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Los Secretos Enterrados del Psicoanálisis Argentino en los ‘50: Revelaciones sobre el Uso Experimental del LSD

Por Lucía Tedesco

Los Secretos Enterrados del Psicoanálisis Argentino en los ‘50: Revelaciones sobre el Uso Experimental del LSD

✍ 22 April, 2024 - 12:01


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Esta historia comienza con una valija que venía de Suiza a Argentina, cargada de ampollas de LSD puro, la misma que caería en manos del psicoanálisis. Pero en el segundo intento, porque la primera quedó enterrada en el basural de Retiro, es decir, que este momento histórico podría nunca haber sucedido.

Lo cierto es que sí pasó y ahora se sabe gracias a lo que cuentan el cineasta Fernando Krapp y el sociólogo Damián Huergo que, con el periodismo narrativo como herramienta, le dieron vida al libro documental Viva la Pepa.

El laboratorio Sandoz de Basilea fue el que envío las valijas a Buenos Aires, el mismo recinto donde Albert Hofmann hizo su experimento y descubrió el LSD o “dietilamida del ácido lisérgico”, que es el nombre químico completo de la sustancia.

El LSD de aquella época era puro. Ahora está adulterado, diluido. Antes necesitabas mucha menos cantidad para pegarte un viaje y salía de los mismos tubos de ensayo. Esto no escapó a los ojos de los argentinos que, aventureros como siempre, pisaron tierras desconocidas, con la particularidad de que quienes lo hacían eran profesionales que pertenecían a la Asociación Psicoanalítica.

El primer contacto del LSD con del psicoanálisis

“En un primer momento, se pensaba que producía psicosis artificiales. Es decir, se pensaba como un psicomimético: quien tenía una experiencia con el ácido llegaba a tener los mismos síntomas de la esquizofrenia”, explicó Fernando a El Planteo sobre la mirada que tenía la primera camada que hizo estudios al respecto.

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El psicoanalista Alberto Tallaferro estaba al frente de este grupo que investigaba la creencia de que el ácido se podía tomar para comprender la experiencia de un esquizofrénico. “Querían entender lo que le pasa a un ‘loco’ por la cabeza y la hipótesis era que con los síntomas a mano se podía curar la locura, en el contexto de una década donde se creía que eso era posible de sanar”.

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Pero con el paso del tiempo empezaron a darse cuenta de que en las experiencias con ácido lisérgico la pasabas bien, eran placenteras e incluso los usuarios tenían regresiones, imágenes de la infancia, o parecidas a la de los sueños.

Entonces llegó una segunda camada de profesionales, liderada por Alberto Fontana, que creían que el ácido lisérgico acortaba los tiempos de la terapia tradicional: “Tenías la experiencia con ácido y lo que surgía de ella lo verbalizabas y lo trabajabas en una terapia tradicional”, resumió el coautor sintetizando los dos grandes aportes que se hicieron en relación a la psicoterapia y al psicoanálisis en esa época.

“Las drogas y el psicoanálisis son dos ganchos fuertes. Pero no queríamos dejar de lado el valor teórico y el lenguaje psicoanalítico que esta gente aportó”, expuso por su parte Damián.

Psicodélicos para los artistas y los cassettes de Fontana

La Clínica Fontana fue la segunda que se abrió en la década del 70. Por ese lugar pasó gran parte de la contracultura y gente del Di Tella que se psicoanalizaba y tenía experiencias con ácido lisérgico. Por lo que empezaron a surgir un montón de nombres de gente del teatro y la TV, algunos de ellos Graciela Fernández Meijide, Alberto Ure, Rafael Filippelli y Luis Puenzo.

Muchos artistas pasaron por esa clínica y tuvieron esas experiencias. Con lo cual, se puede afirmar que el LSD ha tenido algo que ver con moldear la cultura porteña, las artes visuales, plásticas, escénicas, el cine y la literatura. “Que tenga ese lugar de centralidad y esté tan borrado me llamó bastante la atención”, resaltó Fernando.

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Pero la que, tal vez, la perla más preciada de la investigación fue llegar a Hernán Scholten, un psicoanalista que “fue una especie de baquiano”, admitió el sociólogo. “Nos dio unos cassettes con entrevistas a Fontana, poco antes que muera. Después de mucho andar y de buscar archivos, de golpe teníamos testimonios directos de uno de los protagonistas principales, como una voz media fantasmal, convocada por un medio que fue Scholten”.

