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Cultura

Me Sumergí Fumada en el Mundo de BTS y Esto Es lo que Puedo Decir

Por Lola Sasturain

Me Sumergí Fumada en el Mundo de BTS y Esto Es lo que Puedo Decir

✍ 25 diciembre, 2020 - 14:14

La idea de esta crónica parte de una iniciativa un poco boomer: todo el mundo habla de BTS y yo no quería quedarme afuera. No solamente nunca los había visto o escuchado, sino que no entendía por dónde empezar a hacerlo.

Tengo treinta años, soy de Buenos Aires y escucho música de todo tipo. No solamente porque me gusta, sino porque mis trabajos lo demandan. Sin embargo, el kpop siempre me había resultado un universo esquivo: reduciendo un poco, me había quedado en el chiste de Gangnam Style.

A simple vista no me interesaba demasiado musicalmente, no más que los hits, entonces tampoco entendía por qué hacer el esfuerzo, siendo un mundo demasiado grande, demasiado complicado, demasiado estridente y demasiado ajeno para animarme a sumergirme en él.

De BTS sabía principalmente eso: que hacía falta sumergirse. Que era más que temas, más que videos, más que shows en vivo, más que las biografías de sus integrantes.

Foto: Min Kyung-bin, CC BY 3.0, vía Wikimedia Commons

Al pensar en encarar esta tarea bajo los efectos del cannabis y así escribir una crónica, no entendía si empezar leyendo, entrar de manera random por donde me pareciera, si debía empezar por las noticias sobre ellos o cuánto era mejor saber de antemano.

Entonces, opté por preguntar.

La voz autorizada fue la de Eugenia “Buji” Mariluz, conductora de QMEE por Vorterix y fanática de BTS. Sus comentarios y recomendaciones guiaron esta investigación.

BTS es un mundo que puede parecer desbordante, con muchas puertas de entrada diferentes, que de por sí pide por una exploración radicalmente distinta a la que solemos hacer cuando queremos conocer a un artista de la música occidental.

“Buji” lo primero que me aclaró fue que no lo aborde cronológicamente porque me iba a embolar. “Empezá por lo último”, me dijo.

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¿Qué verdades puede extraer alguien ajena sobre el mundo BTS, aterrizando casi sin juicios previos, fumada y solo guiada por el consejo amigo de una fanática?

Empecemos por el principio: o por donde sea que haya que empezar.

La necesaria data dura

BTS es un grupo masculino de pop idols surcoreano (un equivalente a las boy bands occidentales). Su género es el k pop.

Como la mayoría de conjuntos de idols, fue creado por una agencia –en este caso Big Hit Enterteinment- desde donde se eligió cuidadosamente a cada integrante en función a su talento, aspecto y personalidad escénica.

BTS está compuesta por siete integrantes: Jin, Suga, J-Hope, RM, Jimin, V y Jungcook.

Como sucede en la dinámica idol, cada uno cumple un rol determinado no solo en lo musical sino en lo simbólico. Y cada uno tiene su propio fandom con sus determinadas características. Gracias a un video que me facilitó Buji, pude entender más o menos cuál es el rol de cada uno.

Debutaron con el sencillo “2 Kool 4 Skool” en 2013. Desde ahí mantuvieron el régimen de un EP por año, alcanzando el éxito masivo internacional en 2015 con la trilogía The Most Beautiful Moment in Life.

Con su era Love Yourself, de 2018, se convirtieron en los primeros artistas coreanos en encabezar la lista Billboard 200, estatus que mantuvieron con la siguiente: Map of the Soul.

Recientemente sacaron su último álbum, Be, con dos sencillos de éxito arrollador en todo el mundo: “Dynamite” –lanzado en agosto, que fue uno de los hits del año- y “Life Goes On”. Son prolíficos a un nivel que para el pop occidental es directamente inimaginable.

También protagonizan diferentes productos audiovisuales: tienen un reality show llamado Run BTS, que cuenta con más de 100 episodios, una serie de cuatro temporadas que los acompaña de vacaciones llamada Von Voyage y una de una temporada que se llama In TheSoop.

