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ARDA: Reducción de Daños, Consumo Responsable y Políticas de Salud

ARDA: Reducción de Daños, Consumo Responsable y Políticas de Salud

✍ 23 September, 2022 - 12:05


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A fines de agosto, la Asociación Civil Conectar realizó el conversatorio “Cannabis Consciente, Diverso e Inclusivo”, con la participación de organizaciones de la sociedad civil como Mamá Cultiva Argentina, Efecto Séquito, ABRA y ARDA.

La actividad colmó el anfiteatro del gremio AMSAFE y buscó repensar la cultura cannábica en relación a los roles de género, la economía del cuidado y las políticas de drogas desde el paradigma de reducción de daños.

Desde 1999, la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina (A.R.D.A) reúne a profesionales de las áreas de la salud, el derecho y las ciencias sociales que buscan contribuir a la difusión e implementación de políticas públicas dirigidas a la reducción de daños causados por el consumo de sustancias.

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A diferencia de las políticas abstencionistas, que buscan desterrar el consumo de sustancias y perseguir al consumidor, las de reducción de daños buscan acompañarle para reducir los daños ocasionados por su consumo problemático, tender puentes con el sistema de salud pública y acercar información para prevenir intoxicaciones y sobredosis.

ARDA introdujo las políticas de reducción de daños, por primera vez en la Argentina, a través del Centro de Asistencia en adicciones Carlos Gardel en la Ciudad de Buenos Aires y del Centro Agudo Ávila en Rosario.

Además, contribuyó a diversos proyectos de ley para la despenalización de la tenencia de drogas y a la organización de marchas por la despenalización del cannabis. También, publicó más de 20 libros y organizó múltiples dispositivos de salud en eventos masivos desde Creamfields hasta la Fiesta Nacional de la Cerveza.

Gustavo Zbuczynski es presidente de ARDA, Licenciado en Psicología, Psicoanalista, integrante del Centro Carlos Gardel, docente en la Universidad de Madres de Plaza de Mayo, en el Hospital Ramos Mejía, en la UBA y en la UNLP.

Coautor de libros sobre consumo problemático y asesor de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la creación de la “Guía de orientación a la Magistratura para la adecuada atención de las personas consumidoras de sustancias psicoactivas”, Gustavo reflexionó sobre el consumo responsable, la reducción de daños y el sistema de salud argentino.

Políticas abstencionistas: expertos dotados y usuarios incapaces

Gustavo sostiene, que antes de abordar consumos problemáticos, ya sea en una ley de salud o en una clínica, hay que discutir la idea de abstinencia.

“¿Quién y de qué debemos abstenernos?, sería la pregunta.

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“En muchas terapias, el obstáculo está puesto por quien debería ser un facilitador, el terapeuta, que aborda casos singulares desde su perspectiva propia, no se abstiene ni deja el espacio necesario para la reflexión del consumidor. La abstinencia siempre se impone al paciente, pero el analista también debe abstenerse de entenderlo desde su perspectiva individual”, explica Gustavo.

“El abstencionismo no cree que haya un saber del lado del paciente, el experto tiene el saber, sabe sobre sustancias y sus efectos. Dentro de su campo del conocimiento (que siempre está limitado) se concentran en la substancia, no en el sujeto. Porque, como dice la ley penal, ‘es un incapaz’. El que consume pierde voluntad y no puede decidir si consume o no. De este modo, es muy difícil que el sujeto se responsabilice de sus actos. Si creo que tiene abolida su voluntad, no puedo pretender que se responsabilice,” agrega Zbuczynski.

Gustavo explica que, si la droga es el demonio, el sujeto es un incapaz que aparece como un objeto pasivo. Y, por caso, cree que esas categorías se deben invertir.

“El abstencionismo no logra otro tratamiento más que una adaptación del paciente a los designios de su analista, cumple con el deseo normalizador del analista, la normalidad entendida como una forma puntual de regular. Por ejemplo, la idea moral del mundo libre de drogas, algo que nunca existió. Si el paciente se tiene que doblegar al abstencionista de turno es imposible que se encuentre con su deseo”, agrega el psicólogo argentino.

