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Ojo: La Legalización de la Marihuana Implica la Regulación, No ‘Vale todo’

Por Javier Hasse

Ojo: La Legalización de la Marihuana Implica la Regulación, No 'Vale todo'

✍ 21 October, 2022 - 10:56


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Johnny vive en EEUU. Un día, se le ocurre una gran receta para hacer un refresco en casa, que resulta ser muy similar a la Coca-Cola. Decide embotellarlo y empezar a venderlo en su garaje.

No tiene licencia como minorista ni paga impuestos; su producto no está certificado como seguro y nadie puede confirmar si las botellas que utiliza han sido esterilizadas. Pero a la gente le sigue gustando su alternativa a la Coca-Cola: es deliciosa y, según Johnny, totalmente natural. Pero, por desgracia, no está disponible en Walmart.

¿Qué crees que va a pasar?

En un país en el que una mujer se siente justificada al llamar a la policía porque una niña de 8 años está vendiendo agua sin permiso, seguramente puedas adivinar: el éxito de Johnny tiene los días contados.

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Ahora, piensen en el Advil, en una hamburguesa o incluso en los tomates. El comercio siempre está regulado por el Estado. Y la marihuana no es diferente. (Si me preguntan a mí, diría que cultiven su propio porro cuando las leyes lo permitan, siempre que sea para uso personal. Sin embargo, vender marihuana cultivada en casa es una caja de Pandora completamente diferente que yo aconsejaría no abrir).

¿Qué significa la legalización?

Para muchxs, la legalización supone el fin de la interferencia del gobierno en las decisiones de la gente. Una historia de prohibición, estigmatización y contracultura de la marihuana ha cimentado la narrativa binaria de “usuarios de cannabis” o “sociedad civil” frente a “la industria del cannabis” y “las regulaciones estatales”.

“Desde esta perspectiva, la legalización significaría la abolición de los controles sobre el cannabis; una fórmula con la que es difícil no estar de acuerdo, en un estado natural, o ‘primer momento’ ideal de la humanidad”, explica Nicolás José Rodríguez, candidato a doctorado centrado en el cannabis en The New School. “Es fundamental para esta visión la idea de la anarquía mágica como sistema social documentado por etnógrafos a finales de los años 80 en el Triángulo Esmeralda“.

Sin embargo, esta narrativa “One Love” del cannabis omite el hecho de que muchxs de los primeros cultivadores de cannabis que llegaron al condado de Humboldt y Trinity en los ’60 y ’70 se vieron ahogados por las Reaganomics y se volcaron en la producción y venta de cannabis debido a un hecho innegable de la vida: la gente paga más por el cannabis que por la lechuga o los tomates. La gente necesitaba vender cannabis para ganarse la vida, lo cual no es diferente hoy en día. Pero ahora que es legal, hay normas sobre cómo se puede hacer.

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“A menudo editamos estos hechos en nuestras narrativas de por qué la planta debería ser libre y, al mismo tiempo, borramos la posibilidad de ganarse la vida y tener éxito en la producción de cannabis. Esta operación moral crea la ilusión de que sólo hay una manera de legalizar el cannabis”, añade Rodríguez. “Es una lógica que excluye la posibilidad de crear nueva riqueza en comunidades y localidades afectadas por crisis económicas”.

Pero no se preocupen; hay un punto medio, dice Mara Gordon, legendaria defensora del cannabis y fundadora de Aunt Zelda’s.

“Hay una tremenda zona gris entre el cannabis libre sin regulación y el modelo capitalista excluyente que se está desarrollando en los Estados Unidos hoy en día. Mientras que los individuos deberían tener el derecho de hacer y consumir productos en casa con sus seres queridos, una vez que la medicina se vende -o incluso se dona- a alguien fuera de su casa, hay una responsabilidad de saber que es segura y apropiada“.

Y añade: “No podemos ejercer la medicina ni dispensar productos farmacéuticos sin una licencia. ¿Qué hace pensar a la gente que puede fabricar medicamentos sin tener una supervisión de seguridad y licencias?”.

Por supuesto, esto no es barato. Pero la mayoría estaría de acuerdo en que, cuando se trata de medicamentos o bienes de consumo envasados, es necesario garantizar la seguridad del consumidor y del paciente.

Una verdad ineludible

En opinión del abogado Bob Hoban, de Clark Hill, “durante demasiado tiempo, lxs activistas cannábicos han vivido bajo la probable ilusión de que la legalización del cannabis significa simplemente que es libre y legal y abierto. Pero, por desgracia, ese no es el mundo moderno en el que vivimos. Esto es especialmente cierto en una sociedad polarizada que se ha acomodado demasiado a la supervisión y regulación gubernamental de todo”.

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Al igual que en los albores de la industria, el cannabis moderno está entretejido en un mundo de política, intereses y desigualdades que dan forma a la opinión pública y estimulan los cambios regulatorios incrementales que proporcionan oportunidades a quienes están en la industria.

