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Embarazo, Lactancia y Marihuana: Violencia Obstétrica en los Protocolos de Salud de Argentina

Embarazo, Lactancia y Marihuana: Violencia Obstétrica en los Protocolos de Salud de Argentina

✍ 16 October, 2022 - 09:05


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A pesar que el cannabis es la sustancia ilícita de mayor uso en el mundo, no existe un consenso respecto de los posibles efectos adversos que se producen en un bebé gestado por una persona que la consume debido a que los estudios en este tema son escasos y presentan serios problemas metodológicos.

Según Marisol Bocetti, médica de la Universidad Nacional de la Plata, especialista en medicina familiar, endocannabinología y dolor integral, «no se ha logrado demostrar efectos negativos en hijos de personas usuarias ocasionales de cannabis como tampoco la necesidad de tratamiento farmacológico para la intoxicación o síndrome de abstinencia por cannabis en recién nacidos».

Sin embargo, aplicando el principio de precaución en medidas de salud pública, se recomienda a las personas gestantes la suspensión del consumo de todo tipo de sustancias (legales e ilegales) como medida preventiva.

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La doctora Bocetti afirma que se aconseja, en caso de ser posible, la suspensión de la marihuana durante el período de embarazo y lactancia, sobre todo a partir de la semana 14 donde aparecen receptores cannabinoides en el feto, siempre que la persona gestante no requiera esta sustancia para tratamiento de una patología preexistente.

En el caso de usuarias crónicas, se aplican estrategias de reducción de daño para llevar el patrón de consumo hacia uno de tipo ocasional, y así reducir la probabilidad de que el recién nacido presente los efectos adversos.

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Actualmente en Argentina existe un protocolo en las maternidades donde a las madres usuarias de cannabis se las separa del recién nacido, desestimando los daños comprobados que sufre un recién nacido al ser separado de su madre al nacer, perjudicando el desarrollo cognitivo, su capacidad de respuesta al estrés, problemas de aprendizaje y habilidad social a lo largo de su vida.

Esto fue lo que vivió el 24 de junio Ludmila Melo en el Hospital Neonatal de la provincia de Córdoba. Al ingreso al hospital, declaró el uso de cannabis medicinal para paliar el dolor de Neuralgia de Trigémino y disminuir las convulsiones de Epilepsia. Inmediatamente la obstetra le explicó el requerimiento de realizarle un análisis de metabolitos.

Sin prevenir lo que pasaría, Ludmila fue notificada que el análisis había dado positivo y que había comenzado a correr un protocolo llamado “Mamás en consumo”, el cual la cataloga madre como “adicta” y habilitaba al Hospital a tomar decisiones por sobre la madre y el bebé.

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Ludmila pasó 12 horas sin poder ver a su bebé. En la desesperación, logró contactar con Iris Nasso de la «ONG Alpakamasca», con la intención de pedir ayuda ante la situación que la sobrepasaba. Nasso, junto con la abogada y activista Nadia Podsiadlo, comenzarían a difundir el caso y dialogar con los interlocutores del hospital. En contacto con Guilherme, marido de la víctima, se logró recolectar el material de evidencia científica sobre el uso de cannabis en las dos patologías de Ludmila, el permiso de REPROCANN de la madre lactante y la bibliografía sobre marihuana, maternidad y lactancia.

Tras una reunión el pasado lunes con los directivos del Hospital, se logró que la institución le ofreciera a Ludmila un acuerdo, con firma de por medio, donde ella asumiera plenamente la responsabilidad de la lactancia del bebé. A partir de ese momento, luego de 96 horas, fue posible que Ludmila pudiera lactar a su bebé.

Además, se acordó la posibilidad de abrir camino en capacitaciones sobre el uso de cannabis medicinal, y de delegar la responsabilidad de los posibles efectos a los padres.

Lactantes perseguidas y su impacto en la salud mental

Para la doctora Marisol Bocetti, no solo se trata de la salud del bebé. Durante el abordaje de este protocolo, se desestima la salud mental de la madre al forzarla a un impacto traumático de separación y persecución, culpándola de un uso de sustancias a niveles deshumanizantes, olvidándose de la vulnerabilidad que representa el postparto, impidiendo la lactancia con las consecuencias sobre la salud de la puérpera que esto acarrea.

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Para la especialista, los trabajadores de la salud deben estimar que la relación del lazo emocional del apego madre-hijo es el fenómeno más importante en el momento del nacimiento. Y recalca, que el resultado positivo de un test de drogas no es sinónimo de dependencia a dicha sustancia, ni menos debería justificar la separación de una madre de su hijo recién nacido.

El prohibir la lactancia materna por períodos entre 7 y 14 días como medida preventiva de traspaso de sustancia no se sustenta sobre la base de la evidencia científica, dado que la concentración de fitocannabinoides que se pudiese encontrar en leche materna es muy bajo (del orden de los nanogramos por mL), cantidad considerada como trazas de sustancia.

