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Los Clubes del Reino Unido Están Cerrando: ¿Será que la Noche Ya No Es Rentable?

Cultura

Los Clubes del Reino Unido Están Cerrando: ¿Será que la Noche Ya No Es Rentable?

Por Lola Sasturain

Los Clubes del Reino Unido Están Cerrando: ¿Será que la Noche Ya No Es Rentable?

✍ 16 February, 2026 - 10:37


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Es una tendencia que se comenta cada vez más fuerte entre las publicaciones sobre música electrónica, las agendas culturales y el infinito rabbit hole de contenido de Instagram y TikTok: los clubes del Reino Unido, cuna de algunos de los movimientos más relevantes de la contracultura de las últimas décadas, están cerrando uno tras otro.

Según las estadísticas recopiladas por la Night Time Industries Association (NTIA) entre la pandemia y principios del 2025, se contabiliza que 405 venues (locales) nocturnos cerraron a lo largo y ancho del Reino Unido. Y el número sigue creciendo. El organismo especula que, de mantenerse este ritmo, no quedará ningún club británico en pie para diciembre de 2029, una idea que llaman simbólicamente “The Last Night Out”.

Esto es una fotografía de un cambio cultural, social y económico global que excede a las islas británicas, pero también de decisiones políticas y de modelos económicos que se autofagocitan de manera salvaje en esta región en particular. Tal fenómeno está en boca de todos porque, como bien se sabe, los británicos aman su música y la defienden a capa y espada como capital cultural, y la mitología alrededor de los clubes de ciudades como Londres o Manchester tal vez solo puede compararse a la de Berlín. Pero este fenómeno parece estar sucediendo ante los ojos de todos en cámara lenta, sin que nadie pueda hacer nada para frenarlo.

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La vida nocturna del Reino Unido y principalmente su cultura clubber está, sin dudas, atravesando una profunda crisis de naturaleza multifactorial, lo cual hace difícil encontrar un chivo expiatorio (ni hablar de una solución, o al menos un modus operandi, para enfrentar la situación). Y si bien la pandemia lo aceleró dramáticamente y aportó nuevas complicaciones, es un proceso que ya había comenzado en la década anterior.

Según un informe publicado por la BBC en marzo de 2025, Sheffield es la ciudad más golpeada: desde el 2020, un 40% de sus clubes nocturnos ha cerrado sus puertas. En total, esto eleva el número a 419 establecimientos. En el informe, publicado como video de YouTube, se señalan como razón primera las medidas de aislamiento y las pérdidas millonarias que significaron para el sector del entretenimiento. Pero también se atribuyeron los cierres al imposible costo de vida (que sigue en aumento) en el Reino Unido.

No obstante, no se mencionan dos factores mucho más transversales e igual de relevantes: la gentrificación y el cambio en los consumos y costumbres que, a lo huevo y gallina, se entrelazan con las consecuencias de la pandemia, la economía debilitada, los niveles máximos de precarización laboral y un mundo cada vez más inclinado a la derecha a nivel de sentido común, que infravalora (e incluso demoniza) el ocio y las expresiones culturales más rebeldes.

Ese es un punto donde vale la pena poner atención, porque en un presente donde el trabajo humano en sí mismo está en crisis, es muy fácil creer en discursos que dicen que el ocio no es importante. Pero lo es.

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Dice Philip Kolvin, barrister (abogado penalista) británico especializado en derecho de licencias, regulación y políticas públicas, especialmente en temas como la licencia de establecimientos de entretenimiento para adultos y otras áreas reguladas en el Reino Unido: “Ningún local tiene derecho a existir. Antes teníamos peleas de gallos y ya no existen porque la ley las prohíbe o por falta de demanda. Podríamos decir lo mismo de los clubes. Un argumento es que si los clubes no pueden generar ganancias, puede surgir algo más: streamings, cafeterías, gimnasios. Pero los clubes tienen algo especial. Son un lugar que representa y genera cultura, nuevos estilos musicales, nuevos estilos de moda, nuevas formas de reunirse, nuevas formas de expresión. Y no es necesariamente que estén siendo desplazados porque la gente ya no quiera hacer todo eso, sino que a menudo se ven desplazados por la forma en que gestionamos las áreas urbanas, por los impuestos a los clubes, el alto precio de la energía y las materias primas. Están desapareciendo a un ritmo muy rápido, y eso hace que esta conversación sea realmente urgente”.

