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Opinión

Cómo la Comunidad Psicodélica Puede Crear un Mundo Mejor

Cómo la Comunidad Psicodélica Puede Crear un Mundo Mejor

✍ 11 septiembre, 2020 - 15:49

Por Alnoor Ladha y Martin Kirk.

“La tarea es crear lazos en líneas de conexión inventiva como una práctica de aprender a vivir y morir bien entre nosotrxs en un presente denso. Nuestra tarea es crear problemas, provocar una respuesta potente a eventos devastadores, así como calmar aguas turbulentas y reconstruir lugares tranquilos” – Donna Haraway, ‘Staying with the Trouble’

Estamos desnudxs en la encrucijada de la historia, viendo a la modernidad implosionar sobre sí misma con tal violencia que se arriesga a un daño irreparable en el tejido mismo de la Vida. La globalización, con todos los males de su monocultura impuesta, también ha creado el potencial para una alianza improbable: las comunidades psicodélicas y el movimiento de justicia global.

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Este artículo está escrito principalmente para las comunidades psicodélicas, tanto como súplica como provocación. A medida que la difusión de sacramentos como la ayahuasca y sus prácticas chamánicas llegan a todos los rincones del planeta, las comunidades psicodélicas antes desconectadas (en gran parte occidentales y prósperas) tienen la oportunidad de ampliar su caravana de influencia, su esfera de atención.

El activismo político rara vez se discute en las comunidades psicodélicas. Cuando lo es, suele ser con el pretexto de detener la destrucción de las tierras indígenas (es decir, las culturas fuente de la mayoría de las medicinas vegetales) o de las libertades cognitivas (es decir, el acceso legal a los psicotrópicos). Aunque ambas son causas dignas, quisiéramos argumentar que se requiere un enfoque más hacia afuera, basado en una profunda conciencia del poder estructural y la injusticia, para atender mejor las necesidades de las comunidades psicodélicas, las culturas tradicionales de sanación, la justicia social y, de hecho, la Vida misma.

Construimos nuestro caso alrededor de cuatro premisas entrelazadas. Las tres primeras dan una visión general de los conceptos de ideología y capitalismo en la era contemporánea. La última aborda el tema de las comunidades psicodélicas directamente. Cada premisa informa a las demás; y juntas conducen a implicaciones y recomendaciones que pueden ayudarnos a (re)descubrir nuevos y antiguos caminos y propósitos colectivos. Ofrecemos nuestras ideas en el espíritu de la activista aborigen australiana y académica Lilla Watson, con su conocida calificación para colaboraciones: “Si has venido aquí para ayudarme, estás perdiendo el tiempo. Pero si has venido porque tu liberación está ligada a la mía, entonces trabajemos juntxs”.

Premisa 1: La ideología es siempre una condición de fondo

“No puedes ser neutral en un tren en movimiento” – Howard Zinn

Quienes están en el poder tienen la constumbre de advertirle a lxs que no lo están que se cuiden de las ideologías. Esto no suele ser, como afirman, una demanda neutral para superar las divisiones y unirse en paz y armonía. Es más bien una estrategia de dominación.

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La ideología es simplemente un nombre dado al conjunto de ideas e ideales que necesitamos para operar en el mundo. Es sinónimo de un sistema de creencias, el sustrato de nuestra comprensión del funcionamiento de las cosas que da a nuestro mundo un significado y, a veces, un propósito. Al crear un clima intelectual en el que la mayoría de la gente desconfía de la ideología en un sentido amplio, la cultura establecida reclama efectivamente un derecho exclusivo para definir la realidad a través de la suya.

Por ejemplo, el hecho de que el gobierno de los Estados Unidos gaste ahora cerca de USD 700 mil millones anuales en el ejército es una declaración de ideología muy profunda. También lo es la subvención de corporaciones muy grandes y muy ricas como Exxon Mobil o GE con el dinero de lxs contribuyentes. Estas son estrategias activas, basadas en ideas e ideales. También son, por definición, ideológicas. Sólo con decir que tus ideales están por encima de la ideología no alcanza.

Para entender cuán efectiva ha sido esta estrategia, sin embargo, no busquen más allá de lxs expertxs que afirman que Donald Trump no es, de ninguna manera, ideológico. Hasta Obama se metió en esa conversación, diciendo que cree que Trump gobernará con pragmatismo en lugar de ideología. En realidad, Donald Trump es casi puramente ideológico. Es sólo que su comprensión de cómo funciona y debería funcionar el mundo (su ideología) es tan simple, tan desprovista de matices, complejidad y originalidad, y tan acorde a las leyes más básicas de la ideología capitalista, que puede parecer (a ojos sumergidos en la lógica dominante) casi como una pizarra en blanco. No lo es.

