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Terapias Psicodélicas

Psicodélicos

¿En qué Consisten las Terapias Psicodélicas? ¿Cuáles son sus Usos?

¿En qué Consisten las Terapias Psicodélicas? ¿Cuáles son sus Usos?

✍ 25 October, 2022 - 12:53


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Los potenciales usos terapéuticos de las drogas psicodélicas despertaron el interés de la comunidad científica durante la segunda mitad del siglo XX. El número de investigaciones en torno al empleo de estas sustancias se encuentra en constante incremento, sobre todo a partir de los años 2000. Las actuales terapias psicodélicas derivadas de esos trabajos constituyen, en la actualidad, una verdadera revolución en materia de salud mental y farmacopea. Pero, ¿en qué consisten estos tratamientos? ¿Cuáles son sus usos? ¿Qué riesgos conllevan? ¿Cómo administrarlas de forma segura en virtud de evitar posibles riesgos?

Usos terapéuticos de las sustancias psicodélicas

La palabra psicodelia resulta de la unión de los términos griegos psiqué (mente o alma) y deléin (manifestar). Este neologismo fue acuñado por primera vez en los años cincuenta por Humprhy Osmond, un psiquiatra británico expatriado en Canadá, para clasificar una serie de sustancias que poseen la potencialidad de poner de manifiesto percepciones, emociones y estados mentales que se encuentran usualmente filtrados en los estados de consciencia ordinarios, produciendo cambios significativos en la subjetividad de quienes las consumen.

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Existen diversas formas de aproximarse al empleo de las drogas psicodélicas, ya sea para fines terapéuticos, religiosos, espirituales o recreativos. A lo largo de la historia, diferentes culturas han hecho uso de las mismas para alterar los estados mentales o espirituales de forma deliberada. Antropólogos e historiadores han documentado el rol fundamental que ha jugado el uso ritual y medicinal de psicodélicos en el desarrollo de diferentes civilizaciones y culturas ancestrales. Aún en la actualidad, numerosas comunidades originarias a lo largo del globo perpetúan el empleo ceremonial y medicinal de las consideradas plantas sagradas o maestras. Tal es el caso, por ejemplo,  la curanderismo de la costa norte del Perú o en el culto Bwiti en el África ecuatorial, en los que la ingesta de San Pedro y de la corteza de la raíz de la Iboga, respectivamente, juegan un papel central.

Durante las primeras décadas del siglo XX se desarrolló una serie experimentos que demuestran los efectos benéficos de estas sustancias, como las célebres investigaciones de Hofmann sobre los efectos del LSD en los años cuarenta o las de Shulguin en torno al MDMA. No obstante, no fue sino hacia los años sesenta y setenta que la llamada “revolución psicodélica”, ligada al florecimiento del hipismo y los movimientos contraculturales juveniles, popularizó su consumo y abrió el interrogante acerca de su papel en el bienestar humano. La discusión sobre el uso de drogas psicodélicas con fines medicinales cobró particular relevancia por aquellos años, dando paso al desarrollo de un número considerable de estudios que orientaron la experiencia psicodélica hacia la búsqueda de la sanación.

Si bien existen diferentes escuelas y paradigmas –como indica Matías Méndez López, especialista en Psicología Humanista Transpersonal de la Universidad de Diego Portales de Santiago de Chile–, cada uno de ellos definido por sus propias nociones y metodologías, es posible afirmar que en términos generales las terapias basadas en este tipo de sustancias suponen una visión holística fundada en la simbiosis entre el universo científico, el espiritual y el filosófico. Estos tratamientos, con sus innumerables variantes, consisten en la administración de componentes psicodélicos en conjunto con terapias complementarias para mejorar o paliar condiciones neurológicas o psiquiátricas.

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Los psicodélicos, como es sabido, modifican determinados procesos cerebrales, bioquímicos y fisiológicos, en tanto que alteran la neurotransmisión, ofreciendo estados de consciencia extraordinarios a quien los consume. El empleo de LSD, éxtasis, ketamina, ayahuasca, fenciclidina, entre otras drogas, para tratar diferentes patologías, paliar dolores o hacer frente a las adicciones ha cobrado gran popularidad en los últimos años gracias a los avances en la investigación científica en esta materia. Estos estudios ponen de manifiesto cada vez más los efectos benéficos de los psicodélicos y los resultados prometedores que pueden llegar a tener en la salud mental de los pacientes.