Kolvin es una de las voces más autorizadas sobre el tema a nivel político y económico. Su documento “Darkest Before the Dawn”, presentado por la NTIA y considerado su manifiesto, es una defensa y llamada de atención sobre la Night-Time Economy (Economía Nocturna), donde destaca su valor y relevancia aportando datos, además de sugerir estrategias para su desarrollo. El abogado ve en la situación de los clubes un problema grave y mucho más de fondo, que abarca a todo este sector vital de la economía en sí, la del ocio pero no necesariamente del espectáculo, sino a esos espacios donde las personas van a pasar el tiempo, a interactuar entre sí, a tomar algo, comer o bailar.

“La Economía Nocturna se diferencia de otras formas de entretenimiento porque es donde vamos a expresar nuestra alegría, y nuestra alegría no está curada. Cuando vamos al teatro, vamos como consumidores, pero la Economía Nocturna abarca todo lo que sucede, incluyendo cómo construimos nuestra propia alegría”, explica Kolvin.

Gentrificación: ¿Desarrollo urbano o desalojo cultural?

El de Corsica Studios es uno de los casos más lamentados por la comunidad: el icónico club de Elephant and Castle, South London, cerrará sus puertas en marzo del 2026. Según fuentes extraoficiales, esto se debe al crecimiento del desarrollo inmobiliario de la zona, con sus respectivas consecuencias, como el encarecimiento de alquileres, bienes y servicios, y las multas por ruidos molestos.

Según un artículo de Mixmag, ya en el año 2018 “Delancey, la empresa de gestión y asesoramiento inmobiliario responsable del desarrollo del centro de Elephant and Castle, le otorgó £ 125.000 para poder insonorizar el club”. Esto responde a la figura del Agent of Change Principle, que buscan impulsar desde la NTIA y que supuestamente se encuentra vigente, pero no con la seriedad que debería. Consiste en que, si se construyen viviendas cerca de un club existente, el promotor debe asumir la insonorización, no el club.

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Clubbers, DJs, productores: todxs mencionan Corsica como una pérdida irreparable. Uno de los grandes favoritos de la capital inglesa, el venue de mediana capacidad inaugurado en 2002 cuenta con un extenso currículum de noches legendarias, albergando artistas tanto locales como internacionales del peso de Bicep, Nina Kravitz, Fred Again, Jamie XX o Björk, entre muchos otros.

Sin embargo, parece que el futuro del club no es del todo oscuro: fuentes oficiales aseguran que el plan a futuro próximo es volver relocalizados y aggiornados para responder a todas las normativas vigentes. Pero no hay información concreta, y la comunidad es pesimista.

“Estaré devastada cuando cierre Corsica Studios en Londres. Algunas de mis salidas nocturnas favoritas como clubber y artista fueron ahí y me importa muchísimo el espacio. Siempre hay una gran variedad de sonidos y eventos, el ambiente es genial y el personal también es maravilloso. Perderemos un tesoro invaluable y estoy realmente enojada”, dice la DJ y productora Shirley Temper.

El proceso de gentrificación y su impacto en la cultura clubber es más o menos parecido en todas las grandes ciudades. Barrios y lugares históricamente aislados, de impronta industrial, hoy son alcanzados por el desarrollo inmobiliario y convertidos en zonas “trendy”, donde los precios de rentas y servicios se disparan y las normas de convivencia (tanto de ruido como de circulación) cambian. Esto hace que el ecosistema natural de muchísimos clubes, a propósito alejados de los focos residenciales, se vea amenazado, poniendo en riesgo su subsistencia.

Ante una Economía Nocturna debilitada, el desarrollo inmobiliario afila los colmillos y avanza con complicidad estatal, que brilla por la ausencia de políticas públicas para cuidar estos espacios: por el contrario, los carga con cada vez más peso financiero.

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Kolvin señala: “Hay indicios de que las autoridades locales están comprendiendo la necesidad de un enfoque estratégico. (…) Donde creo que fallamos fundamentalmente es a nivel nacional. ¿Es la Economía Nocturna menos importante que otros sectores de la industria? (…) Yo diría que no: representa una economía de £ 140 mil millones. Es una de las principales fuentes de empleo de la población joven y una de las principales razones por las que la gente elige vivir, trabajar e invertir en el Reino Unido y sus regiones. Por lo tanto, que no tengamos un ministro dedicado a la promoción de la Economía Nocturna, que no tengamos una estrategia nacional, me parece muy decepcionante”.

