Farruko: 'El Cannabis es un Acto de Rebeldía Contra un Sistema Opresor'
¡No te pierdas ni una noticia! Suscríbete a nuestra newsletter GRATUITA y súmate a nuestro canal de Telegram o canal de WhatsApp.
Anuncia en El Planteo, el medio cannábico más leído en el mundo de habla hispana.
Síguenos en redes sociales para más contenido exclusivo: Instagram // Facebook // Twitter
En una charla íntima con El Planteo sobre medicina natural, Puerto Rico, prejuicio, espiritualidad y reggaetón, el artista explica por qué defender la planta también puede ser una forma de despertar.
Como a muchos, el primer acercamiento de Farruko al cannabis no llegó a través de una receta o un dispensario. Llegó desde la calle, la música, el ocio. Fue en casa. Entre amigos, entre acordes, entre el humo de las noches donde un blunt de krippy o de kush podía girar hasta que los ojos no dieran más. Una relación entre el artista puertorriqueño y la planta que, si quisiéramos, podríamos encontrar en barras que ya son parte del ADN del reggaetón latino: Los maleantes quieren krippy / toas las babies quieren kush, o Ya no quiere amor, quiere marihuana.
Lo que comenzó como intercambio recreativo viró con el tiempo, llegando a revelar otra dimensión. El cannabis formó parte de procesos artísticos, de momentos de ocio, pero también—tal vez aun sin saberlo—de tratamientos medicinales, de momentos de bajar un cambio, de meditación, de dejarse llevar. Descubrir una pausa, la introspección y el alivio físico brindado por esta medicina alternativa lo ayudó con varios problemas de salud en un momento en que, según cuenta, el exceso de pastillas ya le estaba haciendo daño. Donde algunos aún ven estigma, Farruko vio una oportunidad.
- ¿Te parece importante esta información? Sólo con tu ayuda podemos seguir hablando de cannabis y psicodélicos con responsabilidad y sin estigmas. Apóyanos desde USD 2 al mes. Clic aquí.
Cuando comprendió esto, el artista puertorriqueño—ganador de Latin Grammys, reconocido en los Billboard Latin Music Awards y socio musical de nombres como Daddy Yankee, Sean Paul, Bad Bunny o Arcángel—decidió convertir su experiencia corporal y espiritual en una defensa pública del cannabis medicinal. Lo hizo desde Puerto Rico y contra años de estigma.
Tal cruce dio vida a Carbonnabis, su marca medicinal desarrollada en y para Puerto Rico y con hambre de salir al mundo, de llegar a cada casa, a cada dispensario y a cada persona que necesite el poder curativo de la planta. Más que como un “capricho celebrity” de incorporar otro asset o de participar de una industria más, lo tomó como una apuesta personal, medicinal y educativa.
En diálogo con High Times y El Planteo, Farruko habla de espiritualidad, medicina natural, prejuicio, Puerto Rico, industria y reggaetón con una convicción inesperadamente clara: defender la planta, dice, también puede ser una forma de despertar.

Farruko y el cannabis: De lo recreativo a lo medicinal
Para Farruko, la relación con el cannabis era cotidiana, social, parte de la cultura urbana que también atravesaba la música que estaba creando en ese momento. “Yo obviamente lo consumía recreacionalmente antes de que empezaran esto de hacerlo full medicinal”, cuenta.
Lo que cambió con el tiempo no fue solo su relación personal con la marihuana, sino también el contexto que la rodeaba. A medida que distintos países comenzaron a regular su uso medicinal y la investigación científica empezó a expandirse, Farruko se encontró frente a una conversación distinta. Ya no se trataba únicamente de ocio o cultura, sino también de salud, tratamientos y regulación.
Pero antes de involucrarse públicamente en ese mundo, decidió informarse. “Me tomó estudiarlo bastante, empaparme del tema, aprender, buscar con quién desarrollar este proyecto”, explica en referencia a la creación de la marca.
El proceso no estuvo libre de dudas. El artista sabía que su decisión podía generar críticas, especialmente luego de los cambios personales y espirituales que atravesó en los últimos años y que compartió abiertamente con su público.