Los beneficios de las terapias psicodélicas

Las terapias basadas en la administración de sustancias psicodélicas suelen recomendarse ya sea cuando los tratamientos convencionales no dan los resultados esperados o cuando se considera pertinente complementar dichos tratamientos con otros alternativos. Entre las afecciones mentales abordadas a través de estos métodos se destacan la depresión, el estrés postraumático, la ansiedad, los trastornos bipolares y las adicciones.

El número investigaciones científicas que corroboran los efectos beneficiosos de este tipo de tratamientos se encuentra en constante incremento. Algunos ensayos clínicos han demostrado que la administración terapéutica responsable de dosis bajas de psilocibina puede generar cambios considerables en pacientes con trastorno depresivo mayor resistente a los tratamientos tradicionales. Tal es el caso del estudio controlado de fase 2 realizado recientemente por Daws y colaboradores en el que se compara la terapia basada con psilocibina con aquella basada en escitalopram, un inhibidor selectivo de la recapacitación de serotonina frecuentemente indicado para tratar la depresión. De acuerdo con los resultados de esta investigación, la respuesta antidepresiva del escitalopram resultó ser mucho más leve que la de la psilocibina. El trabajo sugiere que la rápida acción antidepresiva de la psilocibina estaría relacionada con aumento global en la integración de la red cerebral provocada por esta sustancia, dado que no se observaron cambios consistentes en la organización cerebral de los pacientes tras la aplicación del escitalopram.

Otro trabajo, dirigido por Agin Liebes, en torno a las psicoterapias asistidas con psilocibina para tratar pacientes con cáncer potencialmente terminal demuestra que los afectos de estas sustancias tienden a producir efectos más duraderos y a ofrecer mejores resultados que las drogas tradicionales. Los resultados de este estudio sugieren que la psilocibina facilita mejoras en la calidad de vida de los pacientes, reduciendo los niveles de angustia psiquiátrica y existencial, depresión y desesperanza entre un 60% y un 80%.

En 2021 se publicó la realización del primer ensayo clínico de fase 3 con MDMA para tratar trastornos de estrés postraumático. El estudio en cuestión, desarrollado de acuerdo con un protocolo aleatorio de doble ciego, se basó en la comparación de dos muestras. Participaron de esta experiencia 90 pacientes con trastorno de estrés postraumático, de los cuales 45 recibieron tres sesiones de terapia complementada con MDMA y 45 recibieron tres sesiones de terapia y placebo. De acuerdo con los resultados, la primera muestra dejó de calificar para un diagnóstico de trastorno de estrés postraumático en un 67%, mientras que la segunda únicamente en un 32%. El estudio concluye que existe una reducción considerable de los síntomas en aquellos participantes que recibieron MDMA en comparación con aquellos que recibieron placebo. De acuerdo con la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos (MAPS), este ensayo constituye un hito en los avances investigativos en drogas psicodélicas, ya que se estima que, tras la realización de un segundo ensayo de fase 3, para el año 2023 la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) podría aprobar el empleo del MDMA para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático.

Riesgos y efectos secundarios de las terapias psicodélicas

Si bien el uso terapéutico de psicotrópicos posee una serie considerable de beneficios, cabe tener en cuenta que se trata de sustancias que pueden tener reacciones imprevistas en cada organismo. Es por este motivo que resulta necesario considerar los antecedentes de cada paciente en particular antes de definir el tipo de dosis y realizar su aplicación.

De acuerdo con un estudio realizado por Gasser y colaboradores, los riesgos de las terapias basadas en la aplicación de psicodélicos no deberían ser mayores a aquellos de las terapias convencionales, siempre y cuando se tomen los recaudos necesarios. Los autores ponen énfasis en la importancia de emplear sustancias puras y evaluar adecuadamente a los pacientes en virtud de administrar dosificaciones cuidadas y los seguimientos psicológicos necesarios para evitar efectos secundarios.

Cabe considerar que el uso de ciertas drogas psicodélicas puede traer consigo el riesgo de que los efectos alucinógenos persistan por más tiempo del previsto. Muchas veces, si este factor no es tenido en cuenta, el empleo de psicodélicos puede inducir a cuadros psicóticos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que una evaluación psiquiátrica previa al inicio de los tratamientos y una adecuada administración del tratamiento disminuye considerablemente estos riesgos.

