'El Cannabis Era Usado para Protestar, la Cocaína Es la Droga del Capital': Gustavo Petro en la ONU
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Ayer, el presidente colombiano Gustavo Petro se presentó ante la Comisión de Estupefacientes de la ONU para hacer una de las cosas que mejor sabe hacer: criticar las anticuadas políticas antidrogas como la prohibición del cannabis y proponer alternativas a la violencia estatal.
Esta no es la primera vez que Petro manifiesta estas posturas ante el organismo internacional. Fiel a su estilo habitual, el mandatario habló durante la apertura de las sesiones en Viena para traer una perspectiva fresca y poco ortodoxa a la hora de hablar de drogas, en un discurso que fue publicado íntegramente en la página de la presidencia de Colombia.
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Petro comenzó mencionando, casi al pasar, cómo el “problema” del uso de drogas ha sido manufacturado de manera relativamente reciente en la historia humana, cuando en su mayor parte las sustancias nos han acompañado siempre. Los esfuerzos por detener este consumo, prohibirlo y demonizarlo, son recientes e inseparables de voluntades políticas con motivos ulteriores, desembocando en “políticas públicas erróneas” que, según él, habría que evaluar.
Porro para la protesta, cocaína para el capital, fentanilo para el apocalipsis
Uno de los pilares del discurso de Gustavo Petro en la ONU discurrió alrededor del cannabis; más específicamente sobre su prohibición y los efectos de la misma en sociedades dispares.
En Estados Unidos, la demonización de la marihuana tiene una larga historia, llegando a un punto de inflexión con la guerra de Vietnam y su asociación a las protestas juveniles y el movimiento hippie antibélico. La prohibición mundial de la planta, con raíz en intereses políticos estadounidenses, devino en detrimento para los países del sur global, como remarcó Petro. El mismo, además, se pregunta cuántos colombianos habrán muerto gracias a esa guerra que no era suya, deslizando que correspondería algún tipo de indemnización.
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Al respecto de la guerra contra las drogas, el mandatario colombiano no da vueltas: “La prohibición implica la creación de la mafia, y la creación de la mafia implica la muerte y la violencia”. A contrapelo de la postura todavía mayoritaria, Petro volvió a exponer cómo las mafias del narcotráfico nacen gracias a la prohibición y son alimentadas por ella (una idea con un respaldo cada vez más fuerte de las investigaciones).
Así, comparó la historia y el uso de la marihuana con el de la cocaína. El presidente afirmó que el cannabis era usado principalmente por jóvenes como modo de protesta, de rebelión. En contraste, “la sociedad consumidora de cocaína” que surge más tarde responde a otro tipo de motivación: “La cocaína es la droga del capital, ya no de la protesta”.
El uso de esta droga, analizó Petro, está inscripto en la lógica del neoliberalismo y una sociedad donde prima la competencia: “Es necesaria para aumentar la jornada de trabajo. Tiene que ver con el ánimo de quien trabaja, hombre o mujer, por trabajar más y ganar más”. Y arremetió: “Lo que va reflejando es una carencia de afecto y una necesidad adictiva de trabajo y de dinero. Por eso se le conoce como la droga de Wall Street”. Llama la atención cómo el mandatario ubicó el componente adictivo no en la sustancia, sino en la lógica capitalista de acumulación.
Ahora bien, resulta imposible hablar del flagelo de las drogas hoy por hoy sin mencionar el fentanilo, cuyo mal uso y tráfico están generando estragos en un número cada vez mayor de sociedades. El presidente colombiano lo calificó como “una droga de la muerte: ya no de la protesta, ya no del trabajo intensivo, del deseo de tener más, sino de dejarse morir“. Asimismo, siguió afilando su análisis social del uso de distintas sustancias, asociando el uso de fentanilo con una sociedad apocalíptica, teñida por la necropolítica, sin un futuro positivo en el horizonte. Para él, estamos hablando de sociedades “que no quieren tener hijos, de soledad absoluta… Una anticultura: la de la extinción de la humanidad. El fentanilo es la droga de la crisis climática“.
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También afirmó sin tapujos que el “fentanilo es un suicidio. Para quienes conscientemente llegan a consumirlo sabiendo lo que implica, es porque dentro de ellos hay el ánimo ya de suicidarse”. No obstante, es importante aclarar que uno de los mayores problemas que plantea esta sustancia es que suele ser utilizada como material de corte para otras drogas, generando mayor adicción sin que la persona sepa qué es lo que está consumiendo. De este modo, el fentanilo no siempre es utilizado a sabiendas o respondiendo a semejante pulsión de muerte.
El mandatario justificó este tipo de análisis (menos químico y más social) porque considera urgentes preguntas como “qué consecuencias trae la prohibición, sobre qué sociedades, y cómo se pueden medir esas consecuencias”. La respuesta, para Petro, está íntimamente entrelazada con “la evolución misma de la sociedad humana contemporánea, sus conflictos, su estructura de la manera de producir y consumir y de su poder”.