Así que, sí, la legalización de la marihuana significa regulación. Significa que el gobierno ya no te dirá que no puedes consumir, cultivar o vender cannabis. En cambio, ahora te dirá cómo y cuándo puedes hacerlo.

“El aparato estatal que impulsó la mayor operación militar de Estados Unidos, el programa CAMP, contra lxs cultivadores de cannabis en California en los ’80 y ’90, declaró el cannabis esencial 30 años después”, señala Rodríguez. “La bestia está mutando. Ya no se necesitan helicópteros para controlar el comercio de cannabis cuando hay normas, protocolos y sistemas que rastrean, localizan y gravan el cannabis desde la semilla hasta la venta. Es un cambio profundo en la gobernanza”.

Una vez que los enfoques estrictamente punitivos se vuelven más flexibles, el cambio permite ciertas excepciones legales en las que se puede cultivar cannabis bajo ciertas reglas que, sin embargo, pueden ser de naturaleza excluyente.

Es cierto que, muy a menudo, las normativas no contemplan automáticamente las necesidades de lxs cultivadores y usuarios de cannabis. Indican que el sistema mueve sus piezas para crear un pequeño nicho donde el cannabis pueda crecer y es dentro de esas regulaciones que las organizaciones y los productores pueden hacerse un lugar en esta industria en auge.

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“Podríamos argumentar que la legalización en las condiciones actuales es el acercamiento del Estado y las corporaciones con piel de cordero”, dice Rodríguez.

Pero, se pregunta, ¿qué pasa con las instancias y debates que esta legalización imperfecta trae para las organizaciones, instituciones y asociaciones? ¿Estamos perdiendo la oportunidad de organizar montajes de producción de cannabis más justos dentro del actual marco imperfecto? Si es así, ¿qué podemos hacer al respecto?

Desafiando nuestras nociones

Esta noción de que la legalización del cannabis implica un enfoque libertario de su producción y venta se ha abierto paso en los debates políticos de Estados Unidos y del mundo durante mucho tiempo. La pregunta es siempre la misma: en el espectro finito de opciones políticas legales/reguladas, ¿qué modelo deberíamos apoyar? ¿Y cuál prevalecerá en última instancia?

“El modelo en el que todo es simplemente legal y libre de regulación no es probable en el mundo moderno”, asegura Hoban. “El modelo en el que el cannabis está regulado mucho más cerca del tabaco que del alcohol simboliza una regulación limitada, pero más libertad. El modelo del alcohol [implica] menos libertad y más regulación, pero está disponible en la gran mayoría de las jurisdicciones con un límite de edad”.

También está el modelo de los dispensarios de cannabis, ahora reconocido, que muchos consideran demasiado regulado y que envía un mensaje equivocado a la sociedad sobre la seguridad del cannabis.

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“Este ‘espectro de opciones de regulación’ raramente, si es que alguna vez, aterrizará en un sistema en el que el [acceso al] cannabis sea simplemente libre y fácil sin restricciones”, continúa Hoban.

Ese no es el mundo moderno en el que vivimos, para bien o para mal.

“Es esta ilusión la que a menudo enfrenta a los ‘trajeados’ o al ‘porro de Wall Street’ con los ‘OG’, o con los intereses más arraigados en el movimiento activista”, dice Hoban. “Pero mucha gente sencillamente no tiene la experiencia pertinente o los conocimientos internos para entender cómo se desarrollan estos debates políticos (relativos al nivel de regulación), y el impacto de las partes interesadas en ambos lados de la cuestión política”.

“Por ejemplo, los grupos de presión de la industria han tenido en general una comprensión muy pobre del impacto de la CSA [la Ley de Sustancias Controladas de la DEA] de la reclasificación frente a la desclasificación hasta hace poco, y las implicaciones prácticas de la misma”, continúa. “Dicho esto, las expectativas de una industria comercial y regulada que surgió de un movimiento activista son, como mínimo, complicadas, y estas expectativas (y la realidad asociada a ellas) demuestran la conflictiva industria en la que trabajamos”.

Seamos realistas

Las cooperativas estadounidenses representan un tipo de asociación en la que los beneficios, las pérdidas y las inversiones se reparten a partes iguales. La toma de decisiones también es colectiva y permite la distribución equitativa de los recursos. El trabajo y los conocimientos se distribuyen por igual para estimular también la innovación y la cooperación.

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Los sellos y protocolos locales presentan otra alternativa para “escapar” de los marcos normativos que pueden ahogar el espíritu de lxs emprendedores.

“Estos necesitan mucho lobby a nivel local y estatal, pero eventualmente permitirán a lxs pequeños productores cultivar cannabis bajo cierta marca que reconozca la diversidad local”, señala Rodríguez.

A nivel personal, subjetivo o cultural, el reto parece ser superar el lastre moral que nos imponemos con conceptos como el que plantea que lucrar con la marihuana es inmoral.