Terapias tradicionales

Si bien cada comunidad terapéutica tiene sus particularidades, podemos hablar de modelos ideales, que varían. Gustavo describe un modelo teórico de comunidad terapéutica en Argentina como “un lugar donde se tratan las conductas de las personas a través de la presentación de líderes carismáticos que deben ser imitados de alguna manera”.

Y sigue: “Ahí, los líderes pueden ser religiosos o no, o ex pacientes, que superan etapas que plantean necesarias para dejar de consumir”.

Aún cuando el método o el programa de tratamiento puede variar, en líneas generales se utiliza el “confronto” como método básico.

En términos de Gustavo, “una confrontación de la persona, el adicto como le llaman, con sus sentimientos, una teoría que entiende al adicto [como le dicen ellos] como alguien en una cápsula que lo protege de sus sentimientos. La confrontación produciría una ruptura de esa cápsula y la comunidad, el lugar cerrado donde vive, servirá de contención para evitar una recaída o sobreingesta. Al menos en teoría”.

En términos muy generales, las personas van pasando etapas y adquiriendo jerarquías.

Gustavo describe al método tradicional del confronto como “procesos violentos”, que implican que alguien jerárquicamente superior en la comunidad terapéutica confronte a los miembros más nuevos de la comunidad, que deben asentir pasivamente, lo cual plantea una relación jerárquica y verticalista que tiene sus riesgos.

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“Muchas personas con características psicopáticas usan estas oportunidades para hacer sufrir al otro”, aclara Zbuczynski y explica que estos métodos juzgan la abstinencia como un valor al cual aspirar.

“Es un procedimiento básico conductual, de adoptar hábitos, modificar conductas, tenés que ir ganando días abstinente. Te portás bien, no discutís, sos un buen chico. Es una máquina de moldear subjetividades, es como una ortopedia que se le impone al sujeto que si bien puede servir para ciertas patologías, no se puede ofrecer a todas las personas. Las personas son siempre ex adictos, nunca más van a poder comer un bombón con licor, porque son considerados incapaces, personas que no pueden decidir, personas que no pueden ni podrán manejar sus límites” dice Gustavo.

Sujeto, sustancia y contexto

Las políticas de reducción de daños impulsadas por ARDA rechazan este tipo de tratamientos abstencionistas. Buscan contemplar algo más que al sujeto y la sustancia. Y lo hacen para observar el contexto en el que vive el usuario, su familia, sus relaciones sociales, su economía y su trayectoria de vida.

Desde ARDA plantean que el sujeto, además de ser un individuo con capacidades, está determinado por su contexto. En sus palabras: “Está sujeto a la realidad que vive”. Y plantean que “el problema 0” no existe.

“Aun con el mejor programa, con mil millones de dólares, no vamos a poder evitar sobredosis en personas cuyo consumo se determina por su entorno, o por una compulsión a hacerse daño”, explica Gustavo.

De ahí, entonces, la importancia de trabajar en el sujeto, en la sustancia que consume y en su contexto social.

-¿Cuál es la particularidad de la reducción de daños como se trata el contexto?

-Es una política. Puede incluir muchas prácticas. Quiero decir que no existe un consultorio que no esté atravesado por política pública. Aquellos que te dicen “me encierro y hago lo que quiero”… No te puedes encerrar en tu clínica. La política te atraviesa y sus efectos en tu concepción de cómo atender a alguien, tus prejuicios, van a estar determinados por la política, que repercute en las prácticas de prevención, de gestión de grupos y en la atención y en la asistencia de las problemáticas de consumo.

“Para eso ARDA toma un modelo de análisis de sujeto-contextos-drogas, que se puede usar para distintas circunstancias de consumo. ¿Ejemplos? Hay miles”, dice.

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“En el caso de un baile popular necesitamos llevar dispositivos de reducción de daños que incluyen profesionales y los promotores tienen que ser del lugar, con material comunicacional que informe sobre las sustancias en el lugar y los daños con las mezclas y las cantidades”, continúa.

