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El Lado Oscuro de la Ketamina

El Lado Oscuro de la Ketamina

✍ 27 marzo, 2021 - 15:21

Por José Guzmán.

“Estaba justo saliendo de un K-Hole cuando me llamaste”, dice Hardy Brooklyn, un life coach y artista de performance de 50 años que vive en Nueva York. Su médico le recomendó la terapia con ketamina para tratar su dolor de cadera y su trastorno de ansiedad general. Hasta ahora se ha sometido a tres infusiones a lo largo de un año y medio; y si no fuera tan caro -USD 400 por infusión- dice que probablemente se haría una al mes. Aunque también utiliza ocasionalmente un spray nasal de ketamina en casa recetado por su médico.

De hecho, la ketamina es cada vez más popular, tanto como droga recreativa como tratamiento legal para una serie de dolencias, como el TEPT, la depresión y el dolor físico.

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“La versatilidad de esta molécula (tanto en su método de administración como en los rangos de dosis, cada una de las cuales parece hacer algo diferente para cada persona), hace que sea una molécula maravillosa con la que trabajar”, dice Erica Zelfand, ND. Esta médica generalista de Portland, Oregon, utiliza la ketamina para tratar a algunxs de sus pacientes. “Necesitamos algo nuevo en el campo de la psiquiatría y el mecanismo de acción de la ketamina es muy atractivo”.

Zelfand prescribe el fármaco e imparte talleres sobre la terapia asistida con ketamina para profesionales de la salud. Sin embargo, tiene reparos sobre el creciente número de clínicas de ketamina. “Desde el punto de vista comercial, la ketamina es una gran fuente de ingresos. El fármaco es baratísimo y se puede cobrar mucho por administrarlo, y eso me preocupa como profesional de la salud“, dice. “Sospecho que se está recetando y administrando en exceso”.

El acceso al tratamiento en clínicas especializadas sigue siendo limitado debido a su elevado coste (entre USD 350 y USD 1.250). Normalmente, el seguro no lo cubre, porque la ketamina no está aprobada por la FDA para ningún otro uso que no sea la anestesia (aunque en las clínicas legales se utiliza fuera de indicación). Pero el uso de la ketamina también es frecuente entre buscadores espirituales, psiconautas y en las fiestas, donde los casos de abuso son frecuentes.

“En San Francisco hay una epidemia de personas que consumen ketamina”, afirma el doctor Paul Abramson, médico de atención primaria de San Francisco. Él ofrece una atención médica completa, así como tratamientos de salud mental y de adicción. Califica la ketamina de “una de las sustancias más adictivas del planeta”, señalando su efecto psicológico sobre lx usuarix, más que físico.

Muchas personas disfrutan de la ketamina por sus propiedades psicodélicas y por las sensaciones de soñar y flotar que proporciona, junto con reflexiones significativas. Las dosis más altas hacen que su usuarix entre en un K-Hole, en el que unx puede sentir que su conciencia abandona el cuerpo. “Para un subconjunto de personas, es lo más interesante que han experimentado y algo que sienten que tienen que seguir haciendo”, dice Abramson. “Eso puede ser una atracción muy poderosa que puede llevar al uso diario y a ocultar el uso; y puede eventualmente llevar a la paranoia y a la pérdida de cosas importantes en su vida como amigxs, familia, trabajo, etcétera”.

Ketamina: una espada de doble filo

El discurso actual en torno a los beneficios de la ketamina en contextos médicos contrasta fuertemente con sus conocidos y menos mencionados riesgos cuando no se utiliza en dichos contextos. Tiene un lado oscuro que se manifiesta en forma de adicción aislante, y un uso intensivo que puede causar daños en los órganos, especialmente en la vejiga. Las historias de terror sobre adicción, enviadas por usuarixs anónimxs a Erowid, y la cobertura a finales de los 2000 sobre la epidemia de abuso entre jóvenes usuarixs en el Reino Unido son ejemplos de cómo el uso de la ketamina puede salirse de control y tener consecuencias potencialmente irreversibles (como la extirpación de la vejiga en casos extremos).

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El Dr. Zelfand explica que el daño a la vejiga es la cistitis ulcerosa: “Ocurre cuando la ketamina empieza a degradar el revestimiento de la vejiga creando llagas o úlceras”, dice. Y añade que la mayor parte de nuestros conocimientos sobre la toxicidad de esta sustancia proceden del contexto de las intervenciones quirúrgicas y la anestesia. “Lo que estamos viendo aquí, en entornos de abuso, es algo totalmente diferente. Se trata de una gran dosis única -como en la cirugía- frente a muchas dosis menores tomadas repetidamente”, señala.

James” es un diseñador gráfico de 38 años que vive en Nueva York. Tras conocer la ketamina por medio de un amigx hace cinco años, pronto se convirtió en su droga preferida. “Me ayuda a ser más creativo y a tener más ideas, a hacer trabajos artísticos y de diseño, y me da energía”, dice. “A algunas personas les cansa y les deja fuera de combate; a mí me permite estar despierto toda la noche haciéndolo. Me da ganas de trabajar y demás”.

Pero pronto estaba gastando USD 300 al día para mantener su consumo de ketamina y el de su novia. “En cualquier momento, en cualquier lugar, con gente, sin gente, no importa. Hace un par de semanas que no lo hago porque no tengo dinero”, cuenta. “Si tuviera más dinero ahora mismo probablemente iría a comprarla”. La ketamina puede costar entre USD 80 y USD 100 por gramo en el ambiente de las fiestas o a través de traficantes.

James afirma que actualmente experimenta intensos calambres y problemas de vejiga debido a su intenso consumo de ketamina. “Te destroza, esta droga te destroza el cuerpo”, admite.

