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¿Qué Pasa con el REPROCANN? Médicos y Médicas Comparten sus Experiencias

Por Marian Venini

¿Qué Pasa con el REPROCANN? Médicos y Médicas Comparten sus Experiencias

✍ 16 noviembre, 2021 - 13:38

Ya han pasado varios meses desde el lanzamiento del Registro del Programa de Cannabis (REPROCANN). El mismo representaba una esperanza para pacientes y cultivadores que necesitan con urgencia la posibilidad de cultivar su medicina bajo el amparo de la ley. Pero, para estos días, el entusiasmo inicial ha sido reemplazado por una desilusión casi generalizada.

Mientras se celebran los avances, las falencias del programa parecen ser numerosas: desde procedimientos de inscripción confusos hasta la baja del sistema durante un mes entero, pasando por allanamientos a personas registradas y reglamentaciones polémicas.

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Buscando comprender más sobre la odisea que aparentemente implica ser parte del REPROCANN, hablamos con médicos y médicas para compartir sus experiencias.

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Al principio, si hay algo en lo que todo el mundo estaba de acuerdo era en la velocidad y la simplicidad del trámite necesario para inscribirse en el registro. “Era fantástico”, asevera Alexis Engel, médico holístico que se encuentra cursando un posgrado de cannabis medicinal en la Universidad de Rosario. “La ida y vuelta de entrevistas con pacientes y la firma de formularios podía tomar un par de días, pero la habilitación y la aprobación tomaban entre 24 y 48 horas. Era increíblemente rápido”.

Reiteramos: al principio. Progresivamente, fue cada vez más difícil inscribirse; la página no funcionaba o los trámites tardaban meses en ser aprobados. Después, desbordó la demanda. La cantidad de aplicaciones fue tal que, en cierto momento, fue imposible inscribir más pacientes.

Pero, ¿por qué pasó esto? Para responder esta pregunta, es necesario remontarnos al 2018, cuando recién se ponía en marcha el ReCann, el primer registro de cannabis. En ese momento, sólo se permitía la medicina a pacientes con epilepsia refractaria, referidos exclusivamente por neurólogxs.

Esto es lo que explica de primera mano Roberto Alemán, médico cannábico involucrado con la Asociación de Cannabis Medicinal de Jujuy y con Cannava, que utilizaba la plataforma por esas épocas: “La interfaz era exactamente la misma. Es una plataforma que estaba diseñada para pocos pacientes”. Hasta carece de un buscador básico, cómodo y práctico.

Aparentemente, nadie alcanzó a prever que la demanda sería exponencialmente mayor. En cuanto a este aumento colosal de pacientes, Alemán aclara: “No eran sólo los pacientes que venían cultivando desde hace tiempo, sino también los que empezaron su primer cultivo; y también los que ya venían bajo tratamiento con cannabis medicinal que recibían con esto una herramienta para poder viajar con su aceite”.

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Además, la cantidad de personas registradas fue aumentando por otros motivos. Engel explica que, en el primer momento, la gente tenía miedo y no confiaba. No es fácil, dice, “blanquear una situación de cultivo en donde vos estás dando tu dirección, diciendo que estás haciendo algo que hasta hace dos semanas estaba prohibido”.

“Cuando fue el boom por redes sociales y por parte de las asociaciones, empezó a haber un montón de registros, más que nada terapéuticos. No era tan medicinal al 100%, pero sí también se justifica un cultivo de cannabis terapéutico. Es totalmente válido y creo que hay que visibilizarlo”, agrega Alemán.

Así las cosas, el sistema claramente no estaba preparado para la cantidad de pacientes que requieren ayuda. Ambos médicos comparten que, en un momento dado, se veían obligados a realizar los trámites del REPROCANN de madrugada, a las tres de la mañana… o cuando había un partido de Argentina, Boca o River.

Esta situación no duró mucho: muy pronto, la página colapsó por completo y dejó de funcionar. Durante un mes entero, no sólo nadie pudo inscribirse al REPROCANN, sino que tanto usuarixs como médicos no recibieron ningún tipo de respuesta o aclaración por parte de ningún organismo oficial.