Trump cree profundamente en las jerarquías morales y que él, personalmente, ejemplifica el ideal. Es decir: es estadounidense, blanco, varón, rico (es decir, justificadamente exitoso), poderoso (es decir, efectivamente fuerte) y, lo que es crucial, un hombre de negocios, cosa que la ideología dominante interpreta como pragmática y directa. En otras palabras, la ideología de Trump es tan profundamente coherente con la lógica dominante que crea la idea de que, como dijo infamemente Margaret Thatcher, no hay alternativa.

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El ascenso al poder de Trump es un evento perfectamente lógico dentro de un sistema diseñado para hacer lo que el mismo Trump hace tan bien (o al menos da una apariencia convincente de hacer bien): hacer dinero. Como dice el filósofo John Ralston Saul: “Asumimos que las personas de mérito ascienden a la cima del sistema. Pero, de hecho, el sistema encuentra a las personas que están mejor construidas para promover su propia existencia y las lleva a la cima”. En otras palabras, si el sistema valora el individualismo y la riqueza financiera por encima de todo, entonces lxs narcisistas ricxs serán por supuesto recompensadxs con lo que el sistema tiene para ofrecer.

A nivel mundial, el marco ideológico dominante que dio nacimiento y apoya a Trump es el capitalismo neoliberal. Es una forma altamente concentrada de la lógica capitalista básica, que coloca la generación de capital como valor supremo. Su código fuente es el excepcionalismo antropocéntrico: ver el mundo no humano en gran medida como carne de cañón para convertirse en capital.

Nace y está en armonía con la lógica de la supremacía blanca. Esto se debe a que lxs blancxs se han beneficiado históricamente de una “ventaja del adoptante temprano”, como la llama el capitalismo. Luego hicieron crecer esa ventaja a través del colonialismo, el imperialismo y la esclavitud. Esto no es estrictamente exclusivo, ya que cualquier persona que sea buena en la generación de capital es aceptable. Pero en términos netos e históricos, la blancura y el capitalismo han sido siervos el uno del otro. Por lo tanto, comparten una afinidad especial que se refuerza a sí misma.

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El capitalismo neoliberal se apoya en una forma de racionalismo científico y económico fundamentalista. Asimismo, relega lo verdaderamente trascendente e inefable a curiosidades de segundo plano, cuando no las trata como amenazas activas. Fetichiza la propiedad privada por sobre la colectiva. Como dice la historiadora económica Marjorie Kelly, “la propiedad es la condición original del sistema”.

Lo reconozcamos o no, esta ideología ha condicionado a todo el planeta. Cuanto más cercana y larga sea la exposición de unx a la misma, más fuertes serán sus efectos. Entendiendo esto como una primera condición de nuestros tiempos, podemos reconocer mejor cuán profundamente afectadxs (programadxs,si se quiere) debemos estar, simplemente por haber nacido y crecido en este entorno económico. Y eso nos ayuda a reconocer los graves riesgos de replicar los aspectos culturales de la ideología neoliberal en el espacio psicodélico.

Premisa 2: Nuestras crisis modernas son el resultado lógico de nuestro complejo y adaptable sistema económico

“Es un momento peligroso para hacer ruido, y un momento aún más peligroso para quedarse calladx. De cualquier manera, el pasado y el futuro están con nosotrxs” – Nora Bateson

La economía global es un sistema complejo y adaptable, del tamaño del planeta. A este nivel de escala y complejidad, es efectivamente una forma de inteligencia artificial. Esta inteligencia ha sido programada con un conjunto de reglas generativas. Por ejemplo, la generación de capital es la directiva principal, la regla que rige todas las reglas. El dinero sirve a esta directiva al ser creado por bancos privados como deuda que devenga en intereses. Esto requiere y garantiza un crecimiento constante de la oferta monetaria (el dinero es una forma de capital). Aquellxs con capital reciben un interés compuesto que afianza su ventaja para que puedan seguir sirviendo a la directiva principal. Los costos de un bien o servicio son simplemente el costo material para el productor más el margen de beneficio, en lugar del costo ambiental para el colectivo u otros factores críticos.

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Estas reglas se han vuelto más poderosas que cualquier institución o empresa humana. El capitalismo, como el monstruo de Frankenstein, hace tiempo que ha tomado una vida propia salvaje y peligrosa, guiando y controlando, mucho más que siendo guiado o controlado por los asuntos humanos. Esto no es una teoría conspiranoica: desde la supervivencia de la célula más básica hasta la infinita complejidad de Internet, así es como se comportan los sistemas adaptativos complejos. La lógica del capital es simplemente la lógica de este complejo sistema adaptativo particular.