Contenido relacionado: 9 Músicos Latinos con sus Propias Marcas de Cannabis, de Arcángel a Connie Isla
“Yo tenía mis dudas antes de entrar, obvio, pues porque vengo de una etapa en mi vida donde he cambiado muchas cosas”, dice.
Ese camino de aprendizaje terminó transformando lo que podía haber sido simplemente otra incursión empresarial en algo más personal. En su caso, Carbonnabis no aparece como una apuesta oportunista dentro de una industria en crecimiento, sino como el resultado de observar de cerca el cambio en la percepción social del cannabis y el lugar cada vez más claro que empieza a ocupar en el campo medicinal.

Vivir el efecto del cannabis medicinal en primera persona
Detrás de Carbonabbis hay más que una lectura sobre el mercado o el cambio cultural alrededor de la marihuana: también hay una experiencia corporal muy concreta.
Farruko cuenta que durante años convivió con distintos problemas físicos: dolores musculares recurrentes, inflamación constante, episodios de gota y dificultades para descansar. Como suele ocurrir en esos casos, el tratamiento se basaba principalmente en medicamentos recetados. “Yo quería hacerlo, y más por mis condiciones personales: padezco dolores musculares, tengo la enfermedad de la gota, me inflamo de cualquier cosita”, explica.
El tratamiento implicaba tomar pastillas con frecuencia para controlar los brotes de inflamación y el dolor. Con el tiempo, sin embargo, los efectos secundarios comenzaron a hacerse sentir.
“El exceso de pastillas ya me estaba haciendo daño”, recuerda. “Cada vez que me daba una inflamación, la pastilla que me tomaba me dañaba el estómago”. A eso se sumaba otra consecuencia común en rutinas de alto estrés y exposición pública: el descanso se volvía cada vez más difícil. “No descansaba bien y estaba buscando una medicina alternativa”, cuenta.
Fue en ese contexto donde el cannabis empezó a ocupar un lugar distinto en su vida. Lo que durante años había sido parte del ocio o de la cultura musical empezó a verse también como una posible herramienta terapéutica.
Cuando se le pregunta si encontró en la planta una alternativa que realmente funcionara, Farruko no duda. Ese punto de inflexión —entre el cansancio de los fármacos y la búsqueda de una medicina más natural— terminaría siendo uno de los motores principales detrás de la creación de Carbonabbis.
El cannabis como ritual
Más allá de lo medicinal, Farruko también describe su relación con el cannabis desde un lugar más íntimo. No necesariamente como una herramienta directa para componer música o cambiar su proceso creativo, sino como una forma de detener el ritmo, que puede ir de la mano con esas actividades.
“Yo la uso para meditar, para pensar, para apartarme y tener mi espacio y, obviamente, para descansar”, explica.
En su relato aparece algo que muchos usuarios reconocen: el momento previo al uso como parte de un ritual en sí mismo. El simple acto de detenerse, preparar la flor, apartarse del ruido cotidiano. Un gesto que, en medio de agendas saturadas y estímulos constantes, se vuelve una excusa para bajar la velocidad.
Contenido relacionado: Arcángel Habla de Portobello, Marihuana y Más: ‘Me Ayuda Mucho con mi Ansiedad’
“Uno tiene el cerebro en tantas cosas todo el día…”, dice. Y para él, ese instante de pausa empieza incluso antes de encender nada. “Desde el proceso de tú desenmoñar, tenerlo en tus manos, poder hacer el blunt, ya tú estás haciendo… es como una terapia… Es como esa excusa perfecta para tú detenerte y pensar y cogerte tus minutos”.
Así, ese gesto sencillo termina adquiriendo otro sentido. No tanto como “escape”, sino como una forma de recuperar momentos de introspección. “Los seres humanos mucho no nos detenemos”, dice. “Siempre estamos acelerados”.
Entre el ruido del mundo digital, la presión del trabajo y la exposición constante, ese pequeño acto de pausa —para algunos, casi invisible— puede convertirse, en sus palabras, en una forma de volver a escucharse a uno mismo.

Carbonnabis: Cuando la experiencia personal se convierte en proyecto medicinal
Todo ese recorrido personal terminaría tomando forma concreta en Carbonnabis, la marca de cannabis medicinal que Farruko lanzó en Puerto Rico. Su nombre es una mezcla de Carbon Fiber Music, su productora, y la palabra “cannabis”.
