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¿Qué Significa ‘Enteógeno’?: una Nueva Mirada a los Psicodélicos

¿Qué Significa 'Enteógeno'?: una Nueva Mirada a los Psicodélicos

✍ 24 noviembre, 2020 - 07:32

Por Joanna Steinhardt.

El año pasado, cuando el Consejo de la Ciudad de Oakland votó unánimemente para despenalizar cuatro especies de plantas y hongos psicoactivos, una nueva e inesperada palabra entró en el léxico de la jurisprudencia americana: enteógeno.

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La resolución enumeraba plantas y hongos enteógenos específicos: el peyote y el cactus de San Pedro, la vid y el arbusto utilizados para hacer ayahuasca, los hongos de psilocibina y la corteza de la raíz del arbusto de iboga. A medida que el movimiento para despenalizar estas plantas y hongos se expande a través de los EEUU, resoluciones como las aprobadas en Oakland o Santa Cruz, dirigidas por un grupo llamado Decriminalize Nature, están presentando esta palabra a un público cada vez más amplio.

¿Enteógeno? ¿Qué es eso?

Entonces, ¿qué son los enteógenos exactamente? Si le preguntas a alguien familiarizadx con el término, es probable que escuches algo como: “Los enteógenos son drogas/plantas/medicamentos que te dan una experiencia espiritual”. La palabra significa literalmente “crear lo divino dentro” y se deriva de las raíces griegas en (dentro de) theo (divino) y gen (crea).

Una definición ampliada presentada en los documentos oficiales proporcionados al Consejo de la Ciudad de Oakland explicaba que los enteógenos han sido utilizados por pueblos indígenas durante milenios para “la sanación, el conocimiento, la creatividad y la conexión espiritual”.

La investigación científica de la última década también ha demostrado que estas plantas y hongos pueden tratar una serie de enfermedades crónicas. La psilocibina (el compuesto activo de los hongos mágicos) para la depresión, la ayahuasca para el dolor, y así sucesivamente. Despenalizando su posesión, los documentos argumentan que “faculta a lxs residentes de Oakland a ser capaces de cultivar sus propios enteógenos, compartirlos con su comunidad y elegir el escenario apropiado para sus intenciones”.

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La palabra en sí misma expresa ideas acerca de quiénes usan estas sustancias, y cómo y por qué lo hacen, y representa una importante desviación de las suposiciones comunes. Compartidas por la comunidad, cultivadas personalmente, utilizadas con fines espirituales y restaurativos: no son las “drogas” de adolescentes rebeldes o el escapismo de hippies abandonadxs.

Enteogénico vs. Psicodélico: Definición

Lo enteógeno implica una red de asociaciones que lo distinguen de los psicodélicos de manera significativa. El uso del término en el movimiento de despenalización refleja un marcado cambio en la forma de entender las plantas, los hongos y los compuestos sintéticos más comúnmente conocidos como psicodélicos. Un vistazo a la historia de la palabra permite vislumbrar por qué estas distinciones son importantes.

Un poco de historia sobre los enteógenos

El término “enteógeno” fue acuñado en un breve artículo académico en 1979 en The Journal of Psychedelic Drugs, titulado simplemente “Enteógenos“. Fue escrito por una mezcla de académicos e independientes, incluyendo un etnobotánico, un micólogo, un etnomicólogo y dos clasicistas. Tres de estos autores operaban fuera de las instituciones académicas. Uno, R. Gordon Wasson (el banquero retirado famoso por haber dado a conocer por primera vez los hongos psilocibina fuera de la Sierra Mazateca), fue totalmente autodidacta. Los otros dos, Jonathan Ott y Jeremy Bigwood, habían estudiado con el micólogo Michael Beug en la Universidad Estatal de Evergreen a mediados de los ’70. Sin embargo, nunca obtuvieron títulos avanzados. Para 1978, Ott ya había publicado tres guías de campo sobre plantas alucinógenas y hongos en América del Norte. Todo esto les permitió tener libertad para explorar temas que se consideraban inmoderados, poco convencionales o mal guiados por la academia.

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No es del todo inusual que personas aficionadas hagan contribuciones significativas a las ciencias de campo como la botánica o la micología. Sin embargo, era inusual que sus investigaciones botánicas abarcaran temas históricos tan amplios como el origen de la religión. Los dos clasicistas, Carl Ruck y Danny Staples (ambos afiliados a la Universidad de Boston en ese momento), se especializaban en mitos antiguos y compartieron esta preocupación.

Problemas de definición

En ese sentido, el documento abre con una breve historia de la confusión moderna sobre esta “clase única de drogas”. “Las palabras se fabrican y al hacerlas, traicionan la incomprensión o el prejuicio de los tiempos”, escribieron los autores. ¿Cómo deberían llamarse estos productos químicos que alteran la percepción, causan visiones y parecen inducir una locura temporal? Todos los nombres eran deficientes, declararon. ‘Alucinógeno’ implicaba engaño visual y delirio, un juicio de valor sobre la percepción y la realidad. ‘Psicotomimético’, un término usado por los psicólogos, significaba literalmente una droga que induce psicosis. Esto fue descartado por razones obvias.

En cuanto a ‘psicodélico’, sostenían que la palabra sufría de un parentesco lingüístico con las palabras “psicológicas” como “psique” y “psicología”. Esto crea una asociación con la enfermedad y la patología. La palabra fue acuñada por el psiquiatra Humphry Osmond en los ’50 en correspondencia con el escritor Aldous Huxley, que trataba de dar sentido a sus experiencias con la mescalina. Significa algo así como “manifestación de la mente” o “revelación de la mente”. Esto suena neutral, si no positivo, en comparación con los otros términos. La palabra fue popularizada por Timothy Leary, Ralph Metzner y Ram Dass, primero como académicos y luego como polémicas figuras públicas. Todo esto fue minimizado concienzudamente por los autores que señalan, como una razón más para su rechazo, que la palabra se había visto contaminada por “connotaciones de la cultura pop de los ’60”.