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A su vez, varias de sus giras fueron inmortalizadas en películas.

Hoy se considera a BTS como una pieza fundamental del estallido de la “Ola Coreana”. El país asiático está de moda internacionalmente y es plataforma de tendencias, no solo con su música sino con su cine, su moda, su skincare y hasta su comida.

Y sus fans, conocidos como Army alrededor del mundo, demostraron ser una potencial fuerza política progresista, organizándose en diversas acciones de activismo.

Disclaimer: fumadx no vas a entender nada

 Si lo que se busca no es asombrarse con sus coreografías, escuchar sus canciones o maravillarse con el arte de sus videos, sino comprender la dimensión del fenómeno, el cannabis es un enemigo.

Todo se vuelve demasiado confuso.

Ya de por sí, la organización de su producción tiene poco que ver con lo que conocemos. Por empezar, no tiene tanto sentido hablar de álbumes sino de eras: unidades temporales donde entran discos de estudio o varios EPs, que tienen un hilo conductor estético y conceptual.

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Además de las particularidades de cada era, estas son atravesadas por un universo ficcional. La trama principal y las tramas paralelas que se desprenden son complejísimas e inabarcables.

Terminar de comprender bien quién es quién y qué rol cumple en el grupo tampoco es una tarea sencilla.

bts

Dispatch, CC BY 3.0, via Wikimedia Commons

El universo ficcional, que empezó en la segunda era del grupo (con su aclamado Young Forever) y siguió atravesando a las siguientes, se denomina BU (Bangtan Universe) y se desarrolla a partir de videos musicales y notas de sus álbumes.

En BU, todos los integrantes llevan adelante sus propias historias. Ni siquiera nuestra experta puede seguirles el hilo con claridad pero igual se esmeró en resumirme (y menos mal, porque yo mirando no entendí nada).

“Estas historias incluyen viajar en el tiempo (¿qué?), que uno haya matado al padre por abusivo (doble ¿qué?), que a otro lo haya abandonado la mamá en un parque (triple ¿qué?). Igual yo el Bangtan Universe (BU) no lo entiendo, pero confirmaron que el año que viene sale la serie de tele que narrará ese universo”, cuenta Buji.

Según sus creadores, la voluntad detrás de estos universos es la de mostrar a siete mejores amigos no solo en las buenas sino también en las malas, profundizando en realidades alternativas en donde, como individuos, deben hacer frente a sus ansiedades, miedos y frustraciones más profundas en orden de avanzar y ser mejores.

Sorpresa: todo, todo es una narrativa

Si bien en esta era esos límites son por lo menos difusos para cualquier persona, y más para superestrellas, en BTS no parece haber tal cosa como una diferenciación entre la vida privada de los integrantes y el “contenido” de la banda.

Sí, los videos y las tramas del Bangtan Universe son ficcionales, pero la vida off duty de los integrantes y hasta sus personalidades y su mundo interior también son una parte fundamental de la gran narrativa BTS.

Sus microhistorias cotidianas y sus maneras de ser, que se dejan ver tanto en los realities como en la interacción constante con sus fans a través de las redes sociales, se entrelazan y se superponen calculadamente con las macrohistorias que significan los relatos de las eras, las letras de las canciones y las tramas del BU.

A veces como cajitas chinas, a veces como tapices en donde se entretejen.

Y estas narrativas, tanto las de la vida real como las enteramente ficcionales, siempre siguen un mismo arco: el de la autosuperación, del amor propio y el de abrazar las dificultades y enfrentar demonios propios y ajenos en pos de hacer el bien.

Por ejemplo: RM (Kim Namjoon) es considerado el líder de BTS, rapea y produce y su historia es lo más parecido a una epopeya heroica dentro de este mundo tan artificial. Era un prodigio del hip hop underground y al convertirse en un pop idol tuvo que encarnar esa contradicción, volviéndose despreciado por la escena a la que pertenecía anteriormente.

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A su vez, siendo conocido por ser el pop idol que no encarna los (imposibles) estándares estéticos del k pop, que busca siempre jóvenes de rostros aniñados y angelicales. Esta tensión fue volcada en su mixtape solista RM de 2015, donde habla de esta crisis de identidad y responde a las críticas. También su condición de “líder” aparentemente excede lo escénico y aparentemente es quién los mantiene unidos y concentrados en sus objetivos.