La propuesta, explica, está pensada principalmente para pacientes que buscan aliviar condiciones cotidianas pero profundamente extendidas: estrés, ansiedad o dolores musculares.
La genética desarrollada para la marca apunta justamente a ese equilibrio. Farruko la describe como una variedad híbrida, diseñada para combinar diferentes efectos terapéuticos y con perfiles aromáticos amplios que buscan hacer más amable y personalizada la experiencia.
“Es una planta híbrida que tiene el balance”, explica. “Nosotros nos hemos enfocado más en lo medicinal, con mi planta, más que lo recreacional”.
El alcohol, el tabaco y el azúcar son legales, ¿por qué el cannabis no?
El nacimiento de Carbonabbis no responde únicamente a una oportunidad dentro de una industria en expansión. Para Farruko, también tiene que ver con una intención más amplia: ayudar a cambiar la conversación alrededor del cannabis. “Es más con lo personal y con lo de educar”, dice. “La gente ha demonizado mucho la planta”.
En su mirada, dicha demonización convive con una contradicción social evidente. Sustancias como el alcohol, el tabaco o incluso el azúcar —cuyos efectos negativos están ampliamente documentados— forman parte de la vida cotidiana con mucha menos controversia.
“Todo en la vida, si tú no le das el uso correcto, va a tener repercusiones”, explica. “Pero vemos, por ejemplo, el alcohol es legal, el tabaco es legal, el azúcar, que es la droga más peligrosa, es legal. No tiene esa campaña que le han hecho a la marihuana”.
Contenido relacionado: ‘Si Quieren Acabar con el Narcotráfico, Legalicen’: Teorema Habla de Cannabis y Otras Drogas
Y agrega: “Tampoco hay un momento de detenerte. El que toma, poco se puede controlar; de un trago pasa hasta que lo recogen del piso. Yo no he visto a nadie bajo los efectos del cannabis solo, peleando o con una actitud agresiva. Obviamente, no a todo el mundo le hace el mismo efecto, pero la mayoría de los pacientes y quienes lo usan recreacionalmente no tienen ese comportamiento”, explica.
Esa doble vara, sugiere, tiene raíces más profundas. Si tuviese que explicar por qué sucede esta diferenciación tan clara entre algunas sustancias no solo legales, sino también legitimadas y la marihuana, para Farruko hay dos razones: “Yo creo que los grandes intereses y la doble moral”, confiesa.
Las razones, para él, pueden ser políticas, económicas y de interés. “Todo el mundo tiene las manos en su bolsillo puesto; eso no es un misterio, y todo el mundo va a ver dónde está el negocio y la vuelta. Esto es una lucha de años, de siglos, diría yo, que vienen demonizando la planta”.

Acceso, democratización y productos diseñados para condiciones específicas
Ese cambio de conversación —del prejuicio a la educación— es justamente el espacio en el que Farruko quiere posicionar a Carbonnabis. Pero más allá del discurso cultural, la marca también se mueve dentro de la estructura concreta de la industria medicinal de Puerto Rico.
Actualmente, los productos de Carbonabbis están disponibles en 68 dispensarios a lo largo de la isla, donde los pacientes pueden acceder a distintas presentaciones de la marca. La propuesta incluye flor, vapeadores y comestibles, y por ahora viene siendo un éxito.
“Ahora mismo tenemos lo que es el gummy, lo que es el vape, la calidad que tenemos a la gente le ha encantado muchísimo, el review y el feedback que nos ha dado el público ha sido increíble”, cuenta. Tanto así, que “ya está a punto de agotarse. Ya vamos a tirar el segundo drop”, adelanta.
Entre los próximos lanzamientos también aparecen nuevos vapeadores, nuevos diseños, distintas genéticas y productos comestibles como chocolates. La estrategia, explica, es mantener una rotación constante de variedades para responder a un público que conoce bien el mercado y exige calidad. “Estamos cambiando los strains [genéticas] a cada rato para que la gente tenga algo distinto”, dice.
