Uruguay Elige Cuidar: Gobierno Ofrece Testeo de Drogas en Fiestas
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Posicionándose lo suficientemente lejos de demonizar a los usuarios de drogas —una realidad mundial que algunos países han decidido aceptar y abordar en vez de prohibir—, Uruguay se suma a una iniciativa que ya ha tenido éxito anteriormente: la de analizar sustancias psicoactivas en fiestas y festivales, según compartió El Debate.
La Junta Nacional de Drogas (JND) del Poder Ejecutivo uruguayo lanzó un programa para financiar el análisis de algunas de las drogas más consumidas en la noche charrúa para este 2026. La idea es identificar los componentes químicos de drogas ilegales que los asistentes quieran conocer de forma voluntaria, en colaboración con la organización de reducción de riesgos Imaginario9.
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Dicho de otra forma: sin castigar ni botonear, quienes asistan a estos eventos y lleven consigo algunas drogas—como MDMA, LSD o cocaína—podrán obtener información concreta sobre lo comprado para poder tomar una decisión responsable al momento de consumir.
La responsabilidad estatal en el consumo de drogas de su población
La reducción de riesgos y daños podría ser parte de las políticas públicas de cualquier Estado. Esta vez, le tocó al uruguayo comenzar a comprender la responsabilidad que tiene en la materia. Pero no lo hace solo.
La organización Imaginario9, un colectivo de la sociedad civil formado por químicos/as, abogados/as, psicólogos/as, sociólogos/as, entre otras disciplinas, todos ellos estudiantes de posgrado en políticas de drogas en la Universidad de la República, hoy se alinea con la JND para garantizar una experiencia más segura en la ciudadanía que usa drogas en fiestas.
No es la primera vez que en el país latinoamericano se hacen testeos de sustancias vinculados a un evento o una intervención de reducción de daños. Entre los antecedentes históricos de análisis de drogas en Uruguay, recordamos las pruebas voluntarias de pastillas por parte de participantes en eventos y fiestas en el año 2016. En aquel entonces, ONGs locales trabajaron con apoyo de grupos especializados en reducción de daños como Proderechos y Energy Control, una organización referente española.
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Gracias al arduo trabajo interdisciplinario de estos profesionales y a una masiva donación de reactivos y material, que permitieron armar el laboratorio itinerante con el que la organización Imaginario9 trabaja hoy, se analizaron 135 muestras de drogas sintéticas y se detectaron adulteraciones en varios casos.
Esa primera intervención comenzó a allanar el camino, mas no con participación estatal. Hoy cambia la dinámica: este año sí, es la primera vez que el Estado uruguayo invita y financia sistemáticamente un programa con un llamado público para realizarse en múltiples eventos.
La organización estatal junto a la sociedad civil da frutos
El colectivo Imaginario9 pertenece al SAT (Sistema de Alerta Temprana) desde hace años; hecho que, según la organización, habla de que lo que hacen “es útil y el coordinador estatal considera la información que aportamos como valiosa”. Es así que Imaginario9 consiguió financiación estatal mediante una convocatoria a fines del año pasado.
La posibilidad se dio porque el Estado compartió un llamado abierto a organizaciones de la sociedad civil en Uruguay que realizaran intervenciones en fiestas y espacios de ocio nocturno con testeo de drogas. El objetivo explícito de la convocatoria fue que esas organizaciones presenten propuestas que incluyan estrategias de reducción de riesgos y daños, información confiable sobre sustancias, cuidado colectivo y orientación entre pares en entornos de ocio.
En tal llamado se presentaron varias postulaciones, y la adjudicación se dio al colectivo Imaginario9. Otras organizaciones que participaron del proceso de evaluación fueron Cruz Roja Uruguaya, Espacio Kablam, Montblanc, Coopetca y Casa Ambiental de Castillos, lo que muestra que la iniciativa busca articular con distintos grupos sociales especializados.
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Así, luego de ser elegidos como organización a llevar a cabo el programa, la misma se comprometió con realizar intervenciones en 6 fiestas medianas (500-800 personas), 3 fiestas grandes (>1000 personas) y 3 actividades de jornadas en el correr de 2026. “Un desafío muy importante para nosotros”, cuentan, “que nos dé la oportunidad de ponerle una regularidad a nuestro trabajo, que siempre ha sido ‘a pulmón’ entre voluntarios”.