A todo esto, estamos hablando exclusivamente de lxs médicos que lograron inscribirse al REPROCANN. Pero hubo una gran cantidad que no tuvo ni la chance.

En ese sentido, la doctora Ana Paula Fagioli, fitoterapeuta con amplia experiencia en cannabis medicinal, representa uno de estos casos. Ella está inscripta desde el minuto cero, “desde cuando discutíamos si convenía anotar o no, o si ayudaba a la gente”, dice. Pero nunca pudo ayudar a ningún paciente por medio del Registro.

Para colmo, la excusa que figura en la página es inconstante: a veces reza que la matrícula está vencida (cosa que, en el caso de Fagioli, es falsa), a veces que no es compatible, a veces (y parece un chiste de mal gusto) que “excediste la cantidad de vinculaciones posibles”. La médica cita casos de varixs colegas que tuvieron las mismas dificultades, otra vez, con respuestas nulas por parte del Registro.

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Y esto no sólo repercute en el personal de salud, sino en lxs pacientes: “Un montón de personas que yo acompaño se fueron a vincular, pusieron su domicilio, se anotaron… y yo no me puedo vincular. Entonces, ahí arrancó la paranoia de estar registrado con domicilio y datos en un sistema que no estaría funcionando”, agrega Fagioli.

Y como si esto fuera poco, otra de las limitaciones que desde el principio produjo quejas es la falta de flexibilidad para registrarse. No sólo es imposible cambiar de categoría ante un error, sino que una persona no puede inscribirse en dos categorías. Esto significa, por ejemplo, que un médicx no puede ser ni cultivador ni paciente. Lo cual, si se lo piensa dos segundos, es completamente absurdo.

“Me excluyen de la posibilidad de cultivar como médica. No puedo ser mi propia médica. No puedo ser paciente”, dice Fagioli, cuestionando de dónde viene el poder y la hegemonía para decidir quién puede ser paciente y quién no. Esto delata una concepción errónea pero predominante en el inconsciente colectivo: la idealización y romantización de lxs médicos como más que humanos, invulnerables a las enfermedades y a los padecimientos de los demás mortales.

Y en cuanto a la imposibilidad de ser al mismo tiempo médicx y cultivador, Fagioli se pronuncia tajante: “Si los médicos y las médicas no saben cultivar, es imposible que entiendan de qué se trata esta medicina”. Efectivamente, por lo general, lxs médicos no saben nada de cultivo ni de los ciclos de la planta. Y tampoco (y esto es crucial) la prueban jamás. “Es una concepción muy extraña. Los médicos no prueban la medicina que le indican a las personas”, problematiza la médica a quien, como fitoterapeuta, nunca se le ocurriría no hacerlo.

“Y tampoco se trata sólo de la dosis, porque si no caemos en un reduccionismo de que saber acompañar con plantas es llegar a la dosis correcta. Y sabemos que no se trata de eso”, agrega.

Educación para médicxs

Esto nos da pie para pensar en otra de las grandes falencias en torno al REPROCANN: la falta de educación en la comunidad médica sobre todo lo relacionado con cannabis.

Desde ya, existen varias iniciativas en todo el país para brindar cursos y capacitación, pero no están particularmente bien difundidos ni se empezaron a implementar en tiempo y forma.

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Alemán critica: “No hay una articulación directa entre los Ministerio de Salud, tanto nacionales como provinciales, con la comunidad médica en general”.

Asimismo, el médico llama la atención sobre la falta de médicxs en algunas provincias: “Por ahí hay uno por cada provincia y capaz que ni siquiera atiende de forma virtual. La pobreza en médicos cannábicos que hay en el sistema de salud es terrible. Y eso es algo que tendrían que haber previsto, y tratar de generar de alguna manera capacitaciones masivas a todo el personal”.

Por su parte, Fagioli destaca el rol que han tomado varias universidades, particularmente del conurbano bonaerense, en generar espacios de educación para médicos y médicas sobre marihuana medicinal. Y no sólo por la iniciativa de educar, sino por la manera en que deciden hacerlo.