Una particularidad del proyecto es que las genéticas no provienen de variedades comerciales ya existentes, sino que fueron desarrolladas específicamente para la marca: “Son strains que son de nosotros. No es que cogimos una strain con un nombre que estaba afuera. Es algo totalmente desde cero elaborado”.
Contenido relacionado: Nacidas en Sudamérica, Vendidas en Todo el Mundo: Así Es el Auge Global de las Marcas Latinas de Cannabis
En ese contexto, Carbonabbis aparece como una apuesta por acercar el cannabis medicinal a los pacientes desde una lógica más accesible y orientada a las necesidades concretas de cada persona. La idea, explica, es que quien llegue a un dispensario pueda encontrar un producto pensado para su caso en particular. “Que tenga la oportunidad de obtener una planta diseñada para su condición”, dice. “Que vaya allí y diga: ‘mira, me duelen las articulaciones, no puedo descansar o tengo X condición, ¿qué me recomiendas?’”.
Y para quienes no se sienten cómodos al fumar, la variedad de formatos abre otras posibilidades. “Si al paciente no le gusta la flor, pues tiene la opción de un gummy, de algún refresco, de algún bizcocho”, explica.
La intención, en última instancia, es simple: que el cannabis medicinal deje de ser un territorio de prejuicio y se convierta en una herramienta más dentro del cuidado personal.

Para Farruko el potencial siempre estuvo ahí. Junto a su socio, Eli Estrada, idearon este proyecto, gestado hace ya un tiempo. “Estábamos buscando la manera de hacerlo porque siempre me ha llamado la atención esto del cannabis y siempre le vi el potencial porque es una flor. Es algo que nace de la naturaleza. Tiene que tener algo que nos pueda ayudar porque la naturaleza está diseñada para eso. Nunca me comí el cuento de que era algo malo. Simplemente había que encontrar la manera de darle el uso correcto. De entenderla”, cuenta.
Así, devela dónde estuve siempre el objetivo principal: “Sabía que de esta manera podíamos ayudar a muchas personas. La visión fue entrar en esto y crecer, porque creo que tiene mucho potencial y es algo nuevo para muchos países en los que se está abriendo el mercado”.
Soberanía puertorriqueña de la mano de la industria local
El desarrollo de las plantas se realiza en colaboración con First Medical, uno de los operadores de cannabis medicinal en Puerto Rico. Para Farruko, esta decisión también responde a un objetivo claro: fortalecer la industria local.
“Lo hice con toda la intención de ayudar al agricultor de aquí y a los cultivos acá en Puerto Rico, de que se siga moviendo la industria acá”, admite.
A futuro, el proyecto también contempla expandirse fuera de la isla y abrir dispensarios físicos propios, aunque por ahora el foco sigue estando en consolidar la presencia dentro del sistema medicinal puertorriqueño.
Para Farruko, parte de la razón por la que Carbonabbis pudo desarrollarse en la isla tiene que ver con el nivel de madurez que alcanzó el sistema de cannabis medicinal en Puerto Rico durante los últimos años.
Contenido relacionado: ‘Puerto Rico Es Muy Especial’: La Regulación del Cannabis y el Futuro del Turismo 420 en la Isla
El artista vive allí y observa de cerca cómo evolucionó el modelo. Hoy, explica, existe una red amplia de dispensarios, múltiples marcas cultivando localmente y un sistema regulado que permite a los pacientes acceder a productos específicos según su condición médica.
El acceso funciona a través de un esquema médico regulado: los pacientes deben obtener una licencia acompañada de una recomendación profesional, y a partir de allí pueden acceder a distintos productos dentro del sistema. “Me gusta mucho el sistema de cómo se trabaja acá, que es a través de una licencia que obtienes con una receta médica”, explica.
Ese proceso también incluye una evaluación de las necesidades particulares de cada paciente, algo que para Farruko representa uno de los avances más importantes en la forma en que hoy se aborda el cannabis medicinal. “Chequean qué condiciones tú tienes y te recomiendan qué tipo de cannabis debes utilizar según tu caso”, defiende.

