Granjas Tegridad Convirtió a Randy en el Peor Personaje de South Park
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Vía High Times
Hay un meme de Toy Story muy popular en Internet en el que Andy, en un impulso lleno de crecimiento, deja caer a Woody porque ya está, ya cumplió su ciclo y, porque así es la vida, le da calce a lo que viene, a que llegue –tal vez, sólo tal vez- algo mejor (¿Buzz Lightyear?). Ese meme resume perfectamente lo que hizo South Park con Randy Marsh: fue un secundario con onda, se convirtió en el resorte de todos los gags, le dieron todo el protagonismo y, ahora que la cosa cambió, que ya “no sirve más”, vuelve a foja cero. Todo lo que pasó con Granjas Tegridad fue un horror: Randy pasó de ser el mejor personaje de la serie al peor.
Un comentario visto en redes sociales es bastante claro al respecto: “Trey Parker y Matt Stone son unos genios, ya que con Granjas Tegridad crearon la cura para el insomnio”. Pero vamos a hacer un poco de historia: en el episodio titulado “Granjas Tegridad”, de la temporada 22, Randy, en un rapto clásico de sus impulsos, decide dejar su “vida moderna” y convence a su familia para vender su casa y mudarse al campo para cultivar marihuana. Hasta ahí, todo bien.
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Sin embargo, allí comenzó una saga inesperada que duró 7 largos años (2018-2025) y se convirtió en el centro de una serie que siempre fue corrosiva y que solía leer la realidad mejor que los noticieros. Parker y Stone usaron a Granjas Tegridad para satirizar la comercialización de marihuana y, fundamentalmente, para convertir a Randy en el protagonista de la serie, abandonado el foco en los chicos. Probablemente, Parker y Stone se estén sintiendo viejos y les quede más cómodo escribir para Randy que para los niños.
Previamente, Randy venía teniendo apariciones espectaculares: fue Lorde, buscó defecar el sorete más grande del mundo, se inoculó cáncer testicular para obtener una receta para fumar porro, se obsesionó con el Guitar Hero, se volvió emo, confundió sus fluidos genitales con ectoplasma, encabezó el liderazgo de un histérico grupo que buscaba refugiarse del calentamiento global e intentó “hacerse” indígena después de ofenderse con unas estatuas de Cristóbal Colón.
Pero Granjas Tegridad lo corrompió. Envició su espíritu. Lo alejó de los chicos. El hiperfoco en un solo tema le quitó su esencia: la obsesión pasajera por cualquier cosa. Lo volvió un verdadero careta, en un cínico, en un tipo obsesionado por la plata. La industria del cannabis lo hizo cambiar. Como cuando recién abrió las Granjas Tegridad y presentó una publicidad similar a la del gigante del cannabis norteamericano MedMen. Su mirada se volvió corporativa y el cannabis fue una herramienta unidimensional para hacer dinero.
Vio de cerca las trabas, burocracias y restricciones que impone la industria del cannabis en los Estados Unidos. Ganó menos plata de la que quería. Se volvió loco. Se hizo adicto a la ketamina y tuvo que reinventar su negocio. Una vez, dos veces, mil veces. Como en el episodio “Nieve Navideña” en el que “para recuperar el espíritu navideño” produjo una “Nieve Navideña”, un churro que venía con “algo extra”. Así, un blend de sobrantes de la temporada pasada (con el agregado especial de “cocaína”) se torno un furor en South Park. “La comunidad es lo que importa”, le dicen a Randy y él incurre a una perorata de “cocaína limpia cultivada en granja”.
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Para Randy, la comunidad no importa: terminó comercializando mierda para mantener su negocio. “Eliminamos el intermediario, nadie muere por las impurezas”, celebra Santa Claus en ese mismo episodio. Randy terminó reinventándose tantas veces que se volvió un verdadero insolente. De hecho, en el episodio “Jóker Mexicano”, advierte que sus ventas han bajado a causa de la popularización del autocultivo y, para eliminar a la competencia, llama a ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU) de forma anónima para denunciar a sus vecinos que tienen “inmigrantes ilegales” trabajando en sus huertos. Aquello fue una parodia a la redada que sufrió la empresa californiana Glass House Farm en la que detuvieron a 361 personas. El tonto adorable se volvió un magnate antipático.
O cuando viajó por negocios a China junto a Mickey Mouse para venderle marihuana a los chinos, mató a Winnie the Pooh para sostener sus manejes y se convirtió en el paciente cero del COVID. Bueno, está bien: eso fue gracioso. Y si bien South Park siempre manifestó su mirada crítica y cítrica, el repaso por el proceso de la evolución de la industria y la falta de redituabilidad convirtieron a Randy en un personaje con una falta de sensibilidad preocupante: sólo lo mueve la mercantilización del cannabis. ¡Hasta Toallín perdió su gracia! Duele pero ambos se convirtieron en personajes predecibles.