Hay un defecto suicida en esta lógica. Ha sido programado para comportarse como si fuera soberano de sí mismo, la autoridad máxima. Pero no lo es. Es simplemente un sistema dentro de un sistema más grande que lo alimenta y sostiene: la biósfera. Cualquier cosa que le suceda a la biósfera también le sucede, en última instancia, a la economía. Ciertamente, puede haber un desfase entre el daño a la biósfera y el daño a la economía. Pero eso es todo lo que es: un retraso. Es totalmente ilusorio creer que podemos dañar las funciones básicas de la biósfera y no sembrar simultáneamente las semillas del mal funcionamiento y el colapso económico. Como un cáncer no diagnosticado, la verdad nos pondrá de rodillas eventualmente. La naturaleza siempre tiene la última palabra.

Esta es la verdad esencial que identifica la lógica del capitalismo como el principal impulsor del colapso climático y ecológico. La ceguera ante esta verdad  no se hace evidente en ningún otro lado más que en el idioma. Para lxs economistas convencionales, el cambio climático y el colapso ecológico son llamados literalmente “externalidades“; cosas que están fuera de los límites de “la economía”. Pero, como hemos visto, esta es una percepción profundamente errónea. Hasta que este error se corrija, sólo podemos estar en el camino de la eventual ruina.

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Lxs geólogxs recientemente declararon nuestra época actual como el Antropoceno, ya que la humanidad es ahora la fuerza más poderosa que afecta al planeta. Andreas Malm, Donna Haraway, Raj Patel y otrxs han argumentado que un término más adecuado sería el Capitaloceno. Dado el abrumador poder de la lógica interna del capitalismo, creemos que este último es un término más preciso y descriptivo de lo que debe cambiar.

Al aceptar la primera premisa, estamos acordando aceptar las condiciones profundamente ideológicas de nuestro tiempo, para reconocer la naturaleza del oxígeno que estamos respirando. Aceptando la premisa dos, comenzamos a entender la mecánica de cómo funciona el Capitaloceno. Si no nos ocupamos de las funciones fundamentales de este sistema, somos merxs espectadores mientras el mundo arde a nuestro alrededor.

Premisa 3: Ni el optimismo ciego ni la negación nos pueden salvar

“Existe el mundo que creamos y existe el mundo que nos creó. Estos dos mundos deben unirse” – Dieter Duhm

Las realidades duras son difíciles de afrontar, y las personas tenemos una multitud de herramientas mentales disponibles para evitarlas. Esto siempre ha sido cierto, pero es especialmente cierto a principios del siglo XXI. Hoy en día, nuestras identidades son fabricadas por los productos y servicios que consumimos. Hasta hacemos marcas de consumo de nosotrxs mismxs. Recortamos nuestros perfiles en las redes sociales e incluso nuestras relaciones para crear una identidad que podamos comercializar con éxito en el mercado de los clics y los likes.

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Así, creamos nuestras propias historias y coartadas que nos permiten sentirnos lo más cómodxs posible con nuestro papel en el sistema. Veamos sólo un poderoso ejemplo de cómo funciona esto en la práctica. Bill Gates nos dice incesantemente que el mundo está mejorando, y que el progreso neoliberal está “levantando todos los barcos”. Tambien afirma que la mejor manera de hacer frente a la degradación climática y ecológica es a través de los instrumentos duales del mercado y la filantropía. Lo cual es una forma de decir que los fundamentos del capitalismo están bien; sólo necesitan una recalibración relativamente suave.

Por muy seductor que pueda parecer este tipo de optimismo, y por mucho que pueda calmar los temores provocados por las ideas de cambio de todo el sistema, los hechos hablan de un imperativo muy diferente y de mayor alcance: la necesidad de evolucionar las reglas fundamentales del sistema operativo para que deje de ser lo que es ahora y se convierta en algo totalmente nuevo. En otras palabras, el mismo capitalismo debe ser reemplazado por algo contextualmente relevante para los tiempos en que vivimos.

Veamos lo que ha hecho el capitalismo: la desigualdad se ha disparado, con más del 60% de la humanidad que apenas ha visto un aumento de sus ingresos en los últimos 36 años. La riqueza se ha concentrado hasta tal punto que sólo ocho multimillonarios (todos hombres, por supuesto) tienen la misma riqueza que más del 50% de la población mundial. La pauta se ha afianzado hasta el punto de la autorreplicación: la vasta mayoría de la riqueza generada desde el inicio del neoliberalismo en los años ’80 ha fluido de manera eficiente y deliberada a las manos de lxs ya ricxs. En otras palabras, cada dólar de riqueza creado genera activamente más desigualdad.

