Matías Fernández Burzaco

Cannabis

Ni un Monstruo, ni un Niño: ¡Flow!

Por Hernán Panessi

Ni un Monstruo, ni un Niño: ¡Flow!

✍ 21 septiembre, 2020 - 14:24

“¿Quién es ese niño? ¿Qué es lo que tiene?” Matías Fernández Burzaco tiene 22 años, es periodista, escritor, freestyler y rapero. Nació en Flores, Capital Federal, y se la pasa hangueando con sus amigos.

Matías es uno de los dos casos del país con fibromatosis hialina juvenil, una enfermedad de la piel que le deforma el cuerpo. ¿Qué es la fibromatosis hialina juvenil? “¡Flow!”, responde, entre risas.

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En el 2017, Matías cursaba el último año de periodismo deportivo en ETER. Pero, antes de terminar la carrera, se dio cuenta que lo suyo no eran ni las últimas noticias, ni el chusmerío, ni el vértigo de la televisión. Su búsqueda iba por otro lado: las crónicas de largo aliento. Los textos delicados. Profundos. Crueles. Grises. Humanos.

“Dejé la facu faltando un solo cuatrimestre. No me cebaba tanto. El periodismo deportivo está muy bastardeado. Yo no quiero nada de eso. Quiero retratar a personajes que me interesan y me generan curiosidad”, dice.

Y sigue: “En la facultad nos enseñaban a escribir corto y para las redes sociales. Hay gente que lo hace y está buenísimo, pero a mí me nació otra curiosidad. Quiero contar algo totalmente diferente a lo que se está acostumbrado a leer o escuchar de los medios. A narrar la trastienda del asunto. De preguntar, de saber quién es una persona más allá del personaje. Igual, todos somos un personaje, ¿no?”

Así las cosas, como una tromba, se le apareció el periodismo narrativo.

Matías está por publicar Formas Propias, su primer libro de relatos autobiográficos. Este debut correrá por cuenta de la editorial Tusquets, bajo colaboración de Leila Sucari y edición de Leila Guerriero.

El freestyle

Como muchos pibes, Matías se metió al mundo del rap a partir de las batallas de improvisación que se cruzaba en YouTube. ¿La primera que vio en su vida? La final internacional de la Red Bull: Batalla de los Gallos de 2015 entre Dtoke y Arkano.

“De a poco empecé a ver más, me pareció una locura eso de ir a mil por hora en el escenario. De tener una rima tan ingeniosa de un segundo a otro. A mí me gustaba más el reguetón, el flow de Kevin Roldán y toda esa onda”, reconoce.

De ver batallas, enseguida se hizo fan de Wos, uno de sus héroes. “El chabón mete un mensaje valiosísimo en su freestyle. Además, sus variaciones de flow son estupendas”, comenta.

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Entonces, cebado por Wos, Matías empezó a improvisar, a jugar con las palabras, a mezclar la literatura con el rap. “Me va el morbo de las batallas, pero no competiría”, reconoce. Entretanto, en su casa solo, en un patio junto a sus amigos, en un estudio de grabación, en un vivo de Instagram para 25 personas, el joven escupe rimas constantemente.

Los porros a escondidas y el mal viaje que lo cambió

Antes de entrar a la escuela, Matías fumaba faso con sus compañeros. A la vuelta del Colegio Julio Cortázar, del barrio de Flores, un pasaje guarecía a los pibes que rancheaban quemando tucas. “Yo iba con la silla a motor. Mi vieja me acompañaba al colegio, pero yo me adelantaba unas cuadras y me iba a fumar con los pibes. Entraba re loco a clases”, recuerda.

También, iba con su silla a la Plaza La Pampa, cerca de Flores. Ahí usaba una lapicera de tuquero. “Lo hacíamos para adaptármelo a mí. Como tengo la boca abierta, capaz que chupaba el porro y era cualquier cosa”.

Y subraya: “El porro me ha pegado fuerte varias veces”.

Cuando va a comprar el pan, la panadera de a la vuelta de su casa le pide faso. Como siempre está con pibes que fuman, su vecina se le anima al garrón. “Se piensa que soy un tranza”, bromea Matías.

