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Argentina

Trabajar de Hacer Memes Existe y Te Contamos Cómo Es

Por Lola Sasturain

Trabajar de Hacer Memes Existe y Te Contamos Cómo Es

✍ 23 julio, 2022 - 13:05



¿Que te paguen por hacer memes? Parece un sueño pero sucede. Y, aunque parezca extraño, es cada vez más común.

Una imagen acompañada de texto que funciona como chiste y que apunta a un sentimiento o una idea muy específica pero fácilmente entendible por cualquier persona: todxs sabemos lo que es un meme y, sin embargo, no es tan fácil explicar qué es.

Ni hablar de crear uno bueno.

Lo “memero” está tatuado en el humor de los late millennials y de la gen z. Sale natural. “Siento que el impulso de hacer un meme es el mismo impulso que el de hacer un chiste en una conversación: no puedo evitar hacerlo”, dice Ana, cuya cuenta personal es @motherusia y es ex mitad del tándem detrás de @amordel2000.

Entonces no resulta raro que aparezcan formas de convertir este instinto en capital y crecen en cantidad día tras día las empresas, medios de comunicación, marcas y organizaciones que utilizan el formato meme como canal de comunicación a través de sus redes sociales (sobre todo instagram), para llegar a audiencias más jóvenes, para posicionarse o para dejar en claro lxs valores de la marca de una manera fresca y efectiva. “Siento que en la actualidad pasó a ser un capital social muy importante ser gracioso”, reflexiona la misma.

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Para esto mismo suelen emplear a memerxs, que en general son personas que ya tenían su cuenta de memes personal sin fines de lucro y encuentran de esta forma una manera de ganar plata por lo que saben hacer, y un medio para poder seguir haciéndolo. Aunque -siendo lxs memerxs en general personas con mucho respeto por la condición colectiva, anónima y gratis del humor de Internet- no sin hacerse cargo de algunas contradicciones.

Las formas que puede tomar el trabajo de memerx son diversas, así como las maneras de acceder a éstos trabajos. Los recorridos de lxs memeros, así como sus impresiones sobre la capitalización de los memes, también.

De la cuenta personal a trabajar de memera

Misha (@mms2k17) empezó en 2016 compartiéndose memes con amigues. “No eran nuevos los memes pero sí la manera en que se compartían, lo cual también tiene que ver con los memes en sí porque no son solamente graciosos sino que son una forma de comunicación”, explica la memera.

trabajar de hacer memes
x Misha

Su cuenta propia la maneja como una cuenta personal: no la considera un trabajo y actualiza cuando tiene ganas y un material que lo amerite. Siempre intenta mantener contento a su público aunque no se limita solo a ellxs.

“Siento que mi cuenta es muy conceptual y esto creo que es muy de los memeros que tienen cuentas donde suben sus propios memes: expresarte a través de tus memes, comunicar lo que te pasa con lo que subís”.

Ella también se dedica a generar comunidad a través de sus historias, proponiendo consignas para que la gente participe. Y un poco en broma, un poco en serio, compartió algunas veces Cafecitos y se sorprendió de la cantidad de plata que le dieron sus seguidores. “Pero no quiero tomarlo como un trabajo porque una vez que es un compromiso ya no me gusta”, elabora.

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Emi Buch (@emibuch) empezó mechando algunos memes que hacía con los posteos habituales de su Instagram, hasta que éstos coparon el terreno. “Creo que me di cuenta que ya era eso cuando estaba empezando a salir con alguien y me pidió mi Instagram y tuve que hacer todo un speech previo antes de pasarlo que empezaba con: ‘’te tengo que advertir que soy una cuenta de memes’”, cuenta.

Emi Buch y Ana empezaron juntas, cuando todavía la monetización de los memes no existía ni como idea loca. Ana comenzó entregando memes-sticker hechos por Emi Buch a modo de entrada para una fiesta que organizaba. Luego, en marco del 8M de 2018, crearon juntas una cuenta de memes feministas llamada “femimemes”. “Queríamos hace algo tipo somos las hijas feministas de 9gag”, se autoburla.

trabajar de hacer memes
x Emi Buch

Misha no tienen ninguna fórmula o receta mágica para que la cuenta funcione, sólo dedicarle mucho tiempo. Lo mismo sostiene Emi Buch, quien si bien no gana plata ni pretende hacerlo con su cuenta personal, sabe que mantener una cuenta de memes que funcione lleva tiempo y responsabilidad. Sí, como un trabajo.