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Estamos en medio de la sexta extinción masiva de este planeta, con 150 a 200 especies desapareciendo cada día. Eso es entre 1.000 y 10.000 veces la tasa histórica de extinción. Esta tasa de extinción presagia una verdadera catástrofe global si no se controla.

No estamos hablando de hacer la vida más difícil para algunxs humanxs. Estamos hablando de degradar los fundamentos de la Vida misma. Estamos astillando la base de la red alimenticia: en los últimos 50 años hemos perdido el 40% del fitoplancton en los océanos. Si todo eso se va, prácticamente no puede existir vida en los océanos. Del mismo modo, estamos destruyendo las poblaciones de insectos en tierra, hasta un 75% en algunos lugares. Sin insectos, no hay vida terrestre. Junto con la destrucción de esta especie, nos dirigimos a un aumento de entre 3 y 5 grados centígrados en la temperatura global en los próximos 80 años. Tres grados harán que partes del globo sean inhabitables para los humanos. En tal circunstancia, el esfuerzo de la civilización humana organizada globalmente será imposible de sostener. Cinco grados es casi el fin del juego para la humanidad.

En este contexto desastroso, personas como el señor Gates, con el respaldo de instituciones como el Banco Mundial y el FMI, nos dicen que el PBI mundial tiene que crecer alrededor del tres por ciento anual para evitar la deflación y el colapso del sistema. Esto significa efectivamente una duplicación de la economía mundial cada 20 años. El doble de coches, el doble de hamburguesas, el doble de vuelos transcontinentales, el doble de iPads, etc. Los efectos en el planeta son apenas concebibles.

Algunxs creen que negar esta realidad nos salvará. Hemos sido testigos de muchas personas en comunidades psicodélicas diciendo “la política no es lo mío” o “al hablar de política estamos creando dualismo”. Pero la política es mucho más grande que la política electoral. La política es el arte de manejar el poder. Y el poder te afectará, te guste o no. El miedo al dualismo crea más dualismo.

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Algunxs creen que las plantas medicinales como la ayahuasca jugarán un papel importante en el derrocamiento del paradigma existente. Esto puede ser cierto. Sin embargo, si las comunidades psicodélicas no entienden primero cómo funciona el sistema operativo global, entonces no podemos empezar a imaginar ni a refinar nuestras acciones y rezos de manera que sean proporcionales a la escala de nuestras crisis.

La primera tarea de las comunidades psicodélicas, entonces, es reconocer la realidad de todo el sistema. Si nuestras prácticas espirituales o psicodélicas nos separan de esto; si no están abordando las causas de raíz; o si no están defendiendo la Vida frente a la matanza neoliberal, no están sirviendo más que a nuestros propios, atomizados y egoístas yoes. ¿Y qué podría honrar menos a las verdades de unidad y unicidad que a menudo se revelan a través de la práctica psicodélica profunda?

Actualmente, estamos relegando el poder de los psicodélicos y las comunidades que los rodean a los márgenes del cambio social. Los psicodélicos se han convertido, para muchxs, en sólo otra herramienta para el autodesarrollo, en lugar de una práctica espiritual enraizada en el pensamiento revolucionario y la justicia social, centrada en comunidades de lazos profundos que tienen el poder de desarraigar la psicosis de la modernidad y las estructuras que la mantienen en su lugar.

Premisa 4: La fusión del movimiento de justicia social con las comunidades psicodélicas puede servir como el pilar de una comunidad mundial de hermandad

Oh, tú que caminarás por esta Tierra
cuando nos hayamos ido,
despiértanos…

Oh, tú que vienes después,
ayúdanos a recordar:
somos tus antepasadxs.
Llénanos de alegría por el trabajo que debe hacerse.

– “Oración a los futuros seres”, Joanna Macy

Se nos está acabando el tiempo como civilización. Dadas las realidades climáticas y ecológicas existentes, probablemente nos queden 10 o 20 años de forma de vida occidental. Podemos vivir negando esto, o podemos reconocer que proporciona una profunda oportunidad para unir a la gente a través de quiebres históricos. A través de las relaciones con las comunidades indígenas y tradicionales, las comunidades psicodélicas pueden acceder a poderosas medicinas vegetales, a profundos recursos espirituales y a tradiciones chamánicas que no eran accesibles para la mayoría de la humanidad hace sólo unas décadas.

