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Los Nombres de Cepas de Marihuana Ya No Sirven: ¿Qué Hace la Industria al Respecto?

Por Natan Ponieman

Los Nombres de Cepas de Marihuana Ya No Sirven: ¿Qué Hace la Industria al Respecto?

✍ 13 julio, 2020 - 09:20

Un fantasma recorre la industria de la marihuana: el fantasma de los nombres de las cepas.

Blue Dream, Sour Diesel, Girl Scout Cookies: estos nombres surgieron como formas informales de identificar tipos de cannabis en la era del mercado negro. Por ese entonces, lxs cultivadores y productores tenían poco acceso a pruebas en laboratorio de calidad científica.

Hoy, sin embargo, los nombres de cepas siguen siendo parte del vocabulario de lxs consumidores y las marcas. Esto es a pesar de que estas etiquetas no tienen ningún valor intrínseco, y de que ya ha surgido una industria más madura.

“Debido a la falta de regulación sobre los nombres de las cepas, no hay garantía de que las de una persona sean realmente lo mismo que las Girl Scouts Cookies de otra”, dice Nick Jikomes, científico investigador principal de Leafly.

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Esto significa que cuando lxs usuarixs entran a un dispensario de cannabis para comprar una onza de Blue Dream, no hay nada en la etiqueta que pueda garantizar que este Blue Dream tenga el mismo perfil químico o uno similar al que compró el mes anterior.

Aunque la mayoría de lxs expertxs están de acuerdo con esto, lxs consumidores generalmente perciben los nombres de las cepas de marihuana como verdaderos indicadores de los rasgos únicos y las composiciones químicas de un producto.

Si bien la mayoría de lxs profesionales de la industria piensan que se debe hacer algo al respecto, el campo de juego se divide entre dos escuelas de pensamiento. Por un lado, están aquellxs que piensan que los nombres de cepas deben ser superados y abandonados en el pasado. Por otro, están lxs que creen que los nombres de cepas pueden ser regulados y utilizados de manera científica.

Lo que hay en un nombre

Un estudio del 2013 realizado por Dale Gieringer, director estatal de California NORML, analizó más de 1.500 muestras de cannabis de una variedad de productores de California.

Gieringer examinó el contenido de cannabinoides y terpenos de las flores vendidas como Sour Diesel, Jack Herer, OG Kush y Trainwreck. Lo que su equipo encontró fue asombroso.

“[Las muestras] se compararon usando una técnica estadística conocida como Análisis de Componentes Principales. Ésta agrupa diferentes puntos de datos a lo largo de dos (en este caso) ejes, que han sido elegidos para discriminar las diferencias estadísticamente más destacadas en los datos”, dijo Gieringer. “Idealmente, deberían aparecer diferentes muestras de cepas idénticas en puntos idénticos“.

Sin embargo, los cuadros en el estudio muestran a todas las cepas dispersadas, mostrando grandes inconsistencias en su contenido químico.

El estudio también confirmó que la designación Índica/Sativa/Híbrida no es químicamente significativa. Puede indicar la morfología de una planta, pero no los efectos fisiológicos.

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Usar nombres de cepas para distinguir un tipo de marihuana de otro tiene sentido. Dado que las plantas de cannabis pueden llevar perfiles químicos muy diversos (contenido de cannabinoides y terpenos), lxs consumidores buscan identificarlas entre sí por sus nombres.

El consumo de diferentes plantas puede tener consecuencias muy diversas para el cuerpo y la mente.

Lo que la mayoría de lxs consumidores no saben es que no hay derechos intelectuales para la mayoría de los nombres de cepas. Esto significa que cualquier cultivadorx legal de cannabis es libre de comercializar y vender su producto con el nombre que elija, independientemente del origen o la composición química de la planta.

Incluso si unx cultivadorx está completamente segurx de que las semillas que está usando pertenecen a una familia genética en particular, no hay garantía de que el cultivo de esas semillas dé como resultado un perfil químico preestablecido.

‘Divergencia genética’

“Las plantas de cannabis son seres que viven, que respiran”, dice Len May, CEO de Endocanna Health, una compañía de investigación de cannabis y genética. Como cualquier planta, el crecimiento está influenciado por factores externos y ambientales como la luz, el riego, la temperatura, el suelo y el viento.

Un fenómeno llamado “divergencia genética” puede hacer que las plantas de cannabis del mismo lote expresen diferentes perfiles químicos.

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El legendario músico y empresario de cannabis David Crosby discutió una vez este tema en una entrevista con Benzinga.

“Mezclaron todo a principios de los 70′. Los muchachos de Hawái estaban cultivando el mejor porro del mundo en ese momento”, dijo Crosby. “Cruzaron todo con todo, por lo que creo que la mayoría de las separaciones de las que la gente habla ahora son teóricas más que reales”.

Solución uno: Dejar atrás los nombres de las cepas

Entonces, ¿cómo está lidiando la industria del cannabis con este problema?

Un grupo de profesionales de la industria piensa que los nombres de cepas no son una buena forma de garantizar la consistencia química de los productos de marihuana. Creen que se deben utilizar nuevas categorías, especialmente en el ámbito medicinal.