Está bien lucrar con el porro, pero ese proceso será regulado de alguna manera.

Que lxs ciudadanos privados ganen dinero rara vez forma parte del discurso pro-legalización. La gente suele hablar de facilitar el acceso a pacientes, de mantener a consumidores pacíficos de cannabis fuera de la cárcel, de generar ingresos fiscales evitando el gasto innecesario de recursos públicos, de frenar el uso de drogas farmacéuticas adictivas, de detener la violencia y el racismo que permite la prohibición, e incluso de ayudar al medio ambiente. Pero rara vez se oye decir a la gente: “Quiero que se legalice el cannabis para ganar plata”.

Esto nunca fue una promesa. Pero ahora, parece ser una demanda.

¿Qué esperábamos exactamente?

Estados Unidos es el epítome del capitalismo. Si no es el gran capital, ¿quién crees que acabaría siendo el dueño y beneficiándose de la industria?

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Es más, es una industria que puede encajar en uno de los cuatro carriles políticos existentes. Primero, el carril farmacéutico aprobado por la FDA. Segundo, productos nutricionales y de wellness de la planta de cannabis (normalmente no tóxicos). Tercero, marihuana de venta libre (por ejemplo, dispensarios). Luego están los usos industriales. ¿Quién controlará cada vertical?

“Cuando se considera la planta como eso mismo -una planta, aunque sea mágica-, se entiende rápidamente que puede regularse en función de sus usos. Y esos usos tienden a encajar en uno de los cuatro carriles políticos mencionados”, dice Hoban.

“Crear algo nuevo en la política pública rara vez funciona, y es mucho más conveniente y ‘comprensible’ facilitar el cultivo de la planta, con sus usos regulados de manera coherente con otros productos/usos que están contenidos en ese carril. Y la última vez que lo comprobé, desgraciadamente no había un carril de política para la actividad libre, fácil y no regulada de estos materiales. Bueno o malo… es simplemente un hecho”.

¿Entonces?

“Demasiados grupos presionaron a sus gobiernos locales con promesas de ganancias económicas si se legalizaba el cannabis. Los estados y los municipios les escucharon -y les creyeron- añadiendo múltiples capas de impuestos a la ya costosa medicina”, dice Mara Gordon. “Ahora, muchos de estos mismos grupos se lamentan de los impuestos y regulaciones injustas como asesinos de negocios”.

En su opinión, las empresas que tomaron la decisión de seguir las regulaciones y mantener altos niveles de calidad se han quedado en el camino, una por una, ya que las que tienen el retorno de la inversión y los márgenes de beneficio como principales impulsores están teniendo éxito al reducir la calidad mientras ganan cuota de mercado.

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¿Se ha convertido el cannabis en otra oportunidad capitalista con rostro popular?, se pregunta. “Lamentablemente, tendría que concluir que la respuesta es sí”.

Pero en realidad no se trata de la izquierda o la derecha y sus ideales políticos, se trata más bien de utilizar las construcciones reguladoras existentes para que los responsables políticos y burócratas puedan entenderlo de antemano.

“Tenemos que colar [el concepto de libertad personal en lugar de libertad] a ambos partidos, francamente”, termina Hoban, en lo que parece una referencia al Don Juan de Castaneda, que desafía lo que creemos y nos engaña para que aprendamos.

¿Cuál creen que es la respuesta? ¿Más regulación? ¿Menos regulación? ¿O incentivos económicos para ayudar a quienes tienen menos recursos a cumplir la normativa actual?

Estaré leyendo sus opiniones en las redes sociales @JavierHasse.

Vía High Times, traducida por El Planteo.

Foto por manish panghal vía Unsplash

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ACERCA DEL AUTOR

Javier, el co-fundador y CEO de El Planteo, es un escritor especializado en cannabis, cáñamo, CBD y psicodélicos. Actualmente se desempeña también como colaborador senior en Forbes EEUU y Director Ejecutivo en Benzinga Cannabis, una empresa de medios y eventos en los Estados Unidos, enfocada en cannabis, cáñamo, y psicodélicos manejando un equipo de más de 70 personas.

Su libro “Start Your Own Cannabis Business,” publicado en mercados angloparlantes por Entrepreneur Media, llegó al primer puesto de “Best Seller” en Amazon.

Como reportero premiado, ha publicado más de 5.000 artículos en medios masivos incluyendo Forbes, CNBC, Playboy, CNN, MSN, UOL, Entrepreneur Magazine, Yahoo Finance, MarketWatch, Houston Chronicle, The Street, Nasdaq, Yahoo, Morningstar, Benzinga, MERRY JANE, High Times, Leafly, DOPE Magazine, etc.

Javier también rankea en numerosas tablas Billboard por su participación en discos con RZA e Inspectah Deck de Wu-Tang Clan, Twista, Lil Windex, Riff Raff, Cyhi The Prynce, Yung Bleu, DJ Whoo Kid, Jonathan Hay, y otros.

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