“Me parece súper interesante el rol de las universidades, también populares, que empiezan a problematizar el saber. Ahí me parece que radica uno de los principales conflictos. Si el Estado no se hace cargo de formar a los profesionales de la salud…  El Estado podría introducir la medicina cannábica dentro de las residencias de medicina general y familiar, que son los profesionales de la salud que están más cerca de la gente”.

Además, revela la médica, existen un millón y medio de centros de salud estatales en todo el país donde se podría brindar este tipo de formación.

Más allá de los esfuerzos independientes de las universidades, Fagioli también cita los esfuerzos de organizaciones ya legendarias, como Mamá Cultiva, en ampliar el acceso a la educación cannábica de calidad.

Al respecto, Alemán saca a colación la Guía de Manejo Clínico de Cannabis Medicinal de Cannava. La misma fue confeccionada con la ayuda del Colegio Médico de Jujuy, el Colegio de Bioquímica y el Colegio de Farmacéuticos. Es una guía básica pero completa, sumamente útil, sobre el sistema cannabinoide y la aplicación del cannabis en distintos tipos de patologías. Asimismo, se basa en estudios internacionales con trayectoria fuerte en el rubro del cannabis medicinal. Y Alemán destaca: “Esto ha sido a pulmón de las madres y los padres de la asociación de Cannabis Medicinal Jujuy”.

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Efectivamente, no sería la primera vez que el pueblo salga al rescate detrás de un Estado que podría implementar cambios positivos pero decide (o le es imposible, o desconoce cómo) no hacerlo. Pero sería injusto echarle toda la culpa.

Porque también existe, todavía, mucho prejuicio dentro de la comunidad médica. Parte de la misma se niega a aprender sobre esta planta, sin importar cuántos cursos, diplomaturas, capacitaciones ni instancias de formación se brinden.

Lxs tres médicos estuvieron de acuerdo en cuanto a la prevalencia de ideas retrógradas sobre la marihuana entre lxs profesionales de la salud. De hecho, plantean que la medicina cannábica propone una manera de concebir la salud de una manera totalmente diferente a la tradicional.

Al respecto, Engel reflexiona: “La medicina tradicional está lejos de entender de qué se trata. Es otra forma de interactuar con los pacientes. A nosotros, como médicos, generalmente nos enseñan las indicaciones de los medicamentos y le damos al paciente una indicación precisa, y el paciente es el que acata el tratamiento. Y acá, por lo menos en mi experiencia, es al revés. Nosotros estamos aprendiendo de los pacientes. Los pacientes investigan todo ellos mismos”.

Otra cosa en la que concuerdan lxs tres médicos es en la importancia del cultivo como terapia. Es decir, todo el proceso de ver crecer y cuidar a la planta, de meter las manos en la tierra y dedicarte a algo natural, de trabajar para conseguir tu propia medicina, forma parte del proceso terapéutico.

Porque es mucho más satisfactorio para el alma cosechar el fruto de tu esfuerzo que comprar una pastilla en una farmacia. Además, saber la procedencia de tu propia medicina no es algo menor. Como pronuncia Alemán: “Si vas a cultivar tu propio cannabis, vas a cultivar un cannabis saludable”.

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Al respecto del cultivo como terapia, Engel desarrolla: “Uno de los plus más grandes que yo veo es que no es que vos tenés que ir con una receta a una farmacia pasivamente a comprar una medicación, sino que para conseguir el efecto tienes que dedicarte a cultivar una planta y cuidarla. Eso ya es terapéutico. Espero que la medicina no se equivoque en generar un producto para que uno termine yendo a la farmacia a comprarlo. Hay una cuestión que en la medicina no está tan aceptada, que es lo artesanal”.

La participación en la salud se ve, entonces, como un proceso activo de parte del paciente, y no una subordinación pasiva al médicx todopoderoso y omnisciente. Pero este tipo de cambios y maneras novedosas de abordar la sanación pueden incomodar mucho a profesionales con ideas, digamos, más férreas. “A veces, el academicismo se olvida de algunos saberes que son como fundamentales a la hora de de pensar en las plantas”, señala Fagioli.