Y sigue: “Necesitamos unirnos como nación para hacer que nos importe esto y brindar apoyo, y luego implementar medidas que influyan en los ámbitos de la planificación, las licencias, las políticas fiscales, la regeneración urbana y todas las herramientas de gobernanza que utilizamos para los demás sectores de nuestra economía. No es un delito preguntar: ‘¿Cuál es nuestra visión para la Economía Nocturna?’”.

Sustancias y gestión de riesgos: Otro punto de alarma

En este escenario de abandono estructural, aparece con fuerza otro punto incómodo del debate: cómo se gestiona el riesgo respecto al uso de sustancias dentro de la Economía Nocturna ante la ausencia de políticas públicas.

Ha sido muy controversial el caso de Drumsheds (que paradójicamente sigue abierto): el mega club, situado en Tottenham, Londres y hoy considerado el más grande y con mayor capacidad del mundo, albergó durante el 2024 dos muertes dudosas relacionadas con drogas, más un episodio de apuñalamiento entre los meses de octubre y diciembre.

Emplazado en un ex edificio de Ikea y con capacidad para hasta 15.000 asistentes, el club pertenece a Broadwick Live, compañía que también es dueña de algunos de los otros venues más importantes del Reino Unido, como Printworks y Manchester’s Depot Mayfield.

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El caso pone en evidencia una asimetría difícil de ignorar entre los grandes colosos corporativos y los espacios más pequeños que albergan la escena under —históricamente el semillero de la cultura electrónica británica—. Estos mega clubes cuentan con recursos económicos, respaldo institucional y una relación de confianza tanto con la policía como con las autoridades locales, artistas y público. Y aun así, no logran evitar la tragedia.

“Resolver ese desacuerdo fundamental, además de tranquilizar a los sectores escépticos del público del clubbing, es un reto considerable antes del inicio de la próxima temporada de eventos de Broadwick Live en marzo. Si el principal operador de clubes del Reino Unido no logra que su local insignia funcione, el futuro de otros locales es preocupante, incluso si no operan a la misma escala”, reflexiona Ed Gillet en su artículo de The Guardian.

Durante el 2025 se registraron al menos cuatro muertes relacionadas con drogas dentro de clubes nocturnos en las islas. Si bien no se hizo pública la información sobre todos los casos, el consumo de drogas adulteradas con nitazenos ha sido un factor recurrente. Y, al igual que en el ámbito inmobiliario, destaca la falta de políticas eficientes por parte del Estado.

¿Qué opinan lxs DJs, clubbers y promotores?

Entre la comunidad de ravers y trabajadores de la noche se respira un clima de preocupación, resignación y cinismo.

N-Type es uno de los DJs y productores legendarios de la vieja guardia del dubstep en Londres. Este ve un cambio negativo en todo aspecto: “El cierre de cualquier club nocturno es triste. Tenemos una vida nocturna increíble en el Reino Unido y parece que está en peligro. Incluso la forma en que la gente sale de fiesta se siente diferente ahora. Quiero volver a los galpones sudorosos y a esos momentos de euforia”.

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Sigue Shirley Temper: “Los clubes y locales de música electrónica del Reino Unido son mucho más que simples espacios. Ofrecen comunidad, escapismo, enriquecimiento y diversión en un mundo donde el balance entre la vida laboral y personal se ve constantemente vulnerado y existe una enorme presión económica sobre quienes simplemente intentan sobrevivir. Es bien sabido que la música tiene un impacto positivo en el cuerpo y la mente, y tener espacios donde la gente se reúna y disfrute de estas cosas es realmente algo muy hermoso y humano. El hecho de que estemos perdiendo cada vez más de estos espacios casi da la sensación de que quienes tienen el poder y el dinero ya no quieren que disfrutemos de nuestras vidas”.

Por otro lado, Tessa Regueiro es parte de Antisocial Records UK y Caza Beats, DJ, promotora y booker londinense, que vivió sus últimos 12 años en Buenos Aires y volvió a Londres este año. Tiene muchas opiniones también influenciadas por el contraste entre lo que era y lo que es: menciona también el impacto del COVID y lo exorbitantemente cara que se volvió la ciudad.