Rebecca” es una joven de 27 años que, tras sufrir un trastorno por consumo de opiáceos en la secundaria, encontró la ketamina. Dice que pasó nueve meses de su último año de secundaria consumiendo grandes cantidades de ketamina a diario, e incluso se la inyectó intramuscularmente varias veces en el momento álgido de su consumo. También vendía ketamina para mantener su problemático hábito de consumo. “Sufría mucha ansiedad y mucho dolor, desde dolores de estómago hasta dolores de espalda y de cabeza”, dice. Al principio, la ketamina la ayudó a no consumir opiáceos y a controlar el dolor. Pero luego su consumo se volvió problemático y la pillaron consumiendo la sustancia en el colegio. Tras sufrir daños en la vejiga, Rebecca dejó la ketamina y volvió a consumir opiáceos sin supervisión médica.

Aunque el uso de la ketamina sin indicación y bajo supervisión médica se considera seguro, también conlleva riesgos. En abril de 2018, un paciente de Portland (Oregon) sufrió una psicosis inducida por la ketamina, atacó a su esposa y agredió a lxs agentes de policía que lo detuvieron. El hombre, que consumía un spray nasal de ketamina, fue evaluado por un médico que determinó que la cantidad de droga que se le había recetado era una “sobredosis grave.” Presentó una demanda por negligencia médica de USD 8,2 millones.

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Dependiendo del set & setting, la ketamina puede ser medicinal y/o recreativa, pero también potencialmente problemática. Esto ocurre con cualquier droga o medicamento, siendo la dosis y la intención las que diferencian una experiencia terapéutica de una agotadora.

Pero en el caso de la ketamina, esta dicotomía es aún más pronunciada debido a su gran variedad de usos, efectos y riesgos potenciales, algunos bastante extremos. En su famoso libro Ketamine: Dreams and Realities, el doctor Karl Janssen destaca estas dos caras del psicodélico disociativo: “Despierta a la gente y la duerme. Sobreexcita el cerebro tranquilo y calma el cerebro sobreexcitado… Es a la vez perjudicial y protectora, pro y anticonvulsiva, adictiva y un tratamiento para la adicción… una fuente tanto de curación como de daño, de integración y desintegración”.

Parte de la literatura científica existente refleja aún más esta dualidad, con artículos que llevan títulos comoPeril or Promise,” (“Peligro o promesa”) oUse and Abuse,” (“Uso y abuso”). O, en el caso de un capítulo del libro de Janssen, “The Light Within vs. The Dark Side” (“La luz interior versus el lado oscuro”). El dualismo de la ketamina también es evidente a nivel molecular, ya que los frascos del medicamento contienen K “derecha” o “izquierda” (más información al respecto en el artículo de Zelfand aquí).

¿Es la ketamina psicológicamente segura?

Abramson, al igual que Zelfand, administra ketamina a algunxs pacientes tras un exhaustivo proceso de selección. Y según él, a pesar del perfil de seguridad de la droga y su baja toxicidad física en un entorno médico, “no es psicológicamente segura” para su autoadministración.

Tras hablar “con muchos cientos de personas con problemas de ketamina”, Abramson afirma que la adicción a la ketamina es muy difícil de tratar, por lo que desaconseja su uso sin supervisión médica. “No es uno de esos psicodélicos que es buena idea que la gente se autoadministre o tenga su propio suministro”, dice. Para lxs pacientes con trastorno por consumo de ketamina, “no hay ningún fármaco que reduzca su interés por la ketamina, [ya que] a menudo están disociados de sí mismos; y la terapia de conversación tiene una utilidad limitada porque, aunque expresen su percepción del hecho de que hay un problema y tienen que dejarlo, la otra parte de su cerebro que está en el espacio de la ketamina no conecta realmente con eso”.

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Zelfand, que ha escrito sobre la ketamina para tratar la depresión y los trastornos del estado de ánimo, señala la frecuencia como un indicador del uso problemático: “¿Cuánto, con qué frecuencia y por qué?“, pregunta. “No quiero pintar una imagen de que la gente está de fiesta irresponsablemente, [aunque] algunxs lo están; pero mucha gente está tomando ketamina clandestina porque están tratando de ayudarse a sí misma. Mucha gente lucha contra la ansiedad, por ejemplo, y no tiene seguro médico ni acceso a los servicios de salud mental; y eso significa que a veces la gente recurre a las cosas más duras cuando algo más suave podría funcionar, y la ketamina puede no ser la droga adecuada para ellxs“.

Abramson dice que es importante que la perspectiva sobre los riesgos y el daño potencial de la ketamina forme parte de la conciencia pública. “No se habla lo suficiente”, dice. También señala que, aun así, los inconvenientes de la ketamina “no deben considerarse negativos, [ya que] todas las cosas en la vida tienen pros y contras”.

James dice que no ha consumido ketamina desde hace un par de semanas y que no tiene previsto recibir ayuda para dejar de consumir. Rebecca no consume ketamina ni opiáceos desde octubre del 2016, tras someterse a un tratamiento con ibogaína. “No he tocado ninguno y no tengo deseos, no tengo antojos y desde entonces he desarrollado mejores mecanismos de afrontamiento y me he rodeado de mejores personas”, explica. Brooklyn planea seguir con sus actuales tratamientos con ketamina por el momento, pero pretende dejar de consumir la droga por completo después de su prótesis de cadera en un par de meses.

Todo esto para decir que, a menudo, la diferencia entre una medicina y un veneno es la dosis y la intención. Para muchxs, la ketamina puede hacer maravillas tratando dolencias como la depresión o el TEPT. Pero para otrxs es más complicado.

Vía DoubleBlind, traducido por El Planteo.

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