Y se explaya: “Además, una preparación del lugar a condiciones mínimas, como aire, cantidad de personas, temperatura en el transcurso de la noche, humedad de la gente bailando, el calor de las luces, sanitarios, condiciones de higiene, acceso al agua potable gratuita, lugares de descanso”.

¿Es posible un plan federal de reducción de daños?

Según Gustavo, el aumento del consumo y los fallecimientos por uso incorrecto de sustancias no es necesariamente un problema de financiamiento de políticas de salud pública. Más bien, se trata de un problema de direccionamiento y de sesgo ideológico.

Por eso, cree vital contar con un programa de políticas de drogas basado en fundamentos científicos.

“Hay presupuesto y convenios para políticas de drogas que se destinan a organizaciones sociales y confesionales que tienen llegada a la gente. El tema es cómo ven las políticas de drogas esas organizaciones. Hay recursos pero están mal puestos, a favor del abstencionismo. Por ejemplo, las organizaciones religiosas que creen que la droga es el demonio tienen una mirada abstencionista. Es decir, el dinero está pero falta la política con un enfoque preventivo”, dice Gustavo.

“Este abstencionismo tiene cifras horrorosas: más de 30 años con una agencia que tiene presupuesto pero sin objetivos cumplibles. Así, los problemas se incrementan, hay más consumo, peor calidad, con más intoxicaciones. El tema es dónde ponemos la plata”.

El peor problema que tuvimos este año pudo haberse evitado si hubiera una política que permita testear sustancias potencialmente mortales. Por ejemplo, la ley hoy nos prohíbe que detectemos el carfentanilo [un opioide usado para anestesiar animales como elefantes y osos], que causó las muertes en Puerta 8”, concluyó Zbuczynski.

-¿Qué implica la capacitación de un promotor?

-Conocimiento de sustancias con las que va a trabajar. Mezclas y cantidades. Tiene que tener capacidad de empatizar. Va a ser el encargado de recorrer la fiesta e informar. Y tener algunos conocimientos básicos para atender una emergencia, una obstrucción de las vías respiratorias, por vómito, por ejemplo.

“Trabajamos con grupos que capacitamos para que queden promotores de salud instalados”.

“El día de la tragedia de Puerta 8 sacamos la alerta psicoactiva a las 10 AM porque teníamos un promotor ahí. Un ex integrante me llama y me dice ‘los pibes caen como moscas, en el hospital no saben qué es, ya cayeron como 20 y otros se quedaron encerrados’”, señala.

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“Si tuviéramos un sistema en todo el país cuando te enteras podríamos distribuir información entre usuarios para evitar daños. Horas después, el Ministerio de Salud de la Provincia sacó un alerta que fue criticada. Si tuviéramos gente formada en los barrios el daño hubiera sido menor. Y si los usuarios supieran cómo consumir en forma más cuidada aún, esto me consta, porque conozco gente que consumió de a poco, como indicamos, y en seguida se sintió mal, se detuvo y no fueron hospitalizados”.

-¿Cómo podrían evitarse todos estos problemas?

-Todos estos problemas podrían evitarse. La tecnología nos permite detectar adulterantes peligrosos. El conocimiento sobre los daños de mezclas complicadas y la capacidad de transmitir información verídica a los usuarios de drogas, lo tenemos. Habría que preguntarse “¿por qué insistimos con recetas moralistas que han demostrado su fracaso?”

Foto cortesía de ARDA

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ACERCA DEL AUTOR

Nicolás es Licenciado en Relaciones Internacionales e investigador del Doctorado en Política Pública y Urbana de The New School en la ciudad de Nueva York. En 2014, trabajo para Naciones Unidas en Kosovo y co-fundó la Open Data Kosovo Foundation for Digital Capacity-Building. En 2015 recibió un Master en Asuntos Internacionales y en 2020 un Master en Filosofía. Actualmente se dedica a estudiar la relación entre la industria del cannabis y las políticas de desarrollo económico equitativo, en Argentina, donde conduce su trabajo de campo.

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