Entre estas narrativas de la vida real que son tan importantes como las ficcionales, también está la amistad entre Suga y J-Hope. Los dos artistas se conocen desde antes que BTS estuviera consolidado como grupo y se sabe que ambos integrantes se complementan en sus personalidades: Suga es introvertido y serio J-Hope es el chistoso.

Juntos se potencian y sacan lo mejor de cada uno, siendo uno de los dúos favoritos del Army (comunidad de fans).

También hacen carne su mensaje de amor, unión y aceptación con la profunda amistad y cercanía que demuestran entre ellos. Son mejores amigos, todo fan conoce como son las relaciones entre cada uno de ellos y quiénes se entienden mejor. Y cada año celebran su aniversario, no solo como banda sino como hermanos elegidos.

Otra sorpresa: no solo cantan y bailan, sino que también producen y componen

Si bien la etiqueta “k pop” sirve para englobar todo, oídos occidentales encontrarán canciones de BTS inscriptas en casi todos los géneros bailables mainstream de los últimos años: EDM, hip hop, pop, trap, house, hasta dubstep. Y también, muchísima balada romántica, con las cuales consolidaron su popularidad internacional.

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Con toda la mística que rodea a los pop idols asiáticos, elegidos por CEOS por su belleza, carisma y juventud, me sorprendió enterarme que los BTS escriben sus propias canciones y que Suga, RM y J-Hope también son encargados de la producción de muchos de los tracks.

La noción de prefabricado es, entonces, engañosa.

Si bien la banda fue formada por una compañía, los integrantes son parte esencial del proceso creativo y tienen en gran parte el control sobre el producto.

Sí, además de lindos son talentosos. Y si bien todos bailan y cantan, los roles están delimitados por lo que mejor sabe hacer cada uno: rapear, cantar o bailar. Tienen roles principales y secundarios. Una organización que poco tiene que ver con los grupos pop de este lado del mundo.

BTS

Foto: Bảo Chou, CC BY-SA 4.0, vÍa Wikimedia Commons

Conclusiones

 Inevitablemente es cierto que, de reducir la experiencia BTS a simplemente escuchar sus canciones (y ni hablar de siendo una hispanohablante sin ningún tipo de conocimientos en coreano), jamás hubiera entendido el valor y la relevancia del grupo.

Y, al menos personalmente, no la considero para nada música porro friendly: es otro tema al ver sus videos.

Sus temas son hits demasiado radiales, con un sonido demasiado lustroso, demasiado Disney.

Por eso, musicalmente, y solo musicalmente, me cuesta encontrar el alma, el sentimiento, aquello que en algunos casos me hace emocionar y en otros me hace saltar de mi silla para bailar. Pero de hurgar un poco más y de intentar atar cabos entendí que alma es lo que le sobra y por eso BTS hoy ocupa el lugar en el que está.

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El k pop tiene una estética visual y sonora muy característica dentro de su infinita variedad.

Siempre es grandilocuente, ambicioso, solemne, lustroso, perfecto. Siempre son superproducciones en donde hasta los lugares reconocibles se ven cubiertos por un manto de extrañamiento sci-fi, donde las coreografías son asfixiantemente milimétricas y donde sus figuras de cutis impoluto y looks imposibles no parecen humanas.

Y las melodías son dulces y chiclosas a más no poder.

Dentro de la cultura occidental, en nuestra relación con el pop no estamos acostumbrados a encontrar profundidad en este tipo de productos. Es más, tendemos naturalmente a colocarlos en las antípodas de lo honesto, lo constructivo o lo relevante. Si se ve y se escucha así, es entretenimiento puro: y el entretenimiento carece de mensaje.

Pero no es así con el k pop, ni es eso lo que se espera de sus referentes.

Desde el segundo EP de su primer era, Skool Love Affair, dejaron en claro la voluntad de hablar de temas profundos y trascendentales: “Son ellos quejándose del colegio, pero no diciendo ‘buuu, no quiero estudiar’, sino más del tipo ‘este sistema está pensado para que no podamos progresar’”, explica Buji, todavía un poco atónita.