“Es un trabajo en el sentido de que lleva tiempo. En general, antes de dormir, cuando estoy con el celu, empiezo a hacer memes hasta que me agarra sueño, que pueden ser 20 minutos o 2 horas. La regla más importante para mantener viva una página de memes es la constancia. Si sos una cuenta de memes, los que te siguen esperan -como mínimo- un posteo por día”.

En algo coinciden las tres: la cuenta personal es donde está el corazón. Cobrar por memes no es el fin sino el medio.

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Al principio me daba cosa vender mi fuerza creadora de memes pero después me quedé tranquila porque si esto es lo que yo hago para poder seguir haciéndolo tengo que comer y vivir”, cuenta Ana. “Si venderlos es la forma de poder hacer los memes que querías hacer en primer lugar, y bueno…”.

Monetizar memes: quiénes, cuánto, cómo

Hay distintas maneras de vender memes así como de solicitarlos. A quien esté pensando en trabajar de memerx, vale la pena aclararle que la realidad es que ninguna de las tres entrevistadas consiguió que les paguen por sus piezas saliendo a buscar, precisamente, trabajo de memera. Fueron las mismas marcas y medios quienes las contactaron.

Los memes suelen ser parte de la estrategia comunicacional de la empresa en cuestión, y a veces son incluídos dentro de un sueldo que contempla más tareas o a veces son pedidos explícitamente y pagados por pack o por unidad. En muchos casos, la producción de memes está insertada dentro de otro trabajo que tiene que ver con la comunicación, como puede ser community manager, creadorx de contenido, periodista o diseñadorx. Además de la creatividad y el sentido del humor, el manejo de la comunicación online y de los códigos jóvenes es muy agradecido.

En el caso de Misha, su trabajo de memera consiste en crear memes para una agencia de contenidos. El nombre oficial de su trabajo es content manager: ella recibe desde artículos de actualidad y de interés general hasta fotos de perritos, y crea memes a partir de ese contenido para ilustrarlo. Las únicas limitaciones que le dan son los asuntos prohibidos: nada de sexo ni drogas ni violencia.

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Emi Buch, que ha cobrado por memes pero no es su trabajo fijo, cuenta su experiencia: “Algunas marcas o cuentas me hablaron directamente para que les presupueste una cantidad de memes. Como es algo que me encanta hacer, no se me ocurre nada mejor que me lo paguen. Con todas arregle un precio (basado en el tiempo que me lleva pensarlos). Igual creo que estamos muy lejos de que la comunicación de las marcas quiera meterse en el terreno memes, pero nunca voy a dejar de soñar con un DM de Liliana Electrodomésticos o Essen”, se ríe.

Una marca que la empleó es El Galpón de Ropa, cadena de tiendas de ropa de segunda mano: a partir de ejes temáticos le daban total libertad, confiando en su ojo memero. “Me hablaron de la sustentabilidad, del reciclaje, del planeta, del cuidado del agua y me re copaba porque hacer memes sobre eso está bueno sí o sí. Está bueno hacer memes para concientizar ciertas cosas más allá de para reírte”, piensa.

memes de marihuana
x Ana

Por su parte, Ana fue contactada al principio de la pandemia por una ONG de conocides que buscaban desarrollar una cuenta de Instagram apuntando a un público más joven. Esa fue su primera experiencia haciendo memes por trabajo.

En aquel momento le pagaban por hacer memes pero esa era una decisión profesional de ella: “Por más que no me decían explícitamente queremos que hagas memes, me decían que querían llegar a un público más joven y comunicar de manera graciosa”, explica. Instrucciones similares le dieron para un medio periodístico de izquierda.

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Donde sí le pidieron explícitamente que haga memes fue para un programa de radio. Llegó no de forma directo sino trabajando a través de una agencia de contenidos que funciona como agenda en Instagram, y el modus operandi era el siguiente: cada semana, con cierta cantidad de días de anticipación, le pasaban los contenidos y ella debía entregar entre dos y tres memes con sus respectivos copys (textos que acompañan las fotos en redes sociales). “Ahí cobraba por pack y había una situación de ida y vuelta”, describe.

Influencers sin cara

Pero más allá de trabajar haciendo memes a pedido, ¿existen formas de monetizar memes de manera independiente? No es un terreno del todo explotado.