Sin embargo, Matías no se lleva un porro a la boca desde el año 2015. En sus palabras: “Estaba con unos amigos en la Plaza Irlanda. Cayó un amigo de un amigo con un faso. Fumamos y me pegó demasiado mal, nivel ataque de pánico. Yo estoy en la silla como flotando, no pongo los pies en el suelo. Entonces, fue un vértigo zarpado. Empecé a sentir que me moría, todo mal. Un amigo me trajo a mi casa. Y, desde ahí, comencé a tener crisis de ansiedad, incluso sin fumar”.

Matías sabe bien que el porro no fue el culpable de este flash, pero advierte que el mal viaje le empujó y removió algunos fantasmas anquilosados por ahí. “Los estoy tratando con mi psicóloga”, aclara.

Un tractor que avanza con ruido

Fruto de la unión entre la poesía, la literatura y la música, Matías gestó “¿Quién es ese niño?”, su primera canción.

Fue buenísimo descubrir que podía expresarme y contar lo que me pasaba y lo que sentía. Aproveché y trabajé con Mario y Luigi, dos amigos productores, en su estudio casero. Lo piola de esto es que hacemos música. Ni rap, ni trap, ni reguetón: hacemos una flasheada. Es todo diferente, más deforme. Menos hegemónico y menos genérico, como mi cuerpo”.

En “¿Quién es ese niño?”, Matías juega al autobullying, a denominarse a sí mismo como un monstruo. “Esta es la primera vez que puedo contestarles a las viejas y a les niñes que me dicen: ‘¿Qué es esa nana?’ Acá tenés, hijo de puta, es flow”, sacude mientras suelta otra carcajada.

El cuerpo de Matías tiene formas atípicas y protuberancias. Combas, dobleces y marcas. “Todo esto me ayuda a empoderarme, tengo un cuerpo único. Soy esto, okay, pero no me siento feo, al contrario. Tengo muchas ganas de coger, de estar con pibas. De tener una vida sexual interesante”.

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Entretanto, este tema se yergue como una especie de crítica a una sociedad que lo observa, le desconoce y hasta le teme. “Con mis productores jugamos mucho con el humor negro y la ironía. Para que no sólo se vea representado sobre mí, sino sobre un montón de personas discapacitadas que quieren dejar de ser unos niños y que hasta buscan explorar sus deseos”, Fernández Burzaco dixit.

¿Cómo es tu vida?

—Toda mi vida la hice de una manera relativamente normal. Siempre estuve de joda con los pibes. En la escuela, yendo a fiestas, a boliches. El boliche está bueno porque no pago entrada y entro así nomas. Cuando vamos a comer afuera, no hacemos fila y también esta buenísimo. Yo hice mi vida normal, no tuve problemas de adaptación. Mi amigo Tomi, que es mi primer amigo, se sentó al lado mío en el primer día de clases. Y todavía sigue conmigo. Hice el colegio con mi grupo de amigos, que hasta hoy también se mantuvo. Hice una vida normal. En el medio tuve mil operaciones. Perdí la pera, me operaron de un nódulo que tengo en el pecho. Son como animalitos con vida propia, que vuelven a salir.

¿Y por qué decidiste contar toda tu intimidad en un libro?

—En algún momento, un profesor de la facultad me propuso contar mi historia. ¿Qué me pasaba? ¿Cómo vivía? Contar hasta lo mínimo, como ir al baño, comer, cualquier estupidez. A él le resultaba interesante y a mí no. Le dije que mandara a un periodista a preguntarle de todo a mí mamá. Me dijo algo que todavía recuerdo: “Es como si quedara un tiro libre y lo pateara Mascherano. Y no, los tiros libres los tiene que patear Messi”. De ahí vino una búsqueda mía, de un día para el otro empecé a enfrentar al espejo, ver este cuerpo y aceptar al flash.

—¿Y qué viste?

—Antes no le daba bola. No es algo que evitaba, pero pensaba: “Tengo esto y ya fue. Soy así, me chupa un huevo”. Pero me detuve a pensar, a describirme. Y en esa descripción están las crónicas del libro. Describir las partes de mi cuerpo, por qué no puedo cerrar la boca, quién me diagnosticó esta enfermedad, si es mortal o no y si tiene cura o no.