En ese mismo sentido, Florencia, licenciada en Ciencia Política de la Universidad de la República y con Diploma de Posgrado en Políticas de Drogas, Regulación y Control, aporta una mirada que amplía el enfoque sanitario hacia el terreno de los derechos humanos. Con una trayectoria de más de una década en organizaciones sociales dedicadas a la política de drogas y la reducción de daños, explica que el trabajo de Imaginario9 no se limita al testeo de sustancias: “Trabajamos también en la ampliación y defensa de los derechos humanos de las personas que se vinculan con las drogas, con el objetivo de generar acciones de articulación e incidencia en pos de reformar la política de drogas prohibicionista”.
Desde esa perspectiva, la Reducción de Daños y Gestión de Placeres también implica mitigar los daños producidos por las propias políticas represivas, problematizando la política de drogas desde enfoques de género, generaciones e interseccionalidad, y abordando los procesos de estigmatización, discriminación y criminalización que atraviesan tanto a personas usuarias como a quienes quedan involucradas en dinámicas de microtráfico.
“Denunciamos las consecuencias que tiene la aplicación de normas penales punitivas y la represión en los tejidos sociales de nuestras comunidades”, señala.
Imaginario9 ya funciona desde el 2016 y ha realizado testeos desde esa fecha con una periodicidad variable. Como el trabajo es voluntario, el ritmo y la cantidad de testeos y actividades que se pueden encarar están limitados a la disponibilidad de tiempo. En general, cuentan que suelen mantener un mínimo de 4 a 6 testeos anuales (uno cada dos o tres meses). Sin embargo, el proyecto junto con la JND dará más recursos y posibilidad de mayor estructuración si se alcanza una mayor frecuencia.
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Según un cuadro que compartió el colectivo a El Planteo, las últimas fechas han sido:
| Fecha | Lugar / Evento | Tipo de espacio | Cantidad de muestras |
| 31/10/2024 | Keylloween (Key Producciones), Canelones | Fiesta de gran convocatoria (3.500 personas), público joven | 37 |
| 15/02/2025 | Lunatik – Ciudad de la Costa, Canelones | Fiesta de mediana convocatoria (500 personas), público joven adulto | 41 |
| 14/06/2025 | Helium – LCLUB | Fiesta de mediana convocatoria (500 personas), público joven | 34 |
| 03/10/2025 | Helium – Lotus Club | Fiesta de mediana convocatoria (500 personas), público joven | 39
|
Uruguay: La situación actual de las drogas adulteradas en fiestas
Cuando pensamos en la cantidad de droga ilegal que la población mundial compra, parte de ello también es detenernos a pensar la falta de información sobre lo que se está consumiendo.
Como comparte el colectivo Imaginario9, la frecuencia con la que la gente que testea sus drogas descubre que lo que le vendieron en realidad no es lo que compró es más alta de la que les gustaría.
Cuentan que “varía mucho según la jornada de testeo, pero en nuestros informes calculamos un ‘índice de adulteración’ que por lo general está entre el 30-60%” y que la mayor adulteración se encuentra en la cocaína, a comparación del resto de las sustancias.
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Otra observación interesante según el colectivo es que, hasta antes de la pandemia del 2020, la mayoría de las muestras analizadas declaraban, ciertamente, ser lo que decían ser. El MDMA (éxtasis) en pastillas o cristal, por lo general lo era. El porcentaje de adulteración era bajo. Sin embargo, luego del 2020, la situación cambió; comenzó a aparecer el precursor del MDMA, el compuesto análogo: el MDA.
Los efectos del MDA son menos empatógenos y más alucinógenos, además de que demora más en hacer efecto. Esto genera que el usuario “re-dosifique muy rápido, buscando ese efecto empatógeno tan conocido de éxtasis, entonces ‘te pasás’, llevando a mayor chance de intoxicación”.
También se han encontrado pastillas que contenían anfetamina o cafeína como agregado, adulterantes muy comunes, según la organización, por su efecto estimulante. Los usuarios suelen llamar a esta experiencia “dura”, ya que hace que se torne mucho más difícil conciliar el sueño luego.
En el LSD, el porcentaje de adulteración suele ser más bajo, aunque a veces también se encuentran cartones adulterados con NBOMes, una fenil etil amina sintética, que tiene mayor potencial de toxicidad.
Todos estos resultados demuestran que la ilegalidad no reduce el consumo ni garantiza seguridad en la población, más bien todo lo contrario. Las personas continúan comprando drogas en mercados ilícitos sin saber lo que están consumiendo.
¿Y qué pasa cuando sabemos lo que consumimos?
