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Muerte del Ego: Renacer con Psicodélicos

Muerte del Ego: Renacer con Psicodélicos

✍ 20 septiembre, 2020 - 09:16

Por Jeff Lebowe.

¿Qué es el Ego?

Desde la perspectiva de muchxs psicólogxs modernxs, “el ego” puede considerarse la culminación de tres componentes de la psique humana: la visión que un individuo tiene de sí mismo (autoimagen), el valor que se atribuye a sí mismo (autoestima) y las muchas creencias, ideologías y afiliaciones que tiene (autoidentidad). Este sentido de sí mismo del individuo nos ayuda a clasificar y cuantificar nuestra realidad. También puede afectar a nuestros pensamientos, tanto en el momento como en la memoria. Por lo tanto, el ego puede servir como un guardián de la conciencia, admitiendo en la ésta sólo aquellos pensamientos que se ajustan a nuestra auto-imagen.

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Todos estos componentes clave de la mente comienzan a desarrollarse aproximadamente a la edad de cinco años. Éste es el momento en que la actividad en la Red de Modo Predeterminado (DMN) del cerebro se distingue de otras redes. La DMN es crucial para el desarrollo de la funcionalidad social, la percepción del tiempo, el recuerdo del pasado y la simulación del futuro, y la separación del “yo” y el “otro”. El escritor y filósofo Aldous Huxley, en su famoso y ampliamente citado libro Las Puertas de la Percepción, acuñó una teoría sobre por qué la DMN evolucionó para estar tan entrelazado con el ego, y con la conciencia en su conjunto: “Para hacer posible la supervivencia biológica, la gran cantidad de datos sensoriales entrantes deben ser rápida y eficientemente clasificados y canalizados a través de una válvula reductora”.

La DMN, y por lo tanto el ego, según Huxley, actúa como esta válvula reductora. Expulsa los pensamientos y la entrada sensorial que no encajan claramente en nuestra auto-imagen o auto-identidad, o que potencialmente podría dañar nuestra autoestima. Aunque es necesaria cierta filtración para evitar que nos abrume una masa de datos en gran parte inútiles e irrelevantes, a menudo resulta en la formación de un sesgo cognitivo, o también una lente dualista a través de la cual llegamos a percibir la vida. La dualidad es lo opuesto a la realidad verdadera (es decir, no autoconstruida): la división de todos los aspectos de la vida en fuerzas opuestas como el amor/odio, el bien/mal, el correcto/incorrecto y el santo/pecado.

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En función de esta dualidad, el ego erige límites que pueden llevarnos a sentirnos aisladxs de las personas que nos rodean y desconectados de la naturaleza e incluso de nosotrxs mismxs. Por esta razón, hay quienes buscan estados de disolución del ego, como los producidos por los psicodélicos o la meditación profunda. En este estado, los límites creados por el ego se disuelven completamente. Estás completamente “en el momento” y eres capaz de ver las cosas desde una perspectiva macroscópica, más objetiva. Ya no eres un individuo aislado de la vida tal y como ocurre a tu alrededor. Por el contrario, te sientes interconectadx con el universo y todos sus habitantes, experimentando intensos sentimientos de amor, euforia y unidad, mientras el yo se olvida temporalmente. Este estado de altruismo y los subsiguientes sentimientos de conectividad con el universo se conocen como “muerte del ego”.

Muerte del ego

Desde un punto de vista filosófico, la muerte del ego puede describirse como una transformación temporal de la psique que pasa de ser centrada en sí misma a ser completamente imparcial. Esto podría fomentar una perspectiva novedosa, despejada por la lente de la dualidad que el ego arroja sobre nuestra conciencia mundana.

Desde un punto de vista científico, la hipótesis de la muerte del ego es el resultado de la actividad amortiguada en la Red de Modo Predeterminado. Esta calma temporal puede actuar como un “reajuste” o “recableado” de la red. Por lo tanto, puede “recablear” los patrones de pensamiento, que de otra manera están limitados por el ego. “Si haces lo mismo repetidamente, es como si estuvieras caminando por el mismo camino todo el tiempo” dice el psicólogo Dr. Matthew Brown. Según Brown, la actividad de amortiguación en la DMN, y la experiencia de la muerte del ego asociada a ella, “corta el césped” para que puedas caminar por ese nuevo camino un poco más fácilmente.

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La muerte del ego a menudo puede aumentar rasgos como la apertura emocional y la empatía; también puede mostrarnos una realidad verdadera e imparcial, ilustrando así dónde nuestros egos nos han “mentido” para preservar la imagen, la identidad y la autoestima. La breve amalgama del yo y el otro también sirve para brindar la epifanía de que todos los individuos estamos conectados. Esto a menudo conduce a drásticos cambios de personalidad, e incluso a un “despertar espiritual”. De hecho, esta noción de “unidad” está entre los criterios que lxs científicxs psicodélicxs utilizan para calificar la “experiencia mística”. Ésta se correlaciona con mayores tasas de sanación entre lxs que utilizan psicodélicos para condiciones como la adicción o la depresión.