A propósito, Buch reflexiona: “No sé porque no hago memes con el objetivo de ganar plata (y creo que nadie lo hace). Pero cada vez escucho hablar más de los NFT. Aunque está el problema de los derechos de autor: alguien que haga un meme nunca va a tener el 100% de los derechos de su obra, porque siempre vas a estar usando como base una imagen que no es tuya. Por ejemplo, en mi último posteo las imágenes son de una escena Titanic, la reina de Inglaterra mirando en su cartera, Lilita Carrió diciendo ‘estoy de novia’, y una foto de un chico hablando con una serpiente gigante (que no sé de dónde habrá salido)”.

Y Ana enumera identifica dos caminos posibles: o como parte del trabajo en el área de comunicación de algún medio, marca o agencia, o manteniendo una cuenta de memes personal que sea exitosa y ahí lograr capitalizar esa visibilidad. 

“Es el mismo mecanismo que muchos influencers”, piensa. “Hay muchas cuentas de memes que luego hicieron fiestas, canjes, de todo”. Ejemplos sobran: @poliamorymemes con su fiesta, o el éxito de @nen3ca como VJ en sus fiestas junto a La Coneja China, quien si bien no es memera también se hizo conocida desde las redes sociales por sus combinaciones de texto e imagen (a modo de remeras).

Los finos límites de la propiedad

Los problemas entre memerxs aparecen cuando alguien roba contenido alevosamente y lo pretende propio. Se vive como una violación a los códigos implícitos. Misha dice que logra darse cuenta porque es muy acumuladora y muy organizada. “Me pasaba de subir en noviembre un meme que había encontrado en febrero, entonces al ver que esta cuenta subía el mismo meme era obvio que lo había sacado de mi cuenta y yo me enojaba bastante, pero de boluda. Hoy en día no me importa”, asume.

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¿Cómo son los códigos cuando hablamos de una materia prima que por definición circula y es anónima? “No me molesta si sacan captura y lo suben, yo hago lo mismo, pero cuando roban un meme mío y le ponen su marca de agua eso sí me jode. Yo debería ponerle marca de agua a mis memes pero por una cuestión estética no lo hago: solo muy de vez en cuando, cuando siento que se va a volver muy viral, va a tener mucha repercusión o lo va a robar alguien que me cae mal”, cuenta Misha.

memes de marihuana
x Misha

Ante la pregunta sobre si identifica pica entre memerxs: “Sí, hay”, afirma Ana. “Se sabe que hay páginas que no usan o usan muy poco memes propios, y no ponen créditos. También hay memes que se repiten tanto que ya no se sabe quién es le autore. Hay muchas maneras de evitarlo, como poner marca de agua, pero a mi no me gusta y nunca lo haría porque me parece que la naturaleza misma de los memes es que circulen y que no importe el autor”.

“Pero sí me molesta cuando alguien los usa y no pone los créditos. Hay cierto código de honor”, ríe.

Sobre el mismo tema, Emi Buch identifica primero un sentimiento de comunidad y de respeto mutuo entre las diferentes cuentas de memes. “Con las cuentas que yo me hablo es todo amor. Son cuentas que yo tenía re arriba y hoy hablo y las amo. No me molesta, las cuentas de memes funcionan así. Los memes son un formato muy de circulación, de intervención, de remixar y apropiarse de ideas, sería un poco absurdo volverse policía de la autoría de los memes”.

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Ana adhiere: el mundo de los memes es un caldo de cultivo para las relaciones de amistad y compañerismo. “Se arman redes de soulmateo”, dice. Y menciona su amistad con, precisamente, Emi Buch. La conoció por Internet porque le encantaba lo que hacía, y fue ella quien le enseñó a hacer memes. Hoy la considera una amiga cercana aunque se hayan visto pocas veces en persona. “Es un compañerismo epistolar hermoso. Y nos unen los memes”, concluye.

El meme ha muerto, viva el meme

Se sabe que los memes tienen fuerza política: desde su condición de libre producción y circulación ayudaron a instalar los nuevos feminismos y sirven de voz para varios colectivos oprimidos. Sin embargo, también hay diversos ensayos y estudios que afirman que, desde sitios como 9gag y Reddit, también ayudaron a consolidar las nuevas derechas entre los más jóvenes, a través de “humor” e “incorrección política”, escondidos detrás de una supuesta inocencia y, por supuesto, el anonimato.