El resultado es un mercado que no se limita únicamente a la flor tradicional. En los dispensarios de Puerto Rico hoy conviven múltiples formatos diseñados para diferentes perfiles de pacientes: comestibles, aceites, pomadas, cápsulas y bebidas infusionadas. “Es increíble cómo se ha industrializado y avanzado mucho”, opina el artista al respecto.
Ese contexto —una industria en expansión, un sistema regulado y una comunidad creciente de pacientes— es el terreno donde Carbonabbis busca consolidarse antes de pensar en una expansión internacional.
Puerto Rico, latinidad y orgullo local
El crecimiento y el avance de la industria del cannabis son innegables y, con el diario del lunes, también parecieran irrefrenables. A nivel global, seguro, pero si quisiéramos dirigir nuestra atención a Latinoamérica, los resultados destacan. Sin ir más lejos, Uruguay fue el primer país del mundo en legalizar la marihuana, y su fortalecimiento puede verse en países como Argentina, Colombia y, claro, también Puerto Rico.
La fuerte presencia de la comunidad latina y sus particularidades ofrece un contraste interesante con los mercados que suelen dominar la conversación —como el de Estados Unidos o algunos en Europa— al observar la cantidad de emprendedores que emergen de estos territorios. Para Farruko, el propósito siempre fue “que fuera algo crecido en Puerto Rico, que saliera de allí, que el agricultor pudiera no solo ver puertas adentro, sino también demostrar allí fuera que la isla puede estar a la altura de mercados como Los Ángeles o Denver”.
Contenido relacionado: YouTubers Argentinos Visitaron Puerto Rico para Contar los Orígenes del Reggaetón y Probaron el Cannabis: ‘La Marihuana de PR Es…’
En su mirada, la isla no solo tiene el talento musical que la convirtió en uno de los epicentros culturales más influyentes de las últimas décadas, sino también “tiene el potencial” agrícola, empresarial y científico para posicionarse dentro de la industria global del cannabis.
Pero antes de pensar en mercados internacionales o en competir con polos históricos de la industria como lo son algunas ciudades de Estados Unidos, Farruko cree que el primer paso es fortalecer lo propio: “Priorizar Puerto Rico, porque es mi hogar”, comparte decidido.
La lógica, explica, es simple: consolidar la base en casa antes de expandirse al resto del mundo. “Uno tiene que estar sólido primero en su hogar antes de poder ir afuera”.
En ese sentido, Carbonnabis también funciona como una forma de reivindicar la identidad local dentro de una industria que muchas veces está dominada por grandes capitales o por narrativas ajenas a las comunidades que históricamente convivieron con la planta.
Para Farruko, el crecimiento de la industria del cannabis en Latinoamérica está íntimamente ligada a estas últimas: “Primero hay que saber quiénes somos de raíz”, dice.

Fe, espiritualidad y cannabis
Si hay un punto donde la conversación se vuelve más delicada, es cuando la planta entra en diálogo con la fe.
En los últimos años, Farruko habló públicamente sobre su transformación espiritual, un proceso personal que también marcó un cambio en su vida pública y artística. Por eso, reconoce, su defensa del cannabis medicinal puede levantar algunas cejas.
“En el caso mío siempre va a ser algo incómodo para el público”, admite.
La tensión aparece especialmente en sectores religiosos más conservadores, donde el cannabis todavía carga con décadas de estigmatización moral. “Los ortodoxos en esa área, o los religiosos, por llamarlo así, atacan la planta y su uso”, menciona.
Sin embargo, Farruko cree que muchas de esas críticas parten de interpretaciones culturales más que de fundamentos religiosos concretos. “La Biblia no especifica nada sobre el cannabis”, señala. “No dice si es malo. Simplemente no está”.
Contenido relacionado: Ser Católica Disidente, el Acto Político de Conquistar los Derechos Sexuales que Prohíbe la Jerarquía Eclesial
Para él, la clave no está en la prohibición absoluta, sino en el uso responsable. Es una lógica que también aparece en muchas tradiciones espirituales: el libre albedrío. “Cuando se le da un uso correcto a algo, sirve para múltiples beneficios”, dice el artista.