“Vimos lo mismo en Argentina con la crisis económica. Como promotores, básicamente teníamos que ofrecer eventos gratuitos para asegurarnos de que la gente viniera, porque pedirle a la gente que pagara el precio de la entrada en una escena de nicho era casi imposible. Parar no era una opción, porque creíamos que estos espacios son muy importantes para que la gente se reúna a través de la música, más aún en tiempos difíciles. No conozco las estadísticas ni nada, pero dicen que la generación Z también es mucho menos propensa a salir que nosotros cuando empezamos con las raves. Así que quizás también se vea afectado por un cambio social en las prioridades de los jóvenes”, reflexiona.

Los consumidores del (sombrío) futuro

Otra razón que se desprende responde no solamente a un fenómeno local, sino global.

Más allá de la dimensión económica y política de, en este caso, el Reino Unido —situación empeorada radicalmente pospandemia, pero que comenzó casi una década atrás—, este fenómeno también implica un reflejo del estado de la vida social y de las maneras de consumir hoy en día. Esto trasciende regionalismos y refiere a cambios en el comportamiento humano a nivel transcultural.

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Es cierto que la generación Z (los actuales veinteañeros, el eterno target de la cultura club) sale cada vez menos, e incluso los que salen beben muchísimo menos alcohol. Esto, sumado al avance de la cultura wellness y el foco en la salud mental que han influido fuertemente en los hábitos de consumo en la pospandemia, echó luz sobre un tema que de tan obvio parecía invisible: los clubes y las fiestas en general dependen del consumo de alcohol de los asistentes para subsistir. Lo cual es claramente complicado a nivel sentido común y salud pública y, en este contexto de caída del consumo, también poco rentable. Por lo tanto, lo único que pueden hacer estos espacios para acumular más dinero es subir precios de entradas y de la barra.

Como respuesta y como síntoma, aparecen de a poco —pero a paso firme y seguro— las sober raves: fiestas en las que no se incentiva el consumo de drogas, y no se vende alcohol. O las fiestas BYOB (traé tu propia botella)… Iniciativas muy inclusivas y a la altura de los nuevos consumidores, pero que todavía están encontrando la manera de volverse rentables.

En lo que a tendencias de comportamiento de “la juventud” refiere, la especialista argentina en tendencias Gaba Najmanovich vaticina una pronta “vuelta de la vida nocturna”, aunque nunca se haya ido del todo. Primero porque los DJs y la cultura electrónica siguen en alza, y segundo porque espacios de socialización más asociados con el estilo de vida saludable y la cultura wellness, como por ejemplo el “social run” (salir a correr en grupos como manera de conocer gente) están en caída.

“Es una tendencia que en breve va a caducar y la gente sigue buscando espacios de conexión. Entonces me parece muy importante no confundir ‘los clubes’ con ‘la noche’, y lo importante es pensar cómo es esta nueva vida nocturna”, afirma.

La pregunta sería qué o quiénes deberían accionar para que haya un lugar a donde volver cuando esto pase.

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Najmanovich no es estudiosa del caso del Reino Unido puntualmente y su dimensión política, pero viene siguiendo el fenómeno del ascenso y caída de la cultura electrónica y de “la fiesta” hace rato, en términos de hábitos y de consumos a nivel global. Observando el fenómeno del alza de los festivales de música en contraposición a la caída de los clubes, considera que hay claves que la experiencia club podría incorporar para volverse más atractiva: “En los festivales hay aire libre, variedad, posibilidad de un break. Puede haber algo de la intensidad del club que no esté funcionando para esta juventud que creció acostumbrada a otra cosa, lo cual me parece curioso considerando el estímulo que reciben desde las pantallas”, explica. “Pero hay algo de la situación del club y de la ansiedad social de esta juventud, no tan acostumbrada a socializar en el plano físico”.

El tema económico, del costo de vida y la precarización laboral es indudablemente otra pata de este cambio en el consumo: señala Kolvin que muchos consumidores simplemente no pueden costearse una noche de club, lo cual los hace llevar sus propias bebidas o armar sus propias fiestas en casas. En palabras de Najmanovich: “Los clubes no van a desaparecer del todo porque un nicho siempre va a haber. Pero los consumidores van a cambiar y hay que cambiar con ellos o soltar”.