Cultivo de coca en Colombia: Alternativas para combatir el narcotráfico
“Yo estoy en la lista OFAC. Aquí no debería estar”: tal fue el volantazo que pegó en la mitad de su discurso. Esto se refiere a su reciente inclusión en la Oficina de Control de Activos Extranjeros, organismo reservado para realizar sanciones económicas con el pretexto de proteger la seguridad nacional de EEUU. Tal medida fue realizada en el marco de la grave acusación, por parte de Donald Trump, de que el presidente colombiano es un “líder del narcotráfico”, y de la descertificación del país en la lista de naciones que luchan contra el mismo.
Petro respondió con datos concretos: “Me acusaron de ser aliado de los narcos en el momento en que más cocaína incautamos en Colombia. Llegamos a 3.300 toneladas en el momento en que comenzaron a descender los cultivos de hoja de coca”. Tal cifra no solo representa un récord mundial en la materia, sino que incluye, según el presidente, cero víctimas fatales.
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Sin embargo, en vez centrarse en el drama de acusaciones personales, Petro aprovechó para arrojar luz sobre la historia del cultivo de coca en su país, desde un lugar de producción más que de consumo, ya que su sociedad jamás le dio particular uso a la planta. Las razones, reveló, tienen más que ver con frutos de la desigualdad social del sur global que con las preferencias de su población. Así, el presidente hiló factores como la falta de democratización en la tenencia de la tierra, intereses políticos y la violencia del narcotráfico.
“En Colombia se cultiva hoja de coca porque es una de las sociedades más desiguales del mundo, y porque su desigualdad social arranca a partir de la estructura de tenencia de la Tierra”, explicó. “La cultivan los campesinos que han sido desplazados por décadas y por generaciones de la tierra fértil con violencia, muerte y masacre… Una violencia que en 75 años lleva 700.000 muertos asesinados”.
Ante esta situación alarmante, Petro se preguntó: “¿Cuál es la política más seria a construir allí?”. Criticando soluciones agresivas como el uso de glifosato o el arrasamiento de los campos, el mandatario propuso la sustitución de cultivos: es decir, darles a los campesinos tierras fértiles para cultivar y propiciar un mercado donde sus productos puedan competir.
Así, pasó a describir los beneficios de la sustitución voluntaria—no forzada— de cultivos, que “ya alcanza 42.000 hectáreas en el sur y en el centro de las zonas de más alta productividad de Colombia”, brinda esperanzas de un futuro mejor a sus campesinos y reduce la producción de coca destinada al tráfico ilegal.
Pero también advirtió que sus progresos son limitados sin apoyo internacional y estrategias articuladas entre países, criticando la mencionada expulsión de Colombia de los esfuerzos contra el narcotráfico. “¿Por qué nos han descertificado cuando estamos demostrando eficacia?”, se preguntó. “Se hacen reuniones de alianza excluyendo a Colombia, cuando en el caso de la cocaína, Colombia es esencial por su experiencia“.
Esta última reunión a la que se hace referencia tuvo lugar en Miami la semana pasada, y devino en un acuerdo tan original como eficiente: más mano dura contra el narcotráfico. Al respecto, Petro opinó: “No critico que se hagan coaliciones políticas… pero sí me parece que con 17 países pequeños, débiles y sin experiencia para enfrentar la cocaína, no se puede hacer un escudo del sur, lo van a agujerear“.
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También hizo un esfuerzo por redimensionar el fenómeno del narcotráfico, que ha cambiado mucho en las últimas décadas y se ha diversificado en cuanto a su horror. “Las mafias de Pablo Escobar eran niños jugando comparados con las mafias de hoy, que son multinacionales, que incluyen albaneses, italianos, franceses, mexicanos, brasileros, estadounidenses, colombianos”, detalló, adjudicándoles además tráfico de armas, órganos y víctimas de trata.
Asimismo, ubicó a los verdaderos responsables de esta matriz no en Colombia ni en su campesinado, sino en “las ciudades de lujo” Norte global y el sistema financiero internacional que lo apoya, y sentenció que nunca se podrá tocarlos sin una intención política real.
En última instancia, Petro concluyó con un llamado poco común: luchar contra el abuso de drogas convirtiendo las sociedades consumidoras con “un esfuerzo de mayor afecto y amor”, brindando equidades sociales y económicas en la base productiva. Así, el presidente colombiano hizo eco de los múltiples pedidos de distintas organizaciones de cambiar el enfoque de la guerra contra las drogas hacia uno que priorice los derechos humanos, la salud y el bienestar.
Foto por Samantha Power – USAID, Public domain, via Wikimedia Commons, editada en Canva por El Planteo
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