Y vuelve a poner la atención en el silencio, tanto de los grupos religiosos como de la sociedad en general, sobre las repercusiones y los peligros de otro tipo de tratamientos medicinales o científicamente aceptados. “Quizás la ciencia y los químicos están haciéndole daño al ser humano y con esto quizás podemos contrarrestar de cierta manera, buscar una mejor calidad de vida para los pacientes. Ya sea no tocándole su hígado. Vemos que los fármacos te tocan el hígado y te lo hacen canto… te alivian al momento, pero la condición sigue”, cuenta.
Además, recuerda que el vínculo entre plantas y espiritualidad no es nuevo ni exclusivo de la modernidad. A lo largo de la historia, distintas culturas utilizaron plantas con propiedades psicoactivas dentro de rituales, ceremonias y prácticas de conexión espiritual.
Para Farruko, ese contexto histórico también ayuda a entender por qué el debate actual muchas veces está atravesado por prejuicios recientes más que por una mirada amplia sobre las tradiciones humanas.
En su experiencia personal, el cannabis no solo fue parte de su proceso creativo o de su rutina de descanso, sino también una herramienta que lo ayudó a manejar dolencias físicas y momentos de estrés: “Sé los beneficios que tiene. Sé a cuántas personas ha ayudado, cómo me ha ayudado a mí también”.
Defender esa postura públicamente, reconoce, no siempre es fácil. Pero aun así decidió hacerlo. “Lo he salido a defender con capa y espada”.
Para explicar su posición, recurre a una frase que aparece en las escrituras y que, para él, resume el equilibrio entre libertad y responsabilidad: “Todo me es lícito… mas no todo me conviene”.
Entre fe, medicina natural, controversia pública y tradiciones ancestrales, Farruko plantea una idea simple: el problema no es necesariamente la planta, sino la relación que cada persona decide construir con ella.

Cannabis como acto de rebeldía positiva
Hacia el final de la conversación, Farruko vuelve sobre una idea que atraviesa toda la entrevista: cambiar la percepción social de la marihuana no es algo que vaya a suceder de un día para el otro.
La planta arrastra décadas —incluso siglos— de estigmatización cultural, política y mediática. Una fama que, como dice el propio artista, no se desarma únicamente con discursos. “Haz la fama y échate a dormir”, reflexiona. “Eso [la planta] ya tiene esa fama”.
En su mirada, transformar esa percepción colectiva es un proceso lento. No depende solamente de argumentos o de debates públicos, sino también de experiencias concretas que permitan cuestionar lo que durante años se dio por sentado. “Va a ser bien difícil cambiar la perspectiva de las personas”, reconoce. “Pero es a través de los hechos, no a través de las palabras”.
Contenido relacionado: La Resistencia Divertida de Fama y Guita: Fiesta, Drogas, Subversión y Punk en Clave Contemporáneo
Para él, el cambio empieza cuando las personas pueden acercarse a la planta desde otro lugar: investigando, experimentando y observando sus efectos reales, lejos de las narrativas que dominaron la conversación durante décadas, “experimentando y demostrando que es diferente de lo que nos vendieron”, se anima.
En ese sentido, Farruko ve un paralelismo entre el cannabis, su música y su propia trayectoria. Los tres, dice, comparten algo en común: “Son actos de rebeldía”, nacieron en contextos donde cuestionar el orden establecido implicaba ir contra la corriente: “Yo lo veo como un acto de rebeldía también contra el sistema opresor”.
Tal rebeldía, según él, tiene un propósito claro “en un plano positivo”, no destructivo, que busca abrir conversaciones y ampliar la forma en que entendemos ciertas cosas. Más que confrontar por confrontar, el objetivo sería despertar curiosidad, invitar a cuestionar certezas y abrir espacio para nuevas formas de pensar.
“Despierta… no todo lo que nos dicen es lo que es”, dice. “Siempre es bueno cuestionar. Siempre es bueno educarse”.
En esa combinación de música, espiritualidad, medicina natural y educación pública, Farruko parece haber encontrado una forma de alinear su presente artístico con una causa personal que, para él, trasciende el negocio.
Su presente musical: Panamá, memoria y raíces del reggaetón
Aunque el cannabis ocupa hoy un lugar central en su discurso público, Farruko sigue pensando su presente desde la música. De hecho, uno de los proyectos que prepara actualmente mira hacia atrás para entender mejor el origen del género que ayudó a llevar al mundo. “Voy a lanzar ahora un álbum que hice desde Panamá”, adelanta.