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En resumen, se necesitaba una nueva palabra.

Psicodélicos, renombrados

Estos investigadores se enfrentaban a un problema peculiar. Necesitaban una nueva palabra que pudiera restaurar el valor y la validez percibida de las sustancias que habían sido rechazadas y denigradas por la sociedad en general. Necesitaban una nueva palabra que reformulara el tema y lo hiciera compatible con la historia y el significado que trataban de darle.

‘Enteógeno’ era esencialmente un cambio de marca de ‘psicodélico’. En el documento original, la palabra se refería a las sustancias que modificaban la mente y producían visiones, históricamente utilizadas para inducir “estados de posesión chamánica y extática”. Específicamente, necesitaban una palabra para describir el tipo de intoxicación ceremonial que era esencial para las propias teorías de los autores, de que la religión antigua comenzó con el consumo de plantas psicoactivas u hongos. Esta teoría se extendió para abarcar virtualmente cualquier tradición con una historia de adivinación, profecía y revelación.

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Pero la palabra no despegó realmente, al menos no de inmediato. Permaneció en subculturas escondidas y en la periferia del movimiento New Age durante la mayor parte de la década del ’80. Fue sólo con el surgimiento de las culturas del rave y la psytrance de los ’90, y la proliferación del turismo de la ayahuasca entre los 2000 y 2010, que comenzó a ganar amplia aceptación. Hoy en día, la palabra circula entre una amplia gama de personas, desde lxs ayahuasquerxs con linaje multigeneracional, hasta lxs Burners y asiduxs a festivales New Age cuyas fiestas duran todo el día, como formas modernas de rituales extáticos.

El uso del término enteógeno coloca a las culturas de fiesta contemporáneas en el mismo linaje que las tradiciones de adivinación y sanación prehistóricas. A diferencia de los psicodélicos, que miraban hacia la Era de Acuario, los enteógenos miran al pasado.

Los enteógenos de hoy: drogas espirituales

Cuarenta años después de su creación, parece seguro asumir que la palabra no ha encontrado su camino en muchos documentos del gobierno. Larry Norris, cofundador y miembro de la junta de la organización activista Decriminalize Nature, explicó por qué preferían “enteógeno” a otras palabras. El razonamiento sonaba muy familiar. “Los psicodélicos“, dijo, “están relacionados con los ’60, con el movimiento de la contracultura. Los enteógenos están relacionados con prácticas que han existido por milenios”.

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Decriminalize Nature afirma que los enteógenos facilitan una conexión espiritual con la naturaleza que es a la vez antigua y universal. Su uso del término sugiere la esperanza de que esta cualidad de arraigo en la naturaleza y en la historia sea algo con lo que personas de diversos orígenes puedan relacionarse. A diferencia de los psicodélicos, un término para una clase de drogas mayormente asociada con la clase media blanca, el uso de enteógenos se enmarca principalmente como una reclamación de las prácticas precoloniales y sabiduría indígena. Los enteógenos son una antigua medicina espiritual que tiende un puente entre las culturas indígenas y la ciencia moderna.

Términos que no convencen

Por supuesto, para algunxs, la palabra provoca ambivalencia. En su popular libro sobre terapia psicodélica, Michael Pollan encontró que el término ‘enteógeno’ está demasiado cargado de asociaciones religiosas. El químico Sasha Shulgin, el “padrino de la MDMA”, escribió en el 2005 que favorecía ‘psicodelia’ sobre ‘enteógeno’ porque “al menos [la gente] sabe de qué estoy hablando“. También hay una crítica de que la palabra va demasiado lejos en la otra dirección, deslegitimando implícitamente el uso recreativo. Es decir, el uso por parte de gente sana, por diversión. Si los enteógenos “crean a Dios en tu interior”, ¿es una falta de respeto, incluso una especie de profanación, usarlos para placeres triviales? La moralidad inherente del término puede afectar a la gente de mala manera.

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Y luego está el acoplamiento conceptual de lo enteógeno con una idea de naturalidad que excluye implícitamente las drogas fabricadas por el hombre, como la MDMA y la ketamina. Estas drogas también son capaces de producir experiencias poderosas de trascendencia y divinidad. Vale la pena señalar que este acoplamiento es contemporáneo. En el documento original se daba cabida explícitamente a las sustancias sintéticas como enteógenos “en un sentido más amplio”. Esto se debe a que sus efectos eran similares a los del uso ritual tradicional. Sólo podemos asumir que estaban pensando en el LSD, cuyo potencial extático era, en ese momento, innegable.

Unas palabras finales

Desde su inicio, lo enteógeno estaba anclado a esta idea de uso ceremonial y religioso, en oposición al recreativo. Independientemente de los gestos inclusivos de los autores, el término está entrelazado con visiones de un pasado donde la gente comulgaba con lo divino a través de relaciones con el mundo natural, como las que se dan con las plantas psicoactivas y los hongos. Esta visión, a menudo fusionada con una especie de ideal prelapsariano de vivir en armonía con la naturaleza, se ha convertido en algo implícito en la palabra, como pretendían sus creadores.

Tanto si esas teorías son exactas como si no, una cosa está clara: la palabra enteógeno articula el inmenso significado espiritual y político que innumerables personas encuentran hoy en día en estas plantas, hongos y compuestos químicos. Las palabras se fabrican y al hacerlas, revelan las esperanzas y sueños de su tiempo.

Vía DoubleBlind, traducido por El Planteo.

Foto por Ira Mint vía Unsplash

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