Su era anterior a la actual, Map of the Soul: Persona, está inspirada nada menos que en la obra del psicólogo Carl Jung y su descripción de los arquetipos.

¿Todo en BTS es espectáculo? Seguro, pero la pregunta sería qué no lo es. Con la constante sobreexposición sobre sus vidas dentro y fuera de los escenarios, los BTS demuestran que detrás de todo el brillo también hay mucho trabajo, soledad, frustración.

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Sí, tal vez eso de mostrar el lado oscuro del espectáculo no lo inventaron ellos y es parte del espectáculo en sí mismo, que todo lo absorbe y lo capitaliza.

Pero lo de BTS va más allá de los eventuales documentales sobre la verdadera vida de la estrella pop.

Los integrantes de BTS se encuentran en constante interacción directa con sus fans de todo el mundo. Se hacen cargo de su rol de modelos a seguir mucho más que cualquier estrella occidental de la música. Y no por nada se dice que los fans del k pop son, en general, personas con consciencia social y política.

Son una banda y un fandom a la medida de esta época, donde no tomar postura es casi lo mismo que alinearse con los opresores (y las injusticias) del sistema y donde la juventud asumió su responsabilidad como agente de cambio.

Con un dominio único de la comunicación por redes, los algoritmos de Internet y perteneciendo en su mayoría a la generación Z, el Army no solo está en contacto para compartir información sobre sus ídolos o hablar con ellos a través de alguno de los canales de comunicación.

De hecho, fue un grupo de fans de BTS quien saboteó un acto de Donald Trump en Oklahoma, haciendo reservas en masa para después no asistir. También recaudaron un millón de dólares para apoyar a #BlackLivesMatter, entre muchas otras acciones solidarias que gestionaron.

En 2018, los integrantes de BTS dieron un discurso en la ONU incentivando a sus seguidorxs a comprometerse con las causas que crean justas, pero ya desde el contenido de sus canciones y videos, nucleaban a jóvenes de todo el mundo con ideas similares sobre la construcción del futuro mejor, la aceptación del diferente y el amor como fuerza transformadora.

También vale destacar cómo a nuestro ojo occidental también le resulta refrescante y constructivo ver un nuevo tipo de ídolo masculino, adorados por hombres y mujeres por igual, sin necesidad de hacer distinciones de orientación sexual.

Para nosotros son ídolos que desafían la masculinidad tóxica.

Ellos son bailarines prodigiosos, se producen, se maquillan, hablan de sus sentimientos y lloran en público. Su sexualidad y vida privada pocas veces son tema de conversación, mientras sabemos casi todo acerca de sus relaciones de amistad o todas las dificultades que tuvieron que atravesar para estar donde están ahora. Y gran parte de su fandom alrededor del mundo pertenece a la comunidad LGBTIQ+.

Sus historias personales, las letras de sus canciones, sus videos, sus apariciones públicas, todo está en función de un mensaje de positividad, aceptación y superación. Y logran hacer que jóvenes de todo el mundo se unan y se interesen por hacer del mundo un lugar al menos un poquito mejor.

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Posiblemente, no hubiera sido posible a tal escala si no fuera porque dicho mensaje viene dentro del brillante paquete de lo espectacular y el entretenimiento.

Tal vez yo no entienda del todo su música y no me resulte entretenido mirar sus realities o películas, pero sí puedo entender que hay pocos productos pop en la actualidad que tengan tal potencial transformador y pocos ídolos de la juventud que encarnen tan explícitamente la responsabilidad social.

Y bajo el efecto de la novedad y la sorpresa, desde occidente tenemos aún más que aprender de ellos, de sus fans y de esta manera de consumir música que ya excede ampliamente a la música en sí.

Foto de portada vía YouTube

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Lola Sasturain

ACERCA DEL AUTOR

Entrevistadora y editora en El Planteo, Lola Sasturain es periodista cultural, DJ y guionista.

Puedes encontrar sus notas en Página/12, VICE y, por supuesto, en El Planteo.

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