Una de las voces más fuertes en este grupo es una defensora de la marihuana desde hace mucho tiempo: Mara Gordon, cofundadora de la compañía de cannabis medicinal Aunt Zelda’s Inc.

“Creo que todo el nombramiento ha sido impulsado por expertxs en marketing y no por científicxs“, dijo Gordon.

Añadió que los nombres de las cepas pueden causar mucha confusión a lxs pacientes que necesitan tratamiento con cannabis. Gordon preferiría borrar la palabra “cepa” completamente del vocabulario de la marihuana, ya que su origen no es científico.

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Ella tiene un punto: la palabra “cepa” no tiene uso oficial en botánica. En realidad es un término tomado de la microbiología, donde se emplea para describir variantes genéticas de microorganismos como virus y bacterias. Citando el trabajo del Dr. Ethan Russo, Gordon preferiría usar la palabra “cultivar” para referirse a las variantes genéticas en el cannabis.

“Cada vez que vas al dispensario hay 30 nombres nuevos de los que nunca has oído hablar”, dijo. “Y no hay ninguna regulación sobre cómo se nombran”.

Para Gordon, no se trata solamente del problema de que alguien llame a su cosecha “Blue Dream“, por ejemplo, cuando la genética no está ni cerca de la cepa promedio de Blue Dream. El principal problema surge cuando alguien toma una cepa Blue Dream perfectamente normal y le da un nuevo nombre. Esto provoca una sobresaturación de los productos de cannabis. Así, lxs pacientes se pierden y se confunden en el mercado, explicó Gordon.

Más importante es comprender las proporciones de cannabinoides y terpenos en cada planta, independientemente de su nombre. Esa es la mejor manera de garantizar que unx paciente experimente resultados consistentes, agregó Gordon.

En términos de ciencia médica, este argumento tiene mucho sentido. En un entorno estrictamente farmacéutico, los nombres de los medicamentos no deberían influir en el resultado.

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Las más de 14.000 cepas disponibles en seedfinder.com se pueden reducir a menos de 10 categorías, agrupando las plantas de marihuana por su similitud en términos de perfiles de cannabinoides y terpenos.

“Una vez que comienzas a mirar el perfil completo de lo que hay allí, puedes desglosarlo simplemente en tipos”.

Según un informe reciente publicado por la compañía de análisis de datos de cannabis Headset, las cepas de marihuana no específicas están ganando cuota de mercado en los estados occidentales donde opera la compañía. California, Oregon, Washington, Nevada y Colorado, así como las provincias canadienses de British Columbia y Alberta mostraron un aumento significativo en las ventas de cepas no específicas entre principios del 2017 y 2020.

Las ventas de cepas etiquetadas simplemente como “sativa dominante” o “índica dominante” superaron las ventas de Blue Dream a fines del 2018. Luego siguieron siendo las cepas más vendidas en todas las categorías de productos inhalables.

Solución dos: regular los nombres de las cepas

“¿Qué tan confiables o poco confiables son los nombres de cepas en el mercado?”, preguntó Nick Jikomes de Leafly.

Esa es la pregunta que él y su equipo de investigación en Leafly se propusieron responder y resolver.

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“Si mejoramos como industria en la autorregulación, trabajando con lxs productores y vendedores para asegurarnos de que estamos verificando la autenticidad del nombre y el perfil químico de estos productos, creo que realmente podemos usar nombres de cepas en la forma en que están destinados a ser utilizados”, agregó.

Leafly es parte de un grupo de empresas que creen que los nombres de las cepas deberían organizarse. Esto no es una gran sorpresa, dado que una gran parte de la plataforma de la compañía gira en torno a la catalogación de variedades de cannabis.

La estrategia de Leafly es perfeccionar el paradigma de los nombres de cepas, llevando el rigor científico a un mercado desorganizado.

La compañía está trabajando en la creación de un sistema de certificación bajo el cual los nombres de las cepas puedan tener sentido. Éste permitiría a lxs consumidores comparar el contenido de cannabinoides y terpenos de las cepas con un “promedio”. Esta cepa promedio se genera al agregar datos de miles de muestras de esa misma cepa.

Leafly explicó el procedimiento:

Trabajando con socixs de laboratorio en los EEUU y Canadá, la compañía pudo reunir miles de muestras de datos de cepas de marihuana en todo el continente. Utilizando estos datos anónimos, Leafly construyó un perfil “promedio” para cada nombre de cepa, retratando las características químicas más comunes de cada una.

Lxs productores que trabajan con Leafly Certified Labs pueden elegir mostrar el perfil químico de sus productos en la plataforma Leafly y permitir a lxs usuarixs compararlo visualmente con el promedio regional.

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Si bien Leafly ya está trabajando en la estandarización de las pruebas de laboratorio a través del programa Leafly Certified Labs, el lanzamiento de Leafly Certified Products se retrasó debido a la pandemia del COVID-19.