—¿Es mortal o tiene cura?

No es mortal y tampoco tiene cura. A cierta edad, el avance de la enfermedad se pausa.

De la intimidad introspectiva a la inmensidad del mundo exterior

Matías Fernández Burzaco aceptó transitar este proceso de escritura (personal, íntimo, lacerante) con valentía. Delante, de nuevo, su propio espejo: “Pasé por estados de angustia y tristeza, pero me mantuve. Yo sabía que era parte de mi trabajo. No hubo un período depresivo. La escritura me llevó a independizarme, a conocerme, a estar más solo”.

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—¿Qué te gustaría que pase con el libro y la música?

—Que suceda lo que tenga que suceder. El sueño que tengo es poder vivir de lo que escribo, de lo que rimo y de lo que rapeo. Poder darle trabajo a mis amigos, poder pagarles a mis enfermeros y que no le pague la obra social que le paga dos mangos. Quiero mudarme a un departamento solo. Que un montón de pibas se fijen en mí, que no soy un nene y que puedo mostrarme a través de mi bocho. También me gustaría tener una silla supersónica para ir de un lado al otro del escenario.

—¿Qué te llama de los escenarios?

—Cuando fui a ver a ver a Wos fue como “uh, yo quiero hacer esto”. Estar con mis amigos en el escenario, encontrar la manera de reventar todo desde una silla de ruedas. Nunca lo vi y quiero lograrlo. No me interesa pegarla. No me cabe la gente que quiere pegarse, me chupa un huevo. Eso es algo que viene con el trabajo y el amor que uno le pone. Me gustaría darle trabajo a mis amigos y que ellos trabajen conmigo.

Por caso, su primer tema será distribuido por Lauría, la misma productora que maneja los temas de Duki y Nicki Nicole, entre otros. “Va a estar en todos lados”. El clip cuenta con edición y corrección de color de Ballve, el director de videos de la movida trapera argentina. A la sazón, Matías trabaja con el manager de Wos, escribiendo textos para festivales. En su nuevo universo profesional, todos están pegadísimos.

“La plata, la fama y todo eso me chupa un huevo”, avisa.

La fibromatosis hialina juvenil es una enfermedad de la piel que genera excesos y lesiones. Atrofia las articulaciones y deforma todas las partes del cuerpo. Es una enfermedad que a Matías le impide caminar. Y que, de noche, lo obliga a dormir con un respirador porque hace apneas.

Sin embargo, nada le impide soñarla en grande.

“En Argentina solo somos dos casos. Mayra, de Monte Grande, y yo. Somos ediciones limitadas”, desliza.

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Se dice que, en el mundo, hay unas 65 personas que viven con fibromatosis hialina juvenil.

“Acá estoy yo, poniendo la cara”, suelta riéndose.

Su primera canción, “Quién es ese niño”, sale el 15 de octubre y Formas Propias, su debut editorial, estará disponible a partir de marzo de 2021.

Fotos por Ale Guyot

Hernán Panessi

ACERCA DEL AUTOR

Hernán Panessi, editor periodístico en El Planteo, es un periodista especializado en cultura joven. Escribe en las revistas InfoTechnology, THC y Lento. Además, en Página/12, El Planeta Urbano, El Cronista y en el periódico uruguayo La Diaria. Colaboró para Revista Ñ, Clarín, La Nación, La Cosa, Playboy, Haciendo Cine, Billboard, Los Inrockuptibles, Forbes, VICEBenzinga, High Times y Yahoo, entre otros.

Hernán escribió los libros Porno Argento! Historia del cine nacional Triple X, Periodismo pop, Una puerta que se abre, e Historia del Rock en Español. Fue docente en el Centro Cultural Rojas (UBA) donde dictó talleres de periodismo. Además, es programador de la sección VHS del Festival Internacional de Cine de Valdivia, en Chile.

En radio, conduce FAN, por led.fm, programa periodístico de emisión semanal sobre cultura, sociedad y vida moderna. Por su parte, también condujo en las FM Delta 90.3 y Nacional Rock 93.7. Asimismo, fue columnista en La Once Diez y Metro 95.1.

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