La utilización publicitaria de los mismos, por lo tanto, suscita varias reflexiones.

Hacer memes para estos medios abiertamente políticos acercó a Ana a las situaciones más complejas que le tocaron como memera de vocación. Porque no siempre podía estar de acuerdo con la consigna. “Me ha pasado que, si bien nunca era un pedido explícito, que me dejen en claro que querían memes sobre ciertos sucesos, con cierta bajada o para promocionar ciertas cosas con las que yo no estaba de acuerdo o sobre cosas sobre las que yo no quería memear, pero lo terminaba haciendo aunque fuera de mala gana. Sobre todo por puntos de vista que me parecían medio yuta o cancelatorios, con esas cosas no me sentía cómoda. Recuerdo una situación puntual en la que tuve que hacer memes con una bajada excesivamente punitivista para mi gusto”.

memes argentina
x Ana

Su formación fue 9gag que, en sus palabras, es “una cultura muy de Internet, muy del shitposteo, desde abajo y desde un lugar cero interesado”. 

“Siento que los ‘adultos’ (usando la palabra en sentido figurado pues ella tiene 26 años), las marcas y las ONGS hacen esa típica caza de talentos: queremos gente joven para que hagan esta cosa que se entiende entre jóvenes y chuparles toda su vitalidad. Yo siento eso, que te chupan la vitalidad y la gracia”. Y asoma una perspectiva teórica: “El capital parasitario posándose sobre todas las prácticas. Me parece medio terrible eso, porque para mí los memes son para hacer la revolución”.

Pero, afortunadamente, en la mayoría de los casos podía sentirse representada memeando para los medios que la empleaban: “Yo me sentía cómoda trabajando para esos medios porque sentía que los estaba usando para el bien, pero el medio no deja de ser el mismo”.

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Sobre éstas cuestiones, Buch es un poco más optimista. O al menos, tiene más fe en la velocidad de los lenguajes digitales contra la capacidad de absorción del capitalismo: “Me parece que no hay riesgo (espero no ser inocente en esto) de que las empresas se apropien del todo del lenguaje meme porque siempre van corriendo dos kilómetros atrás del lenguaje «real popular» que se usa en las redes. Entonces en verdad lo que haces cuando vendes memes es venderle a las empresas el remanente, la estela que dejó el verdadero uso de los memes. Solo se puede vender memes sobre lo que un poco está consumado como fenómeno de internet-popular”, reflexiona.

¿Y qué tiene que tener un meme para ser bueno? “No se puede describir, es como cuando hacés el drive jugando al tenis: lo sentís”, bromea Ana, pero diciéndolo en serio.

De todas maneras, esforzándose por bajarlo a algo más esquemático, asegura que “es algo que hace alusión a algo conocido por todes, desde un bochorno político hasta una sensación personal super íntima. Hay cosas que en apariencia son muy íntimas pero de repente hay un meme sobre eso que a un montón de gente le gustó. Y ahí te das cuenta que es algo colectivo y se genera algo re lindo, porque si bien la palabra está re quemada y la usan las marcas, se genera cierta comunidad”.

A Misha no le tocó muchas veces tener que hacer memes sobre asuntos que no la representaban, pero que en varios casos no le gustó la utilización que se hizo de su contenido: «Un poco me jodía o hacía ruido la manera que usaban los memes para condicionar a las personas, insertarles ideas y eso. Nada puntual, pero si hilabas fino había una bajada de línea sobre ideas bastante hegemonicas», describe . Sin embargo identifica que ésto no sucede solo con los memes, aunque el caso tiene su inherente complejidad: «Es algo que pasa siempre con todos los medios de comunicación, nada más que en las redes sociales siento que no se le da mucha bola porque la gente peca de inocente y piensa que alguien hace memes solo para hacer reír y no con una intención por detrás«.

Manipular a través de los memes es fácil y es moneda corriente, identifica, por su condición de hiper populares y fáciles de interpretar: «Es realmente como dijo el boludo de Elon Musk», concluye: «Who control the memes, control the world».

x Emi Buch

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ACERCA DEL AUTOR

Entrevistadora y editora en El Planteo, Lola Sasturain es periodista cultural, DJ y guionista.

Puedes encontrar sus notas en Página/12, VICE y, por supuesto, en El Planteo.

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