“El COVID nos obligó a reducir la velocidad en varios proyectos, incluido el trabajo en Leafly Certified Products”, dijo Jikomes. “Entre otras cosas, la situación actual nos impide hacer gran parte de la investigación de lx consumidorx en la tienda que necesitamos, ya que requiere la presencia física en las tiendas”.

El problema de las pruebas de laboratorio no estandarizadas

Cuando Leafly comenzó el proceso de estandarizar los nombres de las cepas, la compañía se topó con una pregunta que necesitaba una respuesta: ¿qué tan confiables son los laboratorios que realmente están haciendo las pruebas?

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“En mi opinión, los laboratorios no deberían ser con fines de lucro. Deben ser dirigidos por gobiernos, universidades o organizaciones sin fines de lucro”, dijo Gordon. Ella cree que la actividad con fines de lucro en las pruebas de laboratorio puede conducir a prácticas corruptas.

Gordon recuerda varias malas experiencias con laboratorios de pruebas a lo largo de su carrera. En una ocasión, un laboratorio entregó resultados muy diferentes para el mismo material vegetal. Después de que les llamaran la atención al respecto, anunciaron que los extractos muestreados de Gordon tenían butano residual, cuando el proceso de extracción se había realizado con etanol.

En otra experiencia, un laboratorio ofreció alterar los resultados de las pruebas a cambio de tarifas más altas.

Por estas razones, Leafly decidió dar un paso más atrás y hacer un esfuerzo para estandarizar las pruebas de laboratorio.

“Idealmente, habría una aplicación regulatoria del gobierno que nos permitiría tener una estandarización”, dice Jikomes.

El problema es que, dado que el cannabis sigue siendo federalmente ilegal en USA, no existe un organismo regulador federal que establezca estándares para las pruebas de laboratorio de cannabis.

“Cada estado tiene sus propios organismos reguladores”, dijo. “Y realmente no hay forma de lograr una estandarización entre ellos. Muchos de ellos realmente no entienden cómo hacer cumplir y regular cosas como estudios o pruebas científicas de los productos de cannabis”.

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Leafly desarrolló un Programa de Laboratorios Certificados, en el cual las instalaciones de pruebas de laboratorio tienen que pasar un proceso de evaluación de datos para lograr la certificación.

Si bien esta solución está lejos de ser perfecta, es un esfuerzo valioso de una industria que recurre a la autorregulación para elevar la calidad y la consistencia de sus productos.

Dentro de los datos químicos de las cepas

Después de asegurarse de que todos los laboratorios de su plataforma funcionen bajo los mismos parámetros, Leafly comenzó a probar diferentes muestras de productos de cannabis. Éstos fueron comprados en diferentes lugares de los Estados Unidos y Canadá. Su objetivo: comparar el perfil químico de cada producto comprado bajo nombres de cepas específicos.

Según la investigación, la consistencia varía según la cepa.

“En los Estados Unidos, alrededor del 86% de los nombres de cepas Blue Dream que encontramos unidos a los productos de flor tienen una composición química alta en mirceno y pineno, en lugar de ser dominante y otro terpeno”, dijo Jikomes de Leafik.

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Blue Dream resultó ser uno de los nombres de cepas más consistentes, con alrededor del 14% de los productos florales etiquetados como tales: muy lejos del promedio nacional.

Pineapple Express es mucho más variable y es mucho menos probable que vea el mismo perfil químico de dos productores diferentes que usan ese nombre de cepa para su producto”, dijo.

Jikones nos dice que, al final, lo que lxs consumidores necesitan es una forma de obtener productos que tengan una composición química conocida y confiable. De esa manera, realmente saben lo que obtienen cuando hacen una compra.

Sin embargo, es importante lograr consistencia en los productos de cannabis. También es crucial comprender que estos productos afectan a las personas de manera diferente. Entonces, no sólo la genética de la planta, sino también la genética de lx consumidorx tiene un efecto sobre cómo una cepa en particular le afectará, según May de Endocanna. La misma está colaborando con Leafly, cruzando su propia base de datos sobre genética humana con los datos de Leafly sobre cepas de cannabis.

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A medida que la industria crece y lxs consumidores se vuelven más educadxs, se hace evidente la necesidad de una regulación más sólida y exhaustiva. Sin embargo, como la prohibición federal presenta obstáculos para el progreso regulatorio, la industria necesita encontrar formas de autorregularse.

Estas mejores prácticas nacen en una industria en busca de la autorregulación. Tal vez sea un paso intermedio valioso y necesario que sentará las bases para lo que eventualmente conducirá al desarrollo de una supervisión federal o global.

Vía Benzinga, traducido por El Planteo.

Imagen: Natan Ponieman. Íconos: Flaticon.

ACERCA DEL AUTOR

Natan Ponieman es editor de El Planteo.

Además de su labor periodística, trabajó por más de 10 años como creativo publicitario y realizador audiovisual.

Natán escribe cotidianamente para algunos de los medios de cannabis y finanzas más importantes de Estados Unidos y Canadá, entre ellos Entrepreneur, Yahoo Finance, Benzinga, High Times, Cannabis Culture y Leafly.

 

 

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