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¿Te Molestan los Therians? Cuidado Porque Tienen Mucho en Común con el Movimiento Cannábico

Cannabis

¿Te Molestan los Therians? Cuidado Porque Tienen Mucho en Común con el Movimiento Cannábico

Por Hernán Panessi

¿Te Molestan los Therians? Cuidado Porque Tienen Mucho en Común con el Movimiento Cannábico

✍ 16 February, 2026 - 13:51


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Según datos proporcionados por Google, la búsqueda de “therian” se incrementó en un 5000%. ¿La razón? La viralización de sus juntadas y las noticias en medios masivos de comunicación. Su cuerpo es humano, pero su identidad, animal. Momento: aunque suene loco –loquísimo- estamos delante de un auténtico fenómeno del teensploitation. Donde van, los therian son sensación: corren, saltan, huelen y hasta muerden (¡no lo hagan, therians!). Pero, ¿qué son los therians, por qué son noticia y por qué pueden convertirse en un símbolo de liberación cannábica?

Según The International Anthropomorphic Research Project (IARP), un grupo de científicos que investigan el furry fandom, “la therianthropía es el fenómeno de individuos que se identifican como una especie animal no humana y a menudo pueden manifestarse a través de shifts, que son cambios en el estado mental o sensaciones físicas percibidas”.

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La cosa es así: los therians se viralizaron porque generan en los otros un “algo” difícil de decodificar. Es risa, es bronca, es comprensión, es menosprecio, es incomodidad, es amor, es desconocimiento, es todo eso junto y mucho más. Un combustible ideal para empujar el algoritmo de TikTok.

Así las cosas, por estos días, los therians andan recibiendo una atención inusitada. Y si bien son una comunidad joven, nacida al calor de la red en los foros de Usenet de comienzos de los ’90, superaron en popularidad a los ya instalados furries, subcultura que maneja un interés profundo en los animales antropomórficos, figuras habituales en los eventos del fandom otaku y misceláneos. La tecnología cambió, pero la necesidad de manada es la misma.

Y, si me permiten (permítanme, estamos invitando a pensar, por favor), la conexión entre los therian y la liberación cannábica no es caprichosa: ambos comparten una raíz sobre la soberanía del cuerpo y la percepción. La cultura cannábica luchó durante décadas por el derecho a alterar la percepción de la realidad y el estado mental sin ser criminalizado. A través de sus “shifts” (los mencionados cambios de estado mental donde conectan con su animal), los therian hacen algo similar pero de forma endógena. Su flash es mental y sensitivo.

Entonces, si el usuario de cannabis busca la expansión de la conciencia para ver el mundo “de otra forma” (sí, ya sé, también busca otras taaantas cosas más), el therian reclama el derecho a habitar una conciencia no-humana. Y, en ese sentido, ambos grupos son señalados por una sociedad predominantemente “normativa” como “locos”, “inmaduros” o personas que “escapan de la realidad”. Comparten, digamos, un estigma: “Esto está bien, esto está mal”. Y a ellos, en el match point de prejuicios, la pelota les cae dentro de “lo que está mal”.

Y como sucedió con uno de los principales lemas de la revolución feminista, aquel que instaló la idea de “Mi cuerpo, mi decisión”, el movimiento cannábico también embolsó esa noción. Pero, pero, pero, los therians llevan ese postulado al extremo: comprimen una rebeldía ante su propia especie biológica y llevan adelante una desobediencia estética. En pocas palabras: andan en cuatro patas en lugares públicos y usan máscaras de perritos con la cara de tu bulldog francés Charlie.

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therian

Entonces, como todos estos quiebres que nacen desde la cultura juvenil, que son el principal motor del desparpajo en la historia, al igual que fumar porro en una plaza constituía un acto político hace 20 o 30 años, hoy “comportarse como animal” desafía la decencia pública y las normas de comportamiento impuestas por el sistema productivo. Ese que nos quiere quietitos y consumiendo basura industrial, comida ultraprocesada y material de doomscrolling hecho con IA. Su sola presencia rompe con el contrato de productividad del sistema.

Entonces, a riesgo de exagerar (aguante exagerar), los therian pueden erigirse como un símbolo de rebeldía para este Siglo XXI líquido (el término es de Zygmunt Bauman, no es mío), que necesita de nuevas formas de encarar gritos y plantar quiebres culturales. Y así como se luchó para que el consumo de cannabis no fuera visto como una enfermedad mental, en este preciso instante, los therian están en la fase de “choque” contra el manual de psiquiatría. Andan navegando por una especie de neurodivergencia elegida o aceptada. Veremos qué pasa con ellos. A fin de cuentas, no importa tanto lo que pase. Importa el gesto. Lo que queda de todo esto cuando todo esto pase.

Y así como van a contrapelo de la sociedad (una therian me dijo hace poco: “No quiero encajar en esta sociedad que me impone todas las reglas”), invocan un retorno a la naturaleza: “No somos máquinas”, parecen gritar entronizando una crítica feroz al capitalismo híper-tecnológico desde un lugar profundamente primitivo. Y si el cannabis propone un retorno a la tierra, aquí anida otro punto de conexión: guau, guau, miau, miau, con las patas en el pasto.

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Y toda esa bronca, toda esa incomodidad, todo eso que probablemente estén sintiendo mientras leen esta nota (no pasa nada, los entiendo, de verdad), es la misma que generaban los hippies durante los ’60 o los punks en los ’70 o los que bailaban tecktonik en los ’00 (probablemente ustedes). Y si el movimiento cannábico transita en un mar de legalidad, tiendas y celebridades ultra top que hacen gala de sus privilegios, los therians representan una nueva marginalidad. Esas que no piden permiso. Perdón si molesta. La verdad no ofende.

Por eso, si “convivir es aceptar a los demás”, tal vez la comparación con los therians puede parecer exagerada (probablemente lo sea; de nuevo: aguante exagerar, no pasa nada), pero en su existencia anidan una nueva forma de rebeldía, esa que no pide permiso para sentir, para percibir o para actuar por fuera las normas.

Por eso, se yerguen como si su esencia fuera una versión espiritual de aquella vieja autonomía que el movimiento cannábico siempre intentó defender. Acá, un pequeño tirón de orejas (de perro) para no aburguesarse y saber que la lucha continúa. Y que nos necesita rebeldes, ingeniosos e incómodos, como un gato mojado, como un murciélago al mediodía o como un therian en el senado.

Foto de portada creada con Gemini AI.

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ACERCA DEL AUTOR

Hernán Panessi, autor en El Planteo, es un periodista especializado en cultura joven. Escribe en las revistas InfoTechnology, Rolling Stone, THC y Lento. Además, en Página/12, El Planeta Urbano, El Cronista y en el periódico uruguayo La Diaria. Colaboró para Revista Ñ, Clarín, La Nación, La Cosa, Playboy, Haciendo Cine, Billboard, Los Inrockuptibles, Forbes, VICEBenzinga, High Times y Yahoo, entre otros.

Hernán escribió los libros Porno Argento! Historia del cine nacional Triple X, Periodismo pop, Una puerta que se abre y Rock en Español. Fue docente en el Centro Cultural Rojas (UBA) donde dictó talleres de periodismo. Además, es programador de la sección VHS del Festival Internacional de Cine de Valdivia, en Chile.

Conduce FAN, programa periodístico sobre cultura, sociedad y vida moderna. Por su parte, también condujo en las FM Delta 90.3 y Nacional Rock 93.7. Asimismo, fue columnista en La Once Diez y Metro 95.1.