Pero en tanto a cuestiones de hábitos, Najmanovich espera una vuelta de la vida nocturna y de “la muerte del imperativo wellness”. Porque destaca que, si bien esta juventud es la más empobrecida de lo que va del milenio, el consumo no se frenó, solo cambió: “Considero que en los próximos 5 años la vida nocturna va a volver con fuerza, pero va a ser necesario generar las condiciones para que esta gente quiera seguir yendo. El tema del presupuesto va a seguir siendo complicado. Así que hay que ir al modelo de negocios y ver que no sea tan avasallante económicamente para estos nuevos consumidores, aunque cuando cambien las prioridades y se invierta menos en zapatillas y skincare tal vez haya más dinero para salir a la noche. Depende del foco de prioridades del target”.

Una advertencia antes de que se apague la música

Lo primero es entender que esto es un problema que habla de cuestiones de fondo que no atraviesan solamente a los ravers sino al tejido cultural todo; que tiene que ver con el cuidar los pocos espacios (no solo físicos, sino temporales y conceptuales) en donde la productividad no es todo, darle al ocio, la conexión humana y el disfrute un lugar importante dentro de la vida en sociedad. Esto sin contar la pérdida de puestos de trabajo sostenido, y a un nivel más profundo, el daño irreparable que genera a la producción artística que los nightclubs se encuentren en extinción.

Por eso es importante mencionar las cosas por su nombre, algo con lo que insisten Philip Kolvin y toda la NTIA en sí al usar el término Economía Nocturna: “Es fundamental nombrarla porque está bajo amenaza, mientras que otras formas de entretenimiento no lo están. Al nombrarla y analizarla, podemos usar todas las herramientas a nuestra disposición, sociales, políticas, económicas y urbanas, para proteger esta Economía Nocturna”.

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No acompañar desde políticas estatales a estos espacios durante un contexto de cambios económicos y sociales tan radicales y, en mayor escala, descuidar la cultura nocturna y más precisamente electrónica del país es soltarle la mano a un capital cultural invaluable. Y, a futuro, matar al caldo de cultivo donde surgen esos artistas y movimientos, que luego mantienen a las ciudades como culturalmente relevantes, atraen turismo y crean leyendas. Nadie dejaría morir museos, filmotecas o teatros. El caso no debería ser tan distinto.

“Ya sea música jungle en Bristol, dubstep y grime en Londres, bassline en Sheffield o donk en Wigan Pier, el Reino Unido lo tiene todo. Estos sonidos y culturas provienen en gran medida de las vibrantes comunidades negras, de clase trabajadora y queer que tenemos la suerte de tener, y que han sido pioneras en muchos de estos géneros. Estos sonidos que la gente disfruta en todo el mundo comenzaron siendo completamente underground y a través de soundsystems”, piensa Shirley Temper. “Los venues más pequeños de la escena under ahora permiten que estos sonidos sigan desarrollándose con una comunidad a su alrededor. También son la forma en que los artistas y promotores más nuevos pueden dejar su huella en sus escenas locales y formar parte de algo. Si perdemos estos espacios, ¿cómo vamos a descubrir a alguien o algo nuevo?”.

El caso del Reino Unido es paradigmático y especialmente alarmante por la velocidad y la radicalidad con la que se desarrolla, siendo un país primermundista con una cultura rave reconocida mundialmente. Pero no es más que la punta del iceberg de un fenómeno global, y debería funcionar como cuento con moraleja para el resto del mundo. El futuro de la cultura club se ve sombrío, y mientras crece exponencialmente el interés por la música electrónica, aparecen millones de DJs nuevos cada día, y los megafestivales están cada vez más en alza, los clubes —semilla y piedra fundacional de toda la cultura electrónica—, sin apoyo estatal o un cambio en la consciencia general sobre su relevancia cultural, deberán reinventarse o desaparecer.

“En tiempos de prosperidad, la Economía Nocturna se cuidará sola; en tiempos de escasez, necesitamos adoptar un enfoque coordinado como nación sobre el tipo de Economía Nocturna que queremos dejarles a nuestros hijxs”, remata Kolvin.

Foto de portada: McCann London for The Night Time Industries Association (NTIA)

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ACERCA DEL AUTOR

Entrevistadora y editora en El Planteo, Lola Sasturain es periodista cultural, DJ y guionista.

Puedes encontrar sus notas en Página/12, VICE y, por supuesto, en El Planteo.

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