “Por una plantita un tipo puede ir preso 4 años y el otro señor con la plantación puede ganar millones de dólares”.

El abogado dice que hoy “es el autocultivo lo que hay que tratar, el autocultivo no debe estar penado porque es una forma de consumo personal o de generar bases para hacer aceite o de generar industria”.

Y cierra: “Entonces, si la base es esa, no podés penar el autocultivo y la ley lo pena además con 4 años de cárcel. Con la reforma que hizo Macri en 2017, no hay condicional para esa figura. Es absurdo, una locura”.

Foto de portada: Ariel García

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ACERCA DEL AUTOR

Periodista, locutor y docente. Ha publicado en Anfibia, Orsai, Cosecha Roja, Infobae y medios extranjeros como La Vanguardia de España y la revista Lento de Uruguay. Escribe sobre cine en la revista Directores de DAC y en La Gaceta de Tucumán. Es productor del ciclo documental Elemento Vital -el único programa de Latinoamérica sobre el agua- y da clases de comunicación a artistas de los barrios de Soldati, Retiro, Barracas y Lugano de CABA.