La muerte del ego y el despertar espiritual

La palabra “espiritual” se utiliza a menudo en un contexto religioso. Sin embargo, una definición más adecuada es “más allá del dominio físico o material de la existencia“. Dada esta definición, es fácil ver cómo una experiencia de muerte del ego (en la que la ilusión del yo se hace añicos) puede fomentar la comprensión de que el universo entero está conectado, y que la conciencia (en su verdadera forma imparcial) trasciende la muerte.

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Debido a que se asocia comúnmente con la oscuridad, la decadencia y la tristeza, la palabra “muerte” tiene una gran connotación negativa. Naturalmente, la mayoría de los individuos evitan pensar en ella y viven con miedo a su inevitable muerte física, equiparándola quizás a una eternidad de nada. Sin embargo, la experiencia de la muerte del ego puede probar (al menos subjetivamente) que no es así. La continuación de la conciencia mientras el ego se disuelve subraya las teorías de los filósofos antiguos y modernos: cuando nuestra identidad y todo aquello con lo que nos identificamos y apreciamos desaparece, algo, alguna forma de conciencia, permanece. Darse cuenta de la inmortalidad de la conciencia (a pesar del hecho de que el tiempo que vive en nuestros cuerpos es temporal) puede ser un cambio de paradigma iluminador. Aquellxs que han escuchado anecdóticamente sobre la experiencia pueden preguntarse, “¿cómo puedo experimentar esto?”.

Cómo inducir la muerte del ego

La muerte del ego ha impregnado la conciencia humana durante milenios. Los antiguos monjes budistas buscaron lo que llamaron iluminación. Los musulmanes sufíes, por su parte, persiguieron un estado de conciencia similar al que llamaron Fana. Hay numerosas formas en las que este estado puede ser ocasionado. Por ejemplo: la meditación profunda, el parto, las experiencias cercanas a la muerte, o (la forma más rápida) a través del uso de drogas psicodélicas como la psilocibina (el ingrediente activo de los hongos mágicos), DMT, o LSD. Es importante señalar que la utilización de este método también puede entrañar un riesgo importante. Los psicodélicos siempre deben ser tratados con sano respeto y precaución.

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Una muerte del ego inducida por psicodélicos puede ser aterradora si no estás preparadx para dejar ir el ego, si no estás listx para aceptar tus pensamientos como realmente son (es decir, no filtrados a través del sesgo del ego), o si intentas luchar contra la disolución del ego. Quienes luchan contra la muerte del ego bajo la influencia de un psicodélico pueden pensar que están muriendo o volviéndose psicóticos. De hecho, esto es parcialmente cierto, ya que tu sentido del “tú” está muriendo, aunque temporalmente. En retrospectiva, esto podría beneficiar tu perspectiva de la vida, o rasgos como la empatía, y tu bienestar general.

Si te encuentras en una situación de muerte del ego, lo mejor que puedes hacer es rendirte a la experiencia y dejarte existir en el momento, absorbiendo los sentimientos de unidad y conexión que tantxs de nosotrxs deseamos, pero que son suprimidos por el ego. También es un gran momento para aprovechar esta perspectiva completamente objetiva, y analizar tu propia psique. Puedes confiar en que volverás a “ti mismx” como una persona más empática, comprensiva y de mente abierta.

Llamémoslo “disolución” del ego, no “muerte”

Hay quienes prefieren llamar a la experiencia de la muerte del ego “disolución del ego”. Mientras que se refieren a la misma cosa – una pérdida del sentido del yo – esta última tiene un peso más suave, con menos atención a la idea de “morir”. De hecho, no es tanto que el yo “muera”. Más bien se disuelve o se derrite, porque las vías neuronales se abren a nuevas experiencias fuera del sentido mundano y normalmente definido del yo.

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Por otra parte, aunque algunas personas pueden experimentar una sensación de “renacimiento” con los psicodélicos (lo que concuerda con la metáfora de la “muerte” del ego), la noción de “disolución” del ego hace pensar en la idea de reintegrar el yo en un todo unificado y cohesivo.

El ego no es el enemigo

A pesar de su tendencia a filtrar el mundo de manera dualista y confinar nuestros pensamientos a caminos predeterminados, el ego no debe ser considerado como un enemigo, sino más bien como algo parecido a un mal necesario. El ego es crucial para que podamos cuantificar nuestras experiencias como seres humanos. Sí, el ego puede ser perjudicial, reforzando el pensamiento negativo y amplificando las condiciones psicológicas como la depresión y la ansiedad. Pero también puede ser la fuerza que nos impulsa a sobrevivir y prosperar.

La experiencia temporal de la muerte del ego puede dar una profunda visión personal, y hasta iluminación. Pero el ego se filtra perpetuamente y coloca su filtro sobre nuestra conciencia. La muerte del ego puede ser pensada como una herramienta a través de la cual ver nuestros pensamientos y acciones desde una perspectiva objetiva. Una vez que podemos apreciar que el ego se desarrolla de forma reactiva, podemos renunciar a su control sobre nuestros pensamientos y emociones.

Vía DoubleBlind, traducido por El Planteo.

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