Algunos psicodélicos, como el LSD, además de alteraciones sensoriales agudas, pueden traer consigo efectos fisiológicos indeseados, como mareos, náuseas, sudoración, aumento de la presión arterial y el ritmo cardíaco, sequedad bucal y temblores. Otras sustancias, como la ibogaína, tienden a disminuir el ritmo cardíaco de forma considerable, por lo que no se recomienda su ingesta a personas con historiales de infartos miocardios, arritmias, soplos, obesidad severa o algún tipo de intervención quirúrgica en el corazón. Respecto al MDMA, si bien hasta el momento los ensayos en torno a su administración terapéutica han demostrado efectos secundarios de corta duración, existen aún discusiones no conclusivas en torno a su neurotoxicidad.

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“En general, las terapias psicodélicas están indicadas en casos de fracaso de los enfoques tradicionales y en pacientes que tienen la apertura mental para vivir este tipo de experiencias”, explica Bruno Rasmussen, director médico de la Clínica Beneva, una empresa basada en Brasil que ofrece opciones de terapia psicodélica para las personas que se enfrentan a la adicción, todo en un entorno hospitalario. “Por el contrario, están contraindicados en pacientes que presenten trastornos mentales como la psicosis. En el caso concreto de la ibogaína, tampoco se recomienda en pacientes con enfermedades graves del corazón, cerebro, riñón e hígado”.

¿Cómo realizar una terapia psicodélica segura? ¿Cómo es la experiencia?

Como cualquier tipo de tratamiento en base a la administración de medicamentos, los efectos de las terapias psicodélicas pueden variar de paciente en paciente. Es por este motivo que se recomienda contar con la historia médica de cada uno para obtener conocimiento en torno a sus hábitos psicobiológicos y prever cómo pueden reaccionar los psicotrópicos en el organismo. Asimismo, resulta de fundamental importancia que las dosis sean especificadas y administradas bajo la supervisión de un profesional capacitado. De este modo, es posible garantizar seguridad a la hora de realizar una terapia basada en psicotrópicos.

“La intensidad de la experiencia depende de varios factores, como el estado mental de la persona, el entorno en el que se encuentra, la dosis ingerida, las características del metabolismo de cada persona e incluso los medicamentos u otras sustancias que también estén, concomitantemente, en circulación”, concluye Rasmussen. “Por lo tanto, es difícil predecir la intensidad de la experiencia de antemano, ya que las reacciones pueden variar desde (casi) imperceptibles hasta experiencias muy fuertes, trascendentales y transformadoras. En el caso concreto de la ibogaína, en la dosis habitual, suele ser bastante intensa y duradera, pudiendo durar hasta 24 horas”.

La ibogaína en Brasil

En Brasil, la ibogaína no está ni registrada, ni prohibida. Además, desde el año 2013, la autoridad sanitaria del país permite la importación de fármacos no registrados, siempre y cuando sea para uso terapéutico y el paciente cuente con una prescripción médica.

En el estado de São Paulo, hay un decreto del 2016 que establece que el tratamiento con ibogaína debe ser administrado, obligatoriamente, bajo supervisión médica y en contextos hospitalarios. Fue en este contexto que se produjo el estudio sobre la ibogaína para la adicción con la mayor muestra de pacientes realizada hasta la fecha.

La investigación fue realizada en 2014 por un grupo de científicos brasileños, que analizaron los resultados de 75 pacientes tratados con una o más dosis de ibogaína. Entre las mujeres de la muestra, el 100% se declaró abstinente al momento de la entrevista. Entre los hombres, el 72% permaneció abstinente, con un 57% sin ningún tratamiento paralelo. Para 66 pacientes, fue posible comparar el período medio de abstinencia antes y después del tratamiento. Entre los dos géneros hubo un incremento significativo en el tiempo sin recaídas.

En el estudio no se observaron efectos adversos o muertes. Los resultados sugieren que la ibogaína puede ser un tratamiento seguro y eficaz para la dependencia de estimulantes y otras drogas no opiáceas

En otro trabajo más reciente, de 2021, Bruno Ramos Gomes describe su observación como participante en diversas clínicas brasileñas que realizan terapias asistidas con ibogaína, así como su propio seguimiento a una serie de pacientes que se sometió a este tipo de tratamientos para combatir las adicciones. De acuerdo con este autor, el espacio de que está ganando la ibogaína en los tratamientos para la adicción a las drogas en Brasil responde, más que nada, a la efectividad de la misma para combatir el síndrome de abstinencia.

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Santiago Federico Richetti

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