La elección del lugar no es casual. Para Farruko, Panamá ocupa un lugar fundamental en la genealogía del reggaetón, aunque muchas veces ese capítulo queda relegado en la historia del género. “Panamá fue un pilar para grabar el reggae y el reggaetón en español”, explica, “puso la semilla en lo que es el género del reggaetón”.

El recorrido, según lo ve él, es bastante claro. Primero está Jamaica, donde nacieron el reggae y el dancehall, un género base clave en la creación posterior de clásicos del reggaetón; luego Panamá, donde comenzaron las primeras adaptaciones en español; y, finalmente, Puerto Rico, donde el género tomó la forma que hoy conocemos globalmente. “Puerto Rico le dio nuestra esencia y es lo que hoy conocemos como reggaetón”.
Con el nuevo álbum, Farruko dice que busca precisamente eso: recuperar memoria musical y volver a poner sobre la mesa las raíces del movimiento. “Con este álbum quise refrescarle a la gente esa memoria… traerle esa orientación y esa educación”.
Contenido relacionado: Panamá 420: ‘La Planta se Encarga de que Yo Tenga un Mejor Día’, Asegura el Vocalista de Señor Loop, una de las Bandas más Importantes de Centroamérica
Aunque a lo largo de su carrera experimentó con distintos sonidos —trap, pop latino, electrónica—, Farruko insiste en que el reggaetón sigue siendo el ADN de todo lo que hace. “Yo nunca me he limitado”, dice. Esa apertura creativa, explica, no significa abandonar el origen del género, sino expandirlo. “Yo soy descendiente del reggaetón. Eso es lo que está en mi genética”.
Con el paso del tiempo, asegura, su curiosidad musical se volvió todavía más amplia. “Me he vuelto más fanático de crear, de expandir mi oído, mi creatividad… Sin perder la esencia que es el reggaetón. Las raíces”.
Porque, como él mismo dice entre risas, hay un elemento que siempre vuelve: “Siempre va a estar el tumpa tumpa”. Al final del día, explica, ese ritmo no es solo una estructura musical: es parte de una identidad generacional. “Crecimos escuchando reggaetón y fue lo que nos hizo viajar el mundo y ser quienes somos hoy en día”.
Para él, entender de dónde viene el reggaetón también es una forma de proteger su identidad cultural en un momento donde el género se volvió global y muchas veces pierde de vista sus orígenes caribeños.
Desde los inicios más crudos del reggaetón en los barrios latinos—evolución de la que Farruko claramente fue gran parte—, pasando por Gasolina de Daddy Yankee a principios de los 2000, hasta hoy, cuando es un fenómeno mundial que estalla en las discotecas europeas o estadounidenses, la idea es esa: no olvidar de dónde venimos.
El valor perdido de la música en la era digital
“Lo que se vuelve popular no siempre son los cimientos. No siempre es el que taló el camino. Ya después de esos, el que pasa ya cuando el camino está llano pasa de una manera tan fácil y tan cómoda, que desde afuera uno dice: ‘Ese fue el tipo que lo hizo’… Siempre es bueno darle ese mérito y traer a colación cómo empieza la vuelta, cómo nace”.
En medio de esa reflexión sobre las raíces del género, Farruko también se detiene en los cambios culturales y de época. “Con el pasar del tiempo, imagínate, los libros… a la gente ya no le gustan; prefiere tenerlos en el iPad o en el teléfono. Los tiempos van cambiando y uno tiene que buscar la manera de educar, encapsular y pasar esa información de la manera en que van evolucionando la tecnología, la humanidad y la generación”.
Filosofando sobre el futuro de las nuevas camadas y del reggaetón, e intentando no sonar “tan conspiranoico”, siente que ya estamos viviendo un cambio muy amplio que atraviesa toda la industria musical: la manera en que consumimos música. En la era del streaming, explica, el acceso es inmediato, pero algo del valor simbólico que tenía la música antes parece haberse diluido.