De acuerdo al manual de Salud Pública de Canadá, una persona gestante que inhala un cigarrillo de marihuana (0,75g de Cannabis con un 10 % de THC) tendrá una concentración en sangre los 200-300ng/ml (250ng/mL promedio) de 11-OH-THC (THC metabolizado en hígado) en el máximo de absorción. Sumado al dato que en el embarazo aumenta la función hepática de “aceleramiento” de THC al doble que una persona no gestante. Esto implica una mayor absorción del cannabinoide con principio psicoactivo y una menor posibilidad de traspaso.

Los cannabinoides que encontramos en leche materna corresponden al 2,5% de la dosis consumida por la persona gestante. La intensidad y duración del efecto psicoactivo derivado del consumo de cannabis es muy individual, cómo mínimo para lograr psicoactividad se debe consumir 3.9mg THC/Kg de peso.

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Para poder entender esta información, los ejemplos proporcionales indican que en el caso de un recién nacido de 3 kg de peso, para que sufra los efectos psicoactivos derivados del consumo de leche materna con cannabis debe recibir 11,7 mg totales de THC, lo que teóricamente se alcanzaría cuando ingiera 5,85 litros de leche materna. Este volumen es muy poco probable de ser alcanzado debido a que la capacidad gástrica de un recién nacido es de 10-20 ml.

Qué nos dice el Observatorio de Violencia Obstétrica de Argentina (OVOA)

Esta iniciativa autogestiva e interdisciplinaria, surgida en el año 2015 con el fin de generar acciones que visibilicen el panorama real de la atención obstétrica en Argentina, señala que son las voces de las mujeres y sus experiencias las que constituyen la columna vertebral desde la que se articulan las acciones en OVAO.

El Observatorio entiende a la violencia obstétrica como una violencia de tipo sexual. El daño que produce atenta contra la integridad de las víctimas, afecta su cuerpo, su psiquis, su sexualidad y su autonomía, en definitiva, es un tipo de violencia que socava sistemáticamente la dignidad de las mujeres.

En Argentina la violencia obstétrica fue declarada como una modalidad de violencia en el artículo 6 de la ley 26.485 de Protección Integral de las Mujeres, sancionada en el año 2009, en consonancia con los preceptos de la Convención Belém do Pará.

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La mencionada ley tiene como objetivo garantizar el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencias, promover el desarrollo de políticas públicas en materia de violencia, garantizar el acceso a la justicia de las mujeres que atraviesan situaciones de violencia, así como garantizar la asistencia integral en los ámbitos públicos y privados correspondientes de las mujeres que atraviesan situaciones de violencia entre otras cuestiones.

Nada de esto ocurre, ya que la postura que se ha tomado para abordar este tipo de vulneración es la “sensibilización” para lxs profesionales y el “empoderamiento” para las mujeres. Construyendo así un lugar permisivo para quienes vulneran derechos y un lugar de soledad para las víctimas.

No existe reparación si no existen mecanismos claros que importen -en principio- al reconocimiento de las víctimas, brindando canales seguros y estableciendo que los organismos receptores tengan, como mínimo, alguna incidencia en la solicitud que acompaña la queja.  En esa medida es que surge la revictimización.

Otro caso de violencia obstétrica

Fue el que vivió Nadia Berri el 4 de septiembre cuando dio a luz a su hija Aura en el Hospital de Morón. Nadia fue víctima de maltrato y violencia, al ser separada de su hija, que tenía minutos de nacida, y no permitirle amamantar por ser consumidora de cannabis.

Me prohibieron poder amamantar y ejercer mi rol de mamá, mi obstetra siempre supo de mi consumo y jamás me aclaró lo que podía pasar, ni mucho menos de los riesgos o beneficios que eso tenía. Fue y es realmente muy triste todo lo vivido” relata Nadia quién consume aceite de cannabis por los múltiples dolores crónicos producto de una escoliosis. Ella, al igual que Ludmila, está inscrita en el Reprocann y este episodio de violencia obstétrica la separó una semana de su hija y 25 días sin la posibilidad de poder amamantar. 

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La violencia obstétrica no es un error, ni es azarosa o cuestión de mala suerte, tampoco es el resultado de un mal día de unx profesional de la salud; por el contrario es el marco de referencia sobre el que se construye cotidianamente la práctica obstétrica y ginecológica.

Pensar en un parto, es pensar en mujeres atadas, acostadas, intervenidas, drogadas, manoseadas, a las que se les exige obediencia, se les grita que se están portando mal y se les niega el derecho a tomar decisiones sobre sus cuerpos y el proceso que están atravesando. Y aunque el nivel de violencia al que somos expuestas es incuestionable, parece que nada ha pasado, ya que solamente quedan las felicitaciones por el “hermoso” nacimiento de nuestrxs hijxs.

Vía Cannábica Argentina.

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