Su torpeza y voluntad de caos se tornaron completamente diferentes a la de, por ejemplo, Homero Simpson, que no hace lo que hace por malo, sino por idiota. Randy se convirtió en una especie de villano, que arrastró a su familia a sus dilemas y que encontró en el porro a la única forma cínica para hacer plata. Entonces, lo que antes generaba gracia ahora –también- produce algo de bronca. Hagan este ejercicio: pregunten entre sus amigos qué les parece Randy. Se sorprenderán.
Así, la conexión espiritual con Randy, el padre suburbano totalmente común, dejó de ser tan eficiente y se llenó de cortocircuitos: pasó de ser vector de emociones incómodas a un tipo movido por la guita. Todos teníamos a un Randy dentro. Con él se podía proyectar alguna empatía, aún en las fantasías más sucias. Incluso siendo la peor persona de South Park. Pero cansó. Hoy, Randy es como un reverso de Ned Flanders: si uno sólo supura bondad, el otro se desconectó de su narrativa original y se volvió una mierda. Su evolución fue involución. Y lo que por momentos parece una lectura mordaz del ecosistema 420, a veces el chiste sólo queda en “porro, porro, porro”. Amamos a Cheech & Chong pero esos chistes ya le quedan bien sólo a ellos.
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Sin embargo, Trey Parker y Matt Stone clavaron el freno de mano. El comentario en las redes fue nítido: ¡basta de Granjas Tegridad! Y en medio de un raid más confuso (¿por qué la última temporada sólo tiene cinco episodios? ¿quieren salirse de Paramount? ¿buscan que Donald Trump los denuncie penalmente? ¿les censuraron el capítulo de Charlie Kirk? ¿qué es lo que verdaderamente está pasando?), enfocaron sus cañones en Donald Trump. Como South Park hizo con Bin Laden o con Saddam Hussein, que eran malos porque “eran malos”, dejaron las lecturas coyunturales y pusieron a Trump como sujeto de maldad. Tal es así que embarazó y abandonó al mismísimo Satán. Y que usa a Toallín de toalla para limpiar sus espermatozoides frescos.
A la sazón, este cambio sacudió a otro más: Randy dejó el negocio del cannabis por no encontrarlo rentable y por sentirlo “demasiado sacrificado”. Y así, vendió todo e intempestivamente está volviendo a sus viejas búsquedas. Se volvió loco con la inteligencia artificial y la posibilidad de que ChatGPT trabaje por él. Probó con las bebidas energizantes. Se convirtió en influencer. Probará otras cosas más. ¿Randy hubiera seguido con Granjas Tegridad si las elecciones las ganaba Joe Biden?
Ahora bien, ¿el proceso de Randy es el espejo de toda la industria del cannabis en Estados Unidos? ¿El activismo hippie devino en corporativismo agresivo? En la vida real, las grandes corporaciones también quisieron borrar a los pequeños cultivadores y las regulaciones terminaron beneficiando sólo a las corporaciones monstruosas. Y, en ese mismo meollo, el marketing se volvió una herramienta absurda llena de celebridades, empaques de lujo y promesas de “estilo de vida”, que –a fin de cuentas- poco tienen que ver con la planta, priorizando el beneficio sobre la calidad o la ética.
La industria vive contradicciones constantes y, hoy, la legalización parece convertirse en un anhelo nostálgico. La mafia corporativa está matando a la comunidad, así como Randy conspiró contra su propia familia. ¿No les dio bronca todas las veces que Stan, su hijo, sufrió por su padre? Por eso, aunque se hizo demasiado largo, Randy Marsh entronizó la metáfora de cómo el capitalismo puede corromper aquello que inicialmente se promocionó como un sueño de libertad.
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Hacia adelante, probablemente, se venga la etapa del enfriamiento del personaje: historias secundarias que enriquezcan a la serie, protagónicos eventuales y todo tipo de delirios que serán bienvenidos. Se vienen tiempos de volver al origen, de retornar a lo que hizo grande y querible a Randy: ser un egoísta, torpe, psicópata y hasta inconscientemente hijo de puta. Volver a ser el hombre simple de las obsesiones complejas. No hay dramas con eso. A nadie le jode eso. Pero estos años en los que todas las historias terminaban en Granjas Tegridad y en el cannabis como un pretexto entre simplón y repetitivo fueron algo agotadores.
Los creadores de South Park se enamoraron tanto de Granjas Tegridad que toda esta saga terminó siendo una trampa creativa para ellos mismos. Se enroscaron tanto con esta sátira que olvidaron el resto de los motores de la serie. Y aunque intentaron movilizar alguna reflexión pesadillesca sobre la burocracia y la ambición de la industria del cannabis en Estados Unidos, South Park hizo volar a Randy demasiado cerca del sol. Y terminaron quemándolo.
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