Contenido relacionado: Tecnologías Obsoletas y Cultura Regenerativa: Conocé a Maia Koenig, la Artista que Hace Música con Game Boy, Atari 2600 y Commodore 64
Hubo un tiempo, recuerda, en el que conseguir música implicaba una búsqueda física: encontrar el disco, comprarlo, compartirlo entre amigos. “Tener un cassette, un disco de tu artista favorito, era como un tesoro; era como que conseguir la música era bien difícil. Ver cómo vivía tu artista era casi imposible porque no había redes sociales donde pusieran su vida, entonces tú los veías y era como ver un extraterrestre, algo fuera de lo normal”, cuenta entre risas.
Esa dificultad hacía que cada álbum se sintiera como un objeto especial, algo que se guardaba y se volvía a escuchar durante años. Hoy, con prácticamente todo el catálogo musical disponible en la nube, esa relación cambió por completo. Y por eso, cree, también aparece un nuevo desafío para los artistas: encontrar formas de preservar las obras para el futuro. Reflexiona: “Se apreciaban más esos momentos. Era más artesanal. Ahora, con la digitalización—que igual nos ha ayudado mucho, porque yo crecí en ese mundo, mi carrera se expandió así, a través de las redes, de las plataformas—, pero yo creo que hay que seguir buscando recopilar información, porque con el pasar del tiempo todo va evolucionando, la tecnología va creciendo y nos vamos alejando más de lo físico. Hay que buscar la manera de conservar esos momentos, esas creaciones, que sigan viajando en el tiempo y otras generaciones las puedan seguir conociendo”.
Entre la planta, la música y la búsqueda espiritual que marcó sus últimos años, Farruko parece haber encontrado un hilo conductor inesperado: cuestionar lo establecido. Ya sea a través de un álbum que revisita las raíces del reggaetón o de una marca que intenta cambiar la conversación sobre el cannabis medicinal, su apuesta sigue siendo la misma: despertar, orientar y dejar algo más que canciones en el camino.
El Farruko de antes y el de ahora
Antes de terminar la conversación, aparece una última pregunta inevitable: ¿qué pasaría si el Farruko de hace quince años, el de Chulería en Pote, el de los primeros pasos en el reggaetón, se encontrara hoy, cara a cara, con el Farruko de Carbonnabis?
La respuesta llega con una mezcla de humor y reflexión: “Uno se va a reír el uno del otro”, dice.
En su imaginación, el encuentro sería casi surrealista: dos versiones de sí mismo separadas por años de experiencias, éxitos, crisis personales y transformaciones espirituales. “Uno no va a creer a dónde llega y el otro no va a creer cómo arrancó”.
El Farruko de hoy —empresario, artista consolidado, impulsor de un proyecto de cannabis medicinal y figura pública que habla abiertamente de fe y propósito— reconoce que ese camino no estuvo libre de golpes.
Contenido relacionado: Rompiendo Tabúes desde el Humor: La Historia de Ando de Volada y su Activismo Cannábico Memero
Por eso, si pudiera decirle algo a su versión más joven, no sería necesariamente sobre música, fama o negocios. “Yo a eso le tengo muchas cosas que decir para que no coja tanto cantazo como lo he cogido yo”, cuenta riendo, pero asegura: “Sería una charla bien impresionante”. Al mismo tiempo, sabe que muchas de esas lecciones solo se aprenden viviéndolas.
Entre la música, la espiritualidad y su apuesta por cambiar la conversación alrededor del cannabis, Farruko parece mirar hacia atrás con la conciencia de que cada etapa —incluso las más difíciles— terminó formando parte del mismo recorrido.
Uno que, según él mismo dice, todavía sigue escribiéndose.
Más contenido de El Planteo:
- Qué Significa 420 en Redes Sociales
- Fran Drescher y su Amor por la Marihuana: The Nanny, Cancer Schmancer y Medicina Natural
- ¿El Mate es una Droga? Una Pregunta Más Habitual de lo que Piensas
¿Tienes ideas o comentarios? Puedes contactarnos en info@elplanteo.com
Síguenos en Instagram, Facebook y Twitter.
Todo el material compartido por ElPlanteo.com tiene fines únicamente periodísticos e informativos.