Lejos de algunas críticas sobre estos espacios de intervención y ayuda a quienes eligen consumir de todas formas, los testeos de drogas en fiestas no promueven el consumo: más bien evitan las muertes, lisa y llanamente, porque quienes se enteran de que las drogas que llevaban encima no son lo que creían haber comprado eligen descartarlas.
“Lo que ocurre muchas veces es que las personas que reciben un resultado ‘negativo’ sobre su sustancia –es decir, saben que está adulterada— deciden descartarla, no consumirla. En ese caso, es un desestimo al consumo”, comparten desde Imaginario9.
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Pero cuando la situación es inversa, la ecuación no cambia mucho: la decisión ya estaba tomada. “En el caso opuesto, cuando una persona recibe un resultado ‘positivo’, no puede ser entendido como una promoción de consumo tampoco. El usuario que se acerca a un dispositivo de testeo con una pastilla en mano, ya tomó la decisión de consumir hace rato, cuando se hizo con la sustancia. ¡La única diferencia es que ahora tiene más información sobre ella! Y si nosotros hicimos las cosas bien, hasta compartimos prácticas de consumo cuidado, que evitan que pueda haber una sobredosificación”, celebran.
Los testeos de drogas funcionan (y hace bastante)
Bruno González, doctor en Química por la Universidad de la República, investigador de psicodélicos no clásicos, activista y defensor de los derechos de las personas usuarias con drogas e integrante del colectivo Imaginario9, conversó con El Planteo y explicó por qué es tan importante esta intervención.
“Como usuarios de sustancias, sabemos que la prohibición y la existencia de un mercado no regulado deja a las personas muy expuestas. Cuando uno accede a las sustancias, no tiene ninguna seguridad de qué es lo que hay en esa “pastilla”, sello o polvo. Y la primera medida para tener un consumo más seguro es tener más información sobre la identidad química de eso”, compartió.
Acá nadie está buscando señalar con el dedo a quien consume. Eso ya es una realidad, sucede y es casi irreal intentar ir contra esa marea que pareciera no hacer más que crecer. Además, el testeo de drogas en espacios donde su consumo es altamente probable no es una política nueva, aunque suene revolucionaria. Solo pensar en ARDA o PAF! en Argentina, RD en Chile, Soma en Perú, Échele Cabeza en Colombia, Checa tu Sustancia en México, DanceSafe en EEUU nos demuestra que la conciencia sobre lo que estamos consumiendo y el deseo de informar traspasa fronteras.
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“Se hace en todo el mundo, es una primera medida para palear la consecuencia de la prohibición”, explica González. Y profundiza: “Pero el colectivo Imaginario9 es mucho más que eso, porque el testeo de sustancias (que sí, es muy llamativo…) es solo una parte de lo que se hace, muchas veces la excusa para entrar más en contacto con usuarios y compartir experiencias de consumo, medidas de reducción de daños, hablar de los placeres también, porque por algo las personas consumen drogas… Y yo creo que eso es más valedero que el simple resultado”, confiesa.
Lo que varía es el modelo, la escala y los recursos de las organizaciones. “Algunas tienen un mayor foco en lo comunicacional, otras en el testeo e intervención en fiestas. Estamos en contacto con toda esta red de organizaciones amigas, sobre todo las latinoamericanas, que asisten con regularidad a la conferencia de Drug Policy Alliance”, cuenta González.
El beneficio es claro: reducir el número de intoxicaciones que pueden resultar en una fatalidad. Una realidad que sucede cuando los y las usuarias no tienen información de calidad sobre las sustancias que manejan.
¿Cómo funcionará el testeo?
En principio, el testeo será realizado en fiestas, en el contexto de un dispositivo de intervención en un espacio de ocio nocturno. Un espacio no solo de laboratorio itinerante, sino también un “lugar de achique”, cuenta González.
“Yendo a lo técnico, lo que realizamos son análisis de tipo cualitativo; es decir, le podemos decir a las personas si su sustancia es o no es lo que dicen tener, o si tiene algún adulterante. Se realizan dos análisis distintos, un test colorimétrico y un análisis de cromatografía en capa fina. Para ambos se usa una muestra muy pequeña, que por lo general consiste en un raspado de una pastilla, o un poquito del polvo que proporciona el usuario”.
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Para el primer análisis se usan reactivos que brindan distintos colores cuando se ponen en contacto con la sustancia. Se utilizan al menos 3 reactivos diferentes, para mayor seguridad, y se busca una respuesta concreta. Un “todo o nada”. Un “es o no es”.