Los cassetes aportaron información y la perspectiva de cómo había atravesado esta experiencia un hombre “tan importante y tan olvidado”, que en el psicoanálisis fue muy castigado. “Cuando pedimos los archivos, actas de la época y los papers escritos nos dijeron que éramos los primeros en consultarlo”, revelaron sobre el proceso.

Viva la Pepa: ¿Se puede escribir un libro sobre drogas sin drogarse?

Damián venía de escribir un libro “bastante oscuro” sobre las drogas. La historia de dos hermanos atravesada por la adicción, que trabaja sobre la dimensión destructiva: El post reviente, la demolición de una familia y la complejidad para armar vínculos con adicciones de por medio. Esa novela se llama La Ley Primera.

Damián Huergo Fernando Krapp
Damián Huergo (izquierda) y Fernando Krapp (derecha), autores de Viva la Pepa

“Yo soy usuario no muy frecuente de las drogas, aunque están dentro de mi paisaje desde chico”, reveló. Pero luego de sumergirse en la experiencia de contar el lado oscuro, le interesaba el contraste de abarcar la parte más luminosa, creativa y del desarrollo científico: “El LSD tiene todo eso y sigue siendo demonizado. Está al tope de la lista de drogas prohibidas, porque genera adicciones y por no tener ningún valor médico científico, cuando hay un montón de papers y trabajos que desmienten esa catalogación”, manifestó.

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Por otra parte, Fernando recordó haber tenido experiencias recreativas siendo más joven. Pero admitió que en la actualidad desiste porque sino son “varios días de resaca”.

No obstante, el cineasta comentó que en un momento plantearon hacer de Viva la Pepa una experiencia lisérgica: “El psiquiatra nos dijo que ‘no’ por un tema de seguimiento terapéutico”. Entonces, tomaron la decisión consciente de no tomar ácido, porque el libro tampoco iba para ese lado. “La hipótesis era que psiquiatras y científicos estaban experimentando con una droga, que resultó ser estandarte de la contracultura”.

Lo cierto es que la verdadera droga está en conocer las historias de personajes, que albergan revelaciones donde aparecen el Ché Guevara, y gente haciendo sesiones de ayahuasca en Perú en la década del 50. En el libro hay tantas “vidas de novela”, que por momentos lo del ácido lisérgico, si bien es central, se vuelve secundario.

La información y la juventud como agentes de cambio

Hoy hay más información científica respecto al uso consiente y moderado de las sustancias. “No es una cuestión de las drogas sino del uso que le damos. Eso depende del contexto, de la educación y de la contención, entre otras cosas”, señaló Fernando, que añadió también que siempre está “el factor de la juventud”, dado que está impregnado el espíritu de “un eterno mundo joven que nunca va a desaparecer”.

Viva la Pepa cuenta sólo una parte ínfima de la historia de las drogas. Hay más cosas por indagar, sobre todo, a nivel región. En otros países como México, Brasil y Chile hay muchas historias para seguir desmitificando el uso de las drogas como algo dañino.

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Hasta los ‘70 hubo mucho texto escrito y luego llegó la censura sobre la droga para uso médico, científico y recreativo, lo que género un bache de 50 años, hasta que en 2010 se volvió a investigar. Si esa censura no hubiese existido, hoy se estaría hablando de otro tipo de descubrimientos.

“Somos lectores y queremos que se acerquen al libro, que lo disfruten y lo discutan. Para nosotros, la lectura es un lugar sagrado donde queremos que la gente se quede”, confesó Damián sobre la intención que construyeron a raíz de esta historia, que llegó a sus manos para ser contada por medio de Fernando Pérez Morales, fundador de la librería Notanpuan.

La imagen de portada fue creada con ayuda de una IA.

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ACERCA DEL AUTOR

Lucía Tedesco es redactora de El Planteo. Se recibió de periodista en ETER  y comenzó su carrera cubriendo zonales en el Oeste de Bs As. Escribe sobre sociedad, cultura y tiene gran interés en el mundo audiovisual, lo que la ha llevado a publicar reviews de películas y series en Cinergia Online. Se encuentra estudiando Lic. en Comunicación Audiovisual en la Universidad Nacional de San Martín.

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