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Al adoptar una comprensión más estructural del poder; hablando explícitamente en términos sistémicos, reconociendo las conexiones entre las problemáticas y las luchas; comprendiendo lo que significa vivir en lo profundo de un sistema adaptativo complejo; y siendo solidarixs con la Vida, las comunidades psicodélicas tienen el potencial de atraer a una base de personas mucho más amplia.

Lxs que están más marginadxs por el capitalismo moderno probablemente se sentirán más atraídxs por las comunidades psicodélicas si sienten este sentido de alianza que conlleva una visión del mundo compartida. Es posible que encontremos personas más diversas interesadas en sentarse en círculos de medicina o en unirse a festivales/reuniones que históricamente han sido ocupados por una pequeña clase de elites psicodélicas.

Esto politizará aún más las comunidades psicodélicas, ya que ahora estarán en parentesco con un movimiento más amplio. Este movimiento más amplio estará más directamente afectado e interconectado con la difícil situación de la mayoría del mundo.

Se puede imaginar el cambio en la cultura psicodélica cuando tengamos más gente de color, más gente de las comunidades LGBTQI, más gente del Sur global, más miembros de movimientos sociales llamados a unirse a los espacios donde se comparten los psicodélicos. Se pueden imaginar los beneficios potenciales para el movimiento más amplio cuando más de sus miembros hayan experimentado la muerte del ego, la disolución de la dualidad sujeto-objeto y otros aspectos de la experiencia psicodélica.

Como activistas trabajando en espacios de justicia social y como estudiantes de plantas medicinales, hemos visto los primeros rayos de luz de estos cambios. Hemos visto cómo el trauma de la lucha contra el sistema capitalista puede integrarse en lecciones profundamente encarnadas de resistencia, resurgimiento y regeneración. Hemos visto cómo aquellxs que experimentan una “muerte sin muerte” se vuelven más cooperativxs, generosxs y comprometidxs con la evolución colectiva.

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Por supuesto, esto no ocurrirá de forma inmediata o fácil. La unión de comunidades dispares, como toda profundización de enredos, es una proposición tensa, háptica y desordenada. La política del espacio y la identidad tendrá que ser replanteada. La economía del acceso a los medicamentos tendrá que ser repensada.

Las comunidades psicodélicas internalizarán estos profundos cambios a su manera. Podemos encontrarnos pasando menos tiempo tratando de legitimar a los psicodélicos al complejo científico/farmacéutico, sabiendo que esto acelerará la mercantilización y privatización de las medicinas sagradas. Puede que nos encontremos menos interesados en llevar a los CEOs de Silicon Valley a excursiones al Amazonas, en favor de más líderes de justicia social. Podemos encontrar una satisfacción innata en permanecer ajenxs a un sistema que no sirve a la Vida. También podemos encontrarnos revitalizadxs al sentarnos en un círculo de medicina entendido como un acto ilegal y revolucionario. O podemos encontrar un nuevo propósito en la oración colectiva y el chamanismo comunal, evitando el viejo modelo patriarcal basado en el héroe chamán solitario.

Podemos encontrar que habrá acceso a un propósito más profundo que la autoayuda. La idea binaria de que el cambio comienza en el interior dará paso a un modo menos dualista y más discursivo de cambio simultáneo interior y exterior, que se alimentará de sí mismo. Podemos encontrar que el tópico abolicionista de que “ningunx es libre hasta que todxs somos libres” puede ser un antídoto para el hastío espiritual de la cultura occidental.

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También podemos encontrar que la estructura de poder existente no será capaz de cooptar o consumir tan fácilmente una comunidad interseccional, mantenida unida por experiencias del misterio, el intercambio de sacramentos y conocimientos antiguos, y profundas prácticas político-espirituales. Podemos encontrar acceso a capacidades espirituales que habíamos olvidado que poseíamos. Podemos encontrar que la unión entre la espiritualidad y la política, y entre el misticismo y el anarquismo, puede proporcionarnos un camino para comenzar el necesario trabajo de reconciliación, recuperación, redención y reedificación. Hasta podemos encontrar que no existe ninguna diferencia entre activista y chamán. Podemos encontrar que nuestrxs antepasadxs, los elementos, las plantas y otros emisarios de un universo vivo conspiran para hablarnos de formas nuevas y oportunas.

Podemos encontrar maneras de ser lxs antepasadxs en los que esperábamos convertirnos.

Este artículo apareció originalmente en Kahpi.

Vía DoubleBlind, traducido por El Planteo.

Foto por Tim Marshall vía Unsplash.

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