También problematiza el hecho de que son los médicos y médicas quienes deciden quién está enfermx y quién no. “Hay una hegemonía de un saber que no se suelta. Y si no sueltan, es difícil que se pueda garantizar a toda la población. Y ni hablar de esto de la ciencia limitando en qué patologías el Estado va a garantizar el cannabis medicinal. De repente vamos a tener que patologizar la angustia de las personas cuando sabemos que el cannabis la resuelve. Y no hace falta que haya un psiquiatra haciendo un diagnóstico”.

Pero no todo está perdido: existen muchos médicos y médicas con gran interés en formarse en cannabis medicinal, más allá del REPROCANN.

De hecho, Engel mismo es un fantástico ejemplo de cómo el personal de salud puede “abrir la cabeza” en torno a la planta. Confiesa haber entrado hace muy poco en este mundo, habiendo sido expuesto toda su vida a las ideas retrógradas que son las más difundidas sobre la marihuana. Y hoy su situación es muy distinta: se está formando, descubriendo el maravilloso mundo del cannabis medicinal y haciendo buen uso de esta información.

“A mí me está apasionando”, afirma. “Porque, como médico, quiero ayudar a la gente y esto es una ayuda en todos los sentidos”.

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Y sí, son cada vez más los médicos que se acercan a estos saberes, pero este acercamiento no está exento de riesgos: “Por un lado, está buenísimo cómo se está abriendo mucho la cabeza médica. Pero, por otro lado, tengo la sospecha de que se está encarando esto de una manera muy científica, como se encara todo lo que es medicina… Y me parece que esto va por otro lado”.

Un lado más holístico, si se quiere.

La salud como negocio

Otra de las polémicas que surgieron con respecto al REPROCANN, relacionada de manera indirecta al mismo, es la de la amplia variedad de criterios en cuanto a cómo cobrar la consulta y el trámite para registrarse.

Desde ya, cada médicx tiene absoluto derecho a fijar sus propios honorarios. Su tiempo y su trabajo valen, y la retribución debería ser proporcional, como en todas las profesiones y oficios.

Sin embargo, lxs médicos con quienes charlamos llamaron la atención sobre un no despreciable número de colegas que exigen una retribución no tan proporcional a la hora de trabajar con el REPROCANN. Incluso, a veces se aprovechan de la desesperación o de la falta de información de lxs pacientes.

Fagioli comparte que le han llegado testimonios sobre médicos que pedían desde 7.000 hasta 14.000 e incluso 30.000 pesos por registrar a un paciente al REPROCANN. Engel suma que ha visto colegas que cobran en dólares.

“Hay de todo”, cuenta éste último. “Porque no hay una regulación. No está mal cobrar el trámite, porque incluso cuando era rápido, es un trabajo intenso. Y además está el tema de poner mi matricula en una situación que todavía no está del todo prolija. Lo que está mal es que, a veces, algunos toman esto como una cuestión de necesidad obvia en la gente, y no contemplan la situación, donde a veces ni siquiera pueden pagar nada”.

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Al preguntarle a Fagioli su opinión al respecto, la médica no se anduvo con sutilezas. “Es una vergüenza. Sobre todo porque vos sabés que estás trabajando siempre con personas que están sufriendo”.

“Me pregunto: estos profesionales que están cobrando 14.000 pesos registrarte en el REPROCANN… Yo dudo que sepan lo que están haciendo, ¿no? En cuanto a acompañamiento. Porque siempre, siempre, siempre es artesanal el acompañamiento. Depende de cada persona y de los medicamentos que además toma, y de cómo es su vida ese día o ese mes. Y ni hablar que, si la persona produce su propia medicina, cada planta va a ser distinta y eso lo tenés que ir siguiendo”, explica.

“El seguimiento del acompañamiento de las personas cuando usamos plantas medicinales, además del cannabis, es muy humano y muy personal. Vos estás mucho en contacto con esa persona. Dudo que los médicos y las médicas que están cobrando registrar gente esté haciendo este tipo de acompañamiento”, agrega.

Y, por suerte, ella no es la única que considera la humanidad y las posibilidades de sus pacientes a la hora de ejercer su profesión. Volviendo al tema del cobro del trámite, Engel agrega: “Yo obviamente el trámite lo estoy cobrando una vez, esto tiene un seguimiento de un año. Y contemplando la situación particular, lo he hecho gratis también. Uno se va adaptando a la necesidad y a la demanda de la gente”.

¿Por qué aclara el médico que “obviamente” cobra una sola vez el trámite? Porque, aparentemente, algunxs requieren “renovar el trámite” cada tres meses. Y no sin fundamentos: otro de los resabios de la reglamentación del ReCann (que, recordemos, estaba diseñado para pacientes de epilepsia refractaria) es la condición de realizar un control médico cada tres meses. Pero indudablemente no es lo mismo una consulta médica que la renovación del trámite, que tiene validez por un año.

Al respecto, Alemán explica: “La medicina cannábica es una medicina de coadyuvancia. Si bien hay pacientes que necesitan un control o un chequeo periódico, no creo que sea necesario en el 100% de los casos. Muchos de los pacientes que tienen enfermedades leves (como ansiedad o insomnio leves), que ya lo vienen tratando con cannabis, no necesariamente necesitan un control”.

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Por ende, la exigencia de cobrar el trámite cada tres meses no está fundamentada. Tal repetición no es obligatoria. Sin embargo, todavía no se entiende bien si el registro la requiere o no. Este es otro de los temas en los cuales el REPROCANN no se presenta de manera clara y donde reluce la falta de regulación en torno a él.

“Yo creo que no lo van a regular, porque el Estado no regula el ejercicio privado”, dice Fagioli. “Un poco, la medicina es considerada un negocio”, remata. “La salud, básicamente. Entonces es muy difícil reglamentar todo el ejercicio privado de la medicina”.

Asimismo, la médica manifiesta preocupación por este manejo problemático: “Si el sistema le va a dar el poder a un sector corporativo y hegemónico, si no le estaría interesando la salud de las personas y más bien un negocio, el REPROCANN es un problema”.

También destaca que esta desprolijidad no es exclusiva del REPROCANN ni de lxs médicos. “El sistema de salud es uno de los tantos sistemas que no está auditado. Nadie habilita las buenas prácticas en el sistema de salud, y no hace falta que hablemos sólo de cannabis. Todo el mundo tiene muy malas experiencias en el sistema de salud, con los tratos y los destratos, y eso sigue sucediendo”.

Para ilustrar este punto, toma el ejemplo de los métodos anticonceptivos. “Si vos querés pedir un método anticonceptivo moderno como el DIU hormonal, los ginecólogos te cobran 35 mil pesos, cuando sale 2000 comprarlo en una farmacia. Pasa con todo y eso es moneda corriente en este sistema de salud que tenemos. Por otro lado, ya tenemos ley de aborto voluntario y siguen cobrando”, acusa.

¿Qué se puede mejorar?

Podemos pasarnos horas criticando todo lo que no funciona del REPROCANN o rescatando sus partes positivas. Pero lo necesario ahora no son sólo las críticas, sino también propuestas superadoras. Entonces: ¿qué se puede hacer para salir de esta situación?

Más allá de arreglar los desperfectos obvios ya mencionados, como la optimización de la plataforma, una regulación coherente y la formación del personal de salud, lxs médicos y médicas del REPROCANN están de acuerdo en otra cosa: lo que falta es información.

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Engel pone como ejemplo el período de tiempo en el cual la página del REPROCANN estuvo inhabilitada. “Ni yo, ni los pacientes, ni nadie tenía información de qué estaba pasando. No se sabía. Había versiones. Pero no una comunicación oficial”.

Pero no es sólo a pacientes y médicxs a quienes les falta información, sino al resto de la sociedad y, particularmente, a las fuerzas de seguridad. “Hemos recibido muchos, muchos testimonios de gente que, incluso con la credencial habilitada, validada por un médico y por el Estado, la policía fue y le cortó toda la plantación, e incluso tuvieron problemas legales de retenciones. Hay mucha gente que no está tanto a nivel policial o a nivel de seguridad. Es un programa que propone el Estado, así que no puede venir nadie y llevarte preso o sacarte algo que el Estado te está permitiendo. A menos que estés fuera de la reglamentación, que ahí es bastante clara. Pero incluso respetando el permiso, con el carnet en mano, mucha gente tuvo inconvenientes”.