Lo que el análisis no dice es si la sustancia contiene “algo más”, como un adulterante. Eso se descubre recién en el segundo análisis (el de cromatografía en capa fina, o TLC por sus siglas en inglés). Esta es una técnica separativa: permite ver por separado los componentes de la muestra. “Ahí se compara con patrones de los adulterantes más conocidos, y te podemos decir, por ejemplo, si está cortado con cafeína“, explica el químico.
En síntesis: no existe aún la capacidad de cuantificar. El análisis puede detectar con seguridad si, por ejemplo, tu pasti es o no es MDMA o si puede contener algo más, pero no podrá decirte la dosis o cuántos miligramos tiene esa pastilla. “Eso para mí sería un norte”, dice González, “incorporar una técnica que nos permita dar esa información en el futuro”.
Salvaguardar la seguridad y el anonimato de los usuarios
Efectivamente, la muestra es recibida en el laboratorio itinerante de forma voluntaria y anónima por parte de los usuarios. “A veces hacemos preguntas básicas demográficas, y si la persona ya consumió una parte en el pasado y qué reporta de su experiencia, si fue mala, si fue la esperada, etc.”, comparten desde la organización.
Una de las metodologías utilizadas por el colectivo es tomar una foto de la sustancia, lo que es bastante relevante para las pastillas, que por lo general se identifican por color y logo. Luego, se hacen informes de análisis y se publican.
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Las publicaciones principales son dos: una en redes sociales de usuarios para usuarios, en general conformada por una tabla con toda la información del análisis y las fotos de las sustancias, y otra como informe técnico compartido a través de la plataforma SAT coordinador con la JND. En este último también participan actores públicos como prestadores de salud (hospitales) que reportan casos graves de intoxicación o la policía científica y el Poder Judicial, si se realizan incautaciones de grandes cantidades.
La idea es ser claros y sin rodeos al informar a los usuarios sobre lo que están consumiendo. De hecho, incluso ser demasiado claros es una de las estrategias. A veces, la organización toma la información de estos informes técnicos de actores públicos y la “baja” a un lenguaje claro para compartir entre usuarios. “Mirá que la pastilla tal dio una alerta por contener cual adulterante”, cuentan.
González explica que el testeo busca “generar estrategias de acercamiento a las personas usuarias con el objetivo de compartir información confiable sobre los daños, riesgos y placeres asociados al uso de sustancias psicoactivas; asesorar y orientar a las personas usuarias sobre la composición y la interacción de las distintas sustancias con el organismo y fortalecer la capacidad de decisión de las personas a través de la generación de espacios de construcción de autonomía y de cuidado colectivo”.
Drogas, Estado, testeos y deseos
Donde faltó siempre el Estado es donde las ONGs, los colectivos y las organizaciones barriales son quienes más fuerte pisan. Hoy, el gobierno de Uruguay no solo las reconoce, sino que elige trabajar con ellas. No obstante, González sueña con el día en el que su labor sea más irrelevante.
“Ojalá nuestro trabajo de testeo un día no sea necesario, porque existe un mercado legal, donde las drogas a las que uno podría acceder vienen de un sistema de producción de calidad controlada, y calidad por así decirlo… farmacéutica”, desea. Y ahí es donde se pueden conseguir los mejores resultados, en el trabajo en colaboración con el deseo.
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La perspectiva de este colectivo —y seguramente de muchos más— es la de Reducción de Daños y Gestión de Placeres (RDGP) vinculados al uso de sustancias psicoactivas: ese es el nombre completo. No se trata únicamente de minimizar riesgos o evitar consecuencias negativas, sino también de reconocer que el consumo existe porque produce placer, vínculo y sentido, y que negar esa dimensión solo empuja a prácticas más inseguras.
Desde este enfoque, el cuidado no se opone al disfrute: lo acompaña. La RDGP propone habilitar experiencias más informadas, autónomas y seguras, donde las personas puedan ejercer su derecho al placer sin exponerse innecesariamente a daños graves o evitables. En ese marco, el rol del Estado no debería limitarse a regular o sancionar, sino también a garantizar condiciones de salud y cuidado en prácticas que, aunque no siempre legitimadas, forman parte de la vida social de una gran parte de la población.
El Estado uruguayo, junto al colectivo Imaginario9, no está promoviendo el consumo al testear. Testear es, más bien, una medida paliativa, consecuencia de tener una política prohibicionista de guerra contra las drogas. “Lo que sí necesitamos es legitimación de nuestro trabajo, protección y señales desde la autoridad, de que lo que hacemos es valorado y necesario. Yo creo que el nuevo proyecto con la JND es justamente eso”, concluye la organización civil.
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