¿Tu Esperma Está en Forma? Cannabis, Ciencia y Fertilidad Masculina: Mitos y Verdades
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No hablamos lo suficiente sobre espermatozoides. Las células reproductivas masculinas no suelen formar parte de las discusiones (claro, no es un tema para charlar durante la sobremesa familiar junto a la abuela pero sí, definitivamente, debería ser un tema para ocuparse con la seriedad que amerita) y, en consecuencia, los hombres pocas veces se ablandan para conversar con sus médicos al respecto.
¿Tabú, desconocimiento o pereza? ¿Falta de compromiso, abandono o desdén? Sin embargo, por una cuestión biológica, es un tema verdaderamente importante. Y más cuando existe una búsqueda por la paternidad. Desde ahí, algunas preguntas fundamentales: ¿existe alguna correlación entre el cannabis y el semen? Por caso, ¿hay alguna diferencia entre el CBD y el THC? ¿El cannabis podría cambiar el número del recuento de esperma? Entonces, muchachitos, ¿el cannabis “hace bien” o “hace mal”? ¡Epa! Ahora sí tenemos su atención, ¿no?
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Para comenzar, algunas cuestiones básicas: existe un mecanismo biológico por el cual los cannabinoides, como el THC y el CBD, pueden interactuar con el sistema reproductivo masculino y esos son los receptores CB1 y CB2. Y la existencia de esos receptores, que trabajan sobre el tracto reproductivo masculino incluyendo a los testículos ya los espermatozoides, tanto el THC como el CBD parecen alterar las células de Sertoli, que son las encargadas de dar soporte estructural y metabólico durante la espermatogénesis (el proceso de formación y maduración de los espermatozoides).
“Las células de Sertoli son las ‘células nodrizas’ del testículo”, aclara Lex Pelger, divulgador científico del mundo del cannabis, autor del newsletter Cannabinoids & the People y host de los canales de YouTube CV Sciences y Cannabinoids & the People by Lex Pelger. “El CBD y el THC inhiben los canales iónicos CatSper, necesarios para un nado más vigoroso, lo que reduce su capacidad de penetración en el óvulo. También existen algunos estudios preclínicos que sugieren que los cannabinoides modifican la epigenética de la producción de esperma, lo que conduce a una menor calidad del mismo”, sigue.
Para justificar su respuesta, cita un artículo científico de investigadores de la Universidad de Oxford que asegura que el “el THC y el CBD redujeron la eficacia del esperma humano mediante la inhibición de los canales CatSper” y que “los principales fitocannabinoides” afectan “la función de los canales de calcio CatSper”.
Sin embargo, la evidencia no es concluyente al respecto, ya que cita a una evaluación preclínica publicada en Reproductive Toxicology que dice que “en modelos de fertilidad con ratas, las dosis bajas de cannabis no afectaron la fertilidad masculina. Mientras que en las hembras hubo alteraciones hormonales pero no hubo cambios en los ciclos reproductivos ni en la implementación”.
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En ese sentido, Pelger asegura que los estudios actuales presentan una “evidencia mixta” pero que, atención, “existe una cantidad razonable de datos que reportan asociaciones con un menor recuento de espermatozoides, una motilidad reducida y, lo que se reporta con mayor frecuencia, una peor morfología”.
No obstante, existe evidencia a propósito del CBD y su posible “acción protectora” gracias a sus características antiinflamatorias y antioxidantes. Por ejemplo, este artículo científico de Toxicology Letters plantea todos sus grises. El punto que pone Pelger tiene que ver con las administraciones e intensidades del consumo. Y tiene lógica: los consumidores más intensos (o crónicos) suelen presentar “mayores reducciones en la concentración de espermatozoides”.
Este asunto puede ser extrapolable a cualquier otro ámbito de la vida: existe una relación entre dosis e impactos. Sí, también en los parámetros seminales. ¡Vamos! Sí, vos, no te hagas el tonto: no hay que ser un genio para advertirlo. El consumo ocasional o regulado puede tener efectos leves, nulos o controlados. ¿Y el crónico? Ahí anida el dilema…
“(Con el consumo crónico) los espermatozoides tienden a presentar una menor calidad del ADN, una menor integridad de la cromatina (qué tan bien empaquetado está el ADN dentro de la cabeza del espermatozoide), así como una reducción en la capacitación (el proceso de preparación que ocurre una vez que el espermatozoide se encuentra en el tracto reproductivo femenino”, asegura el divulgador.
Por eso, en la búsqueda de la concepción, la medicina y la farmacología recomiendan un ciclo de “lavado” o “limpieza” de unos 2 a 3 meses, que es lo que dura el ciclo de espermatogénesis. Aquí, Pelger cita un estudio científico de Fertility and Sterility que afirma que “los daños” del THC no son “permanentes” y que “los períodos de descanso” tienen “un impacto real y medible en la salud reproductiva”.
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En tanto, Pelger no encuentra diferencias en los métodos de consumo (fumar, vaporizar o comer) en el impacto biológico, sino que –de nuevo- depende de la cantidad, no de cómo llegó hasta ahí. “Supongo que los subproductos tóxicos de la combustión al fumar no serían de ayuda, pero dudo que eso sea un factor principal”, aclara. Es cierto: el humo de la combustión es perjudicial por sí solo y su efecto negativo no proviene directamente del THC y de su interacción con los receptores. “De hecho, la evidencia para el tabaco y su impacto significativo en la fertilidad masculina es muy sólida”, aporta.
También, señala una evidencia seria para la obesidad y el consumo excesivo de alcohol. “En general, aunque el cannabis sí parece causar un lastre en la fertilidad masculina, esto no se encuentra en todos los estudios, lo que probablemente signifique que el efecto no sea tan fuerte en términos generales”, aclara el divulgador. La recomendación, en caso de tener problemas para concebir, es que “ambos dejen el cannabis” para “no entorpecer potencialmente la fertilidad”.
Equilibrio y contexto. Detox, vigor y libertad. La clave es conocer cómo funciona nuestra maquinaria. El cannabis no es un anticonceptivo ni una sentencia de infertilidad. Entonces, si el plan es traer a alguien al mundo, vale recordar que los espermatozoides operan bajo un ciclo de renovación constante. Al fin de cuentas, se trata de manejar el consumo con la misma inteligencia con la que elegís tu genética favorita: sabiendo cuándo es el momento de darle mecha y cuándo hay que bajar un cambio para que tus “nadadores” lleguen a la meta.
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