Fagioli aporta una solución posible: “El Estado debería ser claro con una campaña comunicacional clara, en donde no sean sólo las organizaciones las que se hagan cargo de decirle a la población, por ejemplo, que el registro es gratuito, sino que el Estado también haga una comunicación oficial, y que se piense una comunicación para dentro del sistema de salud”.

En otro orden de las cosas, la médica señala más errores conceptuales en la implementación del cannabis en la medicina tradicional. “El Estado no toma una posición política en torno a lo que significa la autonomía y la soberanía de la decisión de lo que la salud representa para las personas individual y comunitariamente”, afirma. “En definitiva, vamos a caer en dos grandes problemas. Uno, la patologización de la vida. Y dos, que es el médico o la médica quien puede diagnosticar y ponerte un rótulo”.

El futuro de la medicina y la marihuana

Más allá de todos los desperfectos y polémicas, las dificultades y toda la sangre, sudor y lágrimas, hay una cosa que parece indiscutible: que la marihuana medicinal ha llegado para quedarse. Pero, ¿cómo ven los médicos y médicas la implementación de esta planta en el sistema de salud?

“Yo creo que es inédito”, sentencia Engel. “No existe nada en la medicina que haga tan bien haciendo tan poco mal. Yo, como médico, estoy acostumbrado a que lo que te receto, sé que tiene muchos efectos adversos, incluso algunos más graves que la enfermedad. La marihuana no solamente hace bien para muchas cosas, sino que encima no tiene casi efectos adversos”.

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El médico también destaca la gran variedad de dolencias que pueden paliarse con el cannabis: desde el alivio del dolor y ansiedad hasta la mejora del estado de ánimo y del insomnio, pasando por decenas de otras afecciones.

Fagioli, sin embargo, se muestra más reservada en cuanto a sus expectativas. No es que no tenga fé en la planta, todo lo contrario, pero no cree que su implementación en el sistema de salud sea desprovista de serias dificultades. “El modelo médico hegemónico está consolidado sobre pilares ideológicos que no consideran que la salud sea un derecho humano”, rebate.

Ejemplo de esto son otras medicinas alternativas, como la ayurveda o la fitoterapia, a las cuales sólo puede acceder el sector privilegiado capaz de pagarlas.

“En plena pandemia, las personas se dieron cuenta de la limitación del uso de la medicina alopática. Y empezaron a buscar este tipo de medicinas”, dice. “La medicina hegemónica ya las considera como productivas, porque se ve la mejoría en la calidad de vida de las personas. Pero el Estado tiene cajoneada la ley, que lo único que pide es que esas medicinas sean garantizadas en el sistema público de salud para que las personas más pobres puedan acceder a lo mismo que acceden”.

En la misma línea, la médica tampoco ve con buenos ojos la comercialización de la marihuana por parte del Estado: “Todo lo que se monopolice y se industrializa, la medicina lo ve con buenos ojos, porque la financian los laboratorios. Pero yo me pregunto si es posible institucionalizar este saber de esa forma. Y creo que a la planta y a quienes la cultivamos hace muchísimos años con este amor y respeto que nos promueve… no sé si nos va a ser muy beneficioso”.

Sin embargo, reconoce la progresiva desestigmatización del cannabis facilitada por este movimiento por parte del Estado: “La sociedad necesita que el cannabis esté masivamente en los medios de comunicación, en el sistema de salud. Bueno, la humanidad necesita este tipo de ficciones para terminar de creer en el poder de la planta”.

Aun así, está claro que estamos lejos de borrar este estigma. Tanto Fagioli como Engel señalaron la hipocresía de prohibir una planta cuya dosis letal todavía no se ha descubierto, al tiempo que varias drogas potencialmente mortales son de venta libre.

“Nadie se murió de una sobredosis de cannabis”, dice Engel. “Y vos vas a un kiosco a pedir paracetamol y es de venta libre, y con veinte comprimidos una persona se puede matar. Y vas y lo comprás, nadie lo va a evitar. Pero el cannabis está prohibido”.

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“Es obvio que todo esto tiene que ver con la penalización del cannabis entendido como droga”, suma Fagioli. También pone el ejemplo de la insulina, también de venta libre y que puede resultar letal por algo tan simple como una inyección mal colocada.

Alemán, sin embargo, se mantiene más optimista en cuanto al futuro de la marihuana en la medicina. “A mí me parece que el impacto va a ser gigante”, dice. “Porque el concepto de la medicina cannábica es un concepto totalmente distinto a la medicina que venimos practicando hasta el día de hoy. Se dedica a ver al ser humano como un todo, no aislado”.

Es decir: en la medicina tradicional existen especialidades distintas para órganos o sistemas diferentes, y se basa en medicamentos directos a un órgano específico. Pero, en realidad, los medicamentos no producen solamente efecto terapéutico sobre un órgano o un sistema, sino que también provocan un montón de cambios sobre otros órganos y otros sistemas. Algunos son positivos y otros bastante contraproducentes.

En cambio, con la medicina cannábica no se plantea esta división limpia y clara entre sistemas. El sistema endocannabinoide simplemente no funciona así. De hecho, se lo ve como un sistema que engloba todos los otros. Y así como los órganos no están aislados, tampoco lo están las personas.

“Este concepto del ser humano como miembro no solamente ha aislado, sino como miembro de la familia de una sociedad y una comunidad, hacen que el concepto de salud y enfermedad cambie totalmente”, explica Alemán. “Esto ya lo había cambiado la OMS, pero no lo aplicamos. En la medicina cannábica lo aplicamos a full, porque no solamente te pregunto qué es lo que te duele, sino que también te pregunto qué es lo que te hace mal, qué es lo que te producen los medicamentos que estás tomando, cómo te sentís con tu entorno…”.

Este nivel de conexión y approach más holístico, arguye Alemán, es crucial en los tiempos que corren. “Hoy, en la pandemia, es una de las medicinas que tenemos que tratar de resurgir. De armar redes, ser familia. Porque la pandemia hizo que nos separemos. Pero hay formas de volver a unirnos”.

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Por su parte, Engel cree que, a pesar de todos los desperfectos, el REPROCANN representa “un paso gigante”.

Y se explaya: “Obviamente mucha gente está contenta y me parece que es una herramienta espectacular para la gente y para los médicos. Obviamente sería bárbaro poder investigar mucho más. Pero ya con la experiencia que tiene la gente, la verdad que sobran argumentos. Así que el hecho de que Argentina esté haciendo este paso, para mí es mucho más importante que toda la desprolijidad a la que estamos acostumbrados”.

Por último, Fagioli nos recuerda por qué es necesario seguir luchando por la ampliación de derechos: “¿Cómo vamos a excluir de poder conocer esta planta más ampliamente, que es maravillosa? A mí me interesa la fitoterapia por eso. Cada vez que ayudas a una persona, es maravilloso. Ya la gente se da cuenta sola, sin ir al médico, de que es una planta muy valiosa”.

Y, efectivamente, cada vez más gente se está dando cuenta. Cosa que le debemos a las familias que estuvieron durante años luchando en la clandestinidad. “Cuando las madres cultivadoras deciden salir de la oscuridad o del espacio más íntimo para hacer luz, y se suben a la potencia de los feminismos en las calles y alzan la voz de que el cuidado es político… Ahí la aceptación empezó a ser mayor”, concluye.

Foto por Nataliya Vaitkevich vía Pexels

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ACERCA DEL AUTOR

Marian es la directora editorial de El Planteo. Además del trabajo de escritura, traducción y edición, maneja todo el contenido de nuestrxs colaboradores.

Ha sido publicada en varios medios, como Benzinga Cannabis, High Times, Yahoo y Forbes. También acaba de lanzar su propio proyecto en YouTube.

Cuando no está haciendo todo eso, toca el piano y el bandoneón, escribe